EL GUARDIÁN DE LA MANZANA

El deseo de saber qué ocurre en la mente de los demás, de poder saber qué piensan, debe ser tan antiguo como el descubrimiento de nuestra propia conciencia.

Es decir, debe haberse originado al descubrir que somos individuos diferenciados y que, así como existimos nosotros –un yo-, también existe un ella y él, y un ellos.

(Se dice que los animales no tienen conciencia de sí mismos. Aunque hay dudas respecto a la orca, el delfín y ciertos primates; y algunos afirman que los animales en general pueden tener simplemente una conciencia diferente que la nuestra, que no podemos aprehender.)

¿Qué estará pensando en cierto momento una determinada persona?, es una pregunta que se ha hecho todo ser humano alguna vez en su vida.

¿Qué pensará esa persona de mí, concretamente?

MÁQUINA DE LEER EL PENSAMIENTO

El deseo de saberlo tiene que ser tan antiguo como el de la religión, esa solución humana a la imposibilidad de explicar nuestra existencia como seres vivientes, aceptando en cambio, paradójicamente, otra existencia no demostrable y dolorosa: la de un ser superior que lo debe saber todo.

(Doloroso, porque tiene que serlo para ese ser saber todo lo que ocurre a diario en su mundo creado, me digo. Y qué impasible ante el día a día; para decirlo con recato.)

Quiero imaginarme que ese deseo de saber qué piensan los demás tiene que haber sido anterior al deseo de tener el control sobre ellos.

(Sabiendo qué piensan los demás, es más fácil prevenir sus actos. Un control sobre seres imprevisibles, por el contrario, es limitadísimo, sino imposible.)

Si bien el deseo de saberlo todo (con límites y características variables según la época y la sociedad a la que se pertenece) es tan antiguo como la historia de nuestra conciencia y es un rasgo característicamente humano, el deseo enfermizo de querer saberlo todo es algo mucho más reciente y, seguramente, acoplado a la historia del poder.

Obviamente, pocos son o han sido los que dese(ab)an saberlo todo: de lo que se trataba y trata es de saber lo que conviene a nuestras necesidades, deseos o aspiraciones.

J. D. Salinger (Nueva York, 1º de enero de 1919) acababa de cumplir 32 años cuando apareció la novela por la cual se haría famoso y que terminaría decidiendo su vida posterior.

Después de conocer la fama y la gloria tras publicar El guardián entre el centeno en 1951, Salinger empezó a retraerse poco a poco de la vida social hasta terminar viviendo en el retiro de su casa de Cornish, New Hampshire, desde entonces y se dice que ha seguido escribiendo historias que nunca ha publicado.

El por qué de su razón para ocultarse del público y de la vida social, y de vivir como un eremita, es algo que se desconoce, aunque todo parece apuntar a que se trata de un caso patológico, por lo menos extremo.

El título de esta entrada –El guardián de la manzana– no tiene que ver directamente con el de de la novela de Salinger.

Pero alude, por contraposición a la vida de su autor, a esa incontenible y compulsiva necesidad que tienen muchos seres humanos de saber lo más posible de otras personas, hasta el punto de poder terminar teniendo poder y control sobre ellas.

Mencionando ayer la figura del Fisgón o la Fisgona del barrio, mencioné de paso esa otra del Guardián de la Manzana, una de las figuras basales de las que se sirvió el Partido Nazi para mantener el control de toda la población.

Con manzana, me estoy refiriendo aquí a ese espacio urbano que suele medir 100 por 100 metros (10.000 metros cuadrados, una hectárea) y que en alemán recibe el nombre de Häuserblock o, simplemente, Block.

El Blockwart era el guardián de la manzana en la época del nacionalsocialismo.

El último escalón de la cadena jerárquica nazi, estaba encargado de vigilar a unas 40 a 60 viviendas, lo que equivalía a unas 170 personas en promedio.

Notar aquí la similitud de la palabra alemana wart con la inglesa ward, más o menos con el mismo significado.

Curiosamente, el verbo warten tiene varias acepciones interesantes: esperar, aguardar, mantener, cuidar.

Eso era lo que tenía que hacer precisamente el Blockwart: esperar, aguardar que sucediera algo en su manzana para poder denunciarlo y así poder mantener y cuidar del orden fascista.

Debía, además, probar fehaciente y documentadamente que no tenía antecedentes judíos hasta por lo menos el año 1800.

Sin el concurso de casi un cuarto de millón de ellos, miembros del partido y profesionales de su labor, que eran apoyados por más de medio millón de colaboradores voluntarios, no hubiera sido posible la vesania fascista nazi.

El guardián de la manzana vivía en la propia manzana, sabía todo sobre sus vecinos (llevaba cuenta escrita de sus bienes) y estaba obligado a informar al Partido de cualquier actividad sospechosa.

Un guardián de la manzana sabía perfectamente quién vivía en su barrio y cuál era su historia.

Por medio de ellos fue posible el control casi absoluto de la vida pública en Alemania y el aniquilamiento de los judíos alemanes.

Pero el nazismo no es el único que se ha servido del afán enfermizo por parte del poder, por saberlo todo sobre sus ciudadanos.

