¿Y SI VAS HOY PARA CHILE?

¿Cuál es la magia de la música?

¿Cuál es ese poder de hacerte recordar y revivir momentos lejanos en el tiempo y en el espacio e, incluso, recobrar aquellos que creías perdidos en tu memoria?

¿Por qué recordamos unos temas sí y otros no, y, por lo visto, aunque creemos regirnos por una especie de gusto musical propio, también nos podemos estremecer recordando incluso canciones que nos parecían fútiles y anodinas, para decir lo menos?

¿Cuántas veces no hemos ocultado nuestra preferencia por tal o cual tema o género musical solo porque no hubiera encajado ‘adecuadamente’ en un momento o situación determinados?

A ciertos amigos alemanes difícilmente les puedo contar sobre las ganas que a veces me dan de escuchar una marinera o un tondero peruano.

Por otra parte, mi esposa no puede entender cómo no gustándome el rock –casi detestándolo-, soy fanático de Santana y de toda la música de los años 70.

Y por supuesto de gran parte del rock de aquella época.

A muchos amigos de mi colegio limeño (inicialmente miraflorino) he sorprendido muchas veces contándoles el placer que me provoca escuchar y bailar salsa.

¿Cómo explicar que así como me gusta todo eso, también me gustan muchas rancheras, incontables boleros, tangos y zambas argentinas?

¿Cómo hacer entender que mi gusto por la música española, el jazz y el o la bossa nova, no choca con mi afición por la llamada música clásica?

¿Quién podría entender que un huaylash huancaíno o un huayno ayacuchano pueden arrancarme una tremenda nostalgia y un valsecito de la guardia vieja limeña puede sacarme de mis casillas emocionales con facilidad?

Es el poder de la distancia, me imagino.

¿A qué alemán contarle aquí en este país mi debilidad por la música cubana, colombiana, portorriqueña?

¿Y qué decir de esas ganas de escuchar ocasionalmente un pasillo ecuatoriano, un joropo llanero venezolano o un bailecito boliviano?

Y todo esto sin pasar por las bachatas de Juan Luis Guerra, los vallenatos de los Embajadores, la música de Juanes ni la de Maná.

Me detengo, mejor.

De mi paso por el Coro Universitario de San Marcos, recuerdo un festival coral internacional que organizamos en Lima.

Tiene que haber sido allá a finales de los años 70 o comienzos de la década de los 80.

Junto a otros compañeros, a mí me tocó hacer de anfitrión de los integrantes del coro de la Universidad Católica de Chile.

Imborrable en mi memoria ha quedado la visita que hicimos juntos a un restaurante chileno –precisamente- del Pasaje Olaya, apenas a unos pasos de la Plaza de Armas limeña, y que ya no debe existir.

¿Cómo se llamaba el lugar?

Creo que El Rincón Chileno; ya no lo sé.

Lo que no puedo olvidar fue la sarta de tonadas, valses, landós y valsecitos que cantamos chilenos y peruanos acompañados de nuestras guitarras, al final de una cena fuertemente regada con vino de nuestro país hermano del sur.

Así fue como conocí un vals que el compositor Enrique Motto Arenas (Valparaíso, 1915-Santiago de Chile, 1986), más conocido como Chito Faró, compuso en 1942 durante su larga estadía en Buenos Aires y que debe ser una de las piezas folclóricas chilenas más difundidas y conocidas en el mundo entero.

Si vas para Chile es el título de este tema de carácter nostálgico y bucólico, es decir, añorante y campestre.

(Me acordé de él hace dos días justos, a propósito de una fecha tristemente famosa.)

Faró lo escribió mencionando originalmente a una comuna de la Región de Valparaíso, Los Andes, donde había vivido durante muchos años y cuyas autoridades rechazaron –tontamente, ahora lo sabemos- la adquisición de los derechos de autor.

Posteriormente, el compositor cambió la mención e incluyó Las Condes en el texto.

Curiosamente, ha sido un grupo tan conspicuo como cuestionado uno de los que más fama le han dado a este tema.

