PERIPECIAS DE LOS GÉNEROS MUSICALES

Los géneros musicales nacen y se propagan.

Algunos se reproducen en subgéneros y muchos se extinguen.

Pocos son los que perduran a través de los tiempos, a pesar del embate de otras modas o las secuelas de su propia saturación.

El tango es uno de ellos, acaso, con –ya- más de siglo y medio de vida.

Un género musical es simplemente una etiqueta o una categoría de ayuda al catalogar.

La realidad es más complicada y a veces no se deja clasificar o catalogar, porque depende del criterio de todas las personas y grupos involucrados: músicos, productores, oyentes, difundidores y distribuidores comerciales.

Lo que para uno es cumbia peruana, para otro es simple chicha. (También llamada tecnocumbia o technocumbia en los años 90 por productores astutos.)

Lo que para un cubano es un simple son o una guaracha, para otro es una salsa.

Lo que los comerciantes quieren vender como reggaeton, ya recibía el despectivo nombre de perreo.

¿Y qué decir de la fascinante historia del flamenco, las controversias sobre sus orígenes e influencias?

¿O de la lambada que recién había nacido en la década del 70 en el norte de Brasil bajo el influjo del merengue dominicano y que dio más de un coletazo en Europa y otras partes del mundo, basándose en apenas un tema del grupo Kaoma, que además había sido plagiado de un boliviano?

(Aquí nomás, en Alemania, las escuelas de baile -paso obligado de la clase media para arriba, al terminar el colegio o bachillerato- se apuraron a ofrecer cursos de lambada por todo el país.)

De vez en cuando todavía se puede escuchar un chachachá.

En cambio, ¿quién compone guarachas, todavía?

Es más, ¿quién sabe qué es una guaracha?

¿Qué jóvenes de los que se consideran y se hacen llamar globalizados, saben lo que es o han escuchado un gato argentino, una cueca chilena, un panalivio o un festejo peruano, un sanjuanito ecuatoriano, un choro o chorinho brasileño, un candombe uruguayo, una chilena (sic) mexicana, un danzón cubano o una bomba portorriqueña?

Y esto para no hablar de la diferencia entre una sonata y una sinfonía.

Ni de las confusiones actuales al tratar de describir el estilo de algún cantante o grupo recién aparecido.

Muchos géneros musicales son muy difusos o vagos, o no admiten etiquetas.

Algunos nacen al amparo de un solo éxito comercial, que entonces empieza a ser copiado con ligeras variaciones.

Por otra parte, determinadas circunstancias históricas suelen aparecer apareadas de su correspondiente acompañamiento musical.

El auge de la radio a comienzos del siglo pasado, por ejemplo, cuando la televisión estaba todavía en pañales, propició la aparición de los crooner en EEUU -especie sucedánea del belcanto e influenciada por los cantantes de jazz- con sus canciones sentidas, melosas y lentas.

(Sin el desarrollo del micrófono paralelo al de las comunicaciones radiofónicas, por otra parte, ese estilo acaramelado y aterciopelado del crooning –ya prácticamente extinguido- no habría encontrado su caldo de cultivo.)

Era una época, exactos comienzos del siglo XX pasado, en la que eso de tener un ‘concierto en casa’ era una novedad extrema y la gente se dedicaba verdaderamente a escuchar.

Es decir, a oír prestando atención.

¿Quién lo hace todavía?

¿Quién se sienta expresamente a escuchar música y no para tenerla de simple compañía ambiental?

Y la misma televisión ayudó a difundir mundialmente géneros y corrientes musicales que antes no habrían salido de sus límites geográficos.

Propiciando la imitación y la transposición de estilos y modos musicales por todo el mundo. Injertos, si se quiere.

El crooning moderno lo inauguró Sinatra y hoy, apenas queda uno que otro crooner vivo. Tony Bennett, quien sigue cantando a sus más de 82 años, es alguien que recomiendo encarecidamente escuchar, por ejemplo.

(Tiene por allí un dueto sideral con Stevie Wonder. Lo pueden encontrar aquí.)

Otros consideran tanto a Engelbert Humperdinck como a Tom Jones dos más de los últimos crooners aún vivos.

(Cantantes modernos como el canadiense Michael Buble, beben también directamente y con éxito de las fuentes del llamado crooning.)

Géneros como el que en mi país llamábamos rock lento y que podríamos también denominar balada rock, aparecieron y prosperaron en una época caracterizada por el movimiento hippie de California.

El rock lento, permitiendo el bailar abrazados, constituía la versión –vamos a decir- pedestre, inocua y ‘más cívica’ del pretendido y soñado y muy pocas veces practicado Amor Libre.

Hoy, que es casi imposible entender una expresión artística sin su componente o aspecto comercial (monetario), los nuevos géneros nacen prácticamente con la etiqueta bajo el brazo y con la que luego serán difundidos para su comercialización.

Pero muchos géneros nacieron sin nombre y recién el paso del tiempo y la aceptación popular le dieron uno.

La salsa ya había nacido en Nueva York –de madre y padre cubanos, y tíos portorriqueños, colombianos y venezolanos- cuando le llegó el bautizo.

Se acepta que el programa radial del venezolano Phidias Danilo Escalona, emitido por Radio Difusora Venezolana al borde del mediodía, La hora de la Salsa, fue uno de los padres o el padre principal de la apelación.

Pero, simple e indirectamente, porque era la hora del almuerzo; es decir, la hora del condimento, del aderezo, del sabor: de la salsa.

Y Escalona aderezaba el día de los oyentes latinos con música del caribe hispanohablante, principalmente cubana y portorriqueña: sones, guaguancós, plenas, guarachas y bombas.