Un sistema parecido pero mucho más complejo de informantes y denunciantes permitió que la llamada República Democrática Alemana existiera nada menos que 41 años.

Salinger, por otra parte, sigue sin querer -a sus 90 años cumplidos-, que se sepa nada sobre su vida o su persona.

Es su derecho.

Pero, que -más o menos- se cumpla ese deseo de privacidad, es más la excepción que la regla para muchas personas.

En la Era de la Tecnología Digital, que es la nuestra, es casi imposible escapar a todo tipo de control (legal o ilegal) por parte de diferentes personas e instancias.

Actualmente hay cámaras instaladas en los aeropuertos, aviones, supermercados, bancos y muchos lugares públicos.

De hecho, estamos tan acostumbrados a esos artilugios que ya no nos llaman la atención y nos parecen algo natural.

Como mencioné ayer, hace poco se desató un escándalo aquí en Alemania, porque se descubrió que la cadena de supermercados Lidl observaba por medio de cámaras ocultas a sus empleados incluso en las pausas.

El argumento de la empresa, que felizmente no prosperó, fue más o menos el siguiente:

“Tenemos derecho a saber cómo usan las pausas nuestros empleados, puesto que son pagadas.”

Con ese mismo argumento, se me ocurre ahora, un empleador podría exigir poder observar secretamente todos los movimientos de sus empleados durante sus vacaciones, puesto que estas son pagadas.

De allí a tener el control videográfico sobre todos las actividades del empleador (puesto que con su sueldo puede vivir, comer, dormir, divertirse y amar, dado el caso) no hay un gran paso.

Esta semana ha vuelto a estallar otro pequeño escándalo, porque la misma cadena de supermercados ha anunciado una recompensa a sus clientes que hagan de informadores denunciantes.

Aquel que informe regularmente sobre si le llega o no la propaganda que la cadena encarga repartir a unos mensajeros especiales, tendrá una pequeña recompensa pecuniaria.

Me puedo imaginar perfectamente que no serán pocas las personas que se querrán beneficiar con esos 6 ridículos euros por informar 10 veces en el lapso de 14 semanas: es decir, 42 centavos de ‘sueldo’ por semana, 6 centavos por día, pagados por estar controlando durante horas a alguien.

Es más, estoy seguro de que hay muchos que lo harían gratuitamente.

El sueño del control absoluto sobre los demás debe ser relativamente nuevo en la historia de la humanidad y debe haber aparecido paralelamente a la aparición de la agricultura como decía antes: cuando el hombre empezó a hacer acumulación de alimentos y bienes que no necesitaba en el presente y que bien podía acumular para utilizarlos e el futuro.

Es decir, cuando empezaron a proliferar los grupos humanos por consecuencia directa de esos excedentes alimenticios que cambiaron por completo su pasado –hasta ese momento- de simples animales cazadores y recolectores.

Entonces tienen que haber aparecido los primeros sueños de control absoluto: empezando por el deseo de control sobre los alimentos acumulados (inicialmente solo granos conservables), pasando por la necesidad de organizar y evitar el caos en una masa humana que se reproducía mucho más rápidamente que antes; hasta el deseo de saber, por parte de la gente en el poder, si los que gobernados estaban de acuerdo con su gobierno y si les permitirían seguir ejerciéndolo.

Ahora que una gran crisis mundial se cierne sobre nuestras cabezas es importante recordar que el Nazismo encontró su mejor terreno fértil en la gran crisis que sucedió al Jueves Negro de 1929: el día que comenzó la caída de la bolsa de Nueva York y el llamado Crack del 29 y la Gran Depresión.

Es imprescindible recordarlo ahora que jóvenes ciudadanos europeos -de Italia, concretamente-, acaban de quemar vivo a un inmigrante indio para después declarar lo siguiente al ser detenidos:

“Le rociamos con gasolina solo para divertirnos. Queríamos saber cuánto duraba y nos daba igual si era negro o rumano.”

¿Cómo fue posible, entonces, el horror nazi que ocurrió en una época de crisis mundial como la actual y que debió empezar con barbaridades de este tipo pero hechas contra judíos?

¿Cómo fue posible que grandes masas humanas fueran cómplices directos y ejecutores de planes tan macabros como los que se conocen del Nazismo?

Para empezar, justamente, la idea principal de Hitler consistía en hacer de todo el país un ejército.

(Un ejército de denunciantes o denunciadores, también.)

Una vez organizadas las tropas (todas las capas sociales), su control y su mando serían cosa rutinaria.

Los denunciantes, empezando por el Guardián de la Manzana, se encargarían de observar y controlar cualquier paso fuera del rebaño.

Y fue posible.

Hitler fue elegido democráticamente, incluso.

$ …..

HjorgeV 09-02-2009

Anuncios

Un comentario sobre “EL GUARDIÁN DE LA MANZANA

  1. Chivatos, confidentes,
    alcahuetes, correveidiles,
    quintacolumnistas, Judas y
    las treinta monedas, los seis
    euros o una dosis.
    El placer prosaico
    del gusano de
    corromper desde dentro.
    Cuerpos y manzanas,
    historia y poesía.

    Rpta.: Eso suena mucho a lo último. Saludos. HjV

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s