SE DERRUMBA LA MEMORIA HISTÓRICA DE COLONIA


Por lo menos cuatro personas desaparecidas y documentos de hasta más de 1.000 años de antigüedad sepultados es el saldo trágico de un derrumbe ocurrido ayer en esta ciudad.

Se trata de la memoria histórica de Colonia, el Archivo de la Ciudad, uno de los mayores centros de documentación de Alemania.

Libros, cartas, manuscritos, mapas, planos, carteles y fotografías que ocuparían un estante de 18 kilómetros de largo.

El documento más antiguo data(ba?) del año 922.

¿Cómo se puede derrumbar por sí solo un edificio de cuatro pisos en una ciudad europea como Colonia, en la que todo tipo de construcción –antigua o reciente- debe respetar y cumplir estrictas medidas de seguridad?

El inmueble derruido era de la década de los setenta, es decir, relativamente moderno.

La respuesta es relativamente sencilla.

Desde el 2004 la construcción de un túnel de 3 metros de diámetro recorre subterráneamente esa zona histórica de la ciudad.

Se trata de una ampliación del metro de 4 kilómetros de longitud, pensada para aliviar el recargado tráfico del casco viejo colonés y que se ha convertido en una verdadera migraña para los vecinos y comerciantes del lugar, así como para las a autoridades competentes y responsables, y para la firma constructora.

(Esta última es la KVB, una empresa municipal. Lo que complicará el deslinde de responsabilidades.)

La mayor dificultad habitual no es de carácter arquitectónico o ingenieril.

Cada vez que los trabajadores se encuentran con algún resto histórico (por lo general, de la época de los romanos por la profundidad de las excavaciones), la empresa está obligada a detener la obra.

De tal manera que el presupuesto final (el actual ya sobrepasó de lejos el planificado) y la fecha de conclusión son dos cifras que están escritas en el cielo, como se acostumbra decir en alemán.

O sea, en algún lugar del cielo que nadie conoce.

Según he podido entender, en este lugar de la Tierra todavía se busca a cuatro desaparecidos.

Dos de ellos serían los ocupantes de un automóvil sepultado.

LA TORRE INCLINADA DE COLONIA

La tragedia se veía venir desde el año pasado por lo menos, cuando se denunciaron rajaduras en las paredes del sótano del Archivo de la Ciudad.

Hoy, las autoridades colonesas han empezado a ser confrontadas con graves cargos de irresponsabilidad en sus funciones.

¿Se confiaron?, me pregunto.

Lo digo, porque hubo un caso precedente relacionado a esta misma ampliación del metro.

El 29 de septiembre del 2004 la torre de la vecina iglesia San Juan Bautista se hizo famosa de la noche a la mañana.


Colonia amaneció con su propia Torre Inclinada.

No es un chiste.

Los coloneses rieron (sin alcohol) con su Pisa de Colonia, la policía evacuó a varias decenas de vecinos como medida de precaución, ordenó la detención transitoria de dos líneas del metro vecinas, los ingenieros hicieron su trabajo y todo quedó más o menos en una histórica anécdota.

¿Podía haberse derrumbado verdaderamente la torre en cuestión?, fue la pregunta que empezó a circular con preocupación, temiéndose posibles casos futuros.

Expertos en estática concluyeron que no podía haber sucedido.

Esto, sospecho, es lo que debe haber contribuido a no tomarse en serio las claras advertencias y los obvios signos de que algo se estaba -literalmente- moviendo en el subsuelo del Archivo de la Ciudad en este caso.

¿Y los expertos esta vez?

Los expertos, en general, basan sus conclusiones en diversos análisis.

Analizan el suelo y su constitución, la construcción misma y los materiales empleados en ella (su resistencia). Revisan los planos y realizan cálculos de estática en casos de duda.

Después de haberse puesto en el peor de los casos y de haber estudiado a fondo el problema entregan, finalmente, sus conclusiones.

Lo que esos expertos no pueden ver, es qué sucede en las profundidades.

