UN AFROAMERICANO EN LA CASA BLANCA (1964)

Rastreé la novela infructuosamente durante un buen tiempo.

Llegué a pensar que su existencia se debía a un invento de mi imaginación.

Pero la tenía presente, recordaba el excelente ambiente creado por su autor y la atmósfera en un país no preparado para cierto tipo de acontecimientos extremos.

Cuando estaba a punto de rendirme, un nombre se me vino a la memoria: Irving.

Había recordado casualmente el nombre de pila del autor.

Luego en la Red, fue sencillo seguirle la pista a pesar de los pocos datos que tenía.

Había leído la novela en mi época adolescente.

El hermano mayor de un amigo mío era un fanático lector de los llamados best sellers, éxitos de ventas, y una vez que leía sus libros, se desentendía de ellos.

Mi amigo, poco dado a la lectura, me los pasaba a mí.

Creo que la fiebre de esa época adolescente, empezó con El Padrino de Mario Puzo y llegó a abarcar toda la obra de Agatha Christie.

Desde entonces no he vuelto a releer ninguno de esos libros, aunque me ha quedado una gran afición por las historias bien escritas, de esas en las que es posible -como en una buena película- sustraerse por un buen par de horas de la propia vida, de sus problemas y vicisitudes.

Dentro de esa larga lista de novelas, había una que recordaba especialmente.

La había escrito un autor usamericano que sentía una gran atracción por personajes marginales, con personalidades extrañas o destinos enrevesados.

Habiéndose iniciado desde muy joven en el periodismo, tal vez el hecho de haber estado en la Segunda Guerra Mundial como soldado bajo las órdenes del director cinematográfico Frank Capra –también conocido por sus documentales de guerra-, fue lo que marcó su vida como autor.

Irving Wallace (Chicago, 1916-Los Ángeles, 1990) llegó a escribir una quincena de novelas y una decena de guiones cinematográficos, aparte de varios libros de divulgación y de los llamados de no ficción. Muchos de sus artículos aparecieron también en revistas como Cosmopolitan o Esquire.

Se dice que llegó a vender 250 millones de sus libros en el mundo entero.

The Man es el título de la novela que aludo, publicada en 1964, y la que se iniciaba con el puesto vacante de la vicepresidencia de EEUU por la muerte de su titular.

El derrumbe accidental de una catedral en el transcurso de una visita al extranjero, provocaba luego la inesperada y sorpresiva muerte del presidente; e inmediatamente después, moría también el presidente de la Cámara de Representantes sin poder ser salvado en el quirófano, creándose un vacío de poder.

Quien seguía en la línea jerárquica como sucesor inmediato, era Douglas Dilman, el presidente pro tempore del senado.

Dilman, un humilde y reservado senador descendiente de esclavos africanos, había sido elegido para ese puesto con anterioridad, pero sólo para preservar las formas y las apariencias, en un decisivo momento de la historia racial de ese país.

(Ese mismo año de 1964 se había promulgado el Acta de los Derechos Civiles, que intentaba prohibir -sin conseguirlo realmente o sólo parcialmente hasta el día de hoy- la discriminación racial en las escuelas y en el terreno laboral.)

La novela había sido escrita antes de que se presentara en 1965 la Vigésimo Quinta Enmienda de la constitución usamericana que regulaba los vacíos de poder y la línea de sucesión en cualesquiera casos.

La credibilidad de la historia de Wallace, a pesar de ser considerada casi ciencia ficción, se basaba en la de la conjunción -nada descabellada- de la simple casualidad con ciertas concesiones hipócritas, hechas más para guardar las formas que por verdadera convicción.

El título de la novela, por otro lado, alude a la expresión anglosajona usada para referirse a la autoridad, al poder, a algún líder, responsable o, incluso, al padre, y que aún se usa con connotaciones más populares todavía.

(Un simple camello, o vendedor de drogas, por ejemplo, puede ser también ahora the Man. Personalmente, no me llamaría la atención que el Presidente Más Funesto de la Historia pase a los anales de la humanidad como The Man, en un verdadero y gran guiño sarcástico involuntario del autor.)

La novela llegó al cine casi diez años después, en 1972, con James Earl Jones en el papel del primer presidente afroamericano de la historia de EEUU.

Aunque entonces ya empezaba a dejar de ser casi ciencia ficción.

Porque ese mismo año, se eligió a Shirley Chrisholm, una congresista demócrata neoyorquina, como la primera afroamericana candidata a la presidencia de su país.

(Luego, en la Convención Demócrata para elegir al candidato y en la que ganó un tal George McGovern, apenas alcanzó un magro 5% del total de los votos. Por lo menos, por encima de Ted Kennedy y de Walter Mondale.)

Todd Jones (Misisipi, 1931), por su parte, el verdadero nombre del protagonista de la película de Joseph Sargent, continúa activo.

En la escuela estuvo estuvo a punto de sucumbir debido a un tartamudeo feroz y se dice que se pasó largos años de su vida escolar sin hablar.

JAMES EARL JONES Foto: Wikipedia

Hasta que uno de sus maestros le descubrió un talento especial: tenía una buena voz para declamar y recitar poesías, y cuando lo hacía dejaba de tartamudear.

En la versión original de La Guerra de las Galaxias, James Earl Jones no actúa, pero le presta su voz a la figura del temible Darth Vader.

Actualmente, también trabaja ocasional pero regularmente como voz invitada en la serie The Simpsons.

Su última película -una comedia- es de este año y se titula, curiosamente, Welcome Home Roscoe Jenkins.

Ignoro cuál será su reacción mañana, martes 4 de noviembre.

….

.HjorgeV 03-11-2008

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2 comentarios sobre “UN AFROAMERICANO EN LA CASA BLANCA (1964)

  1. Hola Libreta.
    Lo que yo no logro entender es cuàndo paso de ser Barak Obama de posible primer presidente Afroamericano (Negro) en la Historia de EE UU, a ser el posible primer presidente Mulato en la historia de EEUU.
    Personalmente creo que el “arroz ya se cocio” y salvo que actuen “Fuerzas Oscuras” o la buena parte de indecisos opten todos por darle el voto a Mcain, creo que Barak Obama sera el cuadragesimo cuarto Presidente de los Estados Unidos de America, in god they trust.

  2. ¿Porqué lo de “Bitacora Inutil” Libreta?

    Rpta.: Son condiciones del editor. (Por si acaso, con tilde.) ¿Por qué? Creo que porque hay mucho grosero suelto y por cuestiones de Realismo Inmágico. A mí me parece un bonito subtítulo. Va muy bien con los tiempos actuales. Tiene mucho de, no sé, así como mucho de, a ver, ¿inútil? HjV

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