LAS LLAVES DEL AVERNO

¿PUEDE CONSIDERARSE LA TORTURA COMO UN MAL NECESARIO?

A mí me sigue llamando la atención el inmenso poder subliminal y sobreentendido que tienen los gobernantes de EEUU no solo en su país sino en casi todo el mundo.

Allí, donde nadie diez años atrás hubiera dudado en juzgar a más de uno por crímenes de guerra, incluida la tortura, después del 11-S las cosas cambiaron obviamente para mal.

Ahora, sin embargo, ciudadanos del país del norte han unido fuerzas para acorralar y exigir la renuncia de Condoleezza Condi Rice por haber participado –está documentado, al parecer- en sesiones de tortura con prisioneros considerados como presuntos terroristas.

Es escalofriante este asunto.

Porque con la tortura se rompen y saltan de golpe varios derechos fundamentales y verdaderos avances de nuestra civilización.

El de que todo acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario, bastaría, por ejemplo. O el de su derecho a un juicio justo y a una defensa pagada por el Estado, si fuera necesario.

Y esto sin mencionar Derechos Humanos más elementales.

Tanta es la confusión y el miedo reinante, que hasta puede parecer un chiste que mencione aquí algunos algunos artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, uno de cuyos considerandos dice así:

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad

VARIOS ARTÍCULOS DE UNA SOLA PATADA

El gobierno de Bush y su entorno –llámense neocons o no- no comprende el daño que le está haciendo al futuro de la humanidad y que probablemente con su política neoconservadora, esté sellando de paso nuestro destino como especie.

El uso de la tortura y las actuales prácticas usamericanas con los que ellos consideran ‘combatientes’ para tratar de encubrir sus prácticas ultrajantes, pisotean nada menos que varios artículos de la mencionada Declaración emitida en 1948.

¡Tuvimos que recorrer 6 millones de años, un par de miles de la llamada civilización y dos Guerras Mundiales para ponernos de acuerdo y nombrar a la Barbarie!

Y ahora, ¡zas!, un puñado de poderosos nos quiere hacer creer que sus intereses petroleros son más importantes que todo lo expresado en esa Carta Universal de los Derechos Humanos.

Menciono aquí algunos de los artículos que se violan claramente en la llamada Guerra Antiterrorista:

Artículo 3

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 5

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 6

Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

Artículo 7

Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley.

Artículo 8

Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 9

Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 10

Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial

Artículo 11

Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.

Todo esto no se cumple masivamente desde el derrumbamiento de las Torres Gemelas y la invasión de Irak.

Personalmente, a mí hasta me parece que la llamada Guerra Antiterrorista se hubiera inspirado en esta Declaración Universal.

Negativamente, se entiende.

Es escalofriante.

Y eso que no conozco a nadie de mi entorno que lo esté sufriendo. ¿Es esa distancia –aparente- la que hace que Europa y el resto de Occidente cierre los ojos ante tamaña inhumanidad?

¿O son los propios intereses económicos los que se trata de defender por encima de derechos fundamentales?

¿O es simple miedo, falta de coraje?

EJEMPLOS EFECTIVOS PERO FATUOS

No hace mucho, se estuvo discutiendo aquí en Alemania si al Estado se le debería permitir el asesinato de inocentes en ciertas situaciones extremas.

Para tratar de justificar tamaña insensatez se llegó a usar en el parlamento alemán un ejemplo asaz extremo.

Imaginémonos, dijo en su oportunidad el ministro democristiano Schäuble, que un simple avión de pasajeros ha sido secuestrado y está siendo dirigido como una bomba contra un gran edificio que acoge miles de personas.

Por el bien de esas miles personas, explicó, debería ser posible derribar a ese avión.

El menor número de víctimas a evitar lo justificaría.

El ejemplo viene de la historia moderna de nuestro planeta. Concretamente, de ese fatídico 11-S que todos conocemos y en el que murieron 2.973 víctimas confirmadas.

El derribamiento de las Torres Gemelas desveló una obviedad.

Los aviones se pueden usar fácilmente como armas; como bombas, concretamente.

Esos mismos aparatos que sirven para llevarnos a nuestros objetivos turísticos, vacacionales y laborales son enormes armas de guerra a la disposición de quien tenga la fuerza y maña suficiente para hacerse de ellas.

Desde entonces, se empezó a ver a los aviones como potenciales bombas y a sus pasajeros como potenciales ‘terroristas’.

El resto lo conocemos casi todos: los controles estrictos y absurdos, la paranoia y la exageración de película, cada vez que debemos abordar un avión.

En este contexto –con el fondo de las Torres Gemelas ardiendo de fondo, debería decir- es fácil preguntarse si no debería ser legal bombardear un avión de pasajeros para evitar que vuelva a derrumbar una torre o un edificio cualquiera.

-De acuerdo, señor ministro –levanta la mano mi Loro Atento, ese animal que llevo sobre mi hombro derecho, impertinente y pesado como ninguno, y pregunta-: ¿Podría darnos la fórmula exacta? ¿A partir de cuántas víctimas a salvar se usaría su ley? ¿Y si ésta se aplicaría también si la diferencia entre las personas a salvar y a asesinar, sería de una unidad, es decir, de una sola persona?

