LAS OLIMPIADAS BIÓNICAS

CONTINUACIÓN DE LA ENTREVISTA HECHA A ÁNGEL HEREDIA

Una de las peores cosas que le puede suceder a una traducción confiable es que quede más o menos fiel al original, pero pierda ritmo y agilidad en el trasvase.

Lo contrario es peor: no se nota el trasvase hecho de idioma a idioma, ningún tropiezo; pero, en cambio, no se ha respetado honradamente el texto original.

Hay caminos que llevan a un traductor a callejones sin salida y otros que le muestran una puerta alternativa a cada paso. Y todo esto al margen de la mayor o menor formación que pueda tener ese traductor.

Cada idioma tiene sus formas de decir las cosas y ciertas estructuras férreas que se forman alrededor de esas formas o maneras de expresión, dificultando su traducción.

He traducido hoy la segunda y tercera partes de la entrevista que el semanario alemán Der Spiegel hizo a Ángel Heredia y que fue publicada el once del mes en curso.

http://www.spiegel.de/spiegel/0,1518,571031-2,00.html

Esperando que a alguien le pueda interesar este interesantísimo documento, sobre un tema que pronto y en los próximos años dará mucho que hablar. Y mucho para asombrarse.

¿Llegaremos a ser testigos de la Olimpiadas Biónicas?

(HjV)

DER SPIEGEL: ENTREVISTA A ÁNGEL HEREDIA

PARTE 2

De cómo Heredia pudo burlar a los investigadores y convertirse en el dealer –camello o narcotraficante- de los mejores deportistas del mundo.

SPIEGEL: ¿Existía una especie de ritmo de dopaje?

Heredia: Sí. Al final de la temporada en octubre, esperábamos un par de semanas hasta que el cuerpo quedara limpio. Luego, en noviembre, lo cargábamos con hormonas del crecimiento y epo, y hacíamos controles dos controles semanales, para asegurarnos de que no se formaran grumos en la sangre. A esto añadíamos los tiros de testosterona. Este primer programa duraba de ocho a diez semanas, luego venía una pausa.

SPIEGEL: ¿Y entonces se fijaban las metas a alcanzar en la temporada?

Heredia: Sí, pero eso dependía de cada atleta. Algunos querían mostrar buenos tiempos en abril, con el objeto de conseguir contratos para los festivales de atletismo. Otros no tenían otra cosa en la cabeza que las eliminatorias nacionales para poder competir representando a EEUU. Otros sólo pensaban en las olimpiadas. Entonces empezábamos la cuenta regresiva y así se iniciaba el siguiente ciclo. Siempre tenía que conocer bien a mis atletas y saber a qué federación pertenecía y cómo hacía esta sus controles.

SPIEGEL: ¿Cómo puede saber uno todo eso?

Heredia: Prestando atención. Con informantes.

SPIEGEL: Usted mismo llegó a ser un buen lanzador de disco.

Heredia: Muy bueno en México, bastante mediocre a nivel mundial. Había jugado fútbol, boxeado, practicado karate y lhabía terminado en el atletismo. Con 13, 14 años creía en el deporte limpio. El dopaje era un crimen para mí. A mi padre le preguntaba si estaba permitido ingerir aspirinas.

SPIEGEL: ¿Por qué empezó a doparse?

Heredia: El mismo argumento de todos los deportistas: porque los otros lo hacen. De un momento a otro, muchachos que acababa de vencer en las pistas, lanzaban diez metros más lejos que yo. Entonces, vino una lesión, pero no quería perderme las olimpiadas. El dopaje se convirtió para mí en lo que es para los demás atletas: parte del deporte. Si hoy entrenas doce horas y al día siguiente tu entrenador espera que vuelvas a entrenar doce horas, te dopas. Porque sino no lo consigues.

SPIEGEL: ¿Qué tomaba usted?

Heredia: Hormona del crecimiento. Testosterona.

SPIEGEL: A pesar de todo, no fue considerado para las olimpiadas entonces.

Heredia: Sí, pero empecé a leer todo lo que pude encontrar sobre medicina, conversé con otros atletas y pronto me hice de un nombre: Ángel conoce, Ángel sabe cómo pasar los controles. Los primeros sólo venían para que los aconsejara. Así empezó la cosa, hasta que un día el entrenador Trevor Graham me preguntó si lo podía ayudar. Le expliqué cómo funcionaba la epo y ya estaba metido en el negocio.

SPIEGEL: ¿Cuáles eran sus cualificaciones para convertirse en dealer de los mejores deportistas del mundo?

Heredia: Mi padre es profesor de química. Yo adoro la química. Y yo mismo era deportista. Me obsesioné con mi nueva función. Empecé a aprender, por ejemplo, todo sobre la testosterona. Aprendí que había un tipo de testosrena que daba resultados no inmediatos y otra que actuaba inmediatamente. Que se podía frotar, tomar e inyectar. Había aparecido una especie de nueva droga para mí: se me permitía trabajar con los mejores de los mejores y mejorarlos aún más.

