MARXISMO FETICHISMO EN TRÉVERIS

Trasladémonos mentalmente al 1º de junio de 1848.

Es verano en Colonia y sobre la explanada de lo que hoy es la Plaza o Mercado del Heno (Heumarkt) de esta ciudad, se empieza a vender un periódico sucesor del anteriormente censurado y clausurado Rheinische Zeitung.

Su nombre es casi idéntico, Nuevo Periódico Renano, el Neue Rheinische Zeitung, y su aparición es posible gracias a que se ha levantado la censura, uno de los logros de la recién iniciada Revolución de Marzo alemana que durará hasta el verano del año siguiente.

Colonia pertenece a Prusia y el territorio alemán se ve convulsionado por un claro ambiente revolucionario.

Pensadores y filósofos discuten y piensan en voz alta sobre el destino no solo del país, sino de la humanidad entera.

Del número 17 de la calle Unter Hutmacher (hoy Mercado del Heno) sale un estudioso, nacido en la ciudad de Tréveris en 1818, y quien, después de haber estudiado Derecho en Bonn y Filosofía e Historia en Berlín, llegó a Renania en 1941 a trabajar como redactor del clausurado periódico.

Este filósofo, que recién ha cumplido los treinta, es un barbudo que en Berlín ha conocido las ideas del recién fallecido Hegel (1831) y es testigo de las profundas transformaciones sociales y económicas que está sufriendo su país y Europa entera.

En enero de este mismo año de 1848, revolucionarios italianos se han levantado contra la dinastía de los Habsburgo.

(La misma dinastía de los Habsburgo-Lohtringen, que tras la caída del Sacro Imperio Romano en 1806, gobierna la Toscana, Modena y Parma, y que llegará a gobernar temporalmente México, al negarse a pagar este país su deuda externa al final de una guerra civil entre liberales y conservadores en 1861, propiciando así la invasión por parte de Francia, Gran Bretaña y España.)

Hace pocos meses, en febrero, este mismo personaje acaba de publicar en Londres paralelamente a la Revolución de Febrero francesa, el Manifiesto Comunista, escrito al alimón con el hijo de unos ricos fabricantes textiles de la región, Friedrich Federico Engels.

Sí.

Nos estamos refiriendo a Karl Carlos Marx.

(A Engels lo ha conocido en Colonia en 1842 y a él quedará unido aún después de su muerte, pues su amigo con apellido de ángeles –Engel es ‘ángel’ en alemán- se encargará póstumamente de completar la publicación de su obra capital.)

Ese Manifiesto empezaba así:

“Un fantasma recorre Europa. El fantasma del comunismo.”

Parafraseando esas dos frases y volviendo al presente, podríamos decir hoy:

Un fantasma recorre el mundo. El fantasma de Carlos Marx.

¿Se trata de una exageración?

Veámoslo.

A grandes rasgos, uno de los puntos esenciales de la doctrina marxista coincidía con las ideas de Ferdinand Lasalle, un socialista alemán que conoció durante la revolución de 1848/49.

Lassalle –y no era el único en esos tiempos- estaba convencido de que el rumbo de las sociedades escapaban al poder individual de sus miembros.

Propugnaba, por lo tanto, la intervención del Estado como medio de garantizar el bienestar social a través del control de la producción y de la protección de los más débiles del sistema.

¿No reconocemos, por lo menos parcialmente, las discusiones del momento actual en esto?

Creo que ahora sí podemos apuntar a una de las grandes paradojas de estos días, de nuestra época:

El pensamiento de Karl Heinrich Marx (Tréveris, 1818-Londres, 1883) y sus discípulos, está siendo redescubierto.

Muchos líderes de países considerados tradicionalmente como capitalistas están volviendo -sin saberlo- sobre los pasos de Marx.

Las ayudas financieras que EEUU -y otros países europeos- están prestándoles a sus grandes empresas y a sus bancos y que pronto dejarán de ser solo una intervención para pasar a ser participación estatal en los mismos, están demostrándolo.

Los más rabiosos afirman que Marx no ha regresado de la tumba.

Solo del tacho o cubo de la basura de la historia.

Personalmente, opino que la observación más importante del filósofo alemán fue la de reconocer claramente la característica de fetiche de las mercancías básicas.

Es decir, la transformación (histórica) de simples bienes de consumo en productos que muchas veces poco tienen que ver con el proceso de su creación o con su utilidad.

