MARIO VARGAS Y EL «CHUPONEO» MUNDIAL

Después de leer un artículo del escritor Mario Vargas sobre el actual escándalo de las interceptaciones telefónicas en nuestro país –Perú-, no pude reprimirme una mueca de verdadero asombro por varias de sus aseveraciones.

Las reproduzco aquí, tal como están en el original, una tras otra:

«La interceptación de las comunicaciones se practica en todas partes, desde luego, pero en las democracias dignas de ese nombre ella se lleva a cabo, en cada caso específico, con autorización judicial, y esto ha permitido, por ejemplo, capturar a traficantes de drogas y grandes criminales. Los servicios de inteligencia se valen de ella, también, para combatir el terrorismo, dentro de limitaciones legales estrictas. Y hemos visto en los últimos años las protestas que han merecido en Estados Unidos y en Europa los casos en que los cuerpos de seguridad se extralimitaron, violentando la ley que garantiza la privacidad de los ciudadanos, en sus labores de espionaje.»

Aunque considero a Vargas un magnífico escritor, no son pocos sus patinazos cuando abandona el terreno de la ficción.

SENCILLO INTERCEPTOR DE CONVERSACIONES TELEFÓNICAS

¿A qué países se refiere?

¿EEUU? ¿Alemania? ¿Otros países europeos?

¿A los que junto a EEUU siguen embarrados hasta el cuello por el asunto de los vuelos ilegales para transportar prisioneros ilegales a una prisión ilegal como Guantánamo?

¿Grandes Criminales decía?

Esas detenciones fueron posibles justamente gracias a un inmenso sistema de espionaje y a la interceptación de todo tipo de comunicaciones que, aunque tenían su correspondiente autorización judicial usamericana, ninguna autorización puede llamarse legal si sirve para violar -a la vez- varios derechos humanos reconocidos internacionalmente.

Y eso, sin pasar por alto el simple principio que dice que toda persona es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad.

EEUU con Bush a la cabeza invirtieron ese principio –que esperemos vuelva a enderezar Obama- y lo convirtió en el siguiente:

“Todos (los árabes) son culpables de terrorismo hasta que no demuestren su inocencia.”

(Peor aún: muchos detenidos no son liberados –a pesar de no existir pruebas contra ellos- porque EEUU se arroga el derecho de seguir deteniéndolos por temor a que puedan convertirse en verdaderos enemigos futuros.)

Por eso, al leer algo como “Los servicios de inteligencia se valen de ella, también, para combatir el terrorismo, dentro de limitaciones legales estrictas, no sabe uno si tomarlo como un gran gesto diplomático mundial o como un caso de alta ingenuidad de Vargas.

Pero ese no es el único craso caso, tal vez no muy bueno como ejemplo.

¿Qué tal si tomamos el caso del Ojo Privado de las Estrellas, Anthony Pellicano, condenado en marzo del 2008 a un par de años de prisión?

Pellicano era un detective de Hollywood que llevaba años sirviendo de ojos y oídos del mejor postor. Entre sus víctimas se cuenta a Sylvester Stallone y Keith Carradine.

¿Cuántos detectives y no tan detectives en EEUU y en otros países se dedican a la fácil labor de escuchar conversaciones telefónicas para sacar de ellas algún provecho?

En el Perú, en este momento una comisión parlamentaria está investigando a 10 empresas legales dedicadas al chuponeo (interceptaciones de todo tipo de comunicaciones).

Pregunta: ¿Cuántas más habrá que son clandestinas?

En una época en la que conseguir todo tipo de artilugios, con los que antes solo podía soñar Sean Connery –el James Bond más famoso-, es simple cuestión de dinero, sería ingenuo creer que solo ciertos peruanos se sirven de esas altas tecnologías para sus barrabasadas.

(Chuponear una línea de comunicación es interceptarla. Debe provenir de ‘chupón’ en doble sentido: por el efecto de chupar información y por la forma de chupón o chupete de ciertos aparatitos para conseguirlo.)

Para mostrar que aún en países como Alemania se practica con afán deportivo la interceptación de la información y la observación, en general, mencionaré dos casos.

“Somos campeones mundiales interceptando llamadas telefónicas” llegó a titularse un artículo periodístico hace algunos años, algo que tiene que haber ‘progresado’ mucho más, puesto que lo hace con el avance de las tecnologías.

Aunque el artículo se refería al chuponeo legal, no es necesario ser un gran cerebro para suponer que lo que unos pueden, también otros lo pueden aprender. Más aún, repito, en una época en la que lo necesario para hacerlo (ya) no cuesta mucho y es cada vez más efectivo y sofisticado.

Que los alemanes se consideren a sí mismos los campeones mundiales del chuponeo, y, en general, de la observación, no significa que lo sean; a lo más, que sean sinceros en ese sentido.

El otro caso, de observación precisamente, es el de la cadena alemana de supermercados Lidl.

Dicha empresa fue condenada hace un año a pagar una multa millonaria por haber espiado durante meses a sus empleados.

Este fue otro caso que se descubrió.

Es decir, solo la punta del témpano de hielo.

¿Y qué decir del escándalo de las escuchas telefónicas en la sede del Consejo de la Unión Europea en el 2003 y que afectó a España, Italia, Alemania, Francia, Reino Unido y Austria?

No olvidar aquí, que, como en el caso del dopaje, el avance tecnológico es siempre en dos sentidos: mayor efectividad y menor tamaño, por una parte; y, por otra, disminución de la posibilidad de detección de la trampa.

