EL CELULAR DEL FUTURO

Se dice que de aquí a unos diez años, desaparecerán las computadoras personales –sean o no portátiles- y que su lugar lo ocupará el teléfono celular, el llamado móvil.

Un amigo que trabaja en ese ramo, me ha contado que este año harán su aparición los primeros celulares capaces de imprimir imágenes y textos.

Será la sensación.

Nadie sabrá bien para qué servirá, como muchos de los nuevos avances de las nuevas tecnologías -flores de un día-, pero será la sensación.

Por lo tanto, un gran negocio.

De aquí a un década, se afirma, todo se hará desde ese adminículo que nació para permitirnos telefonear en la calle sin tener que detener nuestro paso ni introducir monedas o fichas para hacerlo.

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Podremos telefonear y ver televisión, seguir eventos deportivos y conciertos, ver y participar en una cátedra universitaria. Podremos escuchar la música que queramos, de las épocas y grupos más impensados. Ver películas que creíamos olvidadas. Podremos contactar con nueva gente y amigos virtuales. Hacer negocios y transacciones bancarias. Reservar nuestras vacaciones y nuestros vuelos y dejar que el navegador integrado nos guíe en nuestro camino.

Las nuevas generaciones desconocen cómo era todo hace apenas dos décadas.

Doy un ejemplo personal.

Cuando llegué a Alemania, llamaba a mi madre –en el Perú- cada par de meses.

Si lo hacía desde un teléfono público, la señal solía ser mala y costaba más o menos unos cinco dólares hablar dos o tres minutos. Pero, por lo menos, podía medir y controlar la duración de las llamadas.

Si llamaba desde mi teléfono particular, corría el riesgo de irme rápidamente a la quiebra, por más que un estudiante sea -casi por definición-, un ser en permanente estado de quiebra, justamente.

Sospecho que las llamadas computadoras u ordenadores personales no dejarán de existir. Por lo menos no en las oficinas y en los hogares.

Pero el uso del celular se extenderá aún mucho más de lo que nos imaginamos ahora.

Cuando sea posible entrar y moverse en la red a entera libertad desde un simple teléfono móvil, habremos llegado más o menos a la cumbre del desarrollo tecnológico.

Porque podremos ‘dominar’ el mundo desde nuestra ubicación.

Y lo mismo será válido para el resto del mundo, vale decir, para el resto del mundo que lo posea (el bendito celular).

Dado que como especie somos bastante estúpidos y bobos, no nos daremos cuenta de que eso de llegar a la cumbre será un simple engaño, una ilusión.

Porque para entonces morirá un niño de pobreza en algún lugar del mundo en menos de los tres segundos actuales, pero eso ya es otro tema. Aunque, en realidad, no lo sea.

Qué más da, diría alguno.

Pero, ¿podría ese simple adminículo, tal como se lo conoce hoy, reemplazar las funciones y usos de una computadora?

En otras palabras, me pregunto, ¿se ha avanzado tanto para llegar a tener que ver películas y leer contenidos textuales casi con lupa?

¿Habremos de pasar de teclear con dos dedos el teclado de una computadora (como monos atrofiados, porque no usamos los diez dedos) a pulsar las minúsculas del celular con uno solo, porque con la otra mano tenemos que sujetarlo?

No me lo puedo imaginar.

El futuro no puede ser teclear con un solo dedo y ver películas o eventos en formato liliputiense.

¿Cómo debería ser entonces el futuro?

Propongo lo siguiente:

1. Alterar la posición de las teclas, de tal manera de obtener un teclado ergonómico. Las teclas más usadas deben estar más ‘a la mano’.

2. Fomentar desde la niñez el uso de los diez dedos de las manos y teclear a ciegas.

3. Promover el pronto uso de un teclado virtual, proyectado sobre –por ejemplo- la mesa frente a la que nos encontramos. Y eso desde el mismo celular.

4. Proyección de imágenes desde el celular sobre cualquier superficie, incluso el aire, en la resolución y formato deseados. (Ver video arriba.)

5. Alto desarrollo de la tecnología de lectura de la voz, permitiendo dictar y dar órdenes oralmente sin necesidad de recurrir necesariamente al teclado.

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Los dos primeros puntos no dependen del avance de la tecnología, sino del avance de nuestra mentalidad.

Si bien el punto (1) puede volver a chocar con los intereses (bobos e infundados) de varias grandes industrias como hace poco más de un siglo sucedió con la introducción de la máquina de escribir, debería ser posible llegar a convencerlas de los beneficios patentes.

Aún aquellos que no tienen práctica, podrían usar más fácilmente el teclado de una computadora, por ejemplo. Y la velocidad de los experimentados se podría por lo menos doblar.

Pocas cosas verdaderamente penosas me han sucedido en este país como la de ver hace poco cómo una empleada de correos debía teclear mis datos leyéndolos de mi pasaporte y se equivocó hasta cuatro o cinco veces en total

Lo peor: ignoraba dónde estaban las teclas más comunes, como la a y las demás vocales, por ejemplo.

