¿ESPECTÁCULO O DEPORTE?

PARTE FINAL DE LA ENTREVISTA A ÁNGEL HEREDIA

Hay quienes afirman que lo mejor sería liberalizar el dopaje.

¡Dopaje libre para todos!

Punto.

Es el método de cortarse un dedo del pie cuando aprieta un zapato.

¿Es una salida a considerar con seriedad?

Existen planteamientos parecidos respecto a las drogas en general.

Y no son del todo descabellados.

La heroína es peligrosísima, por ejemplo, porque si la dosificación falla, significa la muerte más o menos programada del cliente.

Los vendedores, los dealers o camellos de la calle, no pueden garantizar la pureza de sus productos y, por lo tanto, tampoco la dosificación a utilizar.

Legalizada la heroína, desaparecería la figura del yonqui, del heroinómano, que da pena por la calle porque se ha pasado de vueltas, se ha sobredosificado sin querer.

Pero una cosa son las drogas para satisfacción o uso personal. (Recreativo, dicen algunos.)

Y otra cosa son las drogas que se usan para sacar ventaja en el deporte.

¿DOPAJE PARA TODOS?

En simples términos prácticos, si en una disciplina deportiva todos estuvieran dopados o se pudieran dopar de la misma forma, ¿para qué se tendrían que dopar entonces?

El dopaje sólo tiene sentido si sirve para sacar ventaja sin que los demás lo sepan.

O, sabiéndolo, no lo pueden demostrar. Como sucede actualmente.

Y es que los controles antidopajes solo pueden detectar lo que se conoce de antemano.

Todo lo demás no.

Es una carrera con doble ventaja.

Porque los que se dopan con los métodos más modernos no pueden ser alcanzados ni por los demás atletas (menos informados o menos pudientes) ni por los funcionarios antidopaje.

Pongamos un ejemplo chabacano pero didáctico.

Supongamos que un grupo de cuatro atletas hace 8, 9, 10 y 11 segundos en los 100 metros, respectivamente.

Tras la ingesta de cierta droga, esos cuatro mejoran sus tiempos en un segundo: a 9, 10, 11 y 12 segundos, correspondientemente.

Es decir, vamos a suponer idealmente, que la misma droga suministrada permite a quien la ingiere bajar un segundo de su tiempo en determinada carrera.

¿Para qué doparse, entonces?

Mejor hacer correr a todos con zapatos de tacón o con los ojos vendados.

Estarían todos en las mismas condiciones, sería más barato y, según los gustos, más divertido.

Por otra parte, de permitirse la liberalización total, se abriría aún más el camino a competencias desiguales.

Los atletas de los países pobres estarían aún en mayor desventaja frente a los de los países ricos.

EL CUENTO DE LA PUREZA EN EL DEPORTE

Si hay algo que hay que dejar claro, es que la pureza en el deporte es un mito que sirve para ganar dinero.

Doparse es mentir.

Doparse es falsear la realidad.

Mentir, pero sin que los demás lo sepan.

Nadie participa y dice: yo me dopo. (Lo expulsarían, primero.)

Por un lado –el aspecto menos importante, creo yo- mientras no haya transparencia en las prácticas deportivas, no será posible saber qué tanto se está avanzando ‘realmente’ en el ‘desarrollo’ deportivo. Cuáles son los límites de nuestro cuerpo humano.

En cambio, se usa el deporte como una religión.

Como una religión con la que se puede hacer dinero.

Pero para hacer dinero es necesario ganar y para ganar es menester crear ventajas frente a los demás.

Hacerles creer a los demás que todos participan en las mismas condiciones.

Sin que se enteren de sus ventajas, está claro.

Si no, serían descalificados los tramposos.

Entonces, en la farsa se cuelan –participan- todos: deportistas, padres de familia, dirigentes, políticos, farmacéuticos, médicos, investigadores, intermediarios, comerciantes, periodistas.

Para poder seguir vendiendo el Engaño, pero como Producto Puro.

¿Alguien se animaría a pararse junto a unos tipos que no solo tienen mejores sistemas de preparación y mejores cualidades físicas, sino que además tienen cohetes ocultos debajo de los zapatos?

De liberalizarse el dopaje, se crearía una nueva competencia: la de quién tiene más medios para agenciárselos.

¿Cuál es la alternativa?

Por ahora, me imagino, seguir aceptando la trampa.

Pero por lo menos siendo conscientes de que todo no se trata de nada más y de nada menos que de un gran engaño, de una gran farsa.

Aunque hay gente que le gusta eso de las grandes ‘proezas’ atléticas a pesar de todo.

Por las carreras, la adrenalina, la pugna, el sudor. Es como en las apuestas.

El resto no les importa.

Están en su derecho, pienso yo.

El deporte se ha convertido en un Espectáculo. Un Espectáculo Comercial, que se rige por las leyes selváticas del mercado.

Llamémoslo por lo menos abiertamente así.

Y no más Deporte.

…$.

