HÉROES, ÁNGELES, INTELIGENCIA Y COCAÍNA

Si hay una característica saltante de la sociedad usamericana, esa es su gran capacidad para ponerse el disfraz de los ángeles y de los héroes encima.

Y creérselo con convicción infantil.

Se dice que EEUU es una sociedad ávida de héroes. Según eso, Superman, Batman, la Mujer Maravilla y el Hombre Araña son usamericanos y no puede ser por pura casualidad.

Pero también es el país de la Doble Moral por excelencia. En el que, por ejemplo, la prostitución está prohibida legalmente.  Así como se lee.

Esto tal vez no tendría nada o poco de malo, si es que ese deseo ‘heroico y angelical’ y esa doble moral no se traspasaran a la política, sirviendo solo al juego de ciertos intereses y no a los comunitarios.

El último caso del gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer (nomen est omen), quien se ha visto obligado a renunciar por haber contratado -con su dinero- los servicios sexuales de una mujer, lo demuestra.

Se trata de Ashley Youman, llamada Ashley Alexandra Dupré, de segundo alias Kristen, de 22 años, a la derecha en la fotografía.

Como los electores desean héroes, es decir personajes que de ser posible no coman ni beban ni tengan relaciones sexuales, los políticos de EEUU se ven obligados a mentir.

(De hecho, que yo sepa, los héroes de las historietas se caracterizan por ser casi todos asexuales hasta el paroxismo, puesto que ni siquiera están casados o tienen pareja. No solamente son héroes, son santos.)

Los políticos se ven obligados a llevar una doble vida, para satisfacer las exigencias  absurdas de las masas.

Spitzer llevaba una triple vida.

En la primera él era el político ultraconservador y puritano, el Superman de la justicia capaz de enfrentarse a la corrupción fiscal, a las mafias de cuello blanco y era enemigo de las redes de prostitución.

Era uno de los héroes que más necesita este mundo porque atacaba a los delincuentes que cada vez más daño hacen a cualquier economía. Me refiero a los llamados delitos de cuello blanco en Wall Street.

El ex fiscal general los perseguía sin compasión.

En su segunda vida era un padre de familia, judío, con tres hijas –es decir, que por lo menos alguna vez mantuvo relaciones sexuales con su esposa- y seguramente con todos los demás normales defectos que cualquier persona de este mundo puede tener.

En su tercera vida, que seguramente ocultaba a su esposa, Spitzer pagaba por sexo no hogareño, vamos a decir.

¿TODOS LOS PECADOS DE ESTE MUNDO CASTIGADOS?

A los que quieran ver en su caso la parábola del pecador que tarde o temprano es castigado por sus pecados, hay que hacerles recordar que tal figura no existe gratuitamente, por más que tal vez sería bueno que así fuera y por más que lo machaque a diario la religión.

Si fuera así, no estaría ahora Irak invadido, por ejemplo, puesto que se hizo en base a grandes mentiras y ya solo por el número de muertos que van (las cifras varían entre algunas decenas de miles hasta más de medio millón) sería un pecado más que descomunal.

No. No voy a poner en discusión qué tan ciego, sordo, mudo o activo es ese dios de las religiones.

Aquí hay que saber abrir los ojos.

Según informa la prensa:

“Esta narración comienza con las sospechas de una unidad de Hacienda sobre movimientos de dinero de un alto cargo del Gobierno de Nueva York sobre las que un banco había tenido sospechas”.

Es decir, ya desde el comienzo esto es, a su vez, sospechoso.

¿Desde cuándo los bancos se encargan de sospechar qué es lo que hacen los clientes con su dinero, máxime si se trata de sumas por lo demás verdaderamente intrascendentes como las de este caso (4.300 dólares la última)?

Si eso fuera una práctica bancaria normal, no existirían ahora como tales, los mal llamados ‘paraísos fiscales’ (son simples ‘paraísos’ delincuentes) como Lichtenstein, la misma Suiza o –para mencionar un caso más reciente- Gibraltar, al que el gobierno español acaba de acusar de cerrar los ojos ante el lavado o blanqueo de dinero.

El mismo artículo mencionado, lo aclara aún más:

“Los bancos vigilan las transacciones de personas ‘con relevancia política’ para detectar sobornos, lavado de dinero u otros delitos”.

Esa no es la función de los bancos. Bonito sería. Los bancos no cumplen ninguna función altruista en ninguna sociedad. Salvo por propio interés o verdadera presión externa.

Suponiendo que es así, que son en EEUU un brazo de la justicia: ¿Por qué vigilar solamente las transacciones de personas con ‘relevancia política’?

¿Por qué es así en EEUU?

DOBLE JUEGO SUCIO

Según mi entender, se trata de un doble juego. Un doble juego sucio.

Por un lado se trata de vender y exigir la imagen de políticos perfectos, puros, impolutos y no pecadores, a sabiendas de que esto es un imposible.

(Sobre todo, imposible de mantener en todo terreno, todo el tiempo y en toda circunstancia. Bien sabemos que los políticos son simples seres humanos.)

spitzer.jpg

Por otro lado se crean mecanismos para controlar esto.

¿A quién le interesa que esto funcione así?

¿A los mismos políticos? Bueno sería.

¿A los electores?

No creo que los electores sean los responsables de exigir que los bancos se dediquen a controlar qué hacen los políticos con su dinero particular.