SPIEGEL: ¿Y cómo se convirtió usted en el mejor de su gremio?

Heredia: Con exactitud. ¿Un ejemplo? Todos hablan de la epo. La epo está de moda. Pero funciona sólo a medias sino se combina con suplementos de hierro adicionales. Eso es algo que hay que saber. Hay portadores de oxígeno que hacen a la epo rapidísima y que son mejores que la misma epo. Yo llamo a mi producto Epo Boost, ‘multiplicador de epo’. Lo inyecto y libera muchas, pequeñas moléculas de oxígeno por todo el cuerpo. Así se decuplica el efecto de la epo.

SPIEGEL: ¿Tiene más fórmulas secretas?

Heredia: Por supuesto, claro. Hay pastillas para los riñones, que bloquean los metabolitos de los esteroides ingeridos. Al ser controlados los atletas, no permiten el paso de esos metabolitos y el resultado en la orina es negativo. O existen enzimas que devoran lentamente ciertas proteínas. Como la epo tiene estructuras proteínicas, esas enzimas se encargan de que la prueba B de los controles difiera de la prueba A (invalidando el control). También existen productos químicos que se pueden ingerir horas antes de una carrera para evitar la excesiva acidificación de los músculos. ¿El efecto junto con la epo? ¡Un verdadero milagro! Conozco unas 20 drogas que siguen sin poder ser reconocidas en los controles.

SPIEGEL: ¿Con qué entrenadores ha trabajado usted?

Heredia: Sobre todo con Trevor Graham.

SPIEGEL: Graham ha sido suspendido de por vida. Se dice que ayudó a Marion Jones, Tim Montgomery, Justin Gatlin y a muchos más en el chanchullo. ¿Con quién más?

Heredia: Con Winthrop Graham, su primo. Con John Smith, el entrenador de Maurice Greenne. Con Raymond Stewart, de Jamaica. Con Dennis Mitchell…

SPIEGEL: … que ganó una medalla de oro en los 4 por 100 y ahora es entrenador. ¿Cómo funcionaba el trabajo conjunto?

Heredia: Es como un pequeño mundo aparte. Se corre la voz sobre quién, qué y a cuánto lo puede conseguir, sobre quién es discreto. Los entrenadores se dirigían a mí y me preguntaban si podía ayudar y yo decía que sí. Entonces recibía el dinero, 15.000 dólares o una suma parecida. Luego hacía el primer envío y ya estábamos metidos en el negocio. En algún momento llegaba el contacto de persona a persona con los atletas.

SPIEGEL: ¿Había algo así como un esquema?

Heredia: Sí. Siempre he combinado varias sustancias. Conocía por ejemplo un producto llamado Actovison, que mejoraba la circulación de la sangre. No comprobable. Era bueno desde el punto de vista de la salud y mejor desde el punto de vista competitivo. A eso le agregaba lo factores de crecimiento IGF-1 y IGF-2. Y epo. La epo multiplica el número de glóbulos rojos y con ello el transporte de oxígeno, que es la clave para todo deportista: el atleta quiere regenerarse rápidamente, mantener la carga alta. Quiere rendimientos constantes.

SPIEGEL: Repítalo. ¿Rendimientos constantes a nivel internacional no son posibles sin dopaje?

Heredia: Así es. ¿44 segundos en los 400 metros? Inconcebible. ¿71 metros con el disco? Imposible. Puede suceder que alguien pueda hacer 9,8 en los 100 con el viento a su favor. Pero, ¿diez veces bajos los 10 segundos, con lluvia o calor? Sólo dopado.

PARTE 3

“Si él asegura que no se dopaba, sólo puedo responder: Eso es una mentira.”

SPIEGEL: Testorena, hormona del crecimiento, epo. Esa era su combinación.

Heredia: Sí, con variaciones individuales. Y entonces podían suceder milagros. Jerome Young estaba en el 2003 en el puesto 38 de los mejores del mundo en los 400 metros. Entonces empezamos a trabajar juntos y ganó casi todos los certámenes importantes del 2003.

SPIEGEL: ¿Cómo le pagaban?

Heredia: Recibía retribuciones anuales. Si había éxitos extraordinarios, recibía una bonificación de 40.000 dólares.

SPIEGEL: Sus atletas han ganado 26 medallas olímpicas. ¿Cuánto dinero ha ganado usted?

Heredia: Eso no se lo puedo decir, para no interferir con las investigaciones. Digámoslo así: de 16 a 18 atletas por año, a 15.000 y hasta 20.000 dólares por atleta. Tenía un buena carrera, una buena vida.

SPIEGEL: ¿No tenía que vivir a la sombra de este deporte, allí donde nadie lo pudiera ver?

Heredia: No. Si bien era cierto que no asistía a las grandes competiciones, no lo hacía por celos: los usamericanos no querían que trabajara con los jamaicanos, y viceversa. ¿Pero en la sombra? No. Se trataba de una cadena que empezaba con los deportistas, pasaba por los agentes deportivos, y terminaba con los patrocinadores. Y yo formaba parte de esa cadena. Pero todos sabían cómo era el juego. Todos lo querían así, porque se enriquecían con ello.