HjorgeV 26-08-2008

DER SPIEGEL: ÚLTIMA PARTE DE LA ENTREVISTA A ÁNGEL HEREDIA

http://www.spiegel.de/spiegel/0,1518,571031-4,00.html

EL DEALER OLÍMPICO

PARTE 4

“Altos rendimientos sin dopaje son un cuento infantil.”

SPIEGEL: La idea de que el deporte es una competencia justa en el marco de reglas predeterminadas, ¿es algo que ya ha muerto, en realidad?

Heredia: Pero, claro. Salvo que regresemos al deporte sin dinero de la antigüedad. Sin la televisión, sin Adidas ni Nike. Es algo totalmente claro: el que sale octavo en un torneo importante, recibe 5.000 dólares. El primero, recibe 100.000. El atleta se lo piensa y llega a la conclusión de que los demás están dopándose. En eso tiene razón. ¿Y a usted se le ocurre soñar que un deportista puede creer en la moral y en las ideas? Altos rendimientos sin dopaje son un cuento infantil, amigo.

SPIEGEL: ¿Preferiría apoyar la liberalización del dopaje?

Heredia: No, pero creo que la epo, IGF y la testosterona deberían dejar de estar prohibidas. Lo mismo para la adrenalina y la epitestosterona, que son sustancias que el cuerpo mismo puede producir. Simplemente por sentido práctico, porque la vigilancia es imposible y sobre todo por el juego limpio.

SPIEGEL: ¿Lo dice en serio? ¿Lo de juego limpio?

Heredia: Sí. Tomemos, por ejemplo, la droga más popular: la epo. La epo altera el nivel de hemoglobina y todos tenemos por naturaleza distintos niveles de hemoglobina. La liberalización permitiría alcanzar la igualdad y la justicia que muchos se desean. Se quiera o no, hay diferencias genéticas entre los atletas.

SPIEGEL: Que los seres vivos se diferencien entre sí, es lo que llamamos naturaleza. ¿Propone igualar a las personas a través del dopaje?

Heredia: Un atleta normal tiene un nivel de 3 nanogramos de testosterona por mililitro de sangre. El velocista Montgomery tiene 3, pero Maurice Greene tiene 9 nanogramos. ¿Qué puede hacer Tim contra eso? No es el dopaje el injusto. Injusta, es la naturaleza.

SPIEGEL: ¿Y qué prohibiría usted entonces?

Heredia: Todo lo otro que puede ser peligroso para la salud. ¿Anfetaminas? Prohibirlas. ¿Esteroides? Prohibirlos.

SPIEGEL: ¿Aún quedan disciplinas deportivas limpias?

Heredia: El atletismo, la natación, el esquí de fondo, el ciclismo, ya no se pueden salvar. ¿El golf? No es limpio. ¿El fútbol? Los futbolistas se me acercan y me dicen que tienen que correr de arriba abajo por la línea sin cansarse y jugar luego cada tres días. Los jugadores de baloncesto ingieren sustancias que ayudan a quemar las grasas, anfetaminas, efedrina. ¿El béisbol? Ja, ja. Esteroides en la etapa de preparación y anfetaminas en el juego. Incluso los que practican el tiro con arco ingieren los llamados downer, para mantener el pulso firme. Todos se dopan.

SPIEGEL: ¿Usted producía sus mismos preparados o simplemente los conseguía?

Heredia: Yo mismo no tenía un laboratorio. Pero, sí, tenía acceso a algunos laboratorios en la Ciudad de México. Hacía el pedido de las sustancias primas y luego organizaba el envío.

SPIEGEL: ¿Desde dónde?

Heredia: De todas partes. Australia, Sudáfrica, Austria, Bulgaria, China. La hormona del crecimiento la enviaba la empresa suiza Serono. Nunca había problemas al momento de hacer la importación a México. Las leyes no son tan rigurosas allí. También es posible comprar ciertas sustancias en las farmacias de mi país. Si nos enterábamos de algún medicamento que se encontraba en la fase de prueba, simplemente lo pedíamos. También combinaba sustancias. De vez en cuando elaboraba una crema propia.

SPIEGEL: ¿Alguna vez llegó a tomar a los controladores en serio?

Heredia: No. Nos reíamos de ellos. Hoy los que se ríen son ellos, claro.

SPIEGEL: ¿De qué vive ahora?

Heredia: Me queda un poco de dinero. He retomado mis estudios y quiero convertirme en farmacólogo. Ese es mi sueño. Pero no sé si encontraré trabajo, si seré condenado, si me expulsarán del país, adónde iré a parar. He dejado de tener una vida normal. Cuando camino, me cuido de que nadie esté siguiéndome los pasos. Pero en comparación con Jerome Young, me va bien.

SPIEGEL: ¿A qué se dedica hoy el campeón mundial del 2003?

Heredia: Tiene 31 años y reparte pan sentado en un camión. Se le acusa de haber quebrantado las leyes del deporte, pero eso no es cierto. Jerome no hizo otra cosa que regirse por esas leyes.

SPIEGEL: Señor Heredia, le agradecemos por esta entrevista.

Entrevista realizada por Klaus Brinkbäumer.

Traducción: HjorgeV/Colonia

Fotografía: AP

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