¿CASI UNA VIOLACIÓN?

EL CASO MARCO

Cómo son las cosas.

Me permito resumir un caso que ha mantenido en vilo a la ciudadanía de este país desde abril de este año.

Un supuesto violador de una adolescente de 13 años sale de la cárcel en Turquía, después de ocho meses de prisión, y toda una nación lo recibe y acoge con júbilo.

(Esto último es un buen ejemplo de cómo es posible manipular la información, sin mentir, pues las características de este caso son más singulares de lo que podría hacer creer este breve resumen que he escrito.)

Repasemos los hechos.

¿El supuesto violador? Un joven de 17 años, Marco Weiss, alemán de Uelzen, al norte de este país.

marco.jpg

¿La supuesta víctima? Una adolescente inglesa de 13 años, Charlotte M., de Manchester.

Casi 250 días después de haber sido encarcelado en Turquía durante unas vacaciones con su familia, como consecuencia de la denuncia presentada por la madre de la niña, Marco ha sido dejado en libertad por las autoridades judiciales turcas.

Lo que seguramente debió castigarse como un simple delito adolescente, ha terminado como un grotesco caso de lo que puede suceder cuando la mala fe, la falta de ganas, los intereses encontrados de varios bandos y la simple burocracia coinciden, pero solo para formar un absurdo nudo gordiano.

CADA QUIEN TIRANDO PARA SU LADO

El Caso Marco no solo es un buen ejemplo de cómo son las complicadas relaciones turco-alemanas, también son un buen ejemplo de cómo la ceguera selectiva humana no solo nos niega la visión de unas cosas.

Ella también nos deforma la visión de lo restante, llevando al límite esa especialidad tan humana y más común de lo que nos gustaría aceptar: la relativización de –prácticamente- todo, según nos convenga.

Otra habría sido la situación, si, por ejemplo, el supuesto violador hubiera sido un africano o un musulmán. O un joven turco. Y la supuesta violada una adolescente alemana.

Por otro lado, este caso es un buen termómetro de cómo lo que en un país puede ser un delito grave, en otro –Alemania- apenas es considerado como tal. Dos países, dos mentalidades. Dos culturas, dos formas de enfrentarse a lo mismo.

¿Quién tiene la razón?

La respuesta, opino yo, forma parte de la complicada urdimbre y de los intrincados entresijos del insondable comportamiento humano.

De nuestras veleidades, complejos, creencias, hipocresías, conveniencias, intereses, confusiones, prejuicios y miedos.

Y de los grandes errores que pueden cometer los políticos en una supuesta correcta representación de las sociedades a las que pertenecen.

En casos cómo éste, se ve más que claramente cómo un político no está para buscar la verdad (no puede, a riesgo de aniquilarse a sí mismo como tal), sino para agradar a cierto público elector, que le permitirá sobrevivir.

Mientras más ancha sea tal banda de electores –y más barata salga, como en la conexión a la red-, mejor.

Pero, empecemos desde el principio, como en un cuento infantil. Adolescente, más bien.

(Lo que me atrae de este tipo de casos, es su capacidad para hacernos reflexionar y, así, descubrir más de una sorpresa en lo que aparentemente es una trama más o menos clara y simple.)

Miércoles 11 de Abril, 2007

Marco Weiss, de vacaciones con su familia en Turquía, conoce en una discoteca a la muchachita inglesa Charlotte, de 13 años, y a su hermana.

Al parecer, alguna chispa tiene que haber prendido entre los primeros, porque los dos terminan en la habitación de la menor inglesa. (No está claro aún en qué circunstancias, pero, al parecer no violentas ni coercitivas, porque serían demasiado incongruentes con el resto de lo que se sabe públicamente.)

Según la versión de Marco, Charlotte le habría hecho creer que era mayor. Ya en su habitación, ellas le habría dado el primer beso y todo no habría pasado de caricias y besuqueos.

(Algo que coincide, por lo menos parcialmente, con un examen ginecológico, según el cual la chica no ha perdido su virginidad.)

La versión que se conoce de Charlotte, es que su intención solo era dormir y que, recién cuando ella es despertada por las más que ardientes caricias del joven (que las habría hecho encima de ella), se da cuenta que ha cometido un error al dejarlo entrar a su habitación.

El 12 abril, la madre de la jovencita hace la correspondiente denuncia y Marco ingresa a la cárcel de Antalya.

UN CASO SIMILAR DE INTROMISIÓN

Casi 250 días después, la justicia turca deja libre a Marco más o menos sin condiciones.

¿Cómo pudo pasar tanto tiempo en prisión preventiva?

A mis ojos, este caso se parece mucho a uno reciente, en el que estuvieron involucrados españoles y franceses en un caso de tráfico de niños –supuestamente- huérfanos desde el país africano llamado Chad.

Vale la pena darle un sumarísimo repaso, porque más o menos se trata de lo mismo, en el fondo.

Al parecer, los españoles involucrados solo habrían estado cumpliendo su trabajo habitual como tripulantes del avión que debía llevar a Francia a un determinado número de supuestos huérfanos.

¿Constituía eso un delito?

A primero vista, obviamente no, puesto que conducir un avión y atender a sus pasajeros no lo es.

Sin embargo, la justicia de ese país africano parecía entender que la tripulación española tenía conocimiento de la ilegalidad de la acción, y, por lo tanto, también, corresponsabilidad. Resultado: se dictó prisión preventiva contra ellos, hasta esclarecer del todo los hechos.

¿Hay algo de extraño en esto último?

¿Es anormal que se detenga a la tripulación y al cuerpo de servicio de una nave que participa directamente en un delito?

No.

Basta revisar los pertinentes artículos de la prensa, para ver lo que ocurre con toda la tripulación de un barco –por ejemplo- que es detenido con una carga de drogas (ilegales): todos van a parar, por lo general, a la cárcel, de acuerdo a la legislación de la mayoría de países del mundo.

Lo raro es que le haya ocurrido a una nave aérea.

Sin embargo, el gobierno de España, reclamó e intercedió ante su similar del Chad, hasta conseguir la liberación de los ciudadanos de ese país.

La presión de Francia fue aún mayor.

MOSTRÁNDOLE LOS MÚSCULOS A TURQUÍA

En el caso que nos ocupa, según las leyes turcas, las caricias de un joven de 17 años a una menor de 13, constituyen un claro caso de abuso sexual, por lo tanto, delito. De acuerdo a esas mismas leyes, fue encarcelado preventivamente hasta ser juzgado.

No obstante –como en el caso español y francés aludido-, al dar a conocer la prensa alemana el caso, la opinión pública de este país se indignó. Y en ese momento empezaron a saltar los políticos. (Algunos opinan que si no lo hubieran hecho, Marco ya habría salido en libertad hace mucho tiempo. Pero sigamos viendo, por qué.)

¿Cómo era posible, se deben haber preguntado esos mismos políticos (la mayoría de ellos en contra de la admisión de Turquía en la Unión Europea, la misma que acoge a Chipre y Malta, por ejemplo), que un país que desea pertenecer a nuestro exclusivo conjunto, se atreva a tratar así a un ciudadano nuestro?

¡Qué atrevimiento!

Las voces se elevaron, las quejas se afilaron y hasta el mismo ministro alemán del Exterior, Frank-Meier Steinmeier, intercedió por su joven compatriota ante su homólogo, el turco Abdula Gul. Marco tendría que ser dejado en libertad lo más pronto posible.

La prensa alemana resumió el caso, más o menos así (versión de la Deutsche Welle):

Para Marco Weiss, de 17 años de edad, una noche de romance se convirtió en pesadilla. El joven conoció a dos hermanas británicas en una discoteca en la zona turística de Antalya y coqueteó con una de ellas, Charlotte M., de Manchester, quien dijo tener quince años, cuando en realidad tenía 13. Tres días después ella lo llamó a su habitación de hotel. “Fue ella quien me besó primero, pero no llegamos a tener relaciones sexuales”, afirmó el joven al diario turco Hürriyet. Un examen ginecológico confirmó que la chica sigue siendo virgen, sin embargo la madre de la chica se rehúsa a retirar la acusación de abuso sexual contra él.