(Aunque ya en junio de 1966, Federico y su Combo había publicado un disco titulado Llegó la Salsa.)

El nacimiento de la salsa, a comienzos de los años 70, coincidió perfectamente con el de la llamada música disco.

La aparición de esta, a su vez, fue impulsada por el auge del desarrollo tecnológico de los equipos de amplificación y reproducción de sonido.

Y tal vez deba verse la salsa como una respuesta a la aparición de ese mismo fenómeno en EEUU, de escuchar y bailar música a todo volumen y en muchedumbre, que habían impuesto la música disco y sus discotecas.

Era la respuesta popular y alternativa de los inmigrantes latinos de EEUU a ese fenómeno.

Otros géneros nacen como expresión particular de un momento histórico determinado.

Al rock, por ejemplo, no le dieron más de cinco años de vida.

(Más o menos lo mismo se dijo de otros géneros todavía actuales como el hip hop, el rap y el reggaeton.)

No es casualidad que el rock & roll, conjunción y síntesis del sonido country anglosajón y el rythm & blues negro, naciera justamente en una época en la que se luchaba por la abolición de la segregación racial en EEUU.

¿Cuál es el panorama el día de hoy?

En la corriente global de la música popular contemporánea quedan muy pocos dinosaurios musicales.

Las baladas casi no se usan más o han dado paso a las baladas pop.

La ópera sigue siendo un producto de consumo de ciertas clases favorecidas (y que se hacen favorecer aún más por el Estado).

El rock está por cumplir sesenta años.

El jazz se circunscribe cada vez más a círculos muy cerrados y especializados. Y seguirá ese camino porque cada vez habrá menos músicos que dominen la música electrónica en detrimento del dominio real de por lo menos un instrumento musical.

La salsa tiene un futuro incierto, a mi entender. Lo cual no significa que desaparecerá, pero pienso que se hace necesario su replanteamiento, una especie de vuelta más seria a sus raíces.

Por otra parte, cada vez más en el futuro, se harán conocidos géneros musicales menores de países pocos conocidos, gracias a los fenómenos migratorios modernos y al auge de las nuevas tecnologías.

O gracias a autores e intérpretes que vean en lo auténticamente popular una fuente de posible interés general, como ya ha sucedido con la bachata dominicana y el vallenato colombiano, por ejemplo.

O gracias a simples apuestas comerciales por géneros que muchas veces son centenarios pero que nadie conoce más allá de sus fronteras geográficas.

Las fusiones seguirán teniendo el camino libre.

De muy pocos géneros musicales es posible seguir las huellas hasta su nacimiento, porque no suelen nacer expresamente ni tener una fecha concreta (un día determinado) para hacerlo.

Es muy raro el caso de alguien que se propone crear adrede un nuevo género y lo consigue. Y eso, si trasciende su trabajo, su intento.

El chachachá, por ejemplo, se creó alrededor de 1948 en Cuba y tuvo un autor conocido.

Después de experimentar con variaciones rítmicas del danzón, el violinista y director de orquesta cubano Enrique Jarrín, publicó su pieza La engañadora (1948).

(Pueden apreciarla aquí, en una versión instrumental del finado pianista cubano Rubén González.)

Lo que Jarrín había hecho, había sido alterar partes del danzón para satisfacer al público que bailaba y que lo agradecía porque podía hacer más figuras e improvisar con sus experimentos.

A la nueva criatura la llamó él mismo neodanzón, que después pasó a adoptar el nombre definitivo de chachachá.

Para seguir con Cuba, tenemos la guaracha, que llegó a ser muy difundida y bailada desde la década del 50 hasta los años 70 del siglo pasado.

Hoy, ¿qué joven la conoce?

La llamaría simplemente salsa, por ese afán simplificador tan moderno y mezquino.

Tengo entendido que en Cuba aún se la cultiva y que forma parte intrínseca de la identidad cubana.

Justamente, la cubana Celia Cruz se hizo famosa gracias a famosas guarachas que cantaba con la Sonora Matancera.

Entre ellas, Caramelos de Roberto Puentes, que pueden encontrar aquí.

Lo que pocos saben es que la guaracha ya lleva más de dos siglos de vida, y nació como canción jocosa y crítica de pueblo a finales del siglo XVIII.

Después se convirtió en baile.

Hoy ha sido diluida y absorbida por otros géneros como la salsa, el son y el chachachá.

Su ritmo endiablado, alegre y muy marcado, es claro precursor de lo que hoy se conoce como salsa.

A partir de la década de mediados del siglo pasado, es más fácil seguirle las huellas a los géneros nacidos en esa época, debido al desarrollo y auge de medios de comunicación como la radio, la televisión y el cine.

El rastreo en épocas anteriores es más difícil.

La documentación -discos, reseñas escritas y narrativa oral- es escasa o simplemente inexistente.

Que exista una grabación de un tema o canción determinada, solo habla de su suerte por haberlo conseguido, pero no –necesariamente- por la cantidad de otras obras similares que se quedaron sin pasar a las salas de grabación.

Lo que sí es seguro, es que las grandes corrientes musicales apareadas al éxito de un determinado género musical, tarde o temprano terminan teniendo expresión en los grandes circuitos comerciales.

A veces a nivel mundial y con éxito inusitado.

Al tango le tomó décadas conseguirlo.

Las nuevas modas pueden imponerse hoy en apenas cuestión de semanas.

Y, generalmente, pasado el verano, también se despiden.

….

HjorgeV 05-09-2008

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s