MIGUEL PACHAS: REIVINDICANDO A GEORGETTE

Reproduzco a continuación, tal como me ha llegado, un extracto del libro Georgette Vallejo al fin de la batalla del escritor chinchano Miguel Pachas Almeyda.

Pachas no solo ha escrito este homenaje a la esposa francesa -y a la poesía- de Vallejo en el centenario de su nacimiento.

También ha iniciado con el pintor Fernando de Szyszlo una campaña para conseguir que los restos de Georgette Marie Philippart Travers (París, 1908-Lima, 1984) reposen junto a los de su esposo en el cementerio Montparnasse de París.

Como no soy creyente, desde muy temprano aprendí dos cosas.

La primera es que si uno quiere que sean respetadas sus creencias, es menester respetar las de los demás:

Vallejo es mi personal dios harapiento y literario, pero la envergadura de mi secta y su catequismo me tienen sin cuidado.

La segunda tiene que ver con mi -aún vigente- incapacidad temprana (colegial) para recitar a Vallejo, concretamente, Los heraldos negros.

Sentirlo patentemente como un latido o un golpe, pero no poder expresarlo.

Palparlo con el intelecto y la emoción, y no ser capaz de emitirlo en ondas sonoras precisas.

Más o menos como ocurre en el mundo de la Física: la ciencia persigue describir de qué está hecha la materia, es decir, describir algo que está, pero que, a la vez, al tratar de alcanzar precisión en su descripción, es como si no estuviera.

La poesía vallejiana resume así, para mí, uno de los grandes misterios de la poesía: su capacidad para abarcar y hacer vibrar innumerables cuerdas humanas, sin que podamos saber cuáles son ni cómo se consigue hacerlo.

El título de la obra de Pachas Almeyda hace alusión al poema Masa de Vallejo.

Agradezco la gentileza del autor por este envío, respuesta a mi pedido y curiosidad como idólatra vallejiano.

….…»

HjorgeV 26-01-2009

Nota: Ruego disculpas por las deformaciones del texto, producto del traslado a este formato. HjV


GEORGETTE VALLEJO Y LA CRÍTICA I

Vallejo y yo, práctica y sencillamente, formábamos una sola persona”

Georgette Vallejo

Si la vida y la crítica fue implacable con Vallejo, no lo fue menos con Georgette, quien tuvo que salir al frente ante propios y extraños, a defenderse de tantos infundios.

Estas críticas tendenciosas surgen cuando Georgette emprende con resolución y magnanimidad, el compromiso de hacer conocer a todo el mundo las obras póstumas de Vallejo. Entonces se inicia en esta empresa, publicando con el apoyo de Raúl Porras Barrenechea, Poemas humanos. Esta obra publicada en 1939, logra situar a Vallejo en la cúspide de la poética mundial y toma renombre fundamentalmente como el poeta más humano. El mundo descubre en su canto, una voz natural como el líquido elemento, esencialmente cotidiano y su áurea refleja la solidaridad con el hombre y para el hombre.

Sin embargo, esta obra carece de valor para los críticos. Su “objetividad” no va con la grandeza, con lo eternizante, con lo esencial de la obra georgettiana. Y es esta crítica, que nada en su naturaleza, la autora de “n” acusaciones, como las que a continuación detallo:

1. Apropiarse de la obra de Vallejo.

2. Manipulación cronológica de la obra poética vallejiana.

3. Destrucción de algunos manuscritos y libreta de apuntes, para ocultar dichas manipulaciones.

4. Diseminar los originales de las obras de Vallejo.

5. Inventar el Vallejo político.

6. Maltratadora de Vallejo.

7. Negarse a tener descendencia con el poeta, responsable de reiterados malogros.

8. Apropiarse del cadáver del poeta, no permitiendo que sus restos fueran repatriados al Perú.

9. Oponerse a la difusión de las obras de Vallejo.

10. Ignorante en materia literaria e incapaz de administrar la herencia vallejiana.

11. Explotar y parasitar a Vallejo.

12. Neurótica, intratable y vesánica.

13. No ser la esposa de Vallejo.

14. Poseer un doble conflicto por Vallejo: admiración-odio.

Y las acusaciones continúan…

GEORGETTE Y SU CONFLICTO: ADMIRACIÓN-ODIO POR VALLEJO

A continuación Fló, trata de ensayar una inverosímil teoría sobre los motivos que podrían explicar esa “conducta contradictoria de Georgette”, cuando supone: “La única hipótesis que he podido construir que cuadre con estas desconcertantes actitudes de Georgette es la que en Georgette existió siempre un doble conflicto, nunca resuelto: Un conflicto entre su admiración por Vallejo, y, por otra parte, una suerte de odio o resentimiento por él. Y otro conflicto entre la admiración que por la poesía de Vallejo tuvieron sus amigos y luego el mundo entero — admiración que ella se vio obligada a compartir― y una profunda desconfianza acerca de la buena ley de una obra tan ajena a la idea convencional, que Georgette mantuvo siempre, de lo que es la poesía.

