PALABRAS OCCISAS Y VIVAS

Hoy volví a visitar ese portal de bitácoras llamado El Boomeran(g) y caí, así, como quien no quiere la cosa, como en esas visitas o acercamientos que empiezan siendo periféricos, circunvalantes, y que se suele hacer a las cosas prohibidas, como quien dice solo para mirar u observar pero que al primer guiño o gesto nos lleva a querer darles una probadita más, la del estribo, maestro, la ultimita, como decimos los peruanos, diminutivando todo.

Pues sucede que justo ayer, buscando más información sobre un autor limeño que me interesa y que es un gran desconocido mundial, Enrique Prochazka, me volví a topar con una de esas frases que se acostumbran a decir en ciertas ocasiones pero que muchas veces son simplemente huecas.

Creo que hay muchos profesionales, expertos, en eso de decir sin decir, de expresar mucho sin expresar nada en realidad.

Algunos hasta se hacen llamar literatos y son famosos y conocidos.

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Otros, más honestos, más sinceros, se burlan de sí mismos y hacen reír a la gente con su arte. Por uno de ellos, se creó un verbo: cantinflear.

Volviendo a lo iniciado, la frase era la siguiente:

“La aparición de Enrique Prochazka en la narrativa peruana, en 1997, fue celebrada por la crítica con justificado entusiasmo y, en cierta manera, con elogios que excedían sus méritos alcanzados hasta entonces.”

Se puede elogiar ciertos o todos los méritos de una persona, todas sus acciones dignas de premio o de castigo.

Se puede elogiar el ‘resultado de las buenas acciones que hacen digna de aprecio a una persona’, como indica el diccionario.

Pero, ¿cómo será eso de exceder méritos con elogios, o elogios que exceden méritos? me pregunté.

¿Papas -o patatas- con camotes?

Pensando en todo esto, me acordé de una de las listas que siempre había querido empezar y ahora lo he hecho: una suerte de Compendio de Frases Huecas, hecho solo con aquellas que voy encontrando en mis lecturas diarias.

Ya bumeraneando, me acordé que el día anterior la bitácora de Fogel me había llevado a caminos insospechadamente interesantes y al final a la Sorpresa Prochazka.

Así es que me decidí a fisgonear.

Y hete aquí, aquí hete, que volví a encontrar otro artículo verdaderamente interesante que trataba de un grupo a punto de desaparecer como tal de un portal de la red porque su número de miembros iba a rebasar o ya había rebasado inesperadamente el límite permitido.

El grupo se llama, o llamaba, El aforismo nuestro de todos los días. Agraciada nominación.

Pero, entonces, empecé a romperme la cabeza con uno de los allí citados -del escritor, profesor, editor, periodista y traductor medellinense Héctor Abad-, porque me pareció inicialmente una de las frases huecas que mencionaba:

“Casi todas las palabras leídas son palabras de un muerto”.

¿Es verdad?, me pregunté. ¿Será correcta la afirmación?

Me incomodó que ‘sonara’ bien pero que no tuviera mucho sentido, a mi modo de ver. Sospeché que no era verdadero. Sobre todo por el ‘casi’.

No contento con la duda, me puse a ver si podía desenrollar el pastel.

(Aquí les dejo el liviano intento, antes de salir a darle a la pelota en mi entrenamiento de los miércoles por la noche. Que estén bien.)

1. El primer escrito que se conoce se atribuye a los sumerios de Mesopotamia y es anterior al 3000 a.C.

2. El primer documento de escritura semialfabética se ha encontrado en las inscripciones conocidas como protosinaíticas, fechadas en torno al 1500 a.C.

3. Es decir, apenas llevamos un par de miles de años leyendo.

(Como curiosidad: la primera obra impresa en la Nueva España fue Escala espiritual para subir al Cielo de San Juan Clímaco en 1532, obra impresionante en más de un sentido, cuya lectura recomiendo aunque sea por la mera curiosidad de ver cómo se pensaba entonces. Un viaje ‘futurista’ al revés.)

4. Ahora, hasta la aparición de la imprenta de Gutenberg hacia 1450 y sin olvidar que ya en 1040 Bi Sheng había inventado el primer sistema de imprenta de tipos móviles en China (Wikipedia), hasta ese momento la lectura (sí, el solo y neto contacto con los libros) era algo absolutamente elitista.

5. Se calcula que recién en el siglo XVI nuestro planeta alcanzó la marca de 500 millones de habitantes. Luego la población se duplicó en 200 años: más o menos hacia 1750 debieron existir unos 1.000 millones de terrícolas. Hacia 1900, ya éramos unos 1.500 millones.

