PASANDO VERGÜENZA

En el último partido que nuestra selección perdió merecidamente contra Bolivia, me llamó la atención el jugador peruano que se volteó cuando un boliviano remató el balón -desviándolo, además- que iría a parar al rincón de las ánimas que decía Martínez Morosini y convertirse en el tercer gol de los de casa.

¿Qué es eso?, me pregunté.

Obviamente, ese jugador no estaba 100% -ni mucho menos- en el partido de su selección nacional. En el video, además, es posible percibir la ingenuidad del jugador grabada en su rostro.

Es lo que se llama Falta de Actitud.

No soy de los optimistas ni de los pesimistas. Simplemente soy peruano.

Personalmente, nunca tuve equipo porque simplemente me gustaba el fútbol y no comprendía el absurdo de creer que TU equipo es el mejor, simplemente PORQUE es TU equipo.

De niño decía Cristal, para no estar ni con los de Alianza ni con los de la U.

Soy de los que consideran el balompié un verdadero deporte ciencia: un ajedrez humano dinámico (porque no se juega sentado) y que se define por la comprensión (grupal, de todos juntos) de una especie de geometría (ángulos y líneas) que se está deformando permanentemente sobre el campo:

El cómo darle a la pelota para que obedezca y el mejor cálculo y adivinación constantes de las trayectorias de la pelota y de los demás jugadores, define también al mejor sobre el campo.

Bien visto, el mayor trabajo de un futbolista es la atención permanente y concentrada que está prestando a todas las jugadas a lo largo de un partido.

Además del cálculo que va haciendo mentalmente de los posibles riesgos y peligros (en contra) y de las posibilidades y oportunidades (a favor).

Un buen futbolista es, antes que nada, un buen observador. Un lector del juego.

Por otra parte: el que está mejor ubicado en cada momento, ese tendrá las mayores probabilidades de ganar.

Como se trata de un deporte de grupo, hay que pensar también en grupo y estar haciéndolo permanentemente.

¿Por qué lo digo?

Un jugador (profesional) que ante un disparo de larga distancia contra su portería se ‘voltea’, tiene que saber dos cosas:

1. Si la pelota va dirigida directamente a su cuerpo, eso significa generalmente que se encuentra entre el que dispara y el arco. Por lo tanto: voltearse, retirándose y dejando pasar la pelota o desviándola -como en este caso-, es jugar para el rival, contra el propio equipo. De las primeras cosas que se aprenden a no hacer.

2. Si está entre el que dispara y el arco, significa que está cubriéndole parcialmente la visión al arquero. Por lo tanto: al “voltearse”, retirándose intempestivamente, lo que conseguirá inmediatamente será sorprender al compañero guardameta. Falta doble, entonces.

3. Un jugador (profesional) siempre tiene que contar con que permanentemente tendrá que evitar un gol contrario o un simple remate con cualquier parte (permitida) de su cuerpo. Incluso con ciertas sensibles. Es parte del juego.

¿A qué voy?

No sé qué tan malos futbolísticamente hablando seamos en el contexto internacional.

Por vivir en el extranjero -concretamente, en Alemania- desde hace más de veinte años, desconozco a los dirigentes actuales, pero me puedo imaginar que, como sucede en otros ámbitos de nuestra sociedad, en ese sentido el fútbol peruano debe ser una catástrofe.

Lo que sí sé, fehacientemente, porque lo veo casi a diario, es que Alemania, con sus jugadores robots (y mal aceitados, además), sigue haciendo un buen papel en el concierto mundial.

Y eso, a pesar de no tener grandes dominadores del balón y jugar con esquemas anticuados y en proceso de desaparición: salvo en la selección y en la primera profesional (la Bundesliga), en las ligas menores, infantiles y juveniles, se sigue jugando y aprendiendo a jugar con un líbero e se insiste en el ataque por las alas como su principal y a veces único argumento.

¿Por qué ellos sí pueden y nosotros no?

Porque, para empezar, se toman en serio su profesión. Se cuidan.

Y los dirigentes hacen su trabajo y los cuidan, además.

Un doble cerrojo.

Vamos, como les gusta construir sus casas y máquinas, sus cosas, a los teutones.

