SÜSSKIND Y LAS 60 CHIMENEAS

Mayor oferta de información y entretenimiento no significa automáticamente mayor información y entretenimiento para el cibernauta.

Creo que todos somos como cazadores de palabras (otros, más de imágenes): siempre a la búsqueda de cosas y textos interesantes, historias, acaso poesía.

Personalmente, me gusta la palabra bien usada y mejor si enriquece –pero no necesariamente- mi bagaje cultural y me entretengo con la lectura.

Si esta me hace vibrar, agradezco como un creyente al cielo.

A cambio, no alimento ópticamente la caja boba salvo para un poco de mi deporte favorito, el balompié.

PATRICK SÜSSKIND: EL CONTRABAJO (Monólogo)

Pero la Red y sus millones de enlaces posibles no son una garantía directa de nada.

Se dice que las nuevas tecnologías han potenciado la escritura y cada día hay más gente que escribe. Es sencillo: basta tener una computadora u ordenador para tener un teclado delante.

Pero hoy no he tenido mucha suerte, y como no he encontrado nada interesante en la Red, dejo la computadora.

Tomo el único diario español que se vende en esta región de Alemania y me topo en sus primeras páginas con un anuncio que ocupa la mitad de una de ellas. Se trata de publicidad para uno de los filones comerciales de moda: las grandes novelas.

Que con la literatura también se puede hacer grandes negocios, no es nada nuevo.

Pero, ¿y la calidad, cómo anda en esta era de escritores que aparecen por generación espontánea en la Red?

Me animo a echar un vistazo al anuncio y veo que el título de la novela publicitada es La casa de los siete pecados.

Leo: novela histórica.

¿Una novela histórica con un título así?

Más me suena a leyenda, a mito, a cuento de las mil y una noches.

Continúo leyendo: “Un rey atrapado entre el amor y la locura”.

Detesto las monarquías y todo lo que ellas significan e implican. Me asombro de que sigan existiendo y hasta de que haya mentes preclaras que las apoyen e impulsen. (Que las masas encuentren en sus reyes, princesas y sapos algo con qué dar cierto sentido a sus vidas, o sazonarlas, es algo que ya no me llama la atención.)

La sola mención del tema de este libro me indispone y pienso en dejar la página del diario que estoy leyendo. Pero continúo. Hay que saber luchar contra los prejuicios, me digo. ¿O es la fuerza incontenible de la curiosidad la que no puedo contener?

Leo:

“Una misteriosa casa de siete chimeneas habitada por el fantasma de una mujer…”

Aquí sí me detengo.

(Los puntos suspensivos son como la halitosis en la literatura para mi estúpida opinión. Los únicos que puedo soportar son los de Vallejo.)

De reojo, como las grandes damas que ante algo obsceno se tapan los ojos y la cara con las dos manos, pero tienen perfecto cuidado en dejar alguna rendija o hendija entre sus dedos para no perderse los detalles principales de lo que no quieren ver a manos quitadas, leo algo que me sorprende aún más.

José Saramago garantiza la lectura del libro con un comentario: “Una excelente novela”.

¿Cómo lo hacen?

No estoy preguntando cuánto han pagado al Nobel portugués por su aseveración ni si esta es realmente sincera.

Mi pregunta es otra: ¿cómo venden?

¿Existe verdaderamente tanta gente que con una presentación así (una casa de siete chimeneas con su fantasma incluido), sienta deseos irreprimibles de comprar el libro?

No espero que los demás tengan mis gustos.

Creo que nadie espera que los demás compartan sus gustos.

Es más: sería terrible que todos tuviéramos los mismos gustos, aparte de aburridísimo.

Y peligroso.

¿Se imaginan a una horda de personas disputándose la misma persona (como amiga, amante o guía) o cosa (un alimento, un libro, un lugar) y terminando en una guerra furibunda?

¿O es por la frase de Saramago que la gente termina comprando el libro de la escritora que responde al nombre de Mari Pau Domínguez?

(No tengo nada contra ella. Le deseo éxito y dinero y todo lo que desee. ¡Hasta un fantasma de verdad en su casa que le permita escribir más novelas!)

ESCRITORES QUE REHUYEN EL ÉXITO

Dejo el diario y vuelvo a la Red.

Así, me entero por la Revista Ñ de Argentina de que no todo es negocio en el mundo de la literatura.

Que hay escritores que rehuyen la fiesta comercial.

Hace dos días cumplió 60 años un escritor alemán al que le importan varios pepinos los movimientos del mercado.

Patrick Süsskind (Bavaria, 26 de marzo de 1949) ya había escrito su novela El contrabajo en 1981 cuando le llegó el éxito comercial por El perfume (1985).

Antes, había estudiado Historia en Múnich (vive entre Francia y esta ciudad) y pasado dos semestres en Aix-en-Provence con el fin de mejorar sus conocimientos de francés.

A diferencia de Salinger, quien después del éxito de El guardián en el centeno no quiso volver al mundo que había dejado y vive como un eremita desde entonces (aunque se dice que sigue escribiendo cosas que no publica), Süsskind ha seguido escribiendo y publicando.

Lo que parece detestar el bávaro es toda la parafernalia mediática y propagandística que hay detrás de los éxitos de ventas.

Apenas existen fotografías suyas. (La última es de 1986, leo en el sitio de la misma revista argentina.)

Tampoco concede entrevistas.

Entre otras perlas, se ha negado a recibir varios premios literarios.

Y solo después de más de un cuarto de siglo dio el visto bueno a la versión cinematográfica de El perfume.

La película se estrenó finalmente en el 2006.

Sin su presencia, se entiende.

Un fantasma de verdad, por así decirlo.

…..

HjorgeV 28-03-2009

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