UN ARMA QUE PUEDE SER MORTAL

Leyendo un artículo de El País sobre los índices de mortalidad de la población extranjera en los accidentes de tránsito en España, me llamó la atención la facilidad con la que una simple cifra estadística terminaba siendo usada por los xenófobos para cargar contra los inmigrantes en la sección de comentarios.

El título del artículo era el siguiente:

El 14% de los muertos en carretera son extranjeros.

Ahora, algunos de los comentarios:

“Pues la verdad es que la mayoría de los extranjeros son un peligro al volante.”

“¿Cuántos hemos de morir todavía para que se endurezca la concesión vía convalidación de permisos a extranjeros de países como esos ?”

“Bueno si conducen aquí y provocan accidentes que a todos nos pueden involucrar, deben conducir con las mismas reglas y controles. Pero el problema es complejo sobre todo cuando son conductores de paso como ocurre con algunos conductores marroquís [sic] que van de paso a su país y hacen caso omiso a la mayoría de las normas.”

UN CRUCE ESPECIALMENTE ACTIVO

Según el censo INE 2008, el 11,3% de la población de España es de nacionalidad extranjera.

Obviamente, si el 14% de las víctimas mortales pertenece a ese segmento poblacional, son ellos mismos los especialmente afectados.

Un comentarista especialmente xenófobo, pero despierto, podría haber sacado entonces otra conclusión (macabra, claro):

“Por lo menos estos puestos que nos quitan no nos interesan”.

O algo así.

Mi pregunta:

¿Por qué suponer que la víctima mortal de un accidente tiene por qué haber sido la causante del mismo?

No tiene por qué ser necesariamente cierto.

En los accidentes graves, los ocupantes de automóviles sin escudetes de aire ni frenos de la última generación, serán los más damnificados.

¿Cuáles son los accidentes más graves?

Aquellos en los que hay vehículos con excesiva velocidad involucrados.

Esto no es raro de ver en Alemania: son los coches más veloces y potentes los presentes en los peores accidentes.

Pero, a la vez, son sus ocupantes los que menos sufren las consecuencias gracias a la serie de sistemas de seguridad con que cuentan los vehículos modernos.

Entonces, si partimos de que la población emigrante en España no pertenece a los segmentos de altos ingresos, podemos decir que cierto porcentaje de su mortalidad podría deberse a que usan vehículos en mal estado o deficientes, sin grandes prestaciones de seguridad y mayormente antiguos.

Con lo cual tendríamos que si esa población inmigrante tuviera más recursos, el porcentaje de mortalidad correspondiente podría corresponder más o menos a ese 11,3% que representa su presencia real en la población total española.

Es decir, los xenófobos podrían decir cualquier cosa, en la práctica quedaría demostrado que la población extranjera se comporta como todos los demás también en cuestiones de tráfico en España.

UN ARMA QUE PUEDE SER MORTAL

Algo por lo menos ha quedado claro acá en Alemania: quien conduce un automóvil, está conduciendo un arma que puede ser mortal.

En este asunto de los accidentes de tránsito (y alejándonos del particular uso xenófobo mencionado) hay otros factores que no hay que olvidar.

Mucha gente ve al automóvil como símbolo inmediato de estatus y escalamiento social.

Así como hay mucha gente –especialmente hombres- que lo ven (lo usan) como una prolongación de su ego y su machismo.

De tal manera que mucha gente adquiere un vehículo teniendo en cuenta estos intereses pero sin preocuparse mucho de la seguridad que ofrece, sobre todo cuando se trata de gente con pocos recursos y muchas ganas de realizar sus particulares sueños.

Por otra parte, el automóvil es un producto fetiche, al que es posible ‘agregarle’ características que no posee materialmente y que varían de persona a persona.

Así, se suele mencionar en la publicidad la sensación de ‘poder’ o de ‘libertad’ que puede brindar un automóvil.

A más caballos de fuerza, más despegue, por así decir.

Y a partir de ahora, más que nunca, la industria automovilística buscará -aún más- emplear sutiles manipulaciones psicológicas para poder vender sus productos.

Es decir, cada vez habrá más automóviles especialmente veloces, potentes y seguros (para el conductor) con gente buscando sus personales ‘sensaciones’, pero que, paralelamente, harán más inseguras las pistas y autopistas de cualquier país.

¿Por qué las leyes no amparan la salud pública e impiden que la publicidad de ese sector comercial no recurra a ese tipo de manipulación?

¿Por qué no se limita la potencia de los automóviles, así como no se permite que perros peligrosos vayan por la calle y solo a la policía portar armas?

Ya lo dijo alguien.

Si de verdad nos interesara proteger la vida en los accidentes de tránsito, tendríamos que llevar todos los conductores la punta de una lanza sobre el volante apuntando hacia nuestro pecho.

Entonces sí manejaríamos con extremo cuidado.

Bastaría un frenazo inesperado para eliminar a un conductor imprudente.

$ …..

HjorgeV 20-02-2009

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