JUEGO Y PROGRESO

No es lo mismo enseñar a jugar balompié y enseñar a jugar balompié.

No es solo un juego de palabras.

Uno de mis hijos, que ahora tiene siete, cumplió años la semana pasada, pero recién ayer sábado lo celebró con sus amiguitos.

Su deseo: que yo hiciera de entrenador de balompié de su grupo de invitados.

Como sabía que a la mayoría de niños que vendrían les gusta el fútbol, me lo imaginé fácil.

Y también lo fue, pero me hizo recordar el gran dilema que he tenido estos últimos años trabajando eventualmente como entrenador (con Licencia B) aquí en Alemania.

Uno de mis primeros trabajos con juveniles menores de 18, me hizo ver qué poco sentido tiene querer enseñar a jugar balompié como un juego, si los jugadores no dominan del todo los rudimentos con el pie.

Es decir, si la pelota no obedece.

bambi.jpg

Un siguiente trabajo con los aquí llamados bambini -niños menores de siete años-, me hizo ver el otro lado de la medalla: mientras los niños se encuentran aprendiendo los rudimentos del juego es muy difícil concentrarse en el juego en sí.

Si hay un deporte o actividad donde saltar o quemar etapas sea algo más o menos natural, ese es el fútbol o balompié.

Tal vez de esta disparidad y asimetría resulte el mayor y principal dilema de todo entrenador: la enorme diversidad de niveles técnicos entre los jugadores de un equipo.

(Un buen entrenador intentará armar un equipo y un sistema de juego con los jugadores que tiene disponibles. Un mal entrenador solo sabrá quejarse de la falta que le hacen un par de estrellas en su equipo.)

Aunque siempre van a existir diferencias de nivel en cualquier actividad humana porque todos somos seres simple y llanamente -por suerte- diferentes, esas discrepancias de nivel no tienen por qué darse en el terreno de las capacidades o habilidades elementales.

Ningún ajedrecista puede ignorar cómo se mueve un caballo o no saber lo que es un enroque, para poner un exagerado ejemplo. Así como un nadador no puede conocer solo dos estilos de los cuatro principales que existen.

Sin embargo, he apreciado que no todos los futbolistas profesionales dominan el remate exclusivamente con el empeine (la cara superior) o con la parte exterior del pie.

(Este último lo dominan apenas un puñado de jugadores.)

El uso de la parte interna del pie -en mayor o menor combinación con el empeine-, parece ser la única arma percutora de la mayoría de futbolistas.

Algo totalmente absurdo para mi forma de ver, si, tal como se puede demostrar, son justamente el empeine ‘limpio’ y la parte externa del pie las superficies percutoras que permiten los tiros más potentes y más precisos.

(Invito a probarlo a cualquiera. El disparo con la parte interna del pie siempre tiene la desventaja que el balón recibe cierto efecto o rotación, adquiriendo así la trayectoria también cierta curvatura que no siempre es fácil de calcular.

Disparando exclusivamente con el empeine, por ejemplo, la pelota puede girar o rotar sobre un eje perpendicular a su trayectoria, pudiéndose evitar así las desviaciones por roce hacia los costados, es decir, el llamado efecto.

Por otro lado, por cuestiones de nuestra musculatura y fisiología específicas, un remate con la parte interna del pie no puede alcanzar la potencia de aquellos hechos con el empeine y con la parte exterior del pie.

Los músculos recto femoral y el cuadriceps femoral son los que determinan esa ventaja, por ser especialmente masivos y los encargados de extender la pierna y de acercar el muslo a la pelvis.)

Es más, son pocos los jugadores que saben usar convenientemente sus piernas para desplazar a la pelota.

Compárese la rigurosidad de movimientos de un tenista o un golfista, por ejemplo, al golpear la pelota: sus brazos siempre completan una trayectoria definida y terminan en una posición también definida.

Curiosamente, esto es algo que se podría remediar más o menos fácilmente: poniendo absoluto énfasis desde las divisiones más inferiores en el aprendizaje didáctico y pedagógico de los rudimentos o habilidades básicas con los dos pies, tal como sucede en otros deportes.