Si Kuranyi desaparece sin permiso del entrenador, por más que llore: será separado del equipo. Hay excepciones claro. Pero todo no puede ser excepciones todo el tiempo. (Las hay también en Alemania, no crean que no. Y muchas.)

En este sentido, hay que reconocerle a Del Solar al ser consecuente con el castigo impuesto.

A lo fundamental, y disculpen estas líneas:

Lo que sí no se puede perdonar son casos como el mencionado. Que muestran, sobre todo, la Falta de Actitud -profesional- con que muchos de nuestros engreídos futbolistas “profesionales” afrontan esta aventura llamada selección y que para la mayoría es una forma cómoda y barata de visitar a la familia y los amigos, y divertirse, de paso.

Creo que allí está uno de los grandes problemas de nuestra rojiblanca: que el entrenador (quien sea) más tiene que hacer de psicólogo, animador y controlador, que concentrarse en sus capacidades y conocimientos específicos de este deporte.

Conforme pasa el tiempo de no asistir a un mundial, por otra parte, aumenta la presión inhumana sobre esos señores que no tienen que saber otra cosa que jugar bien al fútbol.

¿Por qué pedirles, además, que sean unos angelitos?

Lo que hay que exigirles es que no se volteen ante un remate, que no se escondan en el grupo cuando hay un pase del contrario jugando a romper la trampa del offside y que corran y guapeen hasta el último minuto. Aunque vayan perdiendo.

El reglamento dice que en caso de duda en una situación, el árbitro debe dar ventaja al atacante.

Entonces, en el primer gol boliviano, una vez que se escapó el delantero que luego da el pase para el gol a su compañero, ¿por qué el número 6 peruano no lo dio todo para tratar de evitar el gol?

Se puede ver en la repetición.

También se ve que el número 10 peruano no hace un intento serio de desviar la pelota en el tiro libre que lleva al segundo gol boliviano, salvo un gesto con la cabeza, una agitación.

Y lo que hay que exigirles a los dirigentes –por lo menos- es que cumplan su trabajo de control disciplinario y organizativo, y los jugadores lleguen íntegros a sus partidos.

Por otro lado, ¿luchar contra la corrupción de los dirigentes?

Con mucho gusto.

El gran problema de la corrupción, en general, es que es como el pretendido Rescate en la crisis financiera actual: sus beneficios son personales o de unos cuantos y las pérdidas son tremendas y de todo el grupo.

Se socializan las pérdidas y se pasan las consecuencias más salvajes a la sociedad entera.

El mejor camino contra la corrupción es la fiscalía constante, permanentes ojos abiertos (gracias César Hildebrandt, a pesar de la bilis de más) y el combate desde donde nace y se fortalece: en casa.

Luego con los amigos, con el resto de la familia, en el trabajo.

Tenemos que aprender a decir: “Tú sales beneficiado pero NOS jodes a todos juntos, pues. No, compadre, gracias nomás.”

Nos hemos acostumbrado a creer que luchar contra la corrupción se hace solo denunciándola.

No apoyándola, es mejor. Bastaría con que empezáramos con la mitad.

Con “voltearnos” cuando veamos un balón corruptor.
(Allí sí tendría sentido voltearse, esconderse, ‘hacerse el loco’.)

Mientras tanto, así como los hinchas de la U, Alianza y los demás no se cambian de camiseta solo porque sus equipos no la ven, yo sigo allí con mi humilde camisetita rojiblanca solo en mi tribuna ya vacía. Hemos perdido, pues, y bien merecido. Sí.

En el fútbol no todos pueden ganar.

Y hoy no creo que le ganemos a Paraguay. Qué se le va hacer. Seguiré pasando vergüenza, pues, con mi rojiblanca encima.

Sucede que no soy de los que esperan que golee para apoyar a mi selección. Bastaría que los señores Futbolistas Profesionales de mi Patria jugaran lo que saben y lo hicieran con dedicación.

Mientras lo aprenden, aquí seguiré yo, madrugando si es necesario para apoyar a los perdedores.

Aunque sea desde la distancia, con mi país.

Ya vendrán tiempos mejores.

…..

HjorgeV 15-10-2008

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