¿ES EL ALEMÁN UN IDIOMA ‘LINDO’? (III)

ENAMORÁNDOME SIN SABER EL IDIOMA

-Eso tiene que ser alemán. Espérate que me gustaría comprobarlo –le había dicho a mi amigo al levantarme de mi asiento y empezar a moverme por el pasillo del tren andino que nos llevaba de Arequipa a Puno.

Estábamos a comienzos de los años ochenta en el Perú y todavía no se vivía el ambiente de guerra civil que llegó a provocar ese fenómeno llamado Sendero Luminoso, que aún estaba entonces en su fase embrionaria.

A nuestro país llegaban turistas de todo el mundo y las calles del Centro de Lima, por ejemplo, eran recorridas por los visitantes extranjeros y existían por doquier tiendas especializadas en recuerdos turísticos.

(Apenas diez años más tarde, en una visita que hice a mi ciudad, sólo necesité los dedos de mis dos manos para contar los turistas con los que me crucé recorriendo parte del mismo Centro. Algo que ha cambiado nuevamente por completo.)

Así es que me levanté de mi asiento y me acerqué hasta el lugar donde creía que había escuchado hablar alemán.

No sé por qué lo hice. Tal vez la presencia de mi amigo me envalentonó en una situación en la que normalmente sólo me habría limitado a parar la oreja.

Cuando llegué a la altura de los asientos correspondientes, observé que se trataba de dos extranjeras que se dedicaban a contemplar y fotografiar el paisaje andino y a hacer comentarios pausadamente.

Una era muy rubia, tenía el cabello muy largo y lacio, unos grandes ojos verdes y era especialmente bella.

La otra, la mayor –después supe que tenía 28 años unos ocho años más que yo-, tenía ojos azules con un toque de gris, cabello castaño y no era tan alta como su amiga.

Sin atreverme a nada más, seguí de frente, haciéndome el disimulado, como decimos en mi país.

Al volver del final del pasillo de regreso a mi asiento y pasar por su lado, la de pelo castaño me sonrió. Era guapa, pero la belleza exagerada de su amiga la opacaba sin remedio.

-¿Y? –preguntó mi amigo-. ¿Era alemán o no?

-Parece que sí –le respondí, volviendo a sentarme, con cierto nerviosismo para el cual no encontraba explicación.

Más tarde, la de cabello castaño pasó por mi lado y me sonrió. Hice lo mismo y le devolví la sonrisa.

Al volver, seguramente del retrete, volvimos a sonreírnos y entonces me atreví a preguntarle –casi temblando- si hablaba alemán.

Ella dijo algo así como:

-Oh, ya había contado con que en este país nadie hablara mi lengua.

No lo sé exactamente porque entonces mis conocimientos eran apenas rudimentarios.

Como vio que yo no había entendido, me quedó mirando y, por un momento, pensé que la magia se iba a ir como había llegado. Sería para otra oportunidad, cuando hubiera aprendido el alemán de verdad.

En cambio, y viendo que se había quedado parada a mi lado, me sorprendí a mí mismo, recitándole de memoria una de las primeras lecciones de mi libro de texto.

Ella me escuchó, sorprendida, me pareció que le brillaron los ojos, hizo un gesto como de desconcierto, inclinó la cabeza y me señaló un asiento que estaba libre justo delante del de ellas dos, invitándome a ocuparlo.

Se llamaba Siegliende y venía de un lugar vecino a Stuttgart, era periodista de profesión y había venido a visitar a su amiga Angelika, la belleza rubia, quien empezó a mirarme con abierta desconfianza cuando me senté frente a ellas.

Como era obvio que con mis primitivos conocimientos de alemán no podríamos entendernos, intentamos hacerlo en inglés, aunque esa era una lengua que ella no dominaba.

Creo que le recité de memoria varias lecciones más, ya no recuerdo. Conversamos con pies y manos como se dice en alemán.

Entonces no sólo era joven, era tonto hasta el desguace en varios sentidos. Algo que, me imagino, no se pierde así nomás. Ingenuidad, tal vez sea la palabra más apropiada.

Recuerdo que llegamos a Puno, nuestro destino, y, como de costumbre, me dirigí a la gente del lugar para preguntar por un alojamiento adecuado para dos universitarios como nosotros.

Para mi sorpresa, las dos amigas nos siguieron y, sin saber realmente cómo, terminamos los cuatro compartiendo una misma habitación. Seguramente porque era lo único que había libre o porque era muy barato.

Era febrero y en Puno se celebraba la famosa Fiesta de la Candelaria.

La ciudad irradiaba alegría y música por todas partes. Una algarabía de color y vibrantes ‘buenas ondas’ parecían mantener la ciudad suspendida en una especie de limbo carnavalesco.

Después de dejar y organizar nuestro equipaje, asearnos y vestir ropas frescas, mi amigo y yo les propusimos –inocentemente- a las dos amigas un paseo por la ciudad.

La rubia alta y bella hablaba muy bien el inglés y nos dijo –no sin cierta arrogancia- que preferían hacerlo solas y por su cuenta. Que por favor no fuéramos a creer que porque compartíamos una habitación, ya teníamos ciertos ‘derechos’ sobre ellas.

La sorpresa por el modo de hablarnos fue tan grande que nos quedamos boquiabiertos.

Charly tenía novia y era un tipo correctísimo, de esos que preferirían cortarse una mano o un pie antes que ser infieles. Su aspecto era engañoso, porque era alto y más que atractivo y bien podía pasar por una desconocida y elegante estrella de rock, por su forma de vestir y sus cabellos de color castaño oscuro hasta el hombro.

Por mi parte, si bien me había asombrado por lo de compartir habitación con dos alemanas que acabábamos de conocer, creo que en lo último que se me habría ocurrido pensar en ese momento, era en llegar a tener sexo (qué fea me resulta ahora esta expresión) con alguna de ellas.

Cuando las vimos alejarse perdiéndose entre la gente y el bullicio de la ciudad, recién pudimos despertar de nuestro asombro.

Medio aturdidos por el viaje y el efecto de la altura, paseamos un poco, comimos algo y mi amigo se excusó para poder llamar por teléfono a su novia, dejándome solo en las calles de la ciudad.

He vuelto a Puno una o dos veces más.

La ciudad que encontré esa primera vez era una ciudad en pleno carnaval. Recuerdo que desde las seis de la mañana, las orquestas típicas de la región bajaban entonando sus ritmos y melodías, acompañando sus respectivas comparsas y bailarines con sus disfraces imposibles.

Recuerdo las mezclas increíbles de colores de las vestimentas de los músicos, bailarines y demás participantes.

Recuerdo especialmente los grupos de sicuris tocando sus zampoñas o sicus, y contagiándote su fuerza telúrica.

Pero cuando uno regresa a Puno sin carnaval, es como si uno regresara a una ciudad muy tranquila, casi fantasmal y gélida.

Y así era como me había empezado a sentir desde que había escuchado las repelentes palabras de Angelika, a pesar del bullicio general y el público vocinglero moviéndose por las calles.

De golpe me sentí tan solo, que no acerté a hacer otra cosa que sentarme en las escalerillas del portal de nuestro hostal a ver pasar la gente: a los borrachos, a las comparsas, a los turistas y al resto de los presentes.

Dos grandes piezas de madera antiquísima a mi espalda, escoltaban mi absurda pesadumbre.

¿Qué me sucedía?

Sin saberlo, me había enamorado al primer vistazo.

Continúa…

HjorgeV 06-07-2008

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3 comentarios sobre “¿ES EL ALEMÁN UN IDIOMA ‘LINDO’? (III)

  1. Hola Cuaderno.
    Ando muy cerca de tu segunda patria. Este mediodia he podido vivir, junto con otros cientos de personas venidas de varias partes del mundo, ElTxupinazo, ese cohete que lanzado por los aires fija el principio de las fiestas que hizo mundialmente famosas Ernest Hemingway.
    Raul, mí compañero de viaje y yo, luego hemos pasado un domingo bastante agitado y divertido tratando de comer beber y conocer gente, pero no es este el motivo de mi comentario.
    El motivo de mi comentario es para expresar que el Quechua no es un idioma, como afirma usted en su primera entrada sobre si es el Aleman un Lindo Idioma, claro que esto no incide deforma algua en su texto.
    Otra cosa que me ha llamado la atencion, ya sabe siento fervor de monja asesina por las irrealidades que por las realidades mismas, es la anecdota esa que nos conto de su vaije a Puno. Mas especificamente el encuntro ferroviario con estas dos chicas alemanas. Lo que me llama la atencion es que usted nos cuenta que una de ls chicas se levanto, presumiblemente, al baño. Y nos cuenta que intercambaron miradillas tanto en su ida al retreta como en su vuelta. Yo me digo: Acepto que en una de ellas ustedes hayan quedado frente a frente de forma que pudieran intercambiar esas miradas, pero en una de ellas, no sé en cual pues no se de que forma iba usted sentado en el tren, usted inevitablemente le estaba dando la espalda a esta Belleza Alemana. La pregunta es ¿Cómo hizo usted para intercambiar miradas con ella endos ocasiones en la misma ida l retrete de la chica?.
    Cuaderno, usted sabe como me martirizan a mi estos pequeños detalles irreales, no me deje con la duda.
    Saludos desde el Iruña Park, en el primer dia de la fiesta.
    P.S.: Mi presencia en este luga navaro obedece exclusivamente a tener un contacto con algunos lugares de los que Hemingway habla en su excelente, acaso la mejor, novela The Sun Also Rise, que alguna vz fue tristemente prologado por Juan Villoro para una edicion en español.

  2. Referente a Ingrid Betancourt.
    Se ve que a pesar de seis años de cautiverio, no le ha costado nada re-adaptarse l mundo del que fue secuestrada por la guerrilla. Así, es vista en un articulo de diario El País del Lunes 7 de julio, sonriente en una mesa con el ex primer minitro Villepin y otras personas dandole de lo lindo al vino.
    No estoy en contra de estos placeres, es mas, los disfruto muchismo. Sin embargo reflexiono de qué cosa haría yo luego de regresar de la selva tras un “horroroso” secuestro. Lo primero que se me viene a la menta son mi mujer y mi hijo. Quiza me encerraria con ellos, o cualquier ser querido, en nuestro hogar y e mantendria abrazado a ellos por un tiempo indeterminado. Quiza me rehusaria a salir a la calle o subirme en un avion aterrorizado por el recuerdo de mis captores que sin duda veria en cada rostro, tras cada esquina y en cada calle.
    Probablemene estari enfermo tras recuperar la dieta a la que, hasta antes del cautiverio, estaba acostumbrado.
    Es decir, estaria preso de tantas otras situaciones que lo ultimo que querria hacer seria subirme a un avion y cruzar el Atlantico (bueno en el caso de Ingrid creo que all tiene su familia, asi que hay que darle el beneficio de la duda as como respetar su deseo de salir de Colombia que -segun ella- tanto ama, sentarme a una mesa con ofertas gastronomicas y sonreir. Pero luego esta los compromisos politicos y otras muchas cosas que no salen en la TV ni en los diarios.

  3. Lo wue trato de manifestar es que de acuerdo a Diccionrio e la Real Academia Española por idioma debemos entender:

    (Del lat. idiōma, y este del gr. ἰδίωμα, propiedad privada).

    1. m. Lengua de un pueblo o nación, o común a varios.

    2. m. Modo particular de hablar de algunos o en algunas ocasiones. En idioma de la corte. En idioma de palacio.

    Y por lengua.

    (Del lat. lingua).

    1. f. Órgano muscular situado en la cavidad de la boca de los vertebrados y que sirve para gustación, para deglutir y para modular los sonidos que les son propios.

    2. f. Sistema de comunicación verbal y casi siempre escrito, propio de una comunidad humana.

    3. f. Sistema lingüístico cuyos hablantes reconocen modelos de buena expresión. La lengua de Cervantes es oficial en 21 naciones

    4. f. Sistema lingüístico considerado en su estructura.

    5. f. Vocabulario y gramática propios y característicos de una época, de un escritor o de un grupo social. La lengua de Góngora La lengua gauchesca

    6. f. Badajo de la campana.

    7. f. lengüeta (‖ fiel de la balanza).

    8. f. Cada una de las provincias o territorios en que tenía dividida su jurisdicción la Orden de San Juan. La lengua de Castilla, la de Aragón, la de Navarra

    9. f. Zool. Tira dorsal de la larda de una ballena.

    10. f. desus. intérprete (‖ de lenguas). Era u. t. c. m.

    11. f. ant. Facultad de hablar.

    12. f. ant. espía (‖ persona que observa y escucha lo que pasa para comunicarlo).
    Yo piense que siendo el Quechua una forma de comunicacion propia de algunas comodidades indigneas se debe referir a el como a una lengua y no precisamente como un idioma.
    Saludos

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