¿ES MARADONA UN (BUEN) ENTRENADOR?

FRANCIA 0:2 ARGENTINA

Interesantísimo partido.

Más por sus implicancias que por el juego mismo.

Se jugaba en Marsella, ciudad en la que Francia no perdía desde 1960.

La mayoría de los jugadores, tanto argentinos como franceses, no tuvo problemas para desplazarse desde sus lugares habituales de residencia para este cotejo amistoso.

Por el lado argentino, solo los jugadores Papa (Vélez Sarsfield), Angeleri (Estudiantes de La Plata), Montenegro (Independiente) y Ledesma (San Lorenzo) tuvieron que cruzar el Atlántico.

Los demás jugaban en casa.

El arquero Carrizo tuvo que trasladarse desde Roma, Samuel y el veterano Zanetti desde Milán; Daniel Díaz, Gabriel Heinze, Gago, Maxi Rodríguez, Agüero (el nuero del entrenador) y la Pulga Messi desde España; Demichelis desde Múnich; y Tévez y Mascherano desde Inglaterra.

Y el encuentro fue un verdadero cotejo, antes que un partido.

Me explico.

Cotejar es ‘confrontar algo con otra u otras cosas; compararlas teniéndolas a la vista’.

Y eso es lo que hicieron argentinos y franceses. Se midieron, además.

Pero sobre todo en el primer tiempo y, especialmente, durante la primera media hora de juego: se esperaba lo máximo de Henry, Anelka y Ribéry.

Pero no llegó.

El caso del apático Anelka es conocido: nadie sabe a qué santo hay que rogarle para que juegue excepcionalmente.

Como nadie parece saberlo, y por lo visto tampoco su entrenador, Domenech, ¿qué sigue haciendo en la selección francesa?

(¿A pesar de, o justamente por el gol hecho que se falló?)

(En el balompié, perdón, no hay goles hechos. Un gol lo es. O no. Punto.)

El caso de Henry es otro: tenía la camiseta equivocada, la que lo habría puesto al lado de Messi, como en el Barcelona.

(Thierry es un tipo muy sensible. Si los muebles de la sala, el comedor, el baño y el jardín no hacen juego, él desaparece de la casa. ¿De qué le pueden servir sus 10,8 en el hectómetro y su fino dominio del balón entonces?)

En contra de lo que muchos podrían haber esperado con Diego Armando como entrenador, el equipo argentino jugó muy bien defensivamente.

Con una buena línea de cuatro tigres atrás, un medio campo poblado de eficaces e implacables guardias de tránsito.

Y dos cogoteros (Messi y Agüero) delante.

(El cogote es la nuca. Los cogoteros son los ladrones o atracadores especializados en caer por detrás a sus víctimas.)

Curioso, porque muchos habían esperado, seguramente, payasadas o excentricidades por parte de Maradona. Es decir, un simple reflejo de su propia vida proyectándose sobre su nueva carrera.

Pero no, pues.

El Pibe está demostrando no solo que sabe jugar al fútbol (todavía la mueve) sino que también lo entiende como juego estratégico.

Algo que, para quien conoce su trayectoria (la ha visto, observado, contemplado, por lo menos en imágenes grabadas), tendría que estar más que claro desde hace mucho tiempo.

Sin embargo, una cosa es dominar el balón. Otra, entender el juego.

Otra, diferente, hacer de entrenador:

Entender, dominar, moldear y dirigir a esa masa de veinte y tantos jugadores y elegir a once que te rindan lo máximo sin que los no elegidos se te rebelen. Motivar a todos. Escoger las palabras para cada uno.

Hacerles hablar (cantar) en coro, tu particular idioma o concepto futbolístico. Jueguen o no.

Opino que el Pelusa lo puede.

Leí por ahí que en los entrenamientos antes del partido hizo colgar un par de grandes carteles con la camiseta de la selección argentina, y que habría repetido una y otra vez a sus jugadores:

“Esa es la única individualidad que vale para mí”.

La idea es genial y le funcionó.

Sus muchachos se tomaron el partido en serio y lucharon como en un partido oficial de campeonato. Corrieron juntos -sin chistar- el campo de arriba abajo, cerraron todas las puertas con candado y la pisaron, tocaron y movieron con esmero.

Aunque Anelka, tras un pase de Yohann Gourcuff (comparado en Francia con el gran Zinedine Zidane), estuvo a punto de marcar el primer gol francés en el minuto 29 y un disparo de Ribéry del Múnich dos minutos después hizo presagiar por un momento lo peor para los argentinos, el gol de Jonás Gutiérrez en el minuto 41 definió el partido.

El resto fue un cursillo de Administración de un resultado.

El gol -hay que decirlo- fue un medio regalo del guardameta francés Steve Mandanda (nacido en Kinshasa, República Democrática del Congo).

Algunos guardavallas parecen olvidar que la función primordial y básica de un portero es impedir que la pelota cruce el plano vertical perpendicular comprendido entre la línea final y sus tres pértigas.

Que en la mayoría de los casos es mejor sujetar el balón, para no entregarlo a los cómodos pies del rival, es claro, pero no lo principal.

Mandanda quiso detener y apoderarse del balón ante el disparo de Gutiérrez y se olvidó del principio de los principios: un arquero tiene que atajar.

Como calculó mal y no se había lanzado como barrera o bloqueador para atajar (sino como flecha al balón), éste rebotó justo antes de sus manos y pasó por encima de ellas.

Gracias.

Y un lazo encima al regalo.