Algo que explica, cómo, por ejemplo, teniendo la mayoría de habitantes de los países del llamado Primer Mundo la despensa y la refrigeradora o nevera llena; ropa en muy buenas condiciones para todas las estaciones y para muchos años; y muebles y artefactos en más o menos buen estado y funcionamiento, esa misma gente se siga arrojando a los templos del consumo como si mañana se acabara el mundo.

Como si no tuvieran qué comer, qué vestirse, dónde dormir ni sentarse, ni con qué entretenerse cada día.

Otro punto interesante, era el punto cinco del Manifiesto Comunista.

Planteaba la centralización del crédito en manos del Estado, por medio de un banco nacional con capital estatal y monopolio exclusivo.

Algo que, ya vemos en estos días (justamente), se ha empezado a aplicar parcialmente con alto espíritu deportivo en diversos países del mundo.

TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A TRÉVERIS

La resurrección de Marx está significando, por otro lado, un auge comercial de su ciudad renana de nacimiento: Tréveris.

Si en los tiempos del Imperio Romano, se decía que todos los caminos conducían a Roma.

Ahora, todos los caminos parecen conducir a Tréveris, curiosamente, la llamada Segunda Roma del Bajo Imperio romano.

Por otro lado, si los caminos inciertos del comercio y de la idolatría ya se juntaron y entreveraron tan contradictoriamente –hasta desfigurarse- en figuras como la del Che Guevara, no debería llamar la atención que de aquí a la vuelta de un par de años, le pase lo mismo a la figura de Marx.

Pero volvamos por un momento más al pasado.

El filósofo (y profundamente pragmático) Karl Carlos Marx, por su parte, después de pasar por París acompañado de Engels, ha regresado a Colonia y con éste -su amigo angelical- funda el Nuevo Periódico Renano en 1848, tal como señalábamos al principio.

Engels habría dicho respecto a su compañero filosófico:

“La formulación de los textos de la redacción era una completa dictadura por parte de Marx…”

Casi un año después, el 19 de mayo de 1949, tras haber salido a la calle el último número editado completamente en tinta roja, el diario resucitado cerraba definitivamente sus puertas.

Marx partió a su exilio de Londres, donde permanecería hasta terminar El Capital (que llevaba como subtítulo Crítica de la política económica) y su muerte en 1883.

El sueño de Marx y Engels de ver convertida la revolución liberal burguesa alemana de 1848/49 en una de carácter humanista y socialista no se había cumplido.

MARXISMO-FETICHISMO

Hoy, turistas chinos, procedentes de un país gobernado por un Partido Consumista Comunista dispuesto a convertirlo en una potencia económica mundial usando lo mejor y peor del llamado capitalismo sin renunciar a su título, visitan la ciudad que vio nacer a Marx en una actividad que -tal vez- debe tener mucho de búsqueda y comprensión de sus propias raíces.

Hoy, también, (en estos días), EEUU acaba de anunciar fuertes medidas proteccionistas y la intervención estatal en la banca privada, aparte del ya mencionado y conocido apoyo financiero directo a una serie de grandes empresas, hasta no hace mucho, emblemas del capitalismo más agresivo.

Los comerciantes de Tréveris, por su parte, aprenden rudimentos de chino para poder hacer caja con el Carlitos más famoso del lugar y se preparan para acoger cada vez más turistas del país oriental.

Aprenden a no darles la mano al saludarlos y que jamás deben sonarse la nariz en su presencia.

Pronto –es mi pronóstico, si no se ha cumplido ya- venderán tazas, polos, calzoncillos y calzones, prendedores y pulseras con su efigie, como quien vende un tatuaje o un simple símbolo más.

Los turistas chinos se llevarán con gusto un recuerdo marxiano y lo mostrarán a sus compatriotas al regresar a su país, orgullosos de haber comprado una idolatría occidental de sus raíces.

¿Se burlarán los chinos de esos comerciantes y de su trato hacia uno de los más influyentes pensadores del mundo occidental?

¿Sabrán esos comerciantes alemanes quién era y qué pensaba su Carlitos más conocido?

¿Sabrán que se trata del mismo hombre que consideraba al capitalismo como la peor plaga de la humanidad y de la cual quiso advertir en su obra capital?

Si Marx viviera, ¿qué diría de todo esto?

….

HjorgeV 01-02-2009

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Un comentario sobre “MARXISMO FETICHISMO EN TRÉVERIS

  1. Me gusta muchisimo la frase al alimón.
    Es bastante literaria.
    Perdón por no rescatar otra cosa. Creo que la frase la uso por primera vez Neftalí Ricardo Reyes Basoalto en sus memorias “Confieso que he vivido”. Aunque no estoy seguro.
    Jalud.

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