POSTALES DE ALEMANIA: MALAS PALABRAS

Como había dejado la ventana de esta habitación abierta, sin reparar en que las temperaturas habían descendido de 18 a 6 ºC, bajé a prepararme un té bien caliente antes de seguir escribiendo esta entrada.

De paso encendí la calefacción y me traje una botella de agua caliente (vicios de un limeño en suelo alemán: triple calentamiento).

Mientras esperaba que hirviera el agua, escuché una canción conocida en la televisión y me acerqué a ver de qué programa se trataba.

-Es el concurso DSDS –me informaron mis hijos-. Alemania busca su superestrella.

La canción era I will survive.

GLORIA GAYNOR: I WILL SURVIVE (1978)

La muchacha que la había cantado lo había hecho bastante bien. Con la taza de té en la mano, esperé a escuchar la opinión del jurado.

-Una bomba –dijo el primero-. Solo puedo agregar: Leck mich am Arsch!

Al decir esto último, todos los espectadores empezaron a reír, como si se tratara de la broma o gracia de un niño de 2 años.

(Qué curioso, me dije, justo el tema que estaba abordando en mi bitácora.)

Es más, estoy seguro de que nadie en Alemania se incomodó por la expresión. Mucho más aún: estoy seguro de que el par de millones de televidentes rió como el público presente en el estudio televisivo.

-¡Qué atrevido! –han debido pensar.

La frase significa literalmente:

¡Lámeme el culo!

APOGEO Y DECADENCIA DE CIERTOS TABÚES

Cada país tiene sus propias palabrotas.

(Malas palabras las llamamos en el Perú. ¿Hay palabras malas o solo mal usadas?, podría ser una pregunta pertinente.)

“Vete a la eme” era una de las expresiones más ofensivas de mi niñez: vete a lo peor.

Del mismo tipo:

Eres una eme. Estás hablando eme. ¿Qué eme haces?

No conozco cuáles son las expresiones insultantes ni palabrotas que se usan en otros países, pero me puedo imaginar perfectamente que la palabra con eme se usa en todas las culturas del mundo.

Simplemente porque se refiere a lo más desagradable y repugnante de una persona: independientemente de lo bien que nos pueda caer.

El alemán (y si no me equivoco el inglés también) ha tomado por extensión como palabrota la parte anatómica más vinculada a los excrementos: el trasero humano.

Y las expresiones derivadas: cara de lo mismo, pasarse algo por allí, estar en el trasero.

En nuestra lengua –y hasta donde yo sé- hay expresiones muy parecidas y hasta equivalentes, como: pasarse algo por allí, estar algo en el trasero del mundo y estar para el trasero.

Curiosamente los dos insultos más frecuentes en alemán, no tienen correspondencia en nuestra lengua:

Arschloch y Leck mich am Arsch.

¿O existe algún país de habla castellana donde se pueda insultar a alguien llamándolo ano o pidiéndole que nos lama el trasero?

(Un amigo nicaragüense solía hacer enrojecer a nuestras compañeras universitarias que soltaban la frase televisiva mencionada, preguntándoles: “¿Te has dado un buen baño?”)

Como una característica intrínseca de los tabúes parece ser que están hechos para ser trasgredidos, ahora en Alemania hasta en la televisión (estatal, por si acaso) se llega a pedir públicamente cierto tratamiento lingual a ciertas partes pudendas.

Más curioso es aún el primer insulto: Arschloch. Que significa literalmente ‘ano’.

¿Qué insulto es ese?, recuerdo que era una pregunta frecuente en mis primeros tiempos en este país.

Eres un ano.

Sigo sin encontrarle mucho sentido como insulto, a pesar de que entiendo el sentido ofensivo del mismo.

ESCATOLOGÍA ALEMANA

Ya que mencioné la palabra tabú, tabú fue durante mucho tiempo la bendita palabra con eme aquí en Yérmani.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte (qué expresioncita) se ha popularizado tremendamente.

No parece haber conversación entre niños, adolescentes, adultos, ancianos, analfabetos (también los hay en Alemania: más que en Cuba), académicos, universitarios, albañiles o amas de casa en la que no se use la desagradable palabra con eme.

Como todo es una cuestión de costumbre, los alemanes le han dado tan duro a este ejercicio escatológico, que son incapaces de darse cuenta que la usan hasta cuando están comiendo.

-¿Qué ya llegamos a los postres? –le pregunté una vez a una amiga de mis hijas que se había quedado en casa y había soltado con la mayor naturalidad, es decir, como todo el mundo, varias veces seguidas la palabrita excrementicia en pleno almuerzo.

Es tan común, que hasta un futbolista peruano que juega por estos lares la usó hace unos días para referirse a (algunos de) sus compatriotas en una entrevista para un diario especializado en las cloacas teutonas.

Estoy seguro de que el ingenuo deportista simplemente quiso expresarse usando una forma muy coloquial y absolutamente común de este país.

La escuché ayer, por ejemplo.

Mi hijo de ocho años se encontraba en su entrenamiento de baloncesto y la entrenadora había hecho sentar a los niños en un semicírculo frente a ella.

-A partir de la próxima temporada usaremos tales balones –o algo parecido dijo.

A lo que uno de los niños comentó, con absoluta naturalidad:

-Son una mierda, entrenadora.

Yo me di cuenta porque acababa de comentar el día anterior la pizarrada con eme de mi compatriota goleador, pero al resto de los presentes -padres y madres presentes incluidos- le pareció de lo más natural.

Como dato interesante, debo hacer notar que, a pesar de que los sustantivos se escriben en alemán con mayúscula inicial, el comentario que hizo el jugado peruano a la prensa apareció con la palabra con eme escrita con minúscula.

Como para rebajar la ofensa, me imagino. (En todo caso, se trata de un uso que no conocía y que dudo que esté normado por las autoridades lingüísticas germanas.)

¿Tendremos que empezar a escribir el apellido de este excrementicio futbolista con minúscula?

Esta entrada la quería empezar con un chiste alemán. A ver cómo me sale (mi madre era famosa porque contaba los chistes al revés, como quien dice: primero se reía, luego trataba de acordarse del argumento mientras seguía riendo sin conseguir recordar el final):

El tren se ha detenido en una estación y un hombre pasa gritando por el andén:

-¡Pizarro! ¡Pizarro!

Uno de los pasajeros no puede soportar la curiosidad, se levanta, abre la ventana y saca la cabeza para ver de qué se trata.

El hombre del andén le da una bofetada y todos empiezan a reírse a carcajadas del curioso, incluso él mismo.

-Oiga –le inquiere otro pasajero-, todos nos reímos de usted. Pero usted, ¿de qué se ríe?

-Si supieran… -le responde el hombre, tratando de contener la risa para poder hablar:- ¡Es que yo no soy Pizarro!

$ …..

HjorgeV 21-03-2009

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