En Alemania, por ejemplo, la vida privada de los políticos –hasta cierto punto y esto se altera cada cierto tiempo- es algo, precisamente, privado.

Los electores saben que se trata de seres humanos y se interesan más por su función política, es decir por aquello para lo que fueron elegidos. Por su trabajo.

Lo que hagan en su tiempo libre no tiene por qué interesarle a nadie, salvo que se trate de actividades criminales.

En Francia esto también funciona más o menos así.

(Aunque con la entrada del Zar Kosy de Bruni, quien es alguien que parece sentir cierta atracción por la llamada prensa rosa o del corazón, las cosas pueden empezar a cambiar.

Baste mencionar que Miterrand, uno de los presidentes más eminentes de Francia, se permitió mantener durante años y prácticamente hasta el final de sus días una vida más o menos secreta -a voces- en la que tenía una hija. Y eso, sin que la prensa se atreviera a revelar esos datos privados a la opinión pública.)

Creo que el fondo del asunto habría que buscarlo con esa pregunta que el latín nos ha legado y que acabo de aplicar al conflicto entre Colombia, Ecuador y Venezuela.

¿UN GOBERNADOR DEMÓCRATA QUE CAE EN UN MOMENTO JUSTO?

¿Cui bono? ¿A quién le conviene, pues?

¿Sale ganando la ciudadanía perdiendo a un tipo que sabía luchar contra las mafias y el llamado delito de cuello blanco?

¿Sale ganando el ‘alma’ de la sociedad usamericana por haber sido desenmascarado un farsante ‘moral’?

¿Por qué no empezar entonces con su mismo presidente, alguien que miente por delante, por detrás y los costados, y que rompe más o menos a placer una serie de derechos fundamentales contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos -que no es poco-, como son el derecho a la vida, a la dignidad y a no ser torturado ni encarcelado sin posibilidad de defenderse?

¿Quién sale ganando, pues?

¿A quién le conviene la caída estrepitosa de un gobernador demócrata justo en este momento? Es decir, ¿dónde está el resto del trabajo de los bancos? ¿Por qué solo él?

¿Quién resarce -quién paga- a esos mismos bancos por ese cachuelo, por ese trabajito extra que consiste en controlar a los políticos ‘relevantes’?

Las instituciones bancarias no lo hacen por simple altruismo. No es por ‘servicio a la comunidad’.

Los políticos de EEUU son rehenes de un sistema que empieza recopilando la más completa información sobre sus personas interesantes lo más temprano posible.

Para después poder usar esa información como convenga.

Sospecho que no es exagerado afirmar que los servicios de inteligencia (no solo del gobierno) van almacenando cada día detalles de toda persona capaz de llegar alguna vez a jugar un rol destacable (en la actividad que fuera) en el país.

Especialmente en la política.

Las actuales tecnologías no dejan ya nada –sobre todo en capacidad de almacenamiento de información- a la fantasía.

Y los nuevos espacios o comunidades virtuales -como MySpace por ejemplo, en la que Kirsten, la amiguita pagada, se hace publicidad- ya le están haciendo la vida más fácil al Big Brother.

Lo que parece algo parcialmente sano –nadie quiere delincuentes como gobernantes- se

exagera hasta el paroxismo y se manipula con un solo fin: poder utilizar esa información cuando sea necesario.

Para librarse ahora limpiamente, por ejemplo, de un tipo tan incómodo como Spitzer.

Notar también aquí, y en relación con mi artículo anterior, que nuevamente las drogas  están en juego aquí (¿por qué no dicen simplemente cocaína, la droga usual en este tipo de contratos y nivel social?, dejo esta pregunta como acertijo), según lo ha declarado la misma Dupré.

Probablemente, también, con el ex gobernador como consumidor, según un artículo de El País:

“…un encuentro que posteriormente la prostituta calificó de “fácil”, pese a que otras profesionales que conocían al cliente numero nueve se habían quejado de que las prácticas con él no eran seguras (una definición que podría referirse al uso de drogas o a la negativa a usar condón).”

No es una casualidad, así, que Obama Barack ya se haya adelantado en su autobiografía a curarse en salud, anunciando que en sus tiempos de estudiante consumió tres drogas como muchos universitarios: alcohol, marihuana y cocaína.

Sospecho que en sus tiempos de universitario nadie contaba en las próximas décadas con un presidente afroamericano (‘negro’ no es, en todo caso, mulato) y que, por lo tanto, de haber tratado de ocultar esa parte de su pasado, habría corrido un gran riesgo.

Como todos sabemos, el poder de los servicios de inteligencia de ese país es monstruoso, y tarde o temprano, por el altruismo de los bancos, por la investigación de algún partido u organización, o por el mismo gobierno, se podría haber desvelado (en el momento adecuado) su pasado cocainómano.

(Aunque me aventuro a pensar que esta vez el causante de su no elección será un pastor religioso: Jeremiah Wright.  Como en las historietas, cualquier argumento es bueno.)

La Gran Pregunta al Big Brother sigue estando vigente y constituye un misterio casi religioso:

¿Cómo es que no utilizaron ese monstruoso poder para prevenir el 11-S?

Debe ser por el ajedrez, me digo, pero yo recomendaría no perder de vista a ese peón -la joven que tenía algo más que vender aparte de su cuerpo: su música- en esta partida, a mi pobre entender, inconclusa.

A ella y a Wright.

Pero –mal que me pese- no precisamente por cuestiones musicales ni religiosas.

HjV 16-03-2008

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