EL «FENÓMENO SOCIOCULTURAL» CORÍN TELLADO

UNA NOVELA CADA SEIS DÍAS DESDE 1946

Debo confesar que admiraba en secreto a esta mujer.

La escritora más leída después de Cervantes y la Biblia en nuestra lengua. Acaso la más prolífica de toda la historia.

En vida, a la pregunta sobre cuántas novelas había escrito, respondía -casi con rubor- que habían sido miles.

Más de 4.000 para ser exactos, de las cuales llegó a vender más de 400 millones de ejemplares, nada menos.

Sí, admiraba en silencio a esta escritora por su capacidad de trabajo: una verdadera escribidora de historias.

Se trataba de novelas rosas (historias de amor con final feliz garantizado) y cortas en su absoluta mayoría, es cierto, de menos de cien páginas, pero aún dividiendo por cuatro la cifra sigue dando la increíble suma de 1.000 novelas largas escritas en 63 años de oficio.

Curiosamente, 63 es casi la raíz cuadrada de 4.000, de tal manera que dividiendo el número de novelas por los años de escritura, da casi exactamente el mismo guarismo, un promedio de 63 novelas por año.

Más o menos una cada seis días desde 1946, cuando le publicaron la primera sin haber cumplido los veinte años.

Si tomamos 75 páginas como promedio por novela, obtendremos un total de 300.000 páginas escritas en 63 años, es decir: 13 páginas por día contando sábados y domingos. (18 páginas por día sin contarlos.)

¿Cuándo respiraba doña María del Socorro, Socorrín, Corín?

Si ya el mismo hecho de escribