AH, LAS AFICIONES (I)

Soy de los que apoyan a la selección de su país aunque le esté yendo mal, muy mal.

En nuestro caso -el peruano- es una ventaja ir de penúltimos en la tabla, porque mucho más abajo ya no se puede caer.

Ah, nuestro país y nuestra selección.

Es como la crónica de una muerte anunciada, o el idilio que se sabe que fracasará y que, sin embargo, más nos enamoramos y más metemos las patas.

Perdonen la expresión.

De niño me ponía la camiseta de la selección y me iba a dormir así. Con la rojiblanca.

Bueno, también hice cosas más perversas como irme a dormir disfrazado de Batman o acompañado del Pato Donald.

Era gigantesco mi pato de plástico y solo lo soporté una noche de compañía.

Mi desastroso Perú no va a un Mundial ¡desde España 82!

No sólo fue el siglo pasado, la mayoría de los improbables lectores y lectoras de esta bitácora ni siquiera habían nacido.

¿Qué lleva a gente racional y sesuda –no es mi caso- a aficionarse por determinado equipo?

Por lo menos apoyar a la propia selección puede ser un acto absurdo y masoquista –es mi caso-, pero es como el pasaporte que no se escoge salvo excepciones y menos el lugar de nacimiento.

Mas, eso de ser aficionado de la U, Alianza, Boca Juniors, River Plate, Colo Colo, los Aztecas o del equipo Equis, ¿cómo se explica?

Una mexicana que conocí, se pasó varios minutos despotricando contra los aficionados al fútbol, que la pelota por aquí y por allá, que tenía un hermano que la tenía harta, que muchos de sus amigos también, que el mismo santo tema todo el día, mañana y tarde, y ya que estábamos en esas, me dijo, ¿no sabrás cómo quedaron los Pumas ayer, no?

SE VIENEN DOS PARTIDOS DURÍSIMOS

A nuestros juergueros, perdón, juergadores, les toca dos partidos dificilísimos.

Primero, contra Bolivia en La Paz, es decir, en la estratósfera: a cuchumil metros de altura.

Y luego contra Paraguay en Asunción, ciudad cuyo nombre suena también a cielo, a religión.

Tal vez en estos dos partidos se decidan muchos destinos: el de nuestra selección en estas eliminatorias, el de nuestra fe en que sí podemos y el futuro de Chemo del Solar como entrenador.

Son de esos partidos que, de tan cruciales que son, se atacan como si fueran una lotería.

Es decir, se trata de apostar el todo por el todo. De una.

Y, claro, como en toda lotería, perdemos.

El gran César Luis El Flaco Menotti, decía antes del partido con Argentina que “si Perú no recuperaba su estilo, le iba a costar mucho”.

Bueno, pues, creo para el partido anterior los muchachos ya se lo habían tomado en serio y aprovecharon los momentos de ocio para emborracharse, fiestear y rodearse de entusiastas admiradoras, vamos a decir.

Con mucho estilo, se entiende.

Personalmente, creo que siempre fue así.

Lo que pasa es que ahora hay un programa de la televisión especializado en eso que los peruanos llamamos ampay.

Es decir, ser pescado con las manos en la masa.

O en la moza, que, a veces -en el caso peruano, sobre todo-, es lo mismo.

…$.

Continúa…

HjorgeV 26-09-2008

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