CON CHULLO Y OJOTAS: ¿CÓMO DIABLOS LO HACEN?

Veo la nieve que ha caído y no puedo dejar de preguntarme.

¿Cómo diablos hacen los campesinos de las grandes alturas andinas y altiplánicas para resistir el frío ataviados muchas veces sólo con ojotas en los pies, o sea, con sandalias, e, incluso, descalzos?

Ojota -del quechua ushuta, ussuta o uxuta– es tal vez el calzado más típico y el más extendido en las serranías andinas, por lo menos en las de mi país.

Es una sandalia que deja gran parte del pie al descubierto.

Originalmente hechas de cuero o fibras vegetales, las ojotas se hacen -probablemente desde mediados del siglo pasado, cuando el auge del automóvil se extendió a esas zonas- de las llantas o neumáticos que se dejan de usar y es posible encontrarlas en cualquier mercado andino o de la costa.

ANUNCIO DE ‘EL COMERCIO’ CON CHULLO Y OJOTAS

Aunque, curiosamente, en países como Argentina se llama ojotas a más o menos todo tipo de sandalias -especialmente las playeras- el modelo típico indígena es uno solo y bastante sencillo.

Y no tiene nada que ver con lo que en mi país se conoce con el nombre de sayonaras, havaianas en Brasil (uno de los mayores productores y exportadores mundiales), zōri en el Japón y flip-flop en gran parte del resto del mundo, especialmente en el anglosajón.

(Aquí en Alemania se las conoce con este último nombre, aunque el nombre Flip-Flop es una marca registrada en este país. También existe una denominación juvenil interesante: Zehentanga, lo que quiere decir ‘tanga de los dedos del pie’.)

No, las ojotas tiene un modelo definido que consiste en tres bandas gruesas que sujetan el pie envolviéndolo, y van adheridas, cosidas o clavadas a la suela.

Una de ellas, más delgada, sirve de soporte para el talón y las otras dos, cruzándose sobre el empeine, sujetan el resto del pie.

En los años 70, de la mano de la moda post-hippie y de cierta conciencia solidaria con los usos indígenas, se puso de moda entre los jóvenes bien y contestatarios (por lo general universitarios) usar ojotas hechas con llantas inservibles, la versión, por lo demás, más extendida y acaso única hoy en día en los mercados populares.

Me imagino que una de las varias razones que explican el uso de este tipo de calzado, más propio de zonas cálidas, por los campesinos andinos pero no en otras regiones frías del mundo debe encontrarse en la situación geográfica de los Andes y su altitud.

A mayor altura queman más los rayos solares, por una parte.

Pero el ‘secreto’ está también en la cercanía a la Línea Ecuatorial, que es lo que explica que las temperaturas sean tan variadas a lo largo del día: por lo general entre los 9 y 18°C, por encima de los 20 al mediodía, para bajar en la noche por lo menos hasta los 5°C.

A pesar de todo esto, me consta que muchos campesinos siguen usando sus ojotas aún cuando las temperaturas han llegado a sus niveles más bajos.

¿Cómo lo pueden soportar?

Lo más interesante es que ante temperaturas muy bajas, el cuerpo humano tiende a proteger la temperatura de los órganos más importantes, ‘descuidando’ la temperatura de las extremidades y de la cara.

Es el fenómeno que explica los casos de gangrena sobre todo en los pies y piernas por congelamiento en los alpinistas y exploradores de las regiones árticas.

¿Cómo lo hacen los campesinos andinos?

¿Cómo lo hacen, si muchas veces lo primero que solemos hacer cuando sentimos frío es, justamente, cubrirnos o abrigarnos aún más los pies?

Aquí tengo que hacer una pequeña digresión.

Hace unos quince años, se hizo famoso un personaje en las calles de Colonia, concretamente en su zona peatonal.

Era un tipo de unos treinta años, de aspecto árabe o persa (iraní), barba y cabellera muy rizada y poblada, que vivía en la calle y se paseaba por el centro colonés.