Ambos conflictos, de ser cierto lo que digo, seguramente no estuvieron separados y se debe haber realimentado sobre todo en la medida en la que Georgette se erigió en custodio, interprete y médium de la obra y de la personalidad del poeta”. (1)

Fló intenta operar bajo la dualidad admiración-odio ─conflicto según él, nunca resuelto─ y prácticamente nos induce a pensar que la pareja Georgette-Vallejo mantuvo una relación necesariamente tormentosa y que no se extinguió con la muerte del poeta, es más, cree que Georgette realimentaba estos sentimientos con el paso del tiempo, al asumir el control del legado vallejiano. Asumir como verdad este binomio planteado, nos obligaría a admitir aquella relación en la pareja Vallejo.

Sin embargo, lamento confrontar en ideas con el ensayista uruguayo, considerando que entre Georgette y Vallejo existió más que admiración: el amor. Un amor que nos habló de inmensidades y que traspasó la barrera infranqueable de la muerte. Georgette hizo todo lo que conocemos del escritor-revolucionario, a causa de ese gran amor que profesó por siempre a Vallejo. Si habláramos del odio que sustenta Fló, simplemente la grandeza de la obra georgettiana no sería visible. El odio encarnado por Georgette en diversas circunstancias, obedece fundamentalmente, a la conducta inhumana, informal e irrespetuosa de la que fue victima, sobre todo de los autodenominados “vallejistas” que sin escrúpulos se la enfrentaron, no importándole para nada el status de dama y esposa de un genio como Vallejo.

El conflicto nacido entre Georgette y “los amigos y el mundo que admiraba a Vallejo”, no tiene asidero bajo ninguna circunstancia, por cuanto, Georgette hizo todo lo posible para que el mundo se entere de la magistral obra vallejiana y ello incluye a sus verdaderos amigos, dignos de toda su confianza; es falso por tanto, que fue obligada a compartir la grandeza de Vallejo. Y finalmente, aquello que Fló denomina desconfianza, no es nada más y nada menos, que el celo que siempre mantuvo Georgette en su lucha por difundir de la manera más fidedigna la memoria de Vallejo.

Para demostrar sus hipótesis, Fló cita una carta enviado por Georgette a Rama el 29-12-76, donde ella dice: “Cuando algo por fin se hace en ese continente, el tiempo transcurrido por la espera inmóvil, embrutecedora, ha disuelto y hecho tomar en horror su misma realización. Hasta nuestra edición había de ser una nueva tortura. Toda América Latina no es más que una red de argollas y sabemos lo que son las argollas. Han logrado hacerme odiar, execrar a Vallejo y su obra”. (2)

Y agrega Fló: “Esta declaración que tiene el tono tremendista y algo impostada propio de Georgette es, de todos modos, una confesión inquietante. Suena extraño que las dificultades para cumplir su misión ─dificultades que ella cree que le son impuestas por el medio─ terminen por hacerle odiar a Vallejo y su obra. Y es tentador suponer que el odio que tiene al medio se ha fusionado con un odio inconfesable a Vallejo que, al fin de cuentas, se revela en esas palabras terribles”. (3)

A diferencia de Fló, quien equivocadamente considera que esta nota representa en realidad, aquel odio de Georgette por Vallejo; pues contrariamente a ello, concibo en las desgarrantes palabras de Georgette, lo siguiente:

Descubre lamentablemente aquel mundo intelectual, muy sensible a sus fuertes y esclarecedoras apreciaciones a las publicaciones sobre Vallejo; sus exigencias elementales para mostrar al Vallejo prístino, al lado de su fineza selectiva de quienes podrían ser dignos de prologar sus obras, genera una especie de rivalidad o rechazo a su encomiable labor. Esta atmósfera da origen a una actitud cerrada, hasta despreciativa sobre Georgette, la que ella conviene justamente en llamar argolla. Es esta atmósfera irrespirable en la que tiene que sobrevivir Georgette, por y para Vallejo, en el que solo tiene dos opciones: 1) acceder y dejar que se haga de Vallejo todo un escarnio, y que cada quien saque provecho desmesurado, sin importar la integridad del autor, y 2) Continuar en su lucha pro-vallejiana, asumiendo no estar exenta de múltiples injurias.

NOTAS

1. Juan Fló. Hart Stephen. César Vallejo: Autógrafos olvidados, Editorial Rectorado Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 2003, p. xvii.

2. Ibídem., p. xviii

3. Ibídem

Artículo del libro GEORGETTTE VALLEJO AL FIN DE LA BATALLA de Miguel Pachas Almeyda, pp. 250,266.

www.diariolaprimeraperu.com/online/cultura/georgette-al-fin-de-la-batalla_28826.html

http://www.elcomercio.com.pe/Edicionimpresa/Html/2009-01-11/en-nombre-vallejo.

http://www.eluniversal.com.mx/notas/563317.html

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