Creo que para el lector, vamos a decir, ‘normal’, el caso estaba más o menos claro y Turquía –el poder judicial turco- no estaba haciendo otra cosa que chicanear al joven alemán.

-¿Desde cuándo una violación tiene que ser que ser necesariamente consumada para recién constituir un abuso sexual? -me pregunta visiblemente alterado mi Lector Atento, ese loro que llevo sobre mi hombro y que le gusta hacer preguntas impertinentes.

-Dejémoslo por ahora allí -le ruego.

(Uso, por otra parte, permitiéndome una licencia, el verbo chicanear, del alemán schikanieren y no del castellano ‘chicanear’, que, curiosamente, son dos términos muy similares. Me he permitido esta licencia, porque creo que es un verbo que falta en nuestro idioma. Viene de chicano. En alemán, define las arbitrariedades, discriminaciones, barreras, vetos, obstáculos y demás que se le ponen a alguien por razón de su procedencia étnica o geográfica. Como a los chicanos en EEUU, justamente.)

El diario regional Neue Westfälischer llegó a afirmar:

“Un joven alemán es víctima de la arbitrariedad oriental, de la puritanería de Anatolia y es encerrado en una oscura mazmorra turca”.

¿Es cierto todo esto?

Para empezar, ahora se sabe que fue la justicia inglesa la principal causante de esta exagerada dilatación de la prisión preventiva. Y, por lo tanto, del consiguiente sufrimiento que se le ha impuesto no solo al joven alemán, sino también a toda su familia y a sus allegados.

Veo que el criterio general utilizado en el Caso Marco ha sido el siguiente:

Se ve que se trata de un muchacho normal y corriente, de ningún delincuente, por lo tanto, la cosa no tiene que haber pasado de lo que él dice.

¿Se puede aceptar esto?

Sí y no.

Sí por parte de los que ‘están’ con el muchacho. No, por parte de los que ‘están’ con la muchacha. Es la relativización de la que hablaba antes.

Personalmente, como padre, justamente, de dos niñas de 12 y 13, veo las cosas de forma diferente. Lo haré en forma de preguntas, que no responderé aquí:

1. ¿Es correcto juzgar a alguien solo por su simpatía o por sus antecedentes?

2. Hecha la denuncia y la detención, ¿a quién compete juzgar el caso?

3. ¿Es correcto tratar de presionar a un gobierno extranjero por alguien acusado de un delito, solo porque se trata de un compatriota? (No hablo de preocuparse por él y tratar de garantizar la corrección en los procedimientos, solo de presionar, tratando de saltarse la ley del país en cuestión.)

4. ¿Es correcto ignorar que si se exige que Turquía cumpla ciertas mínimos requisitos para ingresar a la Unión Europea, uno de esos requisitos tendría que ser la estricta separación entre el Poder Ejecutivo (el gobierno, los políticos) y el Poder Judicial?

Claro que opino que el castigo recibido ha sido exagerado. Y que los medios de comunicación, siguiendo su conocida máxima de deslumbrar más para vender más, también han llevado (su) agua (sucia) al molino.

EL CLUB DE LAS REPÚBLICAS BANANERAS

Por lo demás, ahora, el abogado de la parte inglesa, ha abierto un nuevo juicio, demandando a sus colegas alemanes por obstrucción de la justicia turca y por tratar de influenciarla.

Algo que es, lamentablemente, cierto.

Y demostrable: basta leer las noticias al respecto. Aunque los alemanes no lo quieran ver así ahora.

Muchos españoles y franceses tampoco lo quisieron ver así cuando ocurrió el caso de los niños de Chad.

Parece ser que cuando conviene, me digo, muchos políticos y ciudadanos europeos prefieren olvidarse de ciertos principios básicos, cuyo cumplimiento, por el contrario, ellos sí reclaman a otros países, por lo general, a los países subdesarrollados.

La estricta separación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial es uno de esos principios o reglas básicas.

A los países que no respetan esa separación, y permiten que los políticos decidan allí donde deberían hacerlo solo los jueces, se les conoce burlonamente en Alemania como Repúblicas Bananeras.

¿Se habrá abierto una sucursal en Europa de este exclusivo club?, me pregunto ahora.

HjorgeV

Colonia, 17-12-2007

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