Era lo que se suele llamar, generalizando, un ‘loco’. El pobre hombre vivía de lo que encontraba y me imagino que dormía donde lo pescaba la noche.

Bueno, pues. Al tipo lo vi a lo largo de varios meses que abarcaron casi las cuatro estaciones del año, casi siempre con la misma vestimenta: un pantalón que se le caía, una camisa mal abotonada e iba siempre descalzo.

Sí, descalzo. Sin zapatos.

Recuerdo que ese año las temperaturas llegaron a rozar los cero grados en invierno y, sin embargo, al tipo no lo vi estornudar ni una sola vez ni hacer el gesto típico de frío que todos conocemos bien.

¿Cómo lo hacía?

Así como la humanidad se ha pasado casi toda su historia sin conocer el papel higiénico (porque es relativamente moderno), también hemos pasado como especie por grandes épocas de frío extremo en diferentes puntos del planeta.

¿Cómo hacía el hombre primitivo cuando había perdido su cueva y las pieles que llevaba las había mojado la lluvia, por ejemplo?

¿Moriría de frío?

No lo sé.

Lo que sí sé, sospecho más bien –por lo expuesto-, es que nuestro cuerpo es capaz de soportar mucho más frío del que estamos hoy acostumbrados.

Es más, hemos creado una cultura en muchas partes de la Tierra, que procura evitar el frío a todo precio.

En contraposición, dentro de esa cultura del no-frío, existen movimientos que hacen recordar qué tan sano puede ser para el cuerpo humano, para su metabolismo, la sabia alternancia de temperaturas más o menos extremas.

Es el caso de las saunas, en las que no hay cosa más maravillosa que arrojarse a una laguna de aguas heladas después de haber estado sudando a temperaturas cercanas a la de la ebullición.

No es una broma. (Hay saunas que llegan a alcanzar los 130 °C, pero manteniendo el aire seco.)

También tengo muchos amigos que se vanaglorian de dormir con la ventana abierta (inclinada) todo el año. Y sin calefacción, se entiende.

Pero bien, no nos apartemos demasiado del tema.

A la conclusión que he llegado personalmente, es que los campesinos que usan ojotas o incluso van descalzos, lo pueden soportar porque llevan necesariamente cubierta la cabeza.

Generalmente un chullo o un sombrero, o ambos a la vez.

¿Qué es un chullo?

El chullo es una prenda de vestir que se ha usado tradicionalmente en las serranías y las alturas altiplánicas del Perú y otros países andinos como Ecuador y Bolivia.

Parece ser que su origen es preincaico, aunque hay quien afirma que se trata de una prenda mestiza, producto de algún gorro preinca y el birrete español.

La principal característica del chullo son sus orejeras.

Y aquí creo que está su fuerte.

Como, por sus características físicas, las orejas poseen una gran superficie total, además de estar en una extremidad del cuerpo humano -la cabeza-, afirmo que son la parte del cuerpo por donde más se pierde calor.

Protegiéndolas, el chullo compensa la pérdida de calor que ocurre por los pies y las manos.

Además, el segundo punto más importante en un chullo es el material del que está hecho: lana de alpaca, por lo general.

Una fibra natural con grandes propiedades, entre ellas la de ser un perfecto aislante térmico, manteniendo tanto el calor como el frío.

Aparte de ser muy suave, altamente resistente y productora de tejidos de líneas indeformables.

Curiosamente, a pesar de ser más o menos una prenda a la que se debería haber llegado por simple deducción lógica para ser usada en los climas más fríos (de hecho, existen gorras con orejeras en otras culturas y latitudes), el chullo tiene un cierto defecto, me atrevo a decir: no propicia la comunicación.

Quien lo usa, disminuye su capacidad auditiva, algo que a los campesinos andinos de las grandes altitudes no les debe importar mucho.

Pero todo no lo puede el chullo.

Un buen poncho también es indispensable en las regiones más frías. Una prenda de vestir muy versátil que permite esconder los brazos y manos y colocarse en diferentes posiciones de acuerdo a las necesidades concretas.

