EL CAOS CIRCULAR (relato)

PERSIGUIÉNDOME

Me gustan los retos.

Si las condiciones no son especialmente abusivas ni exageradamente adversas.

Escribí el siguiente relato, después de toparme con un ejercicio de escritura propuesto en la página de Jorge Eduardo Benavides del portal literario de bitácoras El Boomeran(g).

Con el fin de remarcar la diferencia entre los puntos de vista en la narración, se pedía continuar la siguiente frase:

el-caos-circular.jpg

“Al llegar a mi casa y precisamente en el momento de abrir la puerta, me vi salir. Intrigado, decidí seguirme (…)”

El ejercicio me pareció fascinante.

Aquí les dejo el fruto de un golpe fugaz de ideas, escritas más o menos de un solo tirón.

HjV

EL CAOS CIRCULAR

Al llegar a mi casa y precisamente en el momento de abrir la puerta, me vi salir.

Intrigado, decidí seguirme.

Si mal no me había fijado, había podido esconderme a tiempo para dejarme pasar a mí mismo sin ser visto.

Seguí mis pasos, observé que llevaba puesto el abrigo marrón, una exageración para esa época del año. El corazón parecía querer salírseme de su sitio. Mis venas apenas podían soportar la presión hidráulica en sus conductos, aturdiendo mis oídos.

Pocos metros más allá, aterrorizado, me descubrí dando un salto para esconderme cuando me vi voltear la cabeza seguramente para observar si alguien me estaba siguiendo.

¿Estaba huyendo yo de algo o alguien?

El sudor frío empezó a recorrer mi espalda como un diminuto y lento río helado y poco profundo, cuando me di cuenta un par de manzanas más adelante de que mi paso no era el de quien ha salido a pasear o se dirige a algún lugar concreto y banal como una tienda, el departamento de un amigo o el cine.

Por la forma de cuidarme las espaldas, yo estaba claramente envuelto en alguna actividad de carácter conspirativo.

¿Tenía que ver con el resultado de las elecciones de ese día?

¿Por qué no me había enterado yo también?, me pregunté, a pesar de la obvia tautología de la pregunta, pero solo porque el nuevo presidente debía proclamarse en pocas horas y se corrían rumores de una gran y terrible sorpresa.

En la esquina de Vallejo y Atahualpa, me vi voltear a la izquierda y tomar por Precursores.

Puedo estar dirigiéndome a la casa donde está escondido nuestro candidato presidencial, pensé.

Imposible, me corregí, de inmediato. Solo yo y el compañero Albelda sabemos donde se ha escondido nuestro líder. Lo repetí.

Solo yo y el compañero Albelda.

Temblé de miedo.

En la esquina de Raymondi y Humboldt mis sospechas se agudizaron. Intenté acercarme lo más posible para no llamar mi atención. Quería estar seguro hasta el último momento, pero cuando me vi ingresar al portal del Embajador, ya no cabía ninguna duda.

A esa hora ese establecimiento estaba cerrado y solo quedaba la otra posibilidad: el ascensor hacia los departamentos en los pisos superiores del edificio.

Pegué un salto para tratar de alcanzarme en el mismo vestíbulo principal, pero no encontré a nadie.

Fijé mi vista en el panel del ascensor y no observé nada irregular. Pulsé el botón para abrir la puerta y me dije que si tenía que enfrentarme a mí mismo este era el momento crucial.

Mi excitación por saberme capaz de impedir un atentado de consecuencias catastróficas para el futuro del país, sobrecubría cualquier otro pensamiento, pero en el ascensor tampoco encontré a nadie.

Preocupado, busqué rápidamente la escalera de incendios. De varios saltos y carreras continuas alcancé el tercer piso y toqué la puerta correspondiente con mi corazón buscando fugarse a punta de fieros encontronazos contra mi esternón. Repetí el toque clave las tres veces reglamentarias.

Cuando la puerta se empezó a abrir, me di cuenta de que podía haber cometido un gravísimo error, pero ya era demasiado tarde.

-¿Miguelín? -musité, con miedo, usando sin querer el diminutivo de la infancia.

-¿Qué hay? -me preguntó el rostro pálido de nuestro líder, mirando con temor por la ranura que formaba la puerta entreabierta y su marco.

Vestía el fino traje recién comprado que debía lucir al ser presentado como ganador de las elecciones ese mismo día, pero parecía llevarlo ya varios años. Se le veía cansado, había envejecido unos veinte años de golpe, las canas parecían habérsele multiplicado de la noche a la mañana.