Sus informaciones sobre lo que hay en el subsuelo proviene de los planos existentes y de lo que está expuesto a la vista.

Pero qué sucede realmente en el subsuelo, eso no lo pueden saber o solo muy limitadamente.

Una simple y lenta fuga subterránea de agua, por ejemplo, puede ser el inicio de una catástrofe.

Por otro lado, los expertos no pueden saber ni ser responsables de posibles negligencias de parte de la empresa constructora, adredes o no.

SE BUSCA RESPONSABLES

En el derrumbe ocurrido ayer, el caso es más grave aún (para las autoridades sobre todo, que son las que reglamentan, aprueban y deben controlar cualquier obra), porque en las fotografías aéreas es relativamente fácil ver que el edificio de cuatro pisos se ha desplomado hacia un espacio subterráneo en construcción inmediatamente vecino.

Ahora se sabe que los empleados del Archivo de la Ciudad se habían quejado continuamente por los llamados Wasserschaden, los típicos daños en las paredes y suelos que se producen cuando se rompen cañerías en algún lugar.

Recién ahora son tomadas en serio las quejas de otros vecinos por rajaduras y brechas aparecidas en sus inmuebles a partir del inicio de la ampliación del metro.

En este caso concreto, ¿quién dio la orden de continuar los trabajos a pesar de las advertencias de los empleados del Archivo de la Ciudad?

Porque, si bien en la zona afectada los trabajos subterráneos se habían suspendido meses atrás, sin embargo, habían quedado las excavaciones y perforaciones realizadas en el lugar, además de los espacios subterráneos necesarios para dar paso a los obreros y máquinas.

Todas, obras bajo responsabilidad de las mismas autoridades por más que se encuentren detenidas.

En y sobre un tramo de ellas yacen ahora los cadáveres de por lo menos cuatro personas.

Además de más de 65.000 documentos, 104.000 mapas, medio millón de fotografías de la ciudad y el legado de un colonés ilustre: Heinrich Böll.

Los posibles responsables -muy al estilo colonés- ya empezaron a lavarse las manos.

El alcalde, por su parte, acaba de torpedear el proyecto indirectamente. “Sería irresponsable continuar”, ha dicho.

¿Y ahora?

¿Quién asume las consecuencias?

¿La empresa constructora? ¿Las autoridades municipales?

Por otro lado, de aumentarse las medidas de seguridad el costo de la ampliación podría irse a nubes aún más lejanas.

¿Quién correría con los costos de lo construido en estos últimos cinco años?

¿Quién indemnizaría a la empresa por la suspensión del proyecto?

¿Quién indemnizaría a los comerciantes por sus enormes pérdidas debidas a las obras que al final no se concluirían?

¿No habría que sellar todos los espacios subterráneos para evitar ominosas sorpresas futuras?

¿Ha pensado ya en todo esto el alcalde de esta ciudad que fue destruida en un 80% por los bombardeos de los aliados en la Segunda Guerra Mundial?

COLOFÓN

Como las vidas y los destinos humanos tienen sus particularidades, mi esposa acaba de hablar por teléfono con la esposa (alemana) de un amigo de Colombia y esta le ha contado su increíble caso.

Su esposo colombiano se hallaba a solo dos casas de donde ocurrió el derrumbe aquí referido.

(El edificio arrastró otras dos casas vecinas en su caída. Dos de los desaparecidos eran inquilinos de una de ellas.)

En una oportunidad, años atrás, el mismo hombre abandonó un lugar diez minutos antes de que explotara una bomba en Medellín.

En otra, no fue convocado al viaje de una comitiva de su país a Brasil, a la que tendría que haber pertenecido por méritos propios.

Molesto por la exclusión, hizo de ella una cuestión de principios y se negó a viajar después de que los responsables corrigieran su error y le presentaran sus disculpas.

Hizo bien.

El avión se estrelló poco después de partir.

$ …..

HjorgeV 04-03-2009

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