(Una sospecha secundaria sería el uso de la coca -masticada o chacchada– para combatir el frío por parte de muchos adultos. Pero eso no explica el caso de los niños ni del de la gran mayoría que no lo hace.)

Recuerdo haberme traído algún chullo cuzqueño de recuerdo hace algunos años y haber llamado la atención aquí en Alemania al ponérselo a alguna de nuestras dos hijas mayores cuando todavía eran niñas.

De haber sido una prenda despreciada por representar a los sectores más desfavorecidos y olvidados de nuestro país, hoy el chullo ha pasado a formar parte de la moda europea (más o menos desde el 2005 cuando un conocido modista italiano lo introdujo a su línea comercial) y es posible encontrarlo prácticamente por todas partes.

Por lo menos así es aquí en Alemania, aunque ya no necesariamente en los típicos colores y diseños incaicos.

Pero con las nevadas –que era nuestro tema de ayer, qué vuelta hemos dado- todo, por supuesto, no es solo positivo, como ya mencioné al comienzo.

En estos días aumentarán los resfríos y neumonías.

Los accidentes de tránsito aumentarán en número, aunque apenas en gravedad, porque no es posible conducir a grandes velocidades.

(Demostrándose, de paso, que las altas velocidades son las causantes de la mayoría de accidentes mortales.)

Muchas autopistas quedarán bloqueadas, así como muchos pasos a gran altura.

En general, aumentarán los accidentes debido a la fina película mezcla de agua y hielo que se forma en las pistas y que hace patinar a todo tipo de vehículos, impidiéndoles –a partir de ciertas velocidades- retomar rápidamente el control de sus vehículos y frenar.

Incluso a los de doble tracción. (Lo digo por experiencia propia.)

Otra consecuencia negativa de la caída de nieve es que influye más que negativamente en el humor de los adultos.

Como hay que conducir más despacio, tener más cuidado, alterar el ritmo de vida (hay que salir más temprano para conseguir la puntualidad acostumbrada) y, en general, invertir más tiempo y energía en la indumentaria apropiada, la gente se vuelve fácilmente irritable, hasta el punto de no llegar a apreciar la nueva belleza alba de los paisajes.

O la mayor luminosidad.

Muchos ni siquiera son capaces de apreciar la alegría de los niños jugando al aire libre, en una especie de gigantesco taller natural de arte.

En el que los materiales completamente gratuitos están literalmente a la mano y han caído del cielo.

Probablemente cuando usted, tú, lectora o lector improbable de esta inútil bitácora, termine/s de leer esto, la nieve habrá desaparecido de las calles de esta región.

….

HjorgeV 25-11-2008

….

ANUNCIO DE INKA COLA DEDICADO AL CHULLO

NIÑO CON CHULLO Y PONCHO EN ANUNCIO TURÍSTICO

Fuentes:

http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2004/12/26/v-02301.htm

http://www.larepublica.com.pe/index.php?option=com_content&task=view&id=115353&Itemid=487&fecha_edicion=2006-07-08

http://es.wikipedia.org/wiki/Sauna

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2 comments

  1. Me gusto tu análisis y tus conclusiones.
    Nunca me había preguntado eso, pero si me había preguntado: ¿cómo eran originalmente las ojotas? Porque comparando las actuales con grabados de la época de la conquista se ven algunas diferencias y con unas fotos de hace unos 120 o mas años (en las que veo algo que parece las waraji japonesas)

    Rpta.: Hola, Incen. Buena pregunta. Me había hecho también la pregunta, pero no se me había ocurrido recurrir a los grabados de la época. Lo haré. Gracias por tu comentario. Saludos desde los arrabales de Colonia. HjV

  2. Ellos normalmente están en el campo, en chacras, sembríos , cosechas, lluvia….entonces, si usan zapatos o zapatillas, se mojarían y sería mas perjudicial para su salud. Sus pies al estar expuestos al frío y la tierra constantemente forman callos y de alguna manera eso minimiza el frío.

    Rpta.: Hola, Sheila. Gracias por tu comentario. Que estés bien. HjV

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