Lamentablemente, lo que suele primar en el fútbol son los resultados, la competencia solo por ganar.

Así, un entrenador no aplaudirá a sus niños cuando éstos hayan mostrado haber aprendido lo practicado en los entrenamientos (por más que no sea mucho), sino solamente cuando los niños hayan ganado.

Pienso que no es un problema irresoluble.

Que se vea el fútbol como un juego de competición tampoco es nada malo, porque es su característica principal.

Tendrían que ser las federaciones correspondientes o los responsables deportivos del gobierno o no, los que tendrían que proponer la administración de una tabla extra no de posiciones por partidos ganados, sino de posiciones por nivel técnico.

En esa Tabla Técnica complementaria se podría consignar lo que los niños pueden hacer con la pelota:

-si dominan todas las partes del pie y del cuerpo,

-si utilizan las dos piernas,

-si disparan con frecuencia al arco,

-si recurren a pases largos,

-si son capaces de jugar combinando y haciendo las llamadas paredes,

-si tratan de desarrollar lo más pronto posible un juego ofensivo,

-si realizan jugadas preconcebidas y entrenadas,

-si el nivel de entendimiento grupal existe,

-si hay capacidad de sacrificio por el equipo y

-si existe la conciencia del juego limpio.

Para poner algunos ejemplos.

Pienso que debería impulsarse además el interés en los niños por el juego con sentido práctico, dando puntos por el número de tiros de esquina obtenidos y por el número de remates al arco realizados.

Una pared podría valer otro punto, para dar otro ejemplo. Y cierta acumulación de puntos podría valer al final como un gol.

Si a alguien se le ocurriera decir que solo valen los goles ‘directos’ en el fútbol, habría que decirle que las faltas ocurridas en el área penal llevan a permitir un lanzamiento libre desde los once metros que generalmente se convierte en un gol ‘directo’.

¿Por qué premiar entonces solo lo negativo, un foul o falta en este caso?

También se podría hacer lo mismo con lo positivo: cada cierto número de tiros de esquina, de paredes y de remates al arco, podría premiarse con un tiro penal.

Otro ejemplo de que no se gana solo ‘directamente’, es decir con goles, es la llamada diferencia de goles, que permite a veces discernir al ganador en un campeonato.

¿Por qué no, de la misma manera, dirimir un encuentro por diferencia de tiros de esquina, de remates al arco, de las llamadas paredes o por el número de veces que se ha llegado al área rival, para poner otro ejemplo?

No sé si lo tenemos de la religión, pero al igual que quienes van a la iglesia lo hacen para confesar sus pecados y no sus buenas acciones, en el fútbol se suele castigar lo negativo y prohibido, pero se deja de lado lo que la pedagogía moderna ya sabe desde hace bastante tiempo:

Los niños aprenden más y mejor cuando se los estimula positivamente.

Para eso, claro, tendríamos que cambiar de mentalidad, tal como ha ocurrido en otros deportes como el voleibol, cuyas reglas han cambiado masivamente en los últimos años.

¿Será casualidad que en un deporte tradicionalmente femenino hayan sido sido posibles tantos cambios?

También habría que pensar que no se trata de poner ‘en peligro’ una tradición, sino de adaptar un juego a las necesidades de quienes verdaderamente podrían sacar provecho de una actividad lúdica que es tan o mucho más difícil que el ajedrez, el juego o deporte ciencia por excelencia.

(El balompié, como el ajedrez, es un juego posicional, es decir, gana o está en ventaja quien mejor se posiciona. Es, además, un ajedrez grupal en el que las mismas piezas tienen que pensar rápidamente, todo el tiempo, y moverse ellas mismas a gran velocidad.)

Una actividad lúdica que puede fomentar:

-la camaradería,

-la solidaridad,

-el gusto por el ejercicio físico y la geometría dinámica,

-el sacrificio común,

-la acción ordenada, concertada y coordinada del conjunto y

-el respeto por las reglas y por el contrincante.

Personalmente me fascina el balompié, pero detesto el fútbol como negocio y como sublimación de nuestros instintos guerreros y agresivos.

