LA MEDICINA DEL FUTURO (Fin)

Conocí a una cirujana que no podía ver más sangre.

-¿Cómo es eso? –le pregunté.

-Si no fuera porque es mi profesión y con lo que me gano la vida –me dijo-, ya lo habría dejado hace mucho tiempo.

Un argentino, que vive en Colonia y es cirujano plástico, me dijo una vez, tratando este mismo tema:

Sho sha no veo la sangre, pibe. Sha ni me doy cuenta, ¿viste?

zahn.jpg

El siguiente caso memorable nos sucedió cuando nuestra primera hija tenía cuatro años de edad y mi esposa pensaba que no oía bien.

 

-Oye perfectamente –le dije.

-Pero a veces es como si no me escuchara.

-Eso es otra cosa. Oír y escuchar son dos cosas bastante diferentes. Tal vez todo lo que tenga es una gran capacidad para concentrarse.

-Tenemos que llevarla donde un especialista.

-Bueno.

El médico nos dijo que tenía algo en el oído medio y que eso se curaba con una sencilla operación ambulante.

-¿Qué es, doctor? –le pregunté.

-Es algo de lo que sufren muchos niños a esa edad. Nada especial ni para preocuparse.

-Nunca he oído nada parecido –le dije-.

-No se preocupe, es algo que se soluciona en media hora.

-¿Podría decirme qué es?

-Mire, caballero –me dijo, como compadeciéndose de mí-. Estas cosas las conocemos los especialistas. Usted no tiene de qué preocuparse.

-No dudo de lo primero. Solo deseo que me lo diga.

Me quedó mirando por un momento. Como sopesándome.

-Hay más o menos diez personas en la sala de espera, amigo.

-Oh, disculpe –le dije.

Por supuesto, no volví.

Y ya que estamos aquí, permítanme recordar el caso de una de mis profesoras de alemán del Instituto Goethe de Lima. Se quedó casi cinco años allá y al comienzo, lo que más temía era enfermarse, por miedo a no poder comunicarse con el médico en castellano.

Me contó que una vez le había salido una especie de ronchas en la piel que las notaba sobre al despertar. Como no parecían ser nada graves o por lo menos eso era lo que ella creía, le escribió una carta a su abuela contándole el caso.

Su abuela le respondió con interés y rogándole más detalles.

A la tercera carta tuvo el diagnóstico.

¡Pulgas!

(No me pregunten ahora cómo llegaron a ella esos animalillos.)

Aquí en Alemania creo que ya existen los McZahn: el dentista al paso. ¿Cómo será? (Zahn es ‘diente’ en alemán.)

¿Uno mismo tendrá que sostener el tubo aspirador?

¿Cómo será la atención? ¿Se hará cola en la calle para ahorrar en la sala de espera?

¿O se atenderá en el mismo automóvil y uno lo que tiene que hacer es sacar la cabeza por la ventanilla?

La medicina del futuro –en los países desarrollados- se irá convirtiendo cada vez más en un simple y puro negocio. Sobre todo por la alta tecnología que requerirá.

Me imagino que los grandes mercaderes de este planeta ya le han echado el ojo a ese futuro. Se venderán instrumentos y máquinas de alta precisión. Aparatos increíbles, mucho más de los que existen ahora, poblarán los hospitales y consultorios. Los medicamentos de moda pesarán gramos pero costarán miles.

Los futuros estudios universitarios de Medicina se parecerán cada vez más a los de un astronauta de la NASA.

Mientras tanto, la gente del llamado Primer Mundo seguirá fumando más, alimentándose mal (pero gastando mucho dinero en ello), moviéndose menos y entregando su vida y su alma a correr tras el dinero. Y dejándose engañar.

¿Por qué no? Después de todo, la medicina del futuro hará cualquier promesa.

Que la pueda cumplir, eso siempre ha sido otra cosa.

Les deseo un buen fin de año.

HjorgeV

Colonia, 22-12-2007

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