DIOSES DE JOSUÉ MÉNDEZ

DE UN CAMPAMENTO A ASIA

A finales de los años setenta, cuando ya estaba en la universidad y tenía otros intereses, empezó a ponerse de moda un fenómeno de carácter recreativo que se había iniciado como producto de la continua y galopante pauperización de la clase media limeña.

No solo de esa clase media, por supuesto, sino de toda Latinoamérica.

Pocos años atrás, con la crisis del petróleo de 1973, nuestro país no había sido el único en sufrir los embates de una de las más grandes crisis económicas de nuestra era moderna y predecesora del caos financiero mundial actual.

dioses-afiche500px

(De esa época recuerdo la implantación de las llamadas calcomanías en los vehículos: los que las tenían de un color podían circular ciertos días de la semana, los demás, el resto de los días objeto de restricción. Lo menciono, porque, de empeorar las cosas, tal vez vuelva a ocurrir en muchos países del mundo en un futuro nada lejano.)

Como producto colateral ‘positivo’ de la crisis capitalista actual, ahora sabemos que las durísimas y más que abusivas recetas que le vendía como remedio amargo el FMI a Latinoamérica, eran veneno puro para nosotros y más ventaja sinvergüenza para el llamado Primer Mundo.

Pero volvamos a lo que nos ocupa hoy.

Ese fenómeno al que me estoy refiriendo consistía en acampar en una playa más o menos lejana y más o menos desierta del litoral al sur de Lima.

Lo que se había iniciado como una actividad marginal de tablistas fanáticos, buscando pasar el día o todo un fin de semana corriendo olas, de pronto, había conseguido contagiar a otros más.

Si bien ya existían desde un par de décadas más atrás, balnearios veraniegos establecidos a lo largo de la costa, como Pucusana, Puntanegra o San Bartolo, en esos durísimos años la nueva clase media sin esos privilegios (o con ellos perdidos), no se resignó y puso de moda acampar en la playa.

Tenía que ser, de ser posible, una desierta, con cierta atracción o encanto, algo escondida y ‘totalmente’ desconocida.

A esos famosos campamentos se iba a comer atún en lata como plato principal, exponerse al sol hasta broncearse como sólo ahora los más tontos o ignorantes de los peligros de las radiaciones solares lo pueden hacer, a cantar al pie de una fogata, correr tabla, hacer las necesidades escondido tras una duna o roca –la costa peruana es un desierto casi sin interrupción-, a ejercitarse en diversos juegos con pelota, conversar, jugar a cualquier cosa en grupo, remojarse en el Pacífico hasta el cansancio, enamorar disimuladamente y olvidar el Cielo Color Panza de Burro (marca registrada) casi eterno de mi horrible, entrañable y extrañada Lima.

Primero fueron unos cuantos los campamenteros.

Después el fenómeno pegó y empezó a hacerse masivo.

A comienzos de los ochenta ya era común desplazarse hasta más de cien kilómetros en busca del particular paraíso costero perdido. Muchas veces solo para pasar el día.

Por esas cosas que tal vez solo pueden ocurrir en nuestros países ahora llamados emergentes, de uno de esos grupos de amigos campamenteros debió surgir la idea de construir un condominio en el kilómetro 97,5.

Un perdido kilómetro más de la larga Panamericana Sur.

Para que todo sonara mejor, debieron tratar de plantar unas palmeras, para poder llamar así, a su huarique (‘escondrijo’ apunta la Real Academia: muy pobre para todo lo que significa), con el nombre de Las Palmas.

La luz la obtenían de lámparas de querosene y el agua la tenían que llevar en grandes bidones desde Lima.

O tal vez le pusieron ese nombre por simple sarcasmo, puesto que el litoral peruano –salvo muy al norte y en el par de valles que lo interrumpen- es un desierto casi continuo y especialmente árido.

No lo sé.

Javier Bedoya, un escritor limeño que desconocía y que -documentándome para esta entrada- he descubierto en la red, ha escrito una crónica genial sobre lo que ocurrió después en ese punto concreto de la Panamericana Sur.

Ese punto que ahora se llama Asia, acoge a más de 5.000 personas y es un reducto de la alta burguesía limeña.

Recomendando leer la referida crónica, reproduzco uno de sus párrafos:

A mediados de los noventa ya habían tres urbanizaciones privadas bajo los nombres de Cayma, Cocos y Las Palmas. Por entonces el único bien de consumo en Asia, además del tiempo libre, eran el cebiche y bebidas heladas que ofrecía un avispado lugareño. Esto explica que el primer restaurante de Asia llevara el poco fashion nombre de “El Señor Huamán”.

Asia, además de ser un balneario exclusivo y un emporio comercial de los llamados de alta categoría, cuenta con un hotel cinco estrellas y pronto con un complejo hotelero golfístico.

Asia tiene sus propios guardianes, sus propias reglas y su propio orden estricto.

Allí, las llamadas empleadas del hogar deben llevar uniforme obligatorio, no pueden bañarse libremente en las playas ni en las piscinas del lugar y está prohibido, por ejemplo, que los automóviles se estacionen en la vía pública más de un determinado número de minutos.

