EL NIÑO QUE PREFERÍA UN LIBRO A UN ABRIGO

LAS LUCES DE THOMAS ALVA EDISON

Si en la Argentina se celebra cada 29 de setiembre el Día del Inventor, en homenaje al nacimiento de Ladislao José Biro, en EEUU, ese día es el del nacimiento del que falsamente es considerado como el inventor de la bombilla o foco incandescente.

El 11 de febrero de 1847 nacía un hombre, del cual por lo menos uno de sus inventos sigue presente en la mayoría de los hogares del planeta y de quien se dice que se echaba a descansar sobre el suelo o una mesa de puro cansancio: Thomas Alva Edison.

De ese mismo hombre procede una gran y famosa frase y no menos cierta:

Genius is one per cent inspiration and ninety-nine per cent perspiration.

 

thomas-alva-edison.jpg

(Algo así como: “La genialidad se compone de 1% de inspiración y 99% de transpiración.”)

De este mismo inquieto hombre se dice que estuvo -en total- solo tres meses en la escuela y que ya a la corta edad de 12 años, en 1859, había empezado a ganarse la vida como vendedor de diarios y dulces en los vagones del ferrocarril entre las estaciones de Port Hunton y Detroit.

De él también se sabe que sufría de una fuerte sordera.

La leyenda cuenta que un día, mientras trataba de subirse al tren para no perder su paquete de diarios que había depositado en un vagón, uno de los conductores ayudó al desesperado muchachito a subir, pero con tan mala fortuna que al cogerlo fuertemente de las orejas, debió dañarle alguno de sus órganos auditivos internos.

(Lo más probable es que haya sido un mal congénito o consecuencia de una enfermedad, puesto que su padre sufría del mismo mal.)

La biografía de este inquieto inventor usamericano tiene tanto de epopeya como de drama banal.

Y muestra cómo en la vida, la persecución obsesiva de un objetivo puede tener grandes e importantísimos efectos colaterales, y dejar insatisfecho, sin embargo, al obseso.

Edison apostó por el uso universal de la corriente continua (para, de paso, derrotar a su rival Westinghouse, defensor de nuestra actual corriente alterna, la de nuestros hogares), pero se equivocó con su apuesta.

Por otro lado, Edison fue un decidido hombre de negocios, quien no dudó en ningún momento en entregarse a una encarnada lucha –en el terreno de las patentes y del desarrollo de las tecnologías-, con tal de hacer avanzar a su propio imperio.

Indudablemente, fue uno de los hombres a quienes se debe el mito tan usamericano del lavaplatos que llega a convertirse en millonario con su solo esfuerzo.

¡Pero es que Thomas Alva Edison sí que era un portento de trabajo!

En vida hizo registrar más de mil patentes (exactamente, 1097), entre ellas la del fonógrafo, que permitió a una persona por primera vez en la historia de la humanidad escuchar su propia voz grabada.

Se dice que trabajaba 18 horas diarias en su laboratorio.

Se le atribuyen las siguientes frases:

Se llama experiencia a la suma de todos los errores cometidos.

Existen sencillamente demasiadas cosas que pueden apartar a una persona del trabajo de ponerse a pensar.

(¡Hay que imaginarse que esto lo dijo en una época en la que ni siquiera existía la televisión!)

Soy como una esponja, porque absorbo ideas que luego convierto en útiles. La mayoría de mis ideas pertenecen a personas que no se tomaron la molestia de seguir desarrollándolas.

El éxito responde a una ley serial. Y los fracasos solo son los resultados parciales. El que persevera no podrá evitar que alguna vez llegue a tener éxito.

Si existe alguna forma de hacer algo mejor: ¡Encuéntrala!

Como decía al comienzo, falsamente se le suele atribuir la invención de la bombilla o lámpara incandescente.

Lo que finalmente patentó, causando gran sensación, fue un nuevo filamento, hecho de bambú carbonizado, con el cual consiguió que por primera vez una bombilla se mantuviera encendida durante 48 horas ininterrumpidamente, además del invento del mecanismo de rosca que aún es el común en los focos de luz caseros.

Refiriéndose a su ‘fracaso’ en ese terreno, dijo:

No fracasé. ¡Sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla!

(No obstante, parece ser que 30 años antes un joyero alemán, Heinrich Goebel, había inventado algo muy similar, llegando a conseguir unas 400 horas de luz continua; solo que Goebel no se interesó por patentar su experimento. Recién en 1893, el año de su muerte, se le reconoció su invento pionero.)

Por otro lado, Thomas Alva Edison fue un hombre sin muchos escrúpulos en muchos terrenos y sentidos.

En su lucha por imponer su idea de que la electrificación de las ciudades debía funcionar bajo su sistema de corriente continua, se enfrentó abiertamente a George Westinghouse y Nikola Tesla, defensores del sistema de corriente alterna, que es el que actualmente se usa en todo el mundo.

Para demostrar la peligrosidad del sistema ‘enemigo’, no dudó en exponer en público a diversos animales a un golpe eléctrico causado por la corriente alterna, esperando que su sacrificio y cruel muerte pudieran convencer al público de lo que afirmaba.

De esta forma, se convirtió, indirectamente, en uno de los pioneros de la creación de la silla eléctrica en EEUU, no dudando en apoyar al gobierno usamericano en su búsqueda de un método efectivo y rápido de ejecución sumaria de seres humanos.

¡Y todo esto pese a oponerse ideológicamente a esta crueldad humana!

Su idea era poder sustituir el verbo to westinghouse en reemplazo de to execute, y poder igualar así el término Corriente Alterna al de Corriente Mortal, con el fin de darle un buen golpe bajo mortal a sus competidores.

Algo que no consiguió, como sabemos ahora.

Probablemente estos dos ‘fracasos’ (junto con el de la bombilla o foco incandescente) contribuyeron a aumentar su fama de hombre difícil y poco tratable.

Se dice que le hizo la vida imposible a su hijo, Thomas Alva Edison Jr., y que no dudó en plagiar a terceros para conseguir sus objetivos.

Esta es la curiosa vida de un hombre que de muchachito apenas había pisado la escuela y que probablemente calmó sus inquietudes y sus ansias de conocimiento con la lectura de los diarios que vendía en los trenes.

Cuando en el verano de 1869, a la corta edad de 22 años, llega a la ciudad de Nueva York, no solo es un Don Nadie.

Además de hambre, no tiene un centavo en el bolsillo mientras camina perdido por sus calles. Solo tiene un gran tesoro: una mirada decidida.

El absoluto convencimiento de que lo que se propusiera lo conseguiría aunque fuera con pura terquedad.

Lo dijo su rival Nikola Tesla:

“Si Edison tuviera la tarea de encontrar una aguja en un pajar, pueden estar seguros que, como una abejita trabajadora y paciente, se pondría a separar paja por paja hasta cumplir su trabajo.”

Solo diez años después, el hombre que había trabajado desde los doce años para poder cumplir su sueño de convertirse inventor, ya se había convertido también en uno de los hombres más famosos de su país, en un trabajador incansable que pasaba 18 horas diarias en su laboratorio y en un empresario exitoso.

De él también se cuenta que cuando vendía diarios y golosinas en los trenes, prefería ahorrar en ropa de abrigo para comprarse más libros, y así poder leer más con lo ahorrado.

HjorgeV

Colonia, 27-12-2007

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s