TRECE ESCENAS (?)

LA DECISIÓN DE LAS MARGARITAS

Escena uno. Tres hombres mayores, casi ancianos, caminan en la oscuridad, lentamente. Su paso no lleva prisa, no hablan entre sí.

Escena dos. Una mujer muy bella, en la mejor edad de su vida y en el mejor momento de su carrera profesional se ha quedado inesperadamente embarazada. Acaba de confirmar su asistencia a una fiesta y al ser preguntada si irá sola ha respondido que sí. Luego de colgar, se da cuenta de que ha mentido. Esa mentira le arranca una lágrima.

Escena tres. Los tres hombres están acercándose al lugar al cual se dirigen. Están en una zona turística playera y se encuentran alojados en uno de los bungalós que suelen ocupar familias y parejas jóvenes. A una determinada distancia del suyo, empiezan a separarse, para no llamar la atención y pasar cada uno como el integrante mayor de alguna familia.

Escena cuatro. El hombre que ha embarazado a la brillante mujer es un perdedor. Es un tipo que ya ha cumplido los cuarenta años y sigue sin encontrar un rumbo en su vida. Al parecer, se contenta con lo que encuentra o tiene, siempre y cuando eso le permita poder seguir escribiendo. Justamente por esas características –porque ella no ve ninguna posibilidad de que puedan llevar una vida juntos-, la mujer, en un momento de debilidad, ha pasado una noche de juerga con él en la que ha quedado embarazada.

Escena cinco. Los tres hombres están sentados sobre la cama de uno de ellos y analizan un plano de la localidad en la que se encuentran. Uno de ellos es un guatemalteco que un día se prometió no pasar angustias económicas en su vejez y ahorró todo lo que pudo para que así fuera, hasta que perdió en un incendio todo el dinero que escondía en casa. El segundo es un alemán que persigue el único sueño obsesivo que ha tenido en su vida, filmar una película, y sólo le falta el dinero para su realización. El tercero es un escritor empedernidamente sin éxito. Su novela, La decisión de las margaritas, ha sido rechazada por tantas editoriales que ya no recuerda cuántas han sido.

Escena seis. La bella embarazada acude a la fiesta sola y tiene pensado anunciar la decisión que acaba de tomar: no abortará. Su nueva preocupación es si se lo deberá comunicar o no al padre de la criatura.

Escena siete. Los tres hombres brindan con agua y se disponen a dormir. Al día siguiente tienen pensado asaltar un banco. Desde sus camas, se cuentan otra vez sus vidas y sus sueños, minuciosamente.

Escena ocho. En la fiesta, la mujer pide un momento de absoluta atención para comunicar la noticia de su embarazo a los demás invitados. Cuando alguien le pregunta quién es el padre, ella responde que los tiempos han cambiado y que una mujer ya no requiere necesariamente de un hombre a su lado para ser madre. Las mujeres aplauden.

Escena nueve. Los hombres no pueden dormir hasta bien avanzada la noche. Cada uno cuenta lo que piensa hacer con el dinero. Lo han planeado todo al detalle, como la filmación de la única escena de una película. Intentando quedarse dormidos, repiten una y otra vez el guión preparado.

Escena diez. Una desconocida se acerca a la mujer y la felicita por su embarazo. Cuando ya no sabe cómo zafarse de la extraña, ésta le dice que conoce al padre de la criatura. Lo primero que piensa es en un intento de chantaje.

Escena once. Los hombres se levantan a la hora convenida. Debido al nerviosismo y a las pocas horas de sueño habidas, empiezan a cometer un error tras otro. Cuando el guatemalteco propone abandonar el plan, el alemán responde que prefiere pasar el resto de sus días en la cárcel a no haber hecho todo lo posible para filmar su película. El escritor le dice que tal vez un editor se podría interesar por la novela de un presidiario y que, en todo caso, en la cárcel podría seguir escribiendo, algo que ha dejado de hacer desde que terminó La decisión de las margaritas.

Escena doce. La mujer se molesta y le dice a la desconocida que es imposible que alguien más, aparte de ella, pueda saber quién es el padre. “¿Por qué se molesta si se siente tan segura?”, le pregunta la extraña, antes de alejarse.

Escena trece. El guatemalteco pide un cambio del guión porque ya no se siente capaz de encañonar a nadie. “¿Cambiar el guión?”, pregunta el frustrado cineasta. “¡Jamás!” El guatemalteco le entrega la pistola con la que debía exigir el dinero. El alemán enfurece y le golpea la cabeza con el arma. “Ahora has sido tú quien ha alterado el guión”, constata el escritor, al ver que el que ha perdido todos sus ahorros en un incendio, ha quedado desmayado sobre el piso de la furgoneta en la que se desplazan.

HjorgeV, 03-06-08

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