¿Y SI GANA EL POCO APRECIADO ‘HUÉSPED’?

¿TURQUÍA O ALEMANIA A LA FINAL?

Los alemanes se preparan para el partido de mañana como si ya estuviera claro que fueran a ganar.

Sospecho que no saben a lo que se han metido con esto de descubrirse fanáticos tardíos de una camiseta.

Lo digo por los nuevos hinchas, sobre todo por las mujeres y niños, que no pueden saber qué es eso de sufrir por y con un equipo, y que hasta hace no mucho observaban a este deporte con un ojo curioso y el otro muy crítico.

Como vengo del Perú, en esto tengo una amplia experiencia.

De casi tres décadas, vamos a decir, porque la última vez que mi país jugó en un mundial fue en España 1982.

Ahora se trata sólo de un campeonato europeo, sí, pero es casi como un medio mundial.

Alemania jugó su primer partido internacional en Basilea el 5 de abril de 1908, perdiendo 3:5 nada menos que frente a Suiza, hoy uno de los dos anfitriones de esta Eurocopa.

Cuatro años después, se sacó el clavo marcándole 16 goles –contra cero- a Rusia en Estocolmo el primero de julio de 1912.

Justamente, Rusia podría ser el próximo domingo su rival en la final, de ganar ambos sus respectivos partidos contra Turquía y España.

A pesar de no ser conocido como un país del que se pueda hablar que juega un fútbol cultivado ni menos exquisito, los equipos alemanes se han caracterizado por ser escuadras ‘de torneo’.

De esos que saben aguantar la presión y el esfuerzo de varios partidos seguidos sin perder demasiado los papeles, y que llegan a la final más o menos a fuerza de mantenerse tercamente parados (jugando) frente al nerviosismo de sus rivales.

Es -por esto- archiconocida la frase de Gary Lineker del 4 de julio de 1990 en el Mundial de Italia, al salir eliminada Inglaterra en la semifinal tras la tanda de penales:

“El fútbol es un juego sencillo; 22 jugadores persiguen una pelota durante 90 minutos y al final siempre ganan los alemanes.”

(“Football is a simple game; 22 men chase a ball for 90 minutes, and at the end the Germans always win.”)

Que mucho de cierto tiene, si atendemos a los resultados estadísticos.

COPAS MUNDIALES

Alemania ha ganado tres campeonatos mundiales: 1954, 1974 y 1990.

Ha participado en 16 de las 18 Copas Mundiales desde 1934 y ocupa el segundo puesto en la clasificación general de la FIFA, con 182 puntos, por detrás sólo de Brasil, el líder, con 206 puntos.

(Curiosamente, Perú ocupa un honroso trigésimosegundo -32°- puesto, de un total de 75 selecciones.)

En esa misma clasificación continúan en los siguientes sucesivos puestos: Italia, Argentina, Inglaterra y Francia.

España es 7ª.

Suecia ocupa –oh, albricias- el octavo lugar por delante de Holanda, Rusia, Uruguay, Polonia y México, entre otros.

COPAS EUROPEAS

Por otro lado, Alemania ha participado en 9 Eurocopas desde 1972 y ha ganado tres: las de 1972, 1980 y 1996.

A pesar de no haber participado en las dos primeras ediciones –las de 1960 y las de 1964-, y de no haberse clasificado para la de 1968, ocupa el primer puesto en la clasificación general de la UEFA.

EL PODERÍO MENTAL TURCO

Aunque en estas clasificaciones Turquía ocupa un modesto 31° en la tabla de la FIFA –justo delante de Perú- y un más que modesto 18° lugar –de 25- en Europa, no es un rival para no temer.

La fuerza mental, la actitud y la predisposición psicológica juegan un papel preponderante en deportes-contienda como el fútbol, porque de ellas depende el número de errores que se pueden cometer y la capacidad de un equipo de leer un partido y de actuar en consecuencia.

Así como de saber y poder sobreponerse a la adversidad.

Los turcos son, en este aspecto, rivales de temer, debido tal vez a su particular forma de apreciarse a sí mismos en el contexto internacional europeo.

Como país de emigrantes, los turcos llevan décadas siendo vapuleados.

Aquí en Alemania constituyen la etnia más representada y la de mayor poder económico, algo que no coincide con el aprecio que le tienen los alemanes, que es muy pequeño si es que existe.

En Europa, sigue sin decidirse si Turquía pertenecerá definitivamente a la Unión Europea o no.

(Curiosamente, a pesar de esto, a todo el mundo le parece de lo más normal que participe en la Eurocopa. Aquí, una vez más, se puede apreciar la miopía de los políticos.)

Pero los turcos conocen su historia, y saben que el Imperio Otomano fue una potencia que reinó durante siglos y que en el momento cumbre de su existencia –siglo XVII- abarcaba la península de Anatolia, Oriente Medio, parte del norte de África y gran parte de los territorios que hoy ocupan Grecia, Bulgaria y Rumanía, es decir desde el sudeste de Europa hasta el Cáucaso en el norte.

(Con esto también se puede notar cuál es el temor real o recelo que existe frente a Turquía y por qué se torpedea tanto su inclusión en la Unión Europea.)

Por todo esto, el partido de mañana promete ser interesante.

Los turcos sienten que se merecen algo más que el vapuleo europeo que reciben. Quieren sacarse el clavo.

De ganar Turquía, habrá también fiesta en casi todas las ciudades principales aquí en Alemania.

Se calcula que más de 2 millones de turcos viven en este país, sin contar aquellos que ya han adquirido la nacionalidad alemana.

Quiero imaginarme lo mejor.

Porque el alemán es muy receloso con el conciudadano que más ha hecho para que sea posible la reconstrucción y el llamado Milagro Económico alemán, que dura hasta nuestros días, pero es hora de que cambie.

No sabe una palabra -ni siquiera un simple ‘buenos días’ en el idioma del Bósforo- pero consume a diario millones de Döner, (‘döner kebap’, algo así como ‘carne a la parrilla’) el bocadillo o sánguche turco de moda.

Mañana parto de viaje a Hamburgo y espero llegar poco antes de que empiece el partido.

Después pienso ver el partido con un primo de mi esposa, y su novia, en alguna de las decenas de pantallas gigantes al aire libre que cada ciudad tiene ahora para ofrecer.

Desde el Mundial del 2006, es costumbre que las calles de este país se conviertan en el escenario de una improvisada fiesta popular cada vez que gana la selección nacional.

Por todas partes, en edificios, casas y vehículos, es posible ver ondear la bandera alemana sin que tenga que ver con el nacionalismo del pasado.

Veamos cómo reaccionan los teutones si quienes ganan mañana son sus antiguos y valiosos pero poco apreciados ‘huéspedes’.

(Ya no lo son, son sus conciudadanos.)

Lo otro ya lo conozco.

HjorgeV 24-06-2008

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