SOLO FALTA QUE TE PONGAS A LLORAR


-Imagínate que tu vecino lanza piedras a tu casa y pone en peligro la vida de tu familia. ¿Qué haces?

-¿Es tu caso? Llamaría a la policía.

-Imagínate que la policía no puede hacer nada.

-¿Por qué? ¿No existe o qué?

-Déjame plantearte solo un caso hipotético.

-A ver, a ver. Me gustan los casos hipotéticos.

-Imagínate que solo te queda la posibilidad de defenderte tú mismo. ¿No te defenderías?

-Seguro, pero…

-Ya ves. Ese es el caso.

-Trataría primero de analizar por qué lo hace. Las conductas de la gente suelen tener una explicación.

-No te queda otra que defenderte. No hay nadie más que pueda salir perjudicado, no te preocupes.

-Pero si ese es el caso hipotético, que nadie más puede ayudar y vivimos los dos como en una isla, en un terreno en el cual nuestras acciones no tienen ningún efecto ni consecuencia para mis vecinos, primero trataría de hablar con él. ¿O no debo pensar en mi propio futuro? Nadie desea vivir en permanente lío con ningún vecino.

-De eso se trata, pero tu vecino es alguien con quien no puedes hablar. Lo has intentado cientos de veces y no entra en razón.

-¿Y por qué no entra en razón? ¿Qué reclama?

-Ahora no importa. Te quieres defender de sus piedras.

-Pero tal vez resolviendo su reclamo, puedo hallar la solución.

-Digamos que te lanza piedras porque sí, porque esa es su naturaleza.

-Ajá. Entonces, te lanza piedras porque sí y no te deja vivir en paz. Caramba. ¿Te lo crees tú?

Mi vecino real me queda mirando un momento y luego se corrige:

-Digamos que te lanza piedras por una razón que no es correcta ni justa.

-Muy bien. Mi vecino, con el que he probado muchas veces de entenderme, me sigue lanzando piedras, poniendo la vida de mi familia en peligro, no hay policía que pueda ayudarme, la razón está de mi parte y yo estoy harto. Vamos a suponer que todo eso es correcto. ¿De acuerdo?

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-Lo has dicho. ¿Qué haces?

-¿No hay otros vecinos que puedan intervenir diplomáticamente?

-Los más comprometidos son unos corruptos y solo ven por sus intereses. Y estarían dispuestos a lanzarte piedras también.

-Ajá, no hay vecinos que puedan intervenir y los que hay son corruptos y están dispuestos a atacarme también. ¿Qué dicen ellos de ti?

-¡Por favor! Lo que ahora interesa sólo es este caso hipotético concreto.

-A ver. ¿Estoy armado?

-Un magnífico arsenal tienes a tu disposición. Lo más moderno y efectivo del mundo.

-Ahh… ¿Todo legal? Quiero decir, un vecino tan pacífico no soy, ¿no?

-La historia te ha obligado a armarte.

-Me gustaría conocer esa historia.

-No es necesario. No tienes memoria colectiva. Además, no confías en nadie.

-Ah. ¿Y por qué mi vecino solo tiene piedras? Otra pregunta. ¿Tengo memoria personal?

-¿Para qué la quieres?

-Para saber por qué me está lanzando las piedras.

-Por favor…

-También para saber, en caso de que cometa alguna barbaridad tratando de evitar que me tire piedras, si lo voy a recordar siempre, si lo voy cargar en mi conciencia toda la vida. No quiero actuar de forma contraproducente para mí o para mi futuro. Tengo hijos, no quiero darles ningún mal ejemplo.

-Ponte en el caso hipotético de que toda la razón está de tu parte y que solo intentas defenderte de esas piedras.

-Ah, tengo toda la razón de mi parte, dices. ¿Por qué me las lanza? Me preguntaría por qué me lanza las piedras.

-Muy chistoso. ¿Para qué quieres saberlo? ¡Está loco! Defiéndete, simplemente.

-Tal vez le hecho algo antes y sus piedras son una reacción a lo que le hice.

