PUTO BARCO I

-Me contaron que tenés un blog, pibe.

-Una bitácora, sí.

-Ah. ¿Y qué escribís?

-No sé bien.

-¿Es un blog literario, misceláneo, deportivo, qué?

-Es una bitácora, como te digo.

-Sí, ya está bien. Pero, ¿qué escribís, pibe? Sobre el acontecer mundial, sobre libros, sobre deportes, sobre lo que te pasa a ti. O sobre música. ¿Sobre qué? ¿Sobre minitas que te habés cepillado?

-Es una bitácora común y silvestre. Como cualquier otra.

-Parala, che, parala. Vos no me estás dando ninguna explicación.

-¿Una explicación? La bitácora era una especie de pequeño armario cilíndrico de madera que iba junto al timón en los barcos. Servía para sostener la aguja náutica y para protegerla magnéticamente. Dentro de él, se solía guardar el cuaderno de incidencias del viaje, simplemente para que no se mojara. El cuaderno de bitácora. Un cuaderno de incidencias, un diario de navegación. Es lo que dice la Wikipedia, en todo caso. Nunca fui capitán de barco ni tuve uno.

-Entonces escribís un diario personal. Un blog.

Blog viene de las palabras web y log. Originalmente se llamó así: weblog. Luego a un tal Peter Merholz se le ocurrió colocar we blog en su página personal, creando un interesante neologismo. Log es ‘diario’ en inglés, pero también ‘registro’ y ‘cuaderno de bitácora’. Bitácora es un término que encuentro más amplio y apropiado. Y es castellano.

-Vamos, pibe. ¡Un blog es un blog!

-Sí, sí, una bitácora. No hay discusión. Un cuaderno de incidencias. Originalmente quise llamar al mío Cuaderno Borrador. Pensándolo bien, creo que Caja Negra tampoco habría estado mal.

-Está bien, está bien. Decime por lo menos de qué escribís. Cuáles son tus temas.

-Qué quieres que te diga. La dirección del viento, quiénes se amotinaron, si se acabaron los víveres, qué tal con las tormentas, cómo la pasamos en el último puerto. Esas cosas.

-Creo que estás mal de la cabeza, pibe.

-Ah, mira. Sobre eso podré escribir esta noche.

-¿Que estás mal de la cabeza?

-¿Vas a cambiar de opinión?

-Sí, sí, che. Digo, ¡no, no, no!

-Mira, che, no creo que tus palabras puedan alterar mi constitución molecular. Es tu opinión. Respétala.

-Pero, pero no se te ocurra nombrarme, ¿eh?

-También lo mencionaré. Que no quieres que te nombren.

-¡¿Che, pero estás loco, vos?! ¡No quería ofenderte! Ahora te me vas a hacer el resentido y vas a terminar hablando porquerías de mí en tu blog. Cortala, pibe.

-No, no, no te preocupes. Como en una bitácora, solo registraré las incidencias sin caer en lo personal. Aunque también caigo a veces en lo personal, claro; pero en mis cosas. Por eso, me parece mejor la palabra bitácora. Además, me parece bella, interesante, misteriosa. Qué se scho.

-Che, entre nosotros, no lo vayás a poner, ¿eh?, pero creo que verdaderamente estás mal de la cabeza, pibe.

-Las repeticiones de opinión también son incidencias. Lo registraré en mi bitácora: que me lo has repetido. No te preocupes.

-Pero, no, pibe, no, no. No quería caer en esto. ¡Todo lo que quería era saber sobre qué carajo escribías en tu puto barco!

….

HjorgeV 17-08-2008

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One comment

  1. jajajaja, que divertida entrada. por cierto, tambien me gusta el termino bitacora y ahora con tu explicacion mas. le da ese aire sentimental, romantico, sonhador, que abunda en el idioma espanhol. y no uno funcional como la idea del log. no sabia que de alli venia el origen de la palabra blog, pero tiene sentido pues. y hacia donde va tu barco ahora?

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