DEPORTE DESPRECIADO

(LA CORRECCIÓN HA SIDO ENVIADO CORRECTAMENTE)

El fútbol sigue siendo un deporte despreciado.

¿Por qué?

Por lo menos aquí en Alemania ya no es de mal gusto seguir ciertos partidos y ahora son familias enteras las que se visten con los colores nacionales en ocasiones importantes sin preocuparse por el qué dirán.

Yermani está de moda en la propia casa.

Hasta unos diez años atrás esto habría sido algo impensable.

Lo era por razón doble.

Primero, porque los alemanes siguen cargando con el peso de su historia y la bandera nacional sigue siendo para muchos símbolo y pésimo recuerdo de la Segunda Guerra Mundial.

Segundo, porque el fútbol era hasta hace poco un deporte predominantemente proletario: de obreros y bebedores. Lo sigue siendo, pero en menor medida.

(No es casualidad, por ejemplo, que las retransmisiones televisivas estén infectadas de anuncios publicitarios de alguna marca cervecera. ¡En la Europa del siglo XXI, se publicita por la televisión una droga sin ningún empacho para públicos de todas las edades!)

Pero esto está cambiando y se da el caso de muchos jugadores –hasta de los equipos profesionales- que alternan los estudios universitarios con su pasión futbolística.

Sin embargo, es una actividad que sigue sin ser tomada realmente en serio, a pesar de ser una especie de Ajedrez Humano, es decir, un deporte ciencia.

El fútbol tiene mucho de varias disciplinas deportivas, además.

De varias disciplinas atléticas; de danza, gimnasia e improvisación de movimientos.

Si en el ajedrez se juega con 16 piezas sobre 64 casillas y cada pieza tiene movimientos limitados sobre el tablero, en el balompié las 11 piezas tienen una libertad casi absoluta de movimientos.

Algo comparable, quizás, a jugar una partida de ajedrez en la que sólo participaran las damas (las piezas o fichas llamadas así) y con un tablero variable permanentemente.

Tal es su complejidad.

El día llegará, espero, en que se le dé al balompié la seriedad e importancia que se merece, lejos de las hordas camisetistas y sólo interesadas en ver ganar a su equipo más o menos a cualquier precio.

Me gusta tanto el balompié, que puedo ver cualquier partido. Ni siquiera tengo un equipo favorito.

Que me duele cuando mi país pierde, está claro. Pero aplaudo y me entusiasmo con una buena jugada, sin importarme quién la haga, ni qué tan perjudicial pueda ser para mi equipo favorito del momento.

El fanático puede pasarse un partido completo de espaldas al campo y dándole a un tambor o gritando.

Y luego puede afirmar que le fascina el fútbol.

El día llegará, espero.

(Me acabo dar con la sorpresa de que ya existe un juego de mesa con la idea del Ajedrez Humano que mencioné. Se llama Soccer Chess y viene del Japón. Ver en la fotografía.)

JUGADORES COLGADOS DE LOS PIES

Como pequeño ejemplo de lo que afirmo, pongo a El País, uno de los mejores diarios europeos y que leo regularmente.

En un artículo escrito nada menos que por el redactor jefe de Deportes del mencionado diario -titulado “España tiene un iluminado”-, me he topado con tres perlas:

“un futbolista de aire suburbial que se reta con el gol con una naturalidad pasmosa”

“ante un contrario que clavó la trinchera desde el calentamiento.”

“tras un picaresco córner trenzado por Xavi, Villa y Silva ante la pasividad sueca, cuyos futbolistas hicieron de estalactitas.”

Me permito hacer algunas aclaraciones, porque, obviamente –salvo, tal vez, uno- no son errores ‘mecánicos’.

1. Retar es desafiar.

Uno desafía al portero o al equipo contrario o, hasta a la valla contraria, pero no al gol. Con él se busca amistarse, no retarlo.

2. Una trinchera se cava, no se clava.

Se clava una bandera, una lanza o una pica. Pero jamás una trinchera.

3. Una estalactita es una formación calcárea en forma de cono irregular que cuelga del techo de las cavernas por deposición lenta de carbonato cálcico y otros minerales.

Lo que el redactor jefe de Deportes de El País quiso decir era que los futbolistas suecos ‘hicieron de estalagmitas’.

(Salvo que haya querido verlos colgados de los pies o de la cabeza desde algún lugar del cielo.)

Lo que decía.

El balompié sigue sin ser tomado en serio.

Ni siquiera el mismo fútbol.

¿No tiene El País para contratar correctores? ¿O no se toman estos en serio su trabajo? ¿Quién los fiscaliza y controla?

Incluso, al enviar mi corrección al diario (no sé para qué, porque a pesar de ofrecer la posibilidad de que los lectores participen en la corrección de los textos, no me consta que alguna vez hayan hecho alguna por ese canal), recibí la misma respuesta que figura por lo menos desde hace un año al final del proceso –supuestamente- correctivo.

Transcribo (las mayúsculas son mías) tal cual la he vuelto a encontrar. El error de concordancia no es mío.

“La corrección ha sido ENVIADO correctamente.”

En este caso, se trata de un error grave, porque abarca todas las secciones del diario y no sólo la deportiva.

Los invito a hacer la prueba.

HjorgeV 15-06-2008

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