¿VALLEJO Y BENEDETTI AL MISMO TIEMPO?

Paseando por el sitio de la Revista de Cultura Ñ argentina, me encontré con un par de interesantísimas bitácoras cuya existencia desconocía.

Con especial deleite -qué palabra tan anticuada, pero exacta: placer del ánimo, placer sensual- mi vista se detuvo en dos de ellas.

En la primera, del poeta y periodista argentino Jorge Aulicino, el título de una de sus entradas me llamó de golpe la atención porque reconocí inmediatamente a su autor -Vallejo-, en apenas dos palabras: Tahona estuosa.

En la segunda, del periodista Ezequiel Martínez, también el título me llevó a indagar más a fondo por su contenido –Escritores contra escritores- porque se trataba de opiniones de autores sobre (contra) otros autores.

La asociación mental fue, entonces, directa, porque me vino a la memoria enseguida la pregunta que le habría hecho Clemente Palma -hijo escritor de uno de los padres de la narrativa peruana, Ricardo Palma- al poeta recién llegado de Santiago de Chuco a Lima, de la provincia serrana a la capital costeña:

“¿Usted cree señor Vallejo que colocar una imbecilidad encima de otra es hacer poesía?”

Entre otras perlas (recomiendo la visita o inspección porque también son muestra mayormente mezquina del alma humana, que, bien sabemos, no es exclusividad de los escritores), ya conocidas algunas, me encontré con una que me llamó la atención, del escritor y periodista argentino Rodrigo Fresán:

¿Benedetti? Ughs.”

No soporté, entonces, la tentación de escribir -y enviar- el siguiente comentario:

Me sorprende la poca mesura de muchos comentarios y ver que personas que escriben -que bien debieran saber que un libro es muchos libros, según el momento de uno mismo y la época en que se lo lee o relee, además del contexto particular en que ocurre esa lectura o relectura y del tipo de edición- olviden que nuestras opiniones siempre cambian.

Qué digo, ¡al nacer ni siquiera teníamos alguna!

Lamentable y sorprendente, eso sí, la ¿opinión? de Fresán, a quien tenía por un tipo lúcido.

Un lector o lectora, Brega, ‘indignado’ -supongo- ‘me’ respondió:

¿Cómo se puede admirar a Vallejo y al mismo tiempo a Benedetti? (Aludo al comentario de HjorgeV, de quien leí otro sobre el gran cholo en el blog de Aulicino.) Y sobre todo: ¿cómo considerar lúcido a Fresán? Ughs!!

Como me hizo reír, en un tema que da para más fiebre y mayor profundidad, tampoco pude resistir a la tentación de responderle.

Copio aquí mi réplica, deseándoles un domingo mental.

Respetable Brega:

Permítame agregar un par de comentarios.

De Fresán conozco sólo artículos periodísticos (de El País) y el comienzo de una novela suya, leído de pie en una librería española, y que no terminó de convencerme.

Al Fresán que me refiero, es, entonces, al de esos artículos. Mantengo lo dicho y agrego: me entretuvo -y divirtió- lo suficiente como para terminarlos y memorizar su nombre.

Con Vallejo la cosa es diferente.

Entre otras razones, porque murió hace muchos años y conocemos la totalidad de su obra. Creo que en su caso es fácil hablar de admiración y sencillo contribuir con un ladrillo nuestro para la ampliación de su altar.

(Por más que gran parte del resto de su obra menos famosa nos parezca a algunos –como a mí- más que floja.)

Con el uruguayo Benedetti -ahora me entero, visitando sitios y bitácoras argentinas- la cosa es más compleja aún.

No lo sé, pero me pregunto si en su caso no sucederá lo mismo que con Mario Vargas en mi país: ¿admiramos a Vargas?

Es decir, ¿es válido (o sensato) hablar de admirar a un autor como persona, más aún si éste aún vive, quedándole aún textos por escribir y actos sociales por los que responder?

(No respondo a pregunta -para mí- tan obvia.)

A lo que iba -y que no terminé de exponer en mi corto comentario-: me parece por lo menos injusto que al juzgar o evaluar a alguien (a su obra), se olvide el contexto correspondiente y no se mencione a qué parte de su obra se refiere el ‘juez’.

Ni a qué momento particular vital suyo como evaluador.

Muchos hablan de admirar a un autor, habiendo leído solo un libro de él.

(Lo digo, justo ahora que he intentado por enésima vez pasar de las primeras páginas de El ruido y la furia, de Faulkner, sin conseguirlo, y empezado a preguntarme quiénes lo han conseguido voluntariamente sin que tenga que haber sido parte de su formación o labor profesional.)

Opino que nuestras opiniones y gustos no son algo definitivo.

De hecho –repito- nacemos sin ellos y quiero sospechar que en el último momento de nuestra vida es también lo último en lo que vamos a pensar.

Es decir, su importancia y trascendencia tampoco son incólumes, vamos a decir, a ‘nivel carnal’.

Lo que ayer nos gustaba, mañana tal vez no lo haga más. Y al revés. Con suerte, conseguimos completar nuestros gustos e inclinaciones. O enriquecerlos.

Entonces, admirar, de admirar, personalmente no admiro a Nadie. Admiro las Obras -o parte de ellas- de alguien y no conozco hasta ahora a ningún autor, del cual pueda decir que admiro TODA su obra.

(Tal vez Borges se podría salvar de esto. Y mire que soy de los que habrían querido que nunca se hubiera juntado a almorzar con Videla.)

Por lo demás, estoy seguro de que el Vallejo que yo llevo en mi mente, seguramente no mucho tiene que ver con el suyo, amigo (o amiga) Braga, perdón Brega, de bregar, luchar, reñir (y no del calzón).

Entre otras cosas, porque los peruanismos y regionalismos norteños de sus mejores versos, es algo que los no peruanos no pueden siquiera sospechar.

(No tiene por qué ser ventaja: eso es parte de su universalidad; solo digo que es motivo de diferencia en la óptica.)

Y el Benedetti que yo llevo conmigo es muy particular.

Es el único que conozco: el de Inventario, porque más no he vuelto a leer ni a saber de él en estos 22 años que llevo lejos de mi continente.

Y de ese libro sólo un puñado de poemas que guardo con especial dilección en la memoria, tal vez –quién sabe- solo por lo que significaron en su momento y porque me los sé de paporreta.

¿Que a usted –visto lo que expongo- le parece un despropósito ‘admirar’ a Vallejo y Benedetti ‘al mismo tiempo’?

Me parece muy bien.

Creo que nuestra condición de personas mayores y más o menos maduras (para evitar caer en este apartado sigo dándole a la pelota tres veces por semana, con el pie), nos lleva a asumir la falsa y anulante ilusión de creer que somos productos finitos, completos e inalterables. (Y lo mismo, aplicado a los autores.)

Y, como tales, con un sentido del gusto –literario, artístico- invariable y menos -aún- influenciable.

Si es su caso, lo felicito (¡qué quiere que le diga!) por esa completitud.

A mí me parecería por lo menos aburrido ese acartonamiento del ser y, sobre todo, sería elevadamente injusto con las posibles buenas obras que todavía podrían escribir algunos.

Saludos desde Colonia. Excúseme los comentarios.

HjorgeV 18-05-2008

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2 comments

  1. Gracias por compartir el descubrimiento de esos 2 blogs.

    Por cierto, bienvenido al club de fans de “deleite”. Palabra que redescubrí hace poco gracias a Diego Manrique (en un comentario suyo en mi post sobre Springsteen). Y que desde entonces cada vez está más presente en mi vocabulario.

    Buen domingo para ti también.

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