Argentina, emocionada por el detalle, terminó el primer tiempo tocándola como en un entrenamiento y trasladó ese espíritu al segundo.

Porque entonces sí desapareció el equipo francés.

Si no me equivoco, Carrizo, no fue exigido a lo largo de toda la segunda mitad del encuentro.

Y aquí viene otro detalle interesante sobre la figura de Maradona como entrenador: conforme iba desarrollándose el juego, le hacía indicaciones a su asesor y éste corría a avisar a alguno de los suplentes para que empezara a calentar.

Al costado de la cancha estuvieron preparándose para ingresar, entre otros: Ángel Di Maria (del Benfica, el que le dio el oro a su país con un genial gol cuchareado desde fuera del área contra Nigeria en las Olimpiadas de Pekín), el Apache Tévez (sigue sin estar claro su futuro como suplente de Rooney en el Manchester, puntero en Inglaterra) y Angeleri (del Estudiantes de La Plata).

Pero solo entraron los dos últimos.

Angeleri entró para ajustar los cerrojos; Tévez por Agüero para entenderse y trenzar con Messi.

Y funcionó.

En el minuto 83, tras un tiro de esquina francés y despeje de cabeza de Demichelis, el Apache –fuertemente marcado- se lanza verticalmente hacia el campo contrario a recoger el balón, que se lo encuentra Messi.

La Pulga se la pasa en corto de taquito y Tévez se la lleva y cruza la línea central a toda viada, con Diarra a sus espaldas -como un bebé tremendo- y con el balón perfectamente dominado.

(El mismo Diarra que tenía seco a Messi y que no llegó a ser amonestado en todo el partido.)

El Apache, entonces, gira sobre sí mismo hacia la izquierda, se da toda la vuelta y se la devuelve en cortito a Lionel, que venía envalentonado por la zona vertebral del campo.

La Pulga se enfrenta a la carrera a dos defensas (uno y hasta dos más se mantienen a la expectativa por si hay que atacar en grupo al díptero), todos esperan una genialidad messiana y se preparan.

Son profesionales, se las saben casi todas. Casi.

Casi, porque lo único que hace la Pulga es seguir avanzando rodeado de sus rivales, escorar ligeramente el balón hacia la izquierda para pescar al toro con el paso cruzado, adelantarse lo justo para preparar el golpe y disparar con la zurda.

Dos a cero y los Azules no volvieron a aparecer.

Ribéry y su público francés habrán entendido que una cosa es jugar en la insípida Bundesliga y, otra, con jugadores que apenas nacen ya ven hacer fintas y piruetas con la pelota.

El estadio que hubiera querido terminar entonando la Marsellesa, terminó aplaudiendo las jugadas de los argentinos y pidiendo la renuncia de Raymond Domenech, el entrenador de la selección de ascendencia catalana.

(Su padre catalán llegó a Francia huyendo de la dictadura de Franco.)

Personalmente, en las pocas veces que había tenido la oportunidad de observar a Maradona como entrenador, me había quedado intrigado por su tenso gesto al borde del campo de juego.

La tipología del entrenador es variada: hay quienes quisieran dirigir telepáticamente las jugadas de sus pupilos; están los que solo exigen lo máximo de cada uno en cada jugada; los que se la pasan entendiendo cómo podría jugar mejor su equipo en el futuro.

Otros apuntan lo peor y se aferran a ello en el trabajo.

Están los teóricos y los prácticos. Los que han sido grandes jugadores y los que no.

(Todo gran jugador no llega a ser un gran entrenador. Como todo gran entrenador no tiene que haber sido un gran jugador.)

Maradona -lo ha demostrado- tiene su propio estilo como entrenador.

En la entrevista que un canal argentino le hizo justo después del partido, Diego Armando soltó una frase maestra:

“Tardamos en descifrar a Francia, pero lo conseguimos.”

¿Sabe jugar Maradona ajedrez?

Porque de eso se trata justamente -también- en el balompié (Ajedrez Pedestre lo llamo por eso): de leer el juego y descifrar al rival. Sus mañas y sus debilidades. Sus tendencias.

Sus conspiraciones y sus intenciones.

Para, a partir de ello, empezar a golpear.

Si esa lectura exigía retirar a Messi –ya lo había advertido con los carteles en los entrenamientos- o a cualquier otro del campo, Maradona lo habría hecho.

Con ese mensaje, consiguió que todos se esforzaran y jugaran un partido inteligente: Messi, por ejemplo, se las pasó más o menos escondido, casi haciéndose el tonto, pero esperando el momento para golpear.

Más no se espera de un delantero y la Pulga lo entendió.

El fútbol, después de todo, es un deporte básicamente femenino: un juego de paciencia, imaginación, anticipación y previsión.

No se sabe si después del claro abucheo del público, Domenech seguirá en su puesto.

Lo que sí parece seguro es que con Maradona de entrenador, tenemos para rato.

Diego Armando recién está empezando.

Mis más altos respetos.

…..

HjorgeV 12-02-2009

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2 comentarios sobre “¿ES MARADONA UN (BUEN) ENTRENADOR?

  1. Admito, con mucho dolor, que soy uno a los que Maradona les ha callado, como decimos por aqui, “el pico”.

    Rpta.: Hay que reconocer que con la gente que tiene es muy difícil hacer las cosas mal. Saludos. HjV

  2. Pero, es la misma gente que tuvo el Loco Bielsa, la misma de Pekerman. De cualquier forma, esto apenas comienza.

    Rpta.: Me quitas un peso de encima. Saludos. HjV

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