(A los niños basta decirles que casi todas las vocales se encuentran en la línea superior y que de allí no se mueven, para que memoricen pronto su posición. Lo digo por experiencia.)

Sobre los puntos (3), (4) y (5), tengo entendido que la carrera por hacerlos realidad ya comenzó.

IDEA PARA PAÍSES EN VÍAS DE DESARROLLO

El punto (2) no tendría por qué ser difícil de realizar. Es más, los gobiernos de los países llamados pobres podrían empezar ya a implementar programas educacionales en ese sentido.

Soy de los que creen que el estado de cosas mundial es más o menos irreversible.

No soy pesimista.

Al contrario. Soy tan optimista que creo que es todavía es posible meterles un par de goles (de honor) a los países avanzados y ya demasiado alejados (en sus ventajas). Este es un ejemplo.

Como en el fútbol, en el que debería ser posible obligar a los niños a usar los dos pies desde su primera infancia y a mantener la vista alzada –para dar solo dos ejemplos-, los países del llamado Tercer Mundo harían bien en hacer obligatorio el uso de los diez dedos y la escritura a ciegas desde la más tierna infancia.

Por ahora eso es utópico y casi imposible, porque las computadoras aún cuestan demasiado como para soñar en la fórmula un alumno-una computadora.

Pero opino que ese es el futuro.

Me imagino que en las escuelas del Primer Mundo no será posible encontrar a ningún niño sin su computadora personal portátil frente a sí.

Es más, ésta llegará a reemplazar a la mochila tradicional.

Me imagino un futuro en el que las tareas se harán directamente en la computadora y las clases se seguirán con la portátil abierta delante de cada alumno.

Las clases, así, podrían dejar de ser meras repeticiones aburridas de temas que muchas veces se comprenden durante un día y al siguiente se olvidan, para pasar a ser entretenidos intercambios de información, experiencias y métodos.

Un buen profesor podría mantener fascinados a sus alumnos con el uso sensato e imaginativo de las nuevas tecnologías.

Los niños se olvidarán alguna vez de escribir.

Esa será la gran paradoja.

Pero, si nos hemos olvidado de escribir cartas y hasta de las reglas básicas de ortografía y otras gramaticales por enviar rápidos mensajes, ¿por qué no podrá ocurrir lo mismo con la escritura en general?

Una de las características de los países más avanzados podría ser esa: que sus niños no olvidaran a aprender a escribir a mano.

De hecho, en muchos países, la gente se ha olvidado, por ejemplo, de caminar y cocinar y solo usa el automóvil hasta para recorrer doscientos metros y no sabe comer nada que no se pueda calentar en el horno microondas.

Son las grandes paradojas de la vida moderna.

El Mono Sapiens dejó los árboles para pasar a la sabana africana y de allí a expandirse por todo el mundo.

Aprendió a caminar bípedamente, a usar herramientas, a comunicarse mediante señas y a usar un lenguaje complejo. Aprendió a contar y a escribir.

Siguió su increíble vuelo hasta llegar hasta donde está.

Ahora es un ser que solo parece soportar las relaciones virtuales.

Esas que si no funcionan, simplemente se anulan o se reemplazan por otra. En los intermedios, el Mono Sapiens busca la soledad y quiere convencerse que eso es lo que verdaderamente quiere: consumir sin límites cuando y cuánto quiera, pero básicamente solo.

Tengo una visión.

Me imagino un futuro en el que determinado espacio de una ciudad, esté poblado de personas que vuelan dando vueltas en busca de pareja o de simples contactos. (En ese futuro es posible volar.)

Esas personas van volando como antaño se solía dar vueltas alrededor de los parques de mi ciudad.

Digamos que van sobre un asiento y dentro de una cabina transparentes, mientras el celular les proyecta un teclado virtual y una pantalla que no debe ser muy grande para no interferir con las de los vecinos voladores.

Se miran y tasan desde lejos y no saben si su compañera o compañero virtual está dentro de ese enjambre de voladores o simplemente al otro lado del mundo en un espacio similar dedicado a esos soñadores.

Me imagino una noche de cielo estrellado y una luna creciente.

Haber llegado a dominar el mundo, me digo, para ir a parar como un Mono Solitario dando vueltas soñando en el espacio.

No nos engañemos -aunque no sé hasta qué punto eso deba tranquilizarnos-, porque tendremos una gran compañía, una más importante que el verdadero amigo y el verdadero amor.

Bien visto, será un compañero que nos permitirá poseer y manejar la información de un super robot. Tendremos el conocimiento y el poder humanos concentrados en un simple adminículo.

Pero, probablemente, no seremos nada sin él:

El celular del futuro.

HjV 18-02-2008

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2 comentarios sobre “EL CELULAR DEL FUTURO

  1. Me quedo sorprendido con los celulares del futuro. Qué buenos que están. Chau, que sigan inventando cosas jajajaja

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