LIBERTADES DE FIN DE AÑO

Hoy se me pegaron las sábanas, pero era algo que ya estaba previsto.

Casi todo el año me he levantado mucho antes que los demás en esta casa.

Era una forma de poder garantizar intimidad y concentración en mi trabajo. Tenemos cuatro hijos, un perro, un gato y cuatro conejos.

Para esta última semana del año, me quiero permitir ciertas libertades, me he dicho.

Por eso hoy, mi hijo menor –el que acaba de cumplir tres años- tuvo que despertarme a mí. Con una sonrisa, además. Tenía una pregunta sobre los piratas.

-Y los piratas, ¿cómo hacen pipí, Mapi? –me preguntó, llegando a sorprenderme en mi sopor.

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-Mmmmm…. Como todos, me imagino –le respondí, desde esa esfera que en casos así, te resistes a dejar y en la que pensar parece a veces lo más difícil de conseguir.

-¿Pero en dónde?

-Tal vez en el mar –murmuré-. O en una isla –continué diciéndole y empezando a despertarme por miedo a decirle alguna tontería, sino la había dicho ya.

Se quedó callado durante un buen rato. De vez en cuando tosía y cada vez que lo hacía, se tapaba la boca. Algo que me llamó la atención por lo reflejo que parecía ser su acto.

Pensé que podía tener la suerte de seguir durmiendo, ahora que parecía haber satisfecho su curiosidad.

-¿O tú preguntas si lo hacen parados o sentados? –se me ocurrió preguntarle, pensando en la costumbre que muchos quisieran ver implantada en Alemania: que los hombres lo hagan sentados, por cuestiones higiénicas.

De puntería, más bien.

-Parados se pueden caer al mar –me respondió.

Sonreí. Al otro lado de la cama, mi esposa se había cubierto totalmente la cabeza con el edredón de plumas, tratando de pasar desapercibida y poder así seguir durmiendo tranquilamente.

-¿No quieres ir a jugar al cuarto de tu hermano? –le pregunté.

Negó con la cabeza.

-Puedes seguir durmiendo aquí, si deseas –le dije, con las últimas esperanzas que me quedaban, pero justo en ese momento, entró a nuestra habitación su hermano mayor, con uno de sus regalos navideños: un globo terráqueo a escala y con iluminación por dentro.

-No encuentro Alemania, Mapi –me dijo Jorge Juan.

En febrero cumplirá siete años. Actualmente encuentra especial fascinación en descubrir qué es lo que dicen todas las palabras con las que se encuentra.

-Ya encontré Perú y Groenlandia –añadió, sonriendo, y entusiasta, como siempre.

-Busca África –le dije-. Luego subes hasta encontrar lo que parece el contorno de una bota. Esa es Italia. Un poco más arriba está Alemania.

-¿Aquí? -preguntó Jorge Juan.

Asentí.

-¿Aquí estamos nosotros? –preguntó el menor, con incredulidad, y señalando con el dedo sobre el globo.

Nos reímos con ganas.

Como ya advertí, esta última semana del año deseo tomarme ciertas libertades. Una de ellas será la de interrumpir la escritura cada vez que mi familia me lo pida.

Y ahora me acaban de llamar para tomar desayuno. Luego partiremos a la casa de mis suegros, a unos cien kilómetros de aquí.

La idea, sinceramente, no me entusiasma, sobre todo porque detesto conducir. Pero qué se le va a hacer.

Nos ‘veremos’ mañana. O esta misma noche, si me quedan fuerzas para sentarme otra vez a la máquina. Me ocuparé de la fascinante historia del bolígrafo y su inventor, un argentino de origen húngaro.

Que tengan un día reparador.

HjorgeV

Colonia, 25-12-2007

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