-Tú no quieres defenderte, no te importa sobrevivir. Siempre buscas una nueva salida. Todo es hipotético, no te preocupes. ¿Quieres escaparte del conflicto, no?

-No, no, no, al contrario. Trato de buscarle la mejor solución. Aquella que no solo me resuelva el problema de las piedras sino que también, por lo menos, no me cree un nuevo problema futuro. Suponiendo que la razón está de mi parte.

-Te asiste la razón divina, vamos a decir.

-¡Yo no soy creyente!

-¿Juegas a resolver este caso hipotético o no?

-Bueno, bueno. Lo que pasa es que no quisiera resolver un problema creándome otro. Peor, incluso.

-¿Por ejemplo?

-Qué sé yo. Que me mate él a mí luego. O que empiece a molestarme de otra forma. O que me convierta en un asesino por “defenderme” como dices. ¿Te imaginas tener que vivir el resto de tus días siendo señalado por la calle como asesino? No podría vivir.

-Eres un blandengue. Tienes uno de los mejores armamentos del mundo. Y sabes usarlo.

-Soy un tipo adelantado, inteligente, capaz y con dinero, quieres decir.

-Así es. Ahora solo quieres sobrevivir y vivir en paz.

-Era una broma.

-Pero puedes suponer todo eso.

-Entonces le propongo un trato para que me deje en paz. Compro mi tranquilidad. Le compro una buena casa en otro lugar. Me compro una memoria para saber cómo hemos llegado a este ese momento.

-No seas iluso. El dinero no le interesa. Le interesa destruirte a ti y a tu familia. Quitarte tu casa porque cree que es suya.

-Ajá. ¿Hablas en serio? Bueno, bueno. Si lo ataco con el mejor armamento del mundo, ¿cómo puedo saber que no me va a traer a sus amigos o va a incendiar mi casa después como represalia? ¿O que sus descendientes no harán lo que él hace ahora?

-Lo atacas de tal manera que ya no le queden ganas de hacer nada contra ti. Ni a él ni a sus descendientes.

-¿Matarlo, dices? No cuentes conmigo. Aunque no haya policía. No podría vivir con ese cargo de conciencia, ya te lo dije. La verdad, es que ni siquiera me compraría ningún arma. Además, dices que lo que me interesa es que deje de lanzar piedras.

-No tienes que matarlo necesariamente. Solo quieres defenderte. Defenderte y sobrevivir. ¿No lo puedes entender? Estás buscando una solución a tus problemas con tu vecino. Una solución.

-Ah, tú quieres una guerra. Probar tus armas, ¿no? Ese es tu caso hipotético.

-Volvamos a la situación inicial. Solo tienes que decidir entre defenderte o no. Punto. Todo es hipotético, no lo olvides. Olvida todo lo demás.

-Supongamos que algo así existe, que no te lo cree ni tu mamá. ¿Qué seguridad tengo de que no lo siga haciendo después de mi ataque, si tú mismo dices que no entiende razones?

-¿Qué te importa?

-¿Cómo que qué me importa? Imagínate que suelto todas mis municiones y armas (según tu gusto), me acuesto a dormir y vuelvo a escuchar caer una piedra sobre el techo.

-¿No te digo que el tipo está loco?

-Ahh…, pero en todo caso no me funcionó mi solución. Otra pregunta. ¿Qué pasa si lo dejo moribundo por golperlo? ¿Corro el riesgo de ir a la cárcel por ello?

-Solo te estás defendiendo. Y no existe la policía, no lo olvides.

-No sé. Si lo ataco duramente, él puede argumentar luego con toda razón que ahora él sí se está defendiendo.

-Si él te ataca es responsable de que uses todo tu poderío militar para defenderte. Es lo lógico en toda guerra.

-O sea que si mi poder incluye la bomba atómica, lo puedo hacer responsable de su desaparición.

-Él se lo ha buscado. Tú solo buscas la paz.

-¿Lo hago desaparecer del planeta y digo que busco la paz? Caramba. Espera. ¿No estás hablando en serio, no?

