YA SOMOS GRANDES

Yo quiero ser como mi hijo.

J.J. es el tercero de los cuatro que tenemos, ya cumplió siete y es muy divertido.

Lo que más llama la atención de su forma de ser es su capacidad para entusiasmarse con las cosas que hace.

El fin de semana pasado, por ejemplo, teníamos que dejar nuestra camioneta especialmente limpia porque la estamos vendiendo y se me ocurrió hacerle una pregunta.

-¿Te gustaría jugar a lavar el Astra conmigo?

-¡Yaaaaa! –gritó él, con los brazos en alto, como si le hubiera ofrecido un viaje a un país encantado o una visita a Disneylandia-. ¿Puedo pasar la aspiradora? -preguntó luego.

Sus dos hermanas mayores también han descubierto lo mismo: si saben planteárselo, J.J. es una ayuda valiosísima en cualquier labor.

La última vez que pintaron su cuarto, tenían que deshacerse de varias bolsas de basura escolar. ¿Qué hicieron? Le pusieron un gorro encima y lo declararon Basurero Oficial de la casa.

Y había que ver el entusiasmo, la seriedad y la convicción con la que J.J. bajaba desde el ático de sus hermanas con sus bolsas de basura al hombro.

Tal vez lo más bonito fue verlo al final de la tarea, limpiándose el sudor de la frente y con el semblante del héroe que ha llegado de salvar al planeta Tierra.

Yo quisiera ser como él.

Poder volver a entusiasmarme inocentemente con cualquier cosa sin tener que medir antes su importancia o repercusión en mi vida o en mis intereses.

Recuperar la capacidad de alegrarse y gozar con las cosas sencillas y simples.

El domingo salí con él y su hermano menor J.A., de tres años, a pasear a nuestro perro por los campos vecinos.

Los chicos estuvieron saltando y trepándose a los árboles. A J.A. le dio por quitarse los zapatos y pisar cada charco de agua y barro que encontraba.

-Si igual después nos vamos a dar un baño en la tina, mapi –me dijo el menor, con el talante de quien trata de explicar a un iluso algo tan obvio-. ¿O?

(Últimamente agrega ese ¿O? a todo lo que dice, alargando la pregunta como parte de una melodía.)

Yo también quisiera ser como él.

Poder correr alegremente, sin importarme qué pueda decir la gente que me ve pisando el barro y haciendo el payaso. Trepándome a los árboles y riendo de todo y de nada.

Al final del paseo, me arrodillé frente a ellos y les pedí que se acercaran.

-Quiero darles un abrazo –les expliqué-. Y me gustaría que cuando estén grandes y ustedes tengan sus propios hijos, se acordaran de este día tan bonito. A ver, fuerza, muchachos –les dije, antes de unirnos los tres en un fuerte abrazo.

Luego de unos instantes, J.A., el menor, se soltó y preguntó, con el gesto de quien lleva demasiado tiempo con una duda, con una incertidumbre:

-¿Pero ya somos grandes, no, mapi? ¿O?

No pudimos, por supuesto, contener las carcajadas.

Definitivamente: yo quiero ser como mis hijos. Simplemente como los niños.

HjorgeV, 03-06-08

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2 comments

  1. Estimado Don HjorgeV:

    Me sumo a su deseo… quisiera seguir siendo niña por muchas razones.
    Esa inocencia de los primeros años es incomparable.
    Mi hija que ya cumplió sus cinco añitos, quisiera convertirse en la lavadora oficial de mi auto.
    Lo sigo leyendo con mucho entusiasmo, alegra usted mi existencia.
    le mando un abrazo con mucho cariño.
    Saludos.

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