Pero el balompié tiene también todas estas cualidades nombradas y que coinciden con muchas de las necesitan urgentemente nuestras sociedades modernas en muchos sentidos.

Y todo eso lo podrían aprender los niños jugando.

        HjorgeV 02-03-2008

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2 comentarios sobre “JUEGO Y PROGRESO

  1. Hola te felicito por tu página está genial y sobre todo con muy buen contenido, y a la vez te invio a ti y a tus visitantes para que visiten también mi página la cual es: http://tumundovirtual.wordpress.com
    Que estén muy bien y los espero en mi blog. ademas SI gustas y me permites nos podemos lincar.
    Rpta.: Visité tu bitácora y me dio la idea para un texto que ya empecé. No sé que será eso de lincar, pero te advierto que soy casado. Saludos. HjV

  2. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
    DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA – Vigésima segunda edición
    -vocablo. (Del lat. vocabŭlum). 1. m. palabra (‖ segmento del discurso)….
    …jugar alguien del ~.
    1. loc. verb. Hacer juego de palabras….

    Aviso : La palabra “lincar” no está en el Diccionario, según él mismo.

    Talvez fuera, o fuese, conveniente proponer el vocablo “lincar”, en su modo reflexivo para la próxima XXIII edición del D.L.E. de la R.A.E., en sus acepciones : yo me linco, tú te lincas, él se linca… Como anglicismo castellanizado del famoso LINK, entre páginas “webs” de Internet. (Socarronamente, podríamos decir : me “te linco” el diente en tú página, y tú te “me lincas” el tuyo en la mía, para de este modo ser, ambos inclusive, mas notorios en el mundo mundial globalizado que es de lo que se trata).

    De ahí, mi inclusión de “vocablo”, en su 1.loc.ver. : hacer juegos de palabras….que trasladado a “JUEGO y PROGRESO”, con motivo del balompié, efectívamente, sólo proponiendo e implantando imaginación, educación y solaridad desde la infancia en los deportes (y demás actividades de la vida), se puede llegar a la conclusión con que finalizas tu artículo : ….”Y todo éso lo podrían aprender los niños jugando”.

    Buena tarde, buena suerte y salud. ArgsSs, un íbero-laico, amigo de la lectura.

    P.D.: Hoy no tengo P.D.

    Rpta.: Como consulto a diario diccionarios, entre ellos el de la misógina RAE, de esta última llevo un listado con todo tipo de curiosidades, imprecisiones y claros disparates. No lo hago por ser crítico con ella, espero se me crea.

    Aquí uno nuevo: nunca en mi vida había leído ni menos oído eso de “jugar alguien del vocablo”. Bueno, pues, respetando lo que dice la Academia, me tomé (yo) la libertad de jugar del vocablo ‘lincar’.
    (Suena espantoso. Mejor, paso DE esa acepción. Y me quedo con CON, para poder jugar CON lo que me dé la gana.)

    En fin. Sé que no se me nota, pero entiendo lo de ‘lincar’.

    Lo que pasa es que prefiero agotar nuestras palabras que ya existen, a, por pereza, moda, novelería o falsa pedantería, utilizar las de otros idiomas. En este caso del inglés. ¡Ya me imagino qué poco se entendería esta bitácora si lo mismo hiciera yo aquí con mi segunda lengua, el alemán!

    Para expresar esa conexión entre página y página existen palabras muy bonitas y precisas como: enlazar, conectar, empalmar, ligar, coligar, aliar o relacionar. Personalmente encuentro que ENLAZAR, EMPALMAR y ALIAR son suficientes, expresivas y bonitas para lo mismo. El que pone el ENLACE de otra página en la propia, se está ALIANDO con el autor de ella. Etcétera.

    No estoy contra los vocablos extranjeros. Estoy solamente contra los INNECESARIOS.

    Porque hacen superfluo tanto esfuerzo catalogado ya en nuestros diccionarios, le da cada vez más poder al inglés y nos hace cada vez más ignorantes. El que no se esfuerza por saber qué significa en su propia lengua lo que lee en otra ni averigua si ya existe un equivalente, va limitando cada vez más su propio mundo cognitivo y el de los demás. Saludos laicos. Gracias por tu comentario. HjV

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