-¿Ya pasó el peligro? -me preguntó-. ¿Ya se aclaró la confusión?

Negué nerviosamente con la cabeza sin saber bien a qué se refería y le pregunté si me había visto hacía unos momentos.

Me quedó mirando con sus ojos cargados de incógnitas, miedo y cansancio y me pidió que lo dejara solo hasta el momento definitivo. Asentí.

Volví a la planta principal y revisé todas las posibilidades de escape. Luego de algunos minutos dando vueltas y de constatar que me había perdido a mí mismo de vista, regresé a casa por donde había venido.

Me había sucedido algo increíble. Algo que nadie me creería, iba diciéndome por el camino.

En la esquina de Vallejo y Atahualpa noté que llevaba un paquete de chicles en uno de los bolsillos de mi abrigo marrón y lo saqué, convencido de que la rumia incesante podría ayudarme a calmar los nervios.

A pocos metros de mi casa, volví a aguzar la vista, por si podía descubrir algo sospechoso. No vi nada. Ya en la cocina, me preparé un buen trago de ron con jugo de naranja a falta de otra cosa en la refrigeradora. Necesitaba algo frío, fuerte. Empecé a recuperar la calma.

Pasé a la sala y encendí el televisor, sin muchas ganas.

… del CPU, pudiéndose tratar de un raro caso de confusión de identidades. Continuaremos informando -terminaba de decir una voz justo en el momento en que por fin se definía la imagen en la pantalla.

Sin saber si había escuchado bien o mal, cambié de canal.

Luego pasé a otro y a otro más, sin suerte. En el 24 Horas me encontré con lo que buscaba.

La voz excitada y enronquecida de un reportero rodeado de un sinfín de cámaras, colegas, más personas y luces, y que apenas podía mantenerse en pie por la muchedumbre que lo rodeaba como un mar embravecido, anunciaba:

“El candidato presidencial ganador, Miguel Valverde, del CPU, está desmintiendo en estos precisos instantes en la cámara de senadores, la existencia de un doble suyo, tal como afirmaban fuentes de los demás partidos exigiendo la inmediata anulación de las elecciones. El gobierno saliente ha amenazado con decretar temporalmente el estado de emergencia en todo el territorio nacional, luego de conocerse que el ejército estaría intentando tomar ipso facto las riendas del país en caso de ser ciertas tales acusaciones. Por otra parte, se acaba de conocer el terrible deceso de uno de los dos personeros del CPU, el abogado Juan Antonio Albelda, en un trágico accidente ocurrido apenas…”.

No pude escuchar más. Albelda ha muerto, me dije. Apagué el aparato. Me levanté pesadamente y me dirigí a la biblioteca.

Con la ayuda de la escalera de aluminio, de la fila más alta del ala derecha retiré los dos últimos tomos de la Enciclopedia Funesta del Mundo, jalé el hilo que iba unido a la caja de mi Parabellum y la tomé con cuidado entre mis manos, casi con amor.

Había sido cierto, me dije. No había sido una confusión que se había creado en mi cabeza.

Sin desear perder más tiempo, tomé mi abrigo marrón, que era el que mejor podía disimular el arma en mi cintura, de una gaveta saqué un paquete de chicles para el camino y me dirigí rápidamente al edificio del Embajador.

Sólo existía una forma de salvar al país del caos y sólo yo la conocía, me dije, para tratar de cobrar valor en mi empresa. Albelda ha muerto, me repetí. Ya nadie más lo puede saber.

Rogué que nadie estuviera siguiéndome los pasos.

HjV 09-02-2008

One thought on “EL CAOS CIRCULAR (relato)

  1. Creo que ya has alcanzado el estado de locura llamado desdoblamiento de la personalidad ¿Que no existe ese estado patológico?bueno puede ser que me sonase de algo o que me lo haya inventado en este preciso instante , cuando despues de leer tú articulo y me he visto reflejado en el espejo bestido de bombero y riendome a mandibula batiente . Nunca he sido bombero y me he mirado viendo que él yo del espejo no corresponde conmigo excepto en la cara pues yo estoy en ropa interior y muy serio . He salido corriendo pero las risotadas de mi imagen vestida de bombero me han estado persiguiendo casi todo el dia. Estoy agotado y tengo que terminar puesto que empieza a arder la casa. Adios

    http://www.antoniolarrosa.com Escritor peor del mundo

    Rpta.: En mi país gritarían: “¡Amárrenlo!” Saludos. HjV

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s