DE AGONÍAS Y ÚLTIMOS MINUTOS

PERÚ 1:1 ARGENTINA

Un gol agónico.

Pero qué más da.

Confieso que me preparé para este partido como si yo mismo fuera uno de los jugadores de la selección.

Me estoy refiriendo, por supuesto, simplemente a los nervios.

Tanta era la tensión, que en mi partido de entrenamiento de anoche (el equipo de mayores de 32 de la localidad, grupo al que pertenezco aunque haya pasado de largo esa edad) me sentí como hechizado.

“Así se tienen que sentir los jugadores en un partido de tanta trascendencia como el de mañana”, pensé.

Medio agarrotado, tenso, con dificultades para controlar la pelota. Viendo sobre todo los errores y defectos de mis compañeros, pero sin poder evitar los míos propios.

Carajo.

El partido de entrenamiento de anoche lo empezamos ganando más o menos cómodamente y luego nos complicamos la vida.

Al punto de que faltando un cuarto de hora para terminar el partido íbamos perdiendo abultadamente.

Perdí goles, perdí pelotas fáciles, fallé en algunos pases. Sentía al rival pisándome los talones todo el bendito tiempo, mordiéndome las pantorrillas.

Me sentí como un jugador peruano en esos partidos importantes, en los que como por arte de magia (negra) todo nuestro juego habitual se derrumba.

Perdí casi todo, pero no las ganas de luchar.

Me mordí la lengua y miré al frente. Animé a mis compañeros.

Y remontamos el marcador.

Al final, perdimos por un solo gol: un compañero falló un penal en el último minuto y allí acabó el partido.

Así, me quise ir a dormir pero no pude conseguirlo tan rápidamente como suelo hacerlo de costumbre.

Estaba contento por no haberme rendido.

Pero me iba con un mal sabor de boca a la cama.

CUANDO EMPATAR ES CASI COMO GANAR

Curiosamente, más o menos lo mismo le ha ocurrido a la selección de mi país esta mañana (noche de Lima).

Por la diferencia horaria, el partido entre Perú y Argentina (entre el Perú y la Argentina), se jugó a las 04:30 de esta mañana, hora alemana.

Como me ocurre muy rara vez, tuvo que ayudarme el despertador.

¿Parece exagerado todo esto?

¿Madrugar por un simple partido de fútbol y pasar una mala noche?

¡Nuestro último Mundial fue el de España’82!

El año de nacimiento de muchos de los improbables lectores o lectoras de esta bitácora.

En 1970, nuestro país se clasificó por primera vez para un mundial –México’70- y, aunque lo viví de colegial de pantalón corto, fue de esas cosas que jamás se olvidan.

Luego Perú ganó la Copa América de 1975, hicimos tanto un gran papel como un papelón en Argentina’78 y llegamos a España’82 ya dormidos en nuestros laureles.

En nuestro país se sabía jugar al fútbol. Seguimos sabiendo tocarla, moverla y repartirla. Pisarla.

Sin embargo, allí empezó también nuestro calvario.

El resto es historia.

De las muy duras.

Y hay cien. Mil. Cientos de miles de opiniones diferentes y de otros tantos posibles salvadores y salvadoras, entrenadores, clarividentes, técnicos, especialistas y críticos.

Lo que me ocurrió a mí anoche en el entrenamiento, fue como una premonición para el partido de esta mañana entre Perú y Argentina.

La selección peruana estuvo a punto, estuvo a punto, estuvo a punto. Pero ya se sabe que no existe eso de una mujer que está embarazada solo a medias.

Entonces, vino el gol argentino (autogol peruano, en realidad) faltando pocos minutos, cuando ya nos habíamos enamorado del empate con un campeón mundial y se me salió una lágrima.

Soñar es bonito.

Pero los sueños también están para derrumbarse.

Gran lección que me estaba dando un simple juego con el balón.

Y, como en mi premonición, los muchachos peruanos no se rindieron y la siguieron luchando.

Una figura muy rara en nuestra selección, tan acostumbrada a perder y tragarse sus derrotas.

Un buen ejemplo sobre todo para los más jóvenes: no hay que rendirse así nomás ante la adversidad, es el mensaje. Es una perogrullada.

Hasta que no se termina, no acaba el partido.

No sé.

Seguramente no nos volveremos a clasificar y miraré el Mundial de Sudáfrica con ese dolor –tan conocido- de estar tan lejos y solo de mirón, y tendré que volver a alentar a Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay, Uruguay o Brasil desde la distancia.

Quizás a Venezuela o Colombia. O a Bolivia, por qué no, que acaba de empatarle a Brasil en Brasil y con un hombre de menos.

Pero soy de los que siguen levantándose en la madrugada para ver un partido de su selección y la sigue, aunque pierda y no se vea futuro cercano cierto.

Qué me importa.

Nunca tuve un equipo, ya lo he dicho.

En el colegio me declaraba hincha del Cristal para no tener que caer en la disyuntiva U o Alianza.

Detesto los camisetismos, lo repito.

Me gusta el fútbol y más me gusta jugarlo. El quien gane es secundario si uno se ha entregado. Menos soy de los que se arriman a los ganadores.

(Ojo que tengo cuatro hijos peruano-alemanes y una esposa de este país tres veces campeón del mundo.)

Pero dos cosas sigo sin perder en Alemania, a pesar de todo, en los 23 años que llevo aquí:

Mi pasaporte peruano -un absurdo, lo sé- y mis esperanzas de volver a ver a mi país en un Mundial.

Mi única camiseta.

Qué puedo hacer.

Masoquismo en estado puro, me imagino.

HjorgeV 11-09-2008

P.D.: Para ver los partidos por la Red, recomiendo Justin TV (http://de.justin.tv/). Después de escoger el idioma de preferencia, pueden pasar a la sección “Directorio”, arriba a la izquierda y luego pasar a la categoría “Deportes”. Recomiendo abrir varias ventanas y en cada una de ellas tener lista una nueva opción o canal emisor, porque en medio del partido se interrumpen repentinamente las señales sin previo aviso y hay que estar preparados para continuar con una nueva. HjV

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