EL FISGÓN O LA FISGONA DEL BARRIO

Por otra parte, no sé cómo será en otros lugares y no creo que sea una exclusividad de este país, pero en Alemania no es infrecuente ver la figura de la fisgona o fisgón del barrio, una persona atenta a los más mínimos detalles en el comportamiento y actividades de sus vecinos.

Paradójicamente, el ansia de espiar a los demás o a una persona en especial, pertenece tanto a la categoría de lo comprensiblemente humano como a la de lo más deplorable de nuestras debilidades y patologías.

Me imagino que nadie nunca ha estado a salvo de querer saber en cierto preciso momento qué hacía, qué pensaba o qué decía una determinada persona.

¿Qué estará pensando –o diciendo- la persona amada sobre uno?

¿Qué pensará o dirá tal persona tan querida, odiada o envidiada?

Es decir, se trata del muy humano –e infantil- deseo de poder leer el pensamiento de los demás, de poder saber qué piensan y cómo van a actuar.

Deseo que forma parte, quiero imaginarme, de esa otra quimera humana: la de tener el control sobre todo y, de paso, sobre los demás.

El que lo puede ver todo, también lo sabe todo.

Un ejemplo trivial de control enfermizo, lo viví no hace mucho como experiencia propia.

Cerca de nuestra calle vive una persona muy conocida por ese afán de control total.

No se lo había creído a los otros vecinos cuando me lo advirtieron, porque pensaba que se trataba de otro de esos casos de injusticia vecinal, en los que se suele marcar (muchas veces sin mayor mala intención e, incluso, a veces, como pasatiempo) a determinado vecino con una característica especial.

Ese bebe todos los días, ese otro es un jugador, aquel tiene una amante.

En el caso de la persona que refiero, me advirtieron de que estaba atenta a todos los movimientos (salidas, entradas, horarios, personas de compañía) de los vecinos a su alrededor.

Lo comprobé cuando se estropeó nuestra camioneta y tuve que depender durante un par de días de una familia amiga -que era su vecina directa- para movilizarnos.

Cada vez que me acercaba a tocar la puerta de nuestros amigos, en la casa de la vecina aludida se movía una cortina o se encendía una luz, casi sincrónicamente.

El aviso era claro: Sé que estás tocando una puerta que no es la tuya.

Te estoy observando desde aquí.

Después de un tiempo, me la encontré por los campos vecinos –ambos paseando con nuestros respectivos perros- y me comentó lo pesado que es cuando no se tiene movilidad propia en un pueblucho apartado como el nuestro y que eso de visitar a una mujer sola cuando no está el marido, aunque sea solo para pedirse prestado el automóvil, debe ser algo especialmente fastidioso.

Confieso que me agarró por sorpresa.

Y que mi primera reacción fue de indignación.

Nada sutilmente, en realidad, esa persona estaba insinuando varias cosas.

La más grave era que pronto los vecinos se enterarían de que tal vez yo no había visitado últimamente la casa de nuestros amigos por simple necesidad de movilidad sino por mi interés en la esposa de mi amigo.

(Era cierto, por lo demás, que había visitado un par de veces esa casa cuando se encontraba la esposa sola, pero entonces todo no había pasado de un corto saludo y de la entrega de las llaves de su segundo automóvil.)

-Sí –le empecé a responder, contraatacando-, estoy preocupado porque he escuchado que hay una vecina que afirma haberme visto visitando a F. cuando no estaba su marido.

-Eso no me lo puedo imaginar –dijo ella, atenta a la posibilidad de que me estuviera refiriendo a ella, precisamente.

-Lo indignante del asunto –le comenté, ya empezando a retirarme con nuestro perro Tito en otra dirección-, es que esa vecina afirma que me quedé cuatro horas en la casa de F. y eso es una gran mentira.

Después de observar su gesto de asombro, sus ajos abriéndose desmesuradamente, su boca buscando la forma de una vocal inexistente, agregué:

-Pero solo estuve dos horas a solas con ella en su casa. ¡Me revienta, porque podría demostrarlo con pruebas irrefutables!

(Le acababa de decir a la que se creía la Blockwart –la Guardiana de la Manzana, una figura del nazismo- que existía otra persona que sabía más que ella. Algo que seguramente no podía caber en su mente.)

-¡Qué gente! –le escuché decir con indignación, a lo lejos.

…..

HjorgeV 08-02-2009

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One comment

  1. Jajaj..te superas,Jorge… Espionaje al por mayor y al por menor..La aldea global…ajajajj..
    Por cierto ¿sabías que en la pintura costumbrista holandesa del XVII y XVIII la Fisgona es un personaje que nunca falta? Ahí donde haya acción: el dentista en la plaza, los saltimbanquis, el carruaje del correo, niños haciendo pillerías, lo que sea…no falla, en un momento descubres a la vieja comadre en una ventana y detrás de los visillos..
    Saludos

    Rpta.: Ojo que el chuponeo es un término útil porque alude a todo tipo de interceptaciones de la comunicación, por más que suene a beso demarcador en el cuello. A mí más me suena a beso draculiano para obtener lo más preciado de alguien. Aunque te cause risa, muchas empresas ya no invierten tanto en investigación como en el chuponeo de los competidores. Anda demuéstramelo, me dirás. Recomiendo alimentar a Google con ‘interceptaciones’ o ‘escuchas telefónicas’, por ejemplo. Saludos.

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