¿QUIÉN ES ZÉ DO ROCK? (I)

UN BRASILEÑO PROPONE REFORMAR EL IDIOMA ALEMÁN

A finales del siglo pasado (qué lejos suena) tuve la rara oportunidad de contribuir a presentar el primer libro de un interesantísimo escritor brasileño afincado en Múnich.

En ese entonces yo tenía un negocio en el barrio universitario de Colonia, y un compatriota -médico y escritor cajamarquino: Walter Lingán- me propuso hacer la presentación de la obra.

¿Por qué no?, fue mi respuesta.

Había sido publicada en 1995 y era una verdadera rareza.

Para empezar, tenía un título en un idioma que yo desconocía, Fom winde ferfeelt.

ZÉ DO ROCK: FOM WINDE FERFEELT (EN ‘JAPONÉS’)

Y en ese mismo idioma estaba escrito el libro.

El autor proponía en él una simplificación de la escritura del alemán, además de otras propuestas divertidísimas, y llamaba al resultado Ultradeutsch.

Como prueba de su factibilidad, el libro relataba -en ese alemán reformado- sus aventuras por 104 países a lo largo de 13 años viajando a dedo antes de asentarse en la capital de Bavaria.

De todo esto tendría que haberme enterado aquella vez.

Sin embargo, distraído como andaba (algún amigo me dice que es mi estado natural, otro me ha preguntado si no seré autista, le he dicho que no siento especial atracción por los autos, salvo por los Mustang antiguos) y ocupado como estaba en dirigir mi negocio y en que la actividad suplementaria de este se cumpliera, apenas recuerdo que al final de la velada conversé con el autor y compré (o tal vez me regaló) su libro.

Su nombre de guerra era Zé do Rock, hablaba una multitud de idiomas y no tenía el aspecto típico de un brasileño.

Fom winde ferfeelt era su versión de Von Winde verweht, título que es un juego de palabras con la traducción al alemán de la novela de la useña Margaret Mitchell, Gone with the wind.

Algo así como Lo que el viento se olvidó (de llevarse).

Confieso ahora que empecé a leer el libro del brasileño y me rendí a las primeras páginas.

No lo podía leer.

Me enfrentaba a un alemán de ortografía simplificada y otras nuevas reglas más, y mi cabeza no lo podía soportar.

Hasta que dejé el libro.

¿Una pena?

No lo podía saber porque no lo había leído.

Desde entonces ha corrido mucha agua debajo de los puentes y ahora, una década después, un emilio del mismo médico y escritor cajamarquino me ha llevado a ocuparme en estos días de este autor brasileño prácticamente desconocido en nuestra lengua, pero que en Alemania ya es todo un fenómeno, por más que su difusión siga siendo –todavía- bastante restringida.

En este lapso, Zé do Rock ha escrito dos libros más, ha hecho más propuestas lingüísticas, ha rodado dos películas y algo mucho más valioso, más difícil y raro.

Ha hecho reír a los alemanes.

De sí mismos, de su idioma y de las cosas de la vida.

Antes de hablar del presente, anoto un dato importantísimo más de esa época.

La obra, como ya indiqué, apareció en el año 1995.

Solo uno después, en 1996, los países germanohablantes –Alemania, Austria, Lichtenstein y Suiza- firmaron un acuerdo para reformar la ortografía de su lengua.

Se trataba de simplificar la ortografía del alemán para facilitar su aprendizaje sin alterar sus reglas básicas.

Vale decir:

¡Zé do Rock se había adelantado en un año a las autoridades lingüísticas de varios países europeos germanoparlantes!

Nadie menos que un inmigrante, un brasileño de Porto Alegre, lo había hecho.

Lo que pocos alemanes sabían y siguen sin saber, es que ya en 1980 se había creado un grupo internacional de trabajo que tenía como tarea estudiar la problemática de la ortografía alemana. A ese grupo pertenecían lingüistas de Austria, Suiza y de las dos Alemanias.

Quiero decir que Zé do Rock le estaba haciendo, entonces, un favor adelantado a este país.

El tiempo pasó, la reforma se aceptó oficialmente y luego se tuvo que re-reformar dos veces más.

Mientras tanto, 27 reportajes televisivos se ocupaban del brasileño Rock y su Ultradeutsch, además de 32 reportajes radiales y 96 artículos periodísticos.

¿Quién más apto para poner orden en un asunto que se ha vuelto un completo caos en Alemania -como veremos después- que alguien del país cuya bandera tiene como lema Orden y Progreso?

Sin embargo, «el libro más chistoso desde Muerte en Venecia de Thomas Mann» (propia confesión) no ha sido tomado lo suficientemente en serio en Alemania, tal vez porque muchos piensan que el autor se burla de este país, su idioma y sus costumbres. Y es verdad.

O tal vez sea porque se dice que los alemanes no saben mezclar seriedad y humor.

Me explico.

Se suele decir que los alemanes son personas demasiado pegadas al etiquetaje.

Esto quiere decir que para poder desenvolverse, la gente de este país está etiquetando (clasificando) constantemente todo.

(Casi como alguien que ha perdido la memoria y tiene que ponerle etiquetas a las cosas para poder recordarlas, se me ocurre decir.)

Una vez que esta sociedad te ha puesto una etiqueta, es muy difícil desprenderse de ella.

(Los alemanes usan la expresión meter en un cajón.)

Eso es lo que se dice.

Continúa…

HjorgeV 05-03-2009

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