¿POR QUÉ SALVAR AL SISTEMA FINANCIERO…? (II)

LOS MENDIGOS DE ORO

Justo me encontraba corrigiendo esta segunda parte de la entrada dedicada al sistema financiero mundial, cuando me entero de que los Tres Grandes de Detroit han aumentado sus demandas.

En apenas unos pocos días, se deben haber dado cuenta de que los 20.000 millones de dólares que necesitaban para “salvar a la economía de EEUU del caos” no les alcanza y que ahora necesitan un poquito más.

36.000 millones verdes es la nueva referencia.

¡Nada menos que un crecimiento del 80% en sus demandas!

Qué fácil es pedir más.

Sobre todo cuando el dinero no les pertenece y no hay ninguna garantía de que lo devuelvan, salvo la que puedan prometer sobre un papel.

(¿O alguien cree que el Estado –usamericano en este caso, pero es solo un ejemplo que puede generalizarse pronto- se podría hacer cargo de una empresa como la Ford en completo estado de quiebra?)

COLAPSO ECONÓMICO: ¿PARA QUIÉN? (1/3)

Obviamente, algo huele a quemado.

Si es que ya no está carbonizado, claro.

El sabio italiano Raymondi caracterizó a mi país, el Perú, como un mendigo sentado sobre un banco de oro.

Hoy, los Mendigos de Oro de EEUU, quieren esquilmar a sus bancos.

Pero volvamos a nuestro tema inicial.

Porque la historia puede dar muchas más vueltas inesperadas, justamente en un momento como el actual.

¿Qué sucedería, por ejemplo, si las empresas ‘rescatadas’ empezaran a hacer despidos masivos con el fin de evitar la bancarrota?

¿Se les reclamaría que devuelvan lo prestado?

¿Se habría pagado con dinero público para crear más desempleo aún?

Por otra parte, ¿no sería correcto exigir con estos rescates una revisión de los sueldos de todos los directivos, además de una exposición de sus propiedades y riquezas?

Porque no es lo mismo que mil empleados u obreros comunes y corrientes se queden en la calle, y sus hijos sin comer, que un gerente se quede sin su segunda casa de playa o no pueda comprarse el yate más grande con el que sueña.

(No olvidar que ahora está de moda que los mánagers ganen más de mil veces el sueldo de un empleado común.)

Porque, si ellos han sido los corresponsables de las penurias por las que pasan sus corporaciones y ahora reclaman la ayuda pública (dentro de la que va también la de los más pobres, porque es el dinero de todos), ¿por qué no exigirles también que arriesguen –como todos– gran parte de lo suyo?

¿Y si quiebran a pesar de toda la ayuda?

¿Devolverán sus ganancias y premios amorales esos mismos directivos y gerentes?

¡Ja!

Como pudo apreciar quien haya visto el video que acompañaba la primera parte de este artículo o entrada -y que abajo repito-, hay quienes aseguran que las cosas podrían invertirse en el mundo.

Hoy en día, por ejemplo, los usamericanos viven por encima de sus posibilidades y la mayor parte del resto del mundo por debajo de las propias.

Según el especialista en inversiones, Peter Schiff, cuando esto termine, habrá un gran realineamiento de estándares de vida a nivel global, del que Asia, principalmente, saldrá favorecida.

Nada menos que la mitad de la gasolina que se produce en el mundo es lo que consume actualmente el parque automotor de EEUU.

Eso quiere decir que el resto del mundo se tiene que contentar con la otra mitad.

En caso de colapsar el dólar o la economía usamericana, y los ciudadanos de EEUU no la pudieran comprar más, los demás ciudadanos del mundo tendrían más gasolina a su disposición.

Y a mejores precios, por efectos de la ley de la oferta y la demanda.

(Ley en la que ya solamente los incautos creen.)

Oh, dios, podría exclamar alguien.

Según las especulaciones del mismo Riff, la gente de China que viaja hoy en bicicleta se podría encontrar de un día a otro con que ahora puede comprarse un automóvil.

Y tal vez entonces los chinos donarían sus bicicletas a EEUU.

¿Por qué no?

¿A quién se le hubiera podido ocurrir vaticinar apenas unos diez o quince años atrás, que China Comunista podría convertirse pronto en la mayor potencia capitalista mundial?

(Por lo menos, ahorrativos como son, solo necesitarían intercambiar dos letras y añadir una más para adoptar su nuevo nombre: China Consumista.)

Pero volvamos a nuestro tema.

COLAPSO ECONÓMICO: ¿PARA QUIÉN? (2/3)

¿A quién le perjudicaría realmente la quiebra del sistema financiero mundial?

Al 1% de la humanidad le pertenece el 35% de todas las riquezas del planeta.

Esto significa, que ese 1% sería tal vez el primer afectado, para empezar.

¿Tal vez, he dicho?

Sí, solo tal vez, porque gran parte de esos mega-ricos del planeta, ‘viven’ de multiplicar su dinero por medio de especulaciones financieras y negocios abusivos.

Entonces, en el caso hipotético de una recesión mundial, muchos de ellos no perderían sino que ganarían aún mucho más, haciendo negocios con los más desesperados.

¿El resto de ese 1% sería realmente afectado?

(Tener en cuenta que es una especie de humor negro crudelísimo esto de ocuparse en primer lugar por los más ricos del planeta en caso de un colapso de la economía mundial. Pero solo estoy tratando de ir en orden.)

¿Gente que ha acumulado riquezas que no podría gastar ni en 1.000 vidas viviendo a todo lujo y desgaire, incapaz de guardar un par de milloncitos debajo de un colchón de acero para los malos tiempos?

No lo creo.

Sigamos.

Como EEUU y la Unión Europea controlan el 60% de la economía mundial, ellos serían los siguientes grandes afectados.

Se acabarían las vacaciones a otras partes del mundo una o dos veces al año, el automóvil de último modelo, la ropa de marcas prestigiosas, el cenar una, dos o más veces por semana fuera de casa.

Los vinos y regalos caros, la casa de playa, la de campo, el televisor de pantalla plana y sobredimensional se convertirían en un sueño inalcanzable.

Los amantes (pagados o no), lo mismo.

El tapeo y el copeo varias veces por semana, las revistas y diarios que se compran pero no se leen del todo porque no hay tiempo.

El reloj, la pulsera o el diamante con los que soñabas.

La fiesta de bodas a lo grande.

Eso de gastarse un promedio de 400 euros por cabeza en regalos navideños (es decir, en regalos que a las dos semanas –días más, días menos- habremos olvidado). Las grandes obras arquitectónicas inútiles.

La iluminación navideña multimillonaria de unas simples calles solo porque el dinero sobra y no se sabe cómo repartirlo.

En fin.

Se acabaría todo eso (es un decir) y la gente tendría que contentarse con mucho menos.

Pero podrían vivir y alimentarse, vestirse y trabajar, abrigarse y bañarse, dormir bien y sonreír porque siguen con un techo sobre la cabeza mientras millones de iraquíes han perdido sus hogares, los palestinos siguen sin poder volver a sus tierras arrebatadas y los chinos tienen que trabajar con sueldos y condiciones capitalistas en un duro y tirano régimen disciplinario comunista.

(Completar, por favor.)

¿Quiénes más podrían ser los verdaderamente afectados?

Los pobres.

Sí, los verdaderamente pobres.

Es decir, no cambiarían mucho las cosas para ellos.

Serían los verdaderamente pobres los que saldrían aún mucho peor parados de lo que ya han empezado a salir ahora que el llamado Primer Mundo se ha olvidado de ellos.

Ahora que ese Primer Mundo, en su pánico, se ha olvidado de sus compromisos de ayuda a los países en desarrollo y de sus ayudas directas contra el hambre.

¿Saldrían verdaderamente mal parados los verdaderos pobres?

Muchos afirman que la ayuda al desarrollo es un arma de doble filo. Porque ayuda, por una parte, pero no obliga a reaccionar por cuenta propia.

No sé.

Lo que sí hunde a los más pobres es la injusticia, las riquezas que solo se llevan unos cuantos, la falta de oportunidades y el círculo vicioso que estas crean, aparte de las leyes injustas del mercado internacional: cuando los campesinos no pueden competir con sus productos porque los precios subvencionados de los países desarrollados los obliga a permanecer en la miseria a pesar de sus esfuerzos.

¿Saldría usted, ciudadana o ciudadano europeo, mal parado?

Antes de esta última década pletórica de negocios globalizados y quiebras gigantescas, de guerras inventadas y de terrorismo usado para combatir el terrorismo, Europa se dirigía a la semana de 35 horas de trabajo semanales.

.

Nad menos

Continúa…

HjorgeV 04-12-2008

COLAPSO ECONÓMICO: ¿PARA QUIÉN? (3/3)


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