ESCRIBIENDO CON LOS PIES

ATRAPADOS POR LA NIEVE

Corro.

Estuve a punto de no salir de casa para no tener que hacerlo debido al frío.

Ha nevado toda la noche y recién al recibir una llamada telefónica muy temprano esta mañana nos hemos enterado de ello.

-Estamos atrapados por la nieve. No podremos llegar hoy –nos dijo alguien a quien esperábamos al teléfono.

¿Atrapados por la nieve?

Entonces, recién entonces, subí las cortinas y lo pude comprobar.

Una capa de diez centímetros de nieve cubría techos, veredas, pistas, árboles, matorrales, campos, automóviles y hasta los manubrios de las bicicletas.

Ahora voy corriendo por los campos aledaños, que hace apenas unos días presentaban un color marrón oscuro y solo mostraban una franja verde a la izquierda, aunque las plantas que le daban ese color ya habían empezado a morir.

Si entonces había tenido la sensación de correr por otra región del mundo por el paisaje inusual, el frío y los dos colores -inusuales- reinantes, ahora corro claramente sobre otro planeta.

19 grados bajo cero ha registrado el termómetro la noche pasada.

La superficie de la Tierra es una capa omnipresente de nieve de hasta medio metro de altura o más, apenas interrumpida por árboles sin hojas y arbustos contumaces.

Es como si corrieras por una gigantesca página en blanco, pienso.

El terror de todo escritor hecho realidad descomunalmente, ahora a por lo menos diez grados bajo cero.

Pero es agradable en cierto sentido.

Sobre todo, porque he cumplido con el dicho alemán que dice: “No hay mal clima, solo vestimenta no adecuada”.

Como la gente no sale de sus casas y muchos no han podido ir al trabajo ni los niños a la escuela, apenas hay huellas por donde me muevo.

Incluso la pequeña urbanización semirrural donde vivimos presenta un nuevo aspecto: las calles y los automóviles están com-ple-ta-men-te cubiertos de nieve.

(Pasé por nuestra camioneta y le hice sobre el parabrisas delantero dos huecos a modo de ojos y una línea curva hacia arriba debajo de ellos, por si acaso.)

Ir dejando mis huellas sobre esta gran página blanca, es como si escribiera sobre ella.

Creo que nunca le he tenido miedo a la página en blanco.

Siempre he sentido el mismo impulso que se apodera de mí cuando veo una pelota, porque soy de los que podrían improvisar un partidito de balompié en el lugar menos pensado y aunque fuera uno contra uno.

En un parque, en una calle, en una sala cualquiera.

Ver una página en blanco, al contrario, no me amilana: me provoca, me atiza.

¡Tantas cosas se puede hacer con ella!

Desde escribir solo unas palabras, hasta una historia completa.

Desde unas simples líneas, hasta un retrato o una caricatura.

Desde hacer un avión de papel, hasta hacer una cadeneta con las tijeras.

Frente a la página en blanco me siento en mi elemento.

(Lo cual no es una garantía de calidad, obviamente, ni una ventaja frente a quienes sienten terror ante ella.)

Corro por los campos nevados y pienso en que en este mismo momento, miles de familias enteras en diversas partes del mundo tratan de escapar de otro terror.

Del terror del mismo hombre y su sed homicida.

(Del terror de nosotros mismos y nuestra propia sed homicida.)

Israel ha convertido en estos días (en estas semanas) al millón y medio de palestinos de Gaza en miembros de Hamás y así se porta con ellos, aplicándoles ilegalmente penas más duras que las que les daría (a los culpables) cualquier código civil y civilizado.

Pero no solo eso: destruye sus casas y centros hospitalarios, escuelas y ministerios, tanto como mezquitas y centros de acogida a refugiados, cometiendo claros crímenes de guerra.

La infraestructura que apenas les quedaba a los palestinos en la Franja.

Queriendo hacer de Gaza una Inmensa Hoja en Blanco.

Empobreciéndolos para acusarlos de pobreza y de subdesarrollados.

Pistoteándolos para acusarlos de no ser capaces de levantarse.

Destruyendo la infraestructura administrativa para acusarlos de no poder administrarse.

¿Quién juzgará estos crímenes –documentados- de guerra israelíes?

¿Europa?

No puede, porque ya se ha hecho cómplice y, además, la mayoría de países europeos tiene negocios armamentistas con Israel.

Pero cuidado, los crímenes de guerra y a la humanidad no prescriben.

Atención.

Hay quienes no aceptan críticas a Israel si estas no van compensadas o contrastadas con la mención del terrorismo de Hamás.

Pero mencionar que van 900 palestinos muertos por los ataques del Ejército de Israel y que el 42% de ellos son niños y mujeres (datos de la ONU) en esta cómoda Guerra Israelí, no es una crítica, ni necesariamente una acusación.

Es una simple constatación.

Lo mismo cuando hoy la ONU denuncia las graves violaciones de los derechos de los niños en esta ofensiva de Israel en Gaza.

Se podrá llamar imparciales e injustos a los que se olvidan de Hamás al acusar los crímenes actuales de Israel.

Pero esos crímenes no desaparecen ni prescriben por ello.

Ni dejan de ser menos graves.

Mientras tanto, permítanme que siga escribiendo con los pies.

….

HjorgeV, martes 13 de enero del 2009

Anuncios

Un comentario sobre “ESCRIBIENDO CON LOS PIES

  1. El frío mas intenso que sentí lo viví durante 4 años en la ciudad de Nueva Haven.
    Aunque nunca pasé aterido de frío a -19°C, si experimente durante esos 12 intercalados meses no solo el terror de la pagina en blanco, suerte que usted no ha pasado esa terrible experiencia, sino la mezcla de furia y satisfaccion de haber conocido muy de cerca la obra de Ernest Hemingway.
    La primera novela que leí de él fue practicamente por accidente. Acaba de hacerle el amor a mi novia de aquellos días, una gringa preciosa de la que hoy solo guardo su nombre, y vi un reportaje sobre “Papa” y su obra Moveable Feast o Paris Era Una Fiesta.
    Me encanto tanto el documental que al día siguiente me fui al primer Barnes & Noble que encontre y busque el libro. Aquella fue una de las pocas veces que entre en una libreria con plena certeza de lo que buscaba. Fiel a mi costumbre no pregunte a nadie por el libro, sino que lo busque por mis propios medios. Salí de aquella libreria a la blancura absoluta del invierno de 2001 llevando bajo el brazo la novela de Papa llamada The Sun Also Rises traducida al castellano simplemente como “Fiesta” pensando en aquel momeno que el libro que había conseguido era mas bien la Fiesta parisina y no la pamplonesa.
    Aquella lectura, no se porqué, y mas que un titulo, un matrimonio a los hijos redefinió mi vida.
    Aunque es una buena novela acepto que hay muchas otras con mayor valor literario, inlcuso dentro de la misma obra de Papa, pero la novela tiene una vitalidad y una existencia asombrosa.
    Leo la novela todos los años en el mes de Julio, el mes en que precisamente se desarrolla gran parte de la novela, y cada vez que pienso en los hechos allí narrados se me hace imposible pensar en que exista alguien que no tenga algo que contar.
    Sin embargo, como alguna vez le dijeron a Gabo, “si usted piensa que le es posible vivir sin escribir, entonces no escriba”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s