SPIEGEL: ¿A qué agentes se refiere?

Heredia: Los grandes intermediarios. Robert Wagner, por ejemplo. Los que se encargan de los atletas y tratan de ponerlos en forma, para poder comercializarlos en los eventos.

El austríaco Wagner, fundador de la empresa World Athletics Management, envió el pasado jueves un mensaje electrónico al Spiegel, afirmando que él “nunca había dopado a ningún atleta” ni había “apoyado o exigido” que se dopara alguno. Mientras tanto, Ángel Heredia, el testigo clave, vestido con una camisa negra, un hombre joven de aspecto deportivo y en forma, escribía en una oficina de Nueva York una lista. 41 atletas, afirmaba, habían sido sus clientes, además de boxeadores, futbolistas y esquiadores de fondo. Los jamaicanos: Raymond Stewart, Beverly McDonald, Brandon Simpson. De Bahamas: Chandra Sturrup. Un par de usamericanos: Jerome Young, Antonio Pettigrew, Tim Montgomery, Duane Ross, Michelle Collins, Marion Jones, C.J. Hunter, Ramon Clay, Dennis Mitchell, Joshua J. Johnson, Randall Evans, Justin Gatlin, Maurice Greene. Muchos de los nombrados por Heredia ya han sido interrogados, algunos han reconocido su culpabilidad, otros no.

SPIEGEL: ¿Maurice Green? La superestrella de los 100 metros es uno de los atletas ejemplares del movimiento olímpico. Green jura estar limpio.

Heredia: Hay una investigación en curso. Pero si él asegura que no se ha dopado, sólo puedo responder: Eso es una mentira.

SPIEGEL: ¿Puede concretarlo más?

Heredia: Recibió mi ayuda. Le creé un programa. Le hice suministros.

SPIEGEL: ¿Suministros?

Heredia: Sí. En el 2003 y el 2004 trabajamos juntos.

SPIEGEL: ¿Puede demostrarlo?

Heredia: Claro. Tengo, por ejemplo, una transferencia de 10.000 dólares.

SPIEGEL: Greene asegura haber regalado el dinero a amigos.

Heredia: Yo lo sé mejor.

SPIEGEL: ¿Qué ha podido recibir Greene, quien sigue negando haberse dopado, de usted?

Heredia: IGF-1 y IGF-2, epo y ATP, las siglas del adenosín trifosfato, que refuerza la contracción muscular.

SPIEGEL: ¿Imposible de hallar para los controladores?

Heredia: Imposible. También hemos usado cremas, que no dejan rastros y que incrementan continuamente el nivel de testosterona en los atletas.

SPIEGEL: ¿Existe el dopaje en todos los niveles del deporte?

Heredia: Sí. La diferencia está en la calidad del dopaje. Los que no tienen recursos usan los esteroides más simples y rezan para no ser controlados. Si perteneces a la élite de las estrellas, ganas 50.000 mensuales, además de contratos por el calzado que usas y las primas por participar en eventos deportivos. Si estás arriba, inviertes 100.000 dólares y yo te diseño una sustancia que no deja huellas.

SPIEGEL: Explíquenoslo.

Heredia: Las drogas de diseño se componen de varias sustancias químicas, que actúan obteniendo el efecto deseado. Luego yo altero al final de la cadena una o dos moléculas, de tal manera que toda la nueva estructura pueda escapar al rastrillo de los controladores.

SPIEGEL: Los investigadores cazando atletas…

Heredia: …es como un nuevo deporte. Una carrera. Adrenalina pura. Pero tenemos que estar siempre uno o dos años adelantados. Tenemos que saber qué medicamentos van apareciendo en las investigaciones o si ya se están utilizando en animales. Cómo los podemos conseguir. Y tenemos que conocer los métodos de control.

SPIEGEL: ¿Pueden los participantes de esta especial carrera todavía ganarla?

Heredia: En teoría, sí. Si todas las federaciones, patrocinadores, directivos y deportistas se unieran y todo el dinero que capta el deporte se utilizara para ello. Y si cada deportista fuera controlado dos veces por semana, entonces sí. Lo que ahora sucede es ridículo. Una coartada. El dinero se podría ahorrar. Dénmelo, para repartirlo entre los huérfanos de México. Mientras exista el carácter comercial del deporte, los contratos por uso de calzado ligados a los rendimientos atléticos, y los contratos televisivos, entonces seguirá existiendo el dopaje.

…$.

Continúa y finaliza mañana…

HjorgeV 25-08-2008

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One comment

  1. Felicidades por tener el valor y entereza de mostrar la verdad, también pienso que no hay deportista de alto rendimiento ó élite que esté libre de ayudas ergogénicas.

    Hola, Liliana: Gracias por comentar en esta bitácora. Que estés bien. Saludos desde Colonia. HjV

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