(Desconozco las cifras exactas, pero si aún hoy en día apenas un mínimo porcentaje de la población domina o es dueño de casi toda la riqueza de un país -y del mundo-, en tiempos pasados eso ha tenido que ser más extremo. Supongamos, generosamente, que el 5% de la población mundial podía darse el lujo de mantener una biblioteca en casa y digamos que la mitad de ellos verdaderamente lo hacía. Con esto, tendríamos apenas unos 35 millones de potenciales lectores constantes a comienzos del siglo pasado. Supongamos que 100, contando con los que tenían acceso no particular a los libros y otros medios escritos.)

6. A pesar de que la imprenta ya existía desde hacía varios siglos atrás, fue recién con la invención de la máquina de escribir (que le dio alas a escritores, periodistas, científicos y demás interesados y expertos) y el linotipo en el siglo XIX, que se produjo una sinergia que coincidió, precisa y no gratuitamente, con la Segunda Revolución Industrial.

7. Recién, entonces, a partir de finales de siglo XIX y comienzos del pasado es que se puede hablar de una verdadera proliferación mundial de los libros y de la prensa, y, por tanto, de la lectura.

8. “Se podría pensar que la historia de la lectura es la misma que la de la escritura, pero la evolución de los soportes gráficos es determinante en el desarrollo de la lectura”. (Wikipedia)

(9. No olvidemos que la misma Iglesia Católica se encargó de impedir ese desarrollo, en su afán oscurantista, al expedir su Index Librorum Prohibitorum en 1559.

En 1757 en París, un decreto condenaba a muerte a los editores, impresores y a los autores de libros no autorizados que se atrevieran a editarlos.)

10. Si bien ya antes de nuestra era, Julio César hacía circular su Acta Diurna para dar a conocer los eventos del día, se sabe que hasta la misma Segunda Guerra Mundial, se leía en voz alta para grandes grupos de personas, por lo general obreros.

11. Es decir: también hay que diferenciar entre PALABRAS LEÍDAS y ESCUCHADAS.

12. Por otra parte, independientemente del desarrollo del soporte físico de la palabra, el desarrollo ‘intelectual’ de la humanidad –y específicamente el del alfabetismo- tuvo su propio derrotero.

13. Recién en el siglo XIX la mayor parte de los países occidentales empezaron a interesarse por la alfabetización de TODA su población.

14. Ignoro si existen cálculos o si se puede calcular el número de palabras leídas hasta este momento. Lo que es cierto es que el verdadero boom de la lectura se inició el siglo que acaba de pasar coincidiendo con la lucha contra el analfabetismo, el auge de todo tipo de tecnologías y la industralización masiva.

15. Paradójicamente, justo después de la Segunda Guerra, cuando los medios de comunicación escritos llegaban a un nivel de expansión y difusión nunca antes conocidos, apareció la televisión, truncando de muchas maneras ese desarrollo.

16. Hoy –desde hace bastantes décadas y gracias a la tecnología- son millones los ejemplares de un solo diario que circulan cada día en varias decenas de países. Todo esto sin mencionar lo que se lee en la escuela y en los libros de ficción o no ficción en general.

17. Ahora, el mayor porcentaje del material de un diario corresponde a periodistas vivos. El mayor porcentaje del material escolar es cada vez más frecuentemente escrito por maestros con vida, debido a la continua adaptación de las materias escolares a los nuevos tiempos y nuevas tecnologías.

18. Solo en el año 2002 se habló de 1.500 millones de libros editados en papel, frente a 500.000 en formato electrónico. Y las cifras siguen aumentando.

19. El 21 de junio del 2006 José Luis Orihuela, profesor de la Universidad de Navarra, al presentar su libro sobre la revolución de las bitácoras o blogs, afirmó que existían casi 50 millones de bitácoras y que el número se duplicaba cada seis meses. Supongamos que es más o menos cierta su afirmación.

20. Obviamente, el universo bitacorarero o ‘blogósfera’ no puede tener expansión infinita. Incluso ya hay quienes empiezan a hablar de cierto estancamiento relativo de su crecimiento.

21. Considerando, así pues, SOLO a los periódicos de circulación diaria y a los bitacoreros actuales (PERSONAS VIVAS, me imagino, aunque han empezado a aparecer bitácoras ‘retro’), sin contar los libros de autores vivos que aparecen como hongos cada día, se llega a cifras increíbles de palabras leídas y escritas por seres vivos.

22. ¿Ya existen 100 millones de bitácoras en el mundo?

No lo sé.

Pero es válido suponer que cada una de ellas es leída al menos por una o dos personas cada día. Algunas pocas tienen hasta millones de lectores diarios, lo que podría ayudar a corregir ese cálculo.

Creo, por tanto, que la bonita frase ”Casi todas las palabras leídas son las palabras de un muerto” tal vez tuvo sustento o base en algún momento de finales del Siglo de las Luces pasado o comienzos de este Siglo del Apagón.

Pero me imagino que eso de ‘casi’ es una obvia exageración desde hace bastantes años.

Vale decir, es una frase bonita pero obsoleta.

Aunque también puede ser que yo no la haya entendido.

HjV 26-03-2008

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