Me estoy refiriendo a Los Huasos Quincheros, grupo seudo o cuasi folclórico -se podría decir-, formado en 1937 por estudiantes universitarios y que aún sigue activo.

(Huaso es ‘campesino’ en Chile.)

De los integrantes originales ya no queda ninguno en la que debe ser una de las formaciones musicales activas más antiguas del mundo entero (!).

Grupo artístico pero políticamente ultraconservador, los Quincheros se convirtieron rápidamente, después del golpe militar, en los diplomáticos y abanderados del dictador Pinochet en el Mundial de Alemania ’74.

El año anterior en el Festival de Viña del Mar de 1973, habían ocasionado con su sola presencia una batalla campal en las graderías.

Tal era la fuerte polaridad que provocaban –y deben provocar aún- dentro de sus fronteras entre sus admiradores y detractores, estos últimos por sus afinidades políticas.

El punto más alto de la carrera de los Quincheros es quizás esta pieza que, a pesar de ser una bonita canción que canta al amor, alaba a Chile y a su pueblo sencillo, quedó durante mucho tiempo bastante emponzoñada por estos huasos.

¿El punto más bajo?

Fue verdaderamente uno bajo, un golpe bajo: la ominosa burla que hicieron en forma de parodia (“Ay de mí, llorona”) del duelo de la viuda de Salvador Allende.

El pueblito Las Condes, que alguna vez fue mapuche, ya no es un pueblito agrícola al pie de la cordillera andina, sino el verdadero centro comercial y financiero de la capital chilena, conocido hoy también como Sanhattan.

Un acrónimo de Santiago y Manhattan.

Y Chile, felizmente, tampoco es más el Chile de Pinochet ni el que estos Huasos fatalmente apoyaban y promovían.

¿Qué culpa tendría esta linda canción y pieza folclórica, obra de un autor que llegó a escribir en vida más de 800 composiciones?

Campesinos y gente del pueblo / te saldrán al encuentro viajero.
Y veras cómo quieren en Chile / al amigo cuando es forastero.

A mí me siguen emocionando estas líneas en su declaración de fraternidad.

¿Y si fuera hoy para Chile?

HjorgeV 13-09-2008

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Un comentario sobre “¿Y SI VAS HOY PARA CHILE?

  1. Creo que ya dijiste lo principal, es una de las canciones mas representativas y mas bonitas del folklor chileno.
    Quiero apenas aprovechar este espacio para dar mi versión personal sobre un asunto que siempre me incomodó. Por ser peruano, crecí en una época que se alimentaba un odio estúpido a ese país hermano. Eran los tiempos en que la mayor parte del continente vivía con dictaduras militares y como sabemos a los militares siempre les interesa tener enemigos potenciales, por lo general imaginarios. De esa forma pueden justificar su existencia (los milicos) e, imagino, llevar su vida de forma mas entendible.
    Felizmente, con el pasar de los años, tuve oportunidade de estar algunas vezes en Chile y ver cómo son personas agradables, alegres y hospitalarias. Aquí en el Brasil, tengo amigos y conocidos chilenos con los que siempre tuve la mejor de las convivencias, como espero que un día sea para todos los que todavia se pierden en recuerdos del pasado y de guerras que nunca deberían haber existido.
    Abrazos Jorge y que este espacio tambien sirva para pensar un poco sobre la unidad y la ayuda fraterna entre nuestros países.
    Carlos

    Rpta.: Qué bonita forma de explicarlo: “De esa forma pueden justificar su existencia e, imagino, llevar su vida de forma mas entendible.” Así es, muchas veces los grandes problemas nacen de simples costumbres, de tradiciones y patriotismos mal entendidos (¿por qué para amar a tu país tienes que despreciar a otro?) y de opciones de vida que ya traen un esquema mental que nadie parece cuestionar. El lugar de nacimiento no lo escoge personalmente nadie. Gracias por tu comentario, que enaltece a ese gran país hermano de Chile, que tanto admiro y respeto, y del que tengo tantos buenos amigos aquí en Colonia. HjV

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