-Como ves, te asiste la fuerza de la razón.

-Espera, espera. ¿Quién comenzó el problema? ¿Él comenzó a molestarme? O sea, ¿él comenzó el conflicto o fui yo?

-Veo que buscas escaparte. Olvidas que no tienes memoria.

-Bueno, el que no tiene memoria, se olvida de todo.

-Supón que está claro que él empezó.

-¿Está él de acuerdo en eso? Digo, ¿es también su punto de vista?

-¡Caramba! Si tú mismo no te crees, ¿quién te va a creer?

-Pero es que es demasiado absurdo tu caso. Te pones todas las ventajas de tu parte, tú estás sano, el otro está loco, no hay policía, te ataca sin motivo, te quieres defender pero en realidad quieres probar tus armas y eliminarlo, no tienes memoria pero estás armado hasta con la bomba atómica, y después quieres que no dude de ese paraíso mental.

-¿Quieres jugar al caso hipotético o no?

-Bueno, bueno, mientras sea un juego de salón nomás. Otra pregunta: ¿Es la primera vez que sucede esto?

-No. ¡El tipo no ha te dejado en paz por décadas!

-¿Cómo? ¿Y nunca me defendí antes?

-Claro, claro. Eres de los que no se rinden así nomás.

-No entiendo. Si no me rindo así nomás, ¿por qué no sigo utilizando medios pacíficos para entenderme con mi vecino?

-Él no sabe lo que es la paz.

-¿Y yo sí? Otra pregunta. Me defendí antes, ¿o no?

-Por supuesto.

-Pero no eficientemente, por lo visto. Es decir, no resolví el conflicto, ¿no es cierto? Sino, no estaríamos otra vez metidos en él. ¿Hice las cosas bien o solo lo provoqué más? Todo hipotéticamente, claro.

-El vecino quiere destruirte y quitarte tu casa, no lo olvides.

-¿Con piedras?

-Con lo que sea. Es su sueño.

-Pero solo tiene piedras.

-Es tu suerte. Pero pueden llegar sus amigos. Demasiado cobardes como para ponerse a pelear a su lado, pero no como para darle armas.

-¿Más piedras?

-Bueno, podrían ser después cuchillos o pistolas. Y lanzarlos a tu casa.

-O meterse a la casa.

-No te preocupes.

-¿Por qué no?

-Tienes rodeada su casa. Controlas todo. No puede salir, incluso. Si se pone muy pesado, no dejas que le llegue agua, luz ni alimentos.

-¡Entonces por eso te lanza las piedras!

-¿No entiendes? Tú eres el que tienes paciencia con él. No al revés. Además, escucha: no dejas que le llegue todo su dinero, porque lo puede invertir en armas.

-Ahhh… Bueno, bueno, ¿le pagarás por lo menos después los intereses por ese dinero retenido? Pero sigamos con tu caso hipotético, que cada vez está más macabro. Solo quiero informarme bien antes de dar el paso que me pides. ¿No hay otra solución que atacarlo? ¿No sería mejor que me mudara a otro lugar?

-Es tu tierra. Te pertenece históricamente. Tribunales internacionales lo han reconocido. Debes partir de que no te puedes mover por derecho propio.

-¿Todo está de mi parte?

-Bueno, hay una tonta resolución judicial que dice que parte de tu jardín es del vecino, pero se trata de algo que ni siquiera merece tu atención. Un pedacito de tierra.

-¡Tal vez por eso me lanza las piedras!

-¡Todo te pertenece porque así lo dicen las sagradas escrituras, tonto! Además, los límites ya están fijos ahora. Tú te has ocupado de aclarar las cosas, porque esto era un caos. ¡La ley divina está de tu parte!

-Tranquilízate. ¿Y mis vecinos?

-¿Qué pasa con ellos?

-¿Por qué viven a mi lado? ¿No les pertenece la tierra en la que viven?

-También, pero no aceptan que tú tengas la tuya.

-Ajá. Envidiosos, encima, ¿quieres decir?