Por si alguien no ha entendido a mi loro y suponiendo que solo queda por discutir los alcances de la ley:

¿Cómo proceder en el caso de un avión que lleva 500 pasajeros y se dirige hacia un edificio que alberga a 501 ó 510 personas? ¿Sería derribado también?

¿Y si se tratara de asesinar a, vamos a decir, un millón de personas para salvar la vida de otro millón y medio?

Con preguntas de este tipo es fácil ver el absurdo al que se puede llegar con intentos populistas y tontos como el del ministro alemán.

Que yo sepa, la propuesta no prosperó pero por razones más complicadas.

JUSTIFICANDO LO INJUSTIFICABLE

Sin embargo, un ejemplo parecido se está dando en EEUU al querer justificar y legalizar la tortura.

Supongamos, se ha dicho, que un terrorista ha escondido una bomba en un avión.

¿No está totalmente claro que debería permitirse la tortura para arrancársele la verdad y poder salvar vidas humanas?

¡No faltaba más!, ¿no?

Vista así la cosa, parecería bastante lógico decir que sí.

Pero, también en este caso, llevando al absurdo la situación, se puede ver el callejón sin salida al que se llega con tales bárbaras propuestas.

Supongamos que el ‘torturador oficial’ del avión se equivoca de torturado y tiene que torturar a varios más hasta llegar al terrorista buscado.

O supongamos que la primera persona torturada confiesa cualquier cosa simplemente por dolor.

Con lo cual ya estaríamos en dos casos que de por sí solos bastarían como contraargumentos. Por lo demás, las leyes de casi todos los países del mundo no aceptan las confesiones arrancadas con torturas.

Primero por una cuestión de principios.

Y segundo porque es muy probable que ocurra la segunda posibilidad anterior: confesar cualquier cosa o lo que quiere el torturador para evitar seguir siendo torturado.

¿No lo saben todo esto Bush, Rumsfeld, Condi y compañía?

El mayor problema es que la tortura –ya lo hemos visto- rompe de raíz con los derechos más elementales de una persona.

Una ley así no solo violaría la Declaración Universal de los Derechos Humanos, también atentaría contra una serie de tratados internacionales.

Una ley así daría pie para aceptar la tortura legal por todo tipo de gobiernos en las más variadas circunstancias:

Desde robos pequeños hasta delitos de carácter burocrático.

Las dictaduras, los estados totalitarios y otros candidatos se frotarían las manos.

¿Por qué no torturar de una vez –eficientemente- a los torturadores para que dejen de exigir la tortura para siempre?, sería una pregunta que cabría bien en esa lógica.

EL CONTRATO SOCIAL CIVILIZADO

Uno de los grandes problemas que plantearía la legalización de la tortura (en realidad las prisiones y la pena de muerte son también formas de ella), sería la definición de sus límites.

Pasemos mentalmente a ese gabinete absurdo al cual nunca deberíamos llegar por el bien de la humanidad y supongamos que se vuelve legal torturar.

Preguntas:

¿Se puede torturar a alguien solo por sospechas o se tiene que demostrar fehacientemente su posible ‘utilidad’ como carne de cañón? (Es terrible entrar a tratar estos temas.)

¿Qué sucede si se produce una equivocación?

¿Es tortura quemar los pies?

¿Quemarlos hasta los huesos?

¿Y hacerlo delante de la familia y los hijos del torturado?

¿Ampliar la tortura a su familia?

Lo que dicho así puede ser inmediatamente repugnante para cualquier mente medianamente civilizada, visto en otros contextos ni siquiera es motivo para una crítica.

Israel, por ejemplo, suele derribar las casas de los combatientes palestinos que ellos llaman terroristas, castigando y torturando así al resto de su familia. Adultos y niños incluidos.

Y no pasa nada.

Lo que políticos, policías, legisladores y demás ciudadanos olvidan, es que en el Contrato Social de las sociedades modernas, el Estado representa la máxima expresión de lo civilizado y lo opuesto a la barbarie.

Es decir, para alejarnos de la barbarie, nos hemos organizado en torno a una representación ideal con efectos prácticos e integrantes reales: el Estado.

Legalizando la tortura daríamos un gran paso atrás: hacia la maldad arbitraria, la injusticia, el horror y la carnicería pura.

La policía o los llamados servicios secretos se convertirían parcialmente en recreadores de las peores prácticas de ese fenómeno que nos lanzó horrorosamente atrás en la historia: el Nazismo.

Leía el otro día en un interesantísimo artículo de José Vidal-Beneyto, que en EEUU todo eso va acompañado por la influencia y el aplauso de los medios de comunicación: nada menos que 624 escenas de tortura ha contado la organización Human Rights First en la televisión usamericana entre el 2002 y el 2005.

Y eso en horarios de máxima audiencia, además.

Es escalofriante.

Para alejarnos de la barbarie y avanzar como civilización hemos entregado el monopolio de la violencia al Estado.

Y le hemos puesto claros límites.

Legitimando la tortura, ¿queremos entregarle al Estado también las Llaves del Infierno?

HjV 16-04-2008

…..

Fuentes y enlaces de interés:

http://www.elpais.com/articulo/internacional/dramatica/perversion/elppgl/20080405elpepiint_9/Tes

http://www.cinu.org.mx/onu/documentos/dudh.htm

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