La lógica es simple para esto último: el que no tiene un garaje propio, es porque no tiene una casa allí, por lo tanto, un indeseable en Eshia, como también se le llama, con un guiño de ojos, como si hubiese que pronunciarlo como un exclusivo balneario gringo.

Como si ni siquiera perteneciera al Perú ese enclave geográficamente aislado y marginal.

Allí, en Asia, es donde transcurre la trama de la nueva película del joven cineasta Josué Méndez (Lima, 1976).

DIOSES DE ASIA

Su primer largometraje, Días de Santiago (2004), recorrió al año siguiente de su estreno, decenas de festivales cinematográficos internacionales y recibió más de una veintena de premios y distinciones.

Méndez, además de director, guionista y productor de su primera película, ha contado que se inspiró en una frase que leyó en una pared de las calles de Lima:

Le llaman salvaje al río que se desborda, pero no al cabrón que lo oprime.

Días de Santiago -la historia de Santiago, precisamente, un soldado que habiendo perdido en la guerra parte de su humanidad comprueba que al volver a la vida civil la batalla por labrarse un camino puede ser aún mucho más dura- le abrió definitivamente las puertas de los circuitos cinematográficos internacionales.

Aquí en Alemania se hizo conocida bajo el título de Krieg kennt nur Opfer (‘la guerra solo conoce víctimas’) y por ser una película chocante, de esas en las que no se quieren mostrar las cosas buenas y bellas de un país, sino lo peor de sus entrañas y sentimientos.

Algo a lo que pocos cineastas europeos se atreven respecto a sus propios países, me atrevo a afirmar.

Personalmente, tengo el recuerdo de la pobre muchacha peruana que se sentó muy cerca de donde me encontraba en la exhibición de la película aquí en Colonia, y que había llegado con su novio alemán al cine pensando que podría presumir de las maravillas turísticas peruanas que iría a mostrar el filme.

(No sé si seguirán juntos.)

Con la reciente aparición de su segunda película –Dioses (2008)-, la expectativa es obviamente grande e inquietante no solo en el público nacional.

AVANCE DE LA PELÍCULA <<DIOSES>>

Méndez, que a la vuelta de sus estudios de cine en EEUU en 1998, fundó su propia empresa, Chullayaki Producciones, tiene claros sus objetivos: “Un cine de autor que no sea aburrido y que también permita a la empresa ganar.”

En esta oportunidad ha tenido la suerte de ser escogido por un patrocinador relojero para trabajar como discípulo al lado del director británico Stephen Frears.

Sí, el mismo de La Reina y Amistades peligrosas.

Méndez ha contado que, aunque a lo largo de año y medio solo se reunió con él pocas veces, pudo trabajar bajo su supervisión en la creación del guión y el proceso de edición.

En Dioses, Méndez se ocupa del submundo de la alta burguesía limeña, aquella que se recluye en barrios exclusivos y pasa el verano en Asia.

Al mencionarle el periodista César Hildebrandt en una entrevista que en Dioses vuelve a tratar el tema del incesto, Josué Méndez reconoce que le fascina el tema de la familia.

El cómo a través de las relaciones de los miembros de una familia se pueden decir cosas de todo un país y ver cómo entre sus miembros –literalmente- se joden.

A Méndez le fascina Lima, porque es una ciudad que:

“parece estar cocinándose, no es una sociedad ya armada, lista. Estamos completamente en preparación”.

“Hace como quinientos años que estamos en preparación”, le replica Hildebrandt en la misma entrevista.

Los ‘descendientes’ de esos limeños pudientes que empezaron a copar el litoral al sur de Lima huyendo de la explosión demográfica de la capital y buscando exclusividad, siguen siendo de carne y hueso.

Ahora muchos nada en dinero, se han vuelto decadentes y más frívolos.

Más expuestos, también, a las debilidades que las diversas y exclusivas drogas y demás caprichos conducen y que el dinero compra, sin preguntar qué hay verdaderamente detrás y dentro de cada persona.

¿Por qué se llama Asia el lugar?

Según refiere Jaime Bedoya, debido a los chinos culi –o coolies– que llegaron al Perú por miles como inmigrantes a finales del siglo XIX, para trabajar como esclavos en los arrozales de esa y otras zonas del país.

En fin.

Dioses ya ha ganado un premio en el Festival de Biarritz.

El título no es gratuito.

Es decir, es la película de aquellos que se creen los actuales dioses del Perú.

De aquellos que parafraseando a Abraham Valdelomar ( a quien se le atribuye la frase “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert soy yo“) podrían decir:

“El Perú es Lima, Lima es Asia, Asia soy yo.”

Casi como hace quinientos años.

Como otro dios -por ahí- que felizmente está a punto de dejar su sillón presidencial y esperemos que lo acoja pronto algún nosocomio para enfermos mentales.

Pero de él ya me ocuparé pronto.

….

.HjorgeV 5-11-2008

Anuncios

Un comentario sobre “DIOSES DE JOSUÉ MÉNDEZ

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s