-Así es. Decídete. Siguen lanzando piedras a tu casa. ¿Qué esperas?

-No sé. ¿Cómo te defenderías tú?

-Le daría su merecido. ¿Qué esperas tú? Dale una buena tunda para que aprenda.

-¿Qué dirían otros vecinos no tan cercanos si se enteran de mi brutalidad, suponiendo que me decido por la matonería?

-No es matonería. Es defensa propia. Además, el mundo entero está a tu favor.

-¿Y sus amigos de los que hablabas?

-No cuentan. Son como él. Y solo son unos cuantos.

-Si fueran muchos y más poderosos les temería, ¿no? Bueno. ¿Y las piedras?

-Se las quitaría todas.

-Piedras hay por todas partes, no lo olvides. Otra pregunta.

-¡Tú y tus preguntas! ¡Hay que actuar! Tienes que darle su merecido. ¿Para qué tienes tus armas?

-Podría herir a alguien de su familia.

-Supón que tendrías que correr ese riesgo.

-¿Solo hipotéticamente, no?

-Bueno. Supón que va a ser inevitable que alguien de su familia salga herido. Tus armas son demasiado poderosas.

-No entiendo. ¿A quién quiero darle su merecido? ¿A él o a su familia?

-Te tengo que decir la verdad. Es conocido por poner a sus niños y mujeres como escudos, el muy cobarde.

-Bueno, bueno, cálmate. Pero de todas maneras quiero saber si le quiero dar su merecido a él o a toda su familia. Me das muy poca información. No entiendo por qué tendría que castigar a toda una familia porque el padre me lanza piedras.

-Toda su familia te ataca.

-Me habías dicho que solo él.

-Es lo que hace creer a todos. Pero todos te atacan.

-Ajá. ¿También los bebés? A tu caso hipotético le sobran varios rabos.

-No te quedan muchas posibilidades, porque él se esconderá entre los demás integrantes de tu familia para que no lo ataques. Es un cobarde.

-¿Quieres decir que, a pesar de saber de mi poderoso arsenal, me sigue lanzando piedras?

-Infinitamente superior. Él solo tiene piedras. Tú tienes pistolas, tanques, aviones, …

-No entiendo. ¿Sabiéndolo, sigue lanzándome piedras? Entonces, tan cobarde no puede ser como dices.

-¿No lo ves? Está loco, entonces.

-Otra vez. Él es el loco.

-Te quiere hacer quedar mal frente a posibles observadores. No seas tonto.

-Ajá. Un loco con recursos. Y hay observadores entonces. ¿Por qué no intervienen? ¿Y yo, qué soy?

-¿Cómo que tú qué eres?

-¿Estoy loco también?

-¡Por supuesto que no!

-¿Quién lo dice?

-¡Tú, por supuesto! ¿Qué tienes? ¿Quieres dudar de tu propio juicio?

-Los locos no saben, no pueden reconocer, su propia locura. Podría ser mi caso y no saberlo.

-Es el caso de tu vecino. No el tuyo.

-Bueno, bueno. Entonces, la solución que se me ha ocurrido es darle su merecido quieres decir. Duro con él para que aprenda, ¿no? Ese es tu caso hipotético.

-La única posible ya. Que le duela tanto que después no le quede otra cosa que respetarte y temerte.

-¿Quiero también que me respete y tema o solo que no lance sus piedras?

-Solo lo último, pero sería una consecuencia de lo primero.

-Ajá, ajá. Suena a revancha, a venganza.

-No, solo te defiendes.

-Está bien, como tú digas. ¿Será mi solución, por lo menos duradera? ¿Fucionará?

-Eso esperas.

-¿Cómo? Ya te puse el caso de que me echo a dormir y vuelve a caer una piedra.

-Lo atacas de tal forma que no se pueda mover más.

-¿Tendría que matarlo entonces? Tú no buscas una solución. Eso se llamaría homicidio.

-No hay policía, no seas tonto. Todo está de tu parte. La historia, las sagradas escrituras. El mundo te apoya. Mira, lo amenazas primero. Si no se rinde después de varios avisos, lo atacas.

-Entonces, ¿sí tengo la oportunidad de hablar con él?

-Esta vez no.

-¿Cómo? Me dices que lo puedo amenazar pero que no es posible la comunicación. Si lo puedo amenazar es que me puede escuchar. Tal vez puedo encontrar otra solución que difiera de la tuya. Es tuya, por si acaso. Tú eres el que se desespera por atacar al vecino. Yo me haría primero una serie de preguntas.

-¡Ya pues! Todo es muy hipotético, le pones un aviso en la puerta, qué sé yo. Eres un blandengue. Se trata de saber tomar una decisión efectiva. Simplemente quieres que tu vecino deje de tirarte piedras que…

-… que podrían matar a alguien de mi familia. Eso ya lo entendí.

-Eso. Ya ha matado a alguno de los tuyos en anteriores oportunidades con sus piedras.

-¿No serás tú el loco?

-Por favor. ¿Tengo aspecto de serlo?

-Vistes bien. Hablas bien. No eres pobre. No te ves como mi vecino…

-¿Ya ves?

-¿Qué?

-No puedo estar loco.

-Ahhh… Era una broma la que te estaba haciendo, oye.

-Vamos, vamos, no hay tiempo para bromas.

-Paciencia, oye, que me estás pidiendo algo que podría cambiar mi vida para siempre.

-¡Ya ha matado a alguno de los tuyos antes!

-¿Y yo qué hice? ¿Por qué no me devuelves la memoria?

-¡Te defendiste, pues!

-¿Cómo?

-Como te quieres defender ahora.

-¡Pero no funcionó!, ¿no dices?

-¡Eres un cobarde! ¡Le tienes miedo a la violencia!

-Ya, ya, tranquilo. Es que en tu caso hipotético, no solo tienes todas las ventajas, también toda la razón y, encima, el otro es un loco. Y todos a tu favor, además. El problema es que creo que a ti te gusta la violencia y no quieres otra solución.

-¡El vecino es el violento! ¡Yo solo me defiendo!

-¿Matándole a su familia?

-¡Son locos todos! ¡Nunca cambiarán!

-¿Genético?

-¡Llámalo como quieras! ¡Ha llegado la hora de la solución final!

-Era una broma, disculpa. Tú lo que quieres es eliminarlos, aprovechando de que no hay policía y que tienes todas las ventajas de tu lado. Ten cuidado, eso se llama asesinato en masa. Una matanza, un holocausto. Genocidio, incluso. Además, la desproporción es asquerosa.

-¿Cómo se te ocurre, cretino? ¡Si actuara proporcionalmente a sus deseos de eliminarme ya tendría que haberlos borrado del planeta!

-Cálmate. Estás hablando otra vez por toda la familia, niños incluidos. Además, una cosa es lo que dice y piensa la gente, otra lo que hace. Y hasta ahora solo son piedras las que te arrojan.

-¡Porque no tienen más! Podría venir un amigo con armas mayores.

-¿No serás paranoico? Me gustaría conocer tu pasado.

-¡Yo solo me defiendo! ¡En el fondo no eres más que un pacifista del carajo!

-Tú empezaste diciendo que buscabas la paz.

-Sí, pero la Verdadera Paz. La definitiva, la duradera.

-Ah, esa. La de Adolfo, quieres decir.

-¡Necio! ¡Querer sobrevivir no es desproporcionado! ¡Esta es la hora de la razón!

-Ya solo falta que te pongas a llorar, ¿sabes?

….

HjorgeV 06-01-2009


Nota: diálogo basado en una conversación con uno de mis vecinos y en las argumentaciones expresadas por Antonio Elorza y André Glucksmann para justificar la matanza por parte del ejército de Israel en Gaza.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/significa/desproporcionada/elpepuopi/20090106elpepiopi_5/Tes

http://www.elpais.com/articulo/internacional/hora/razon/elpepiint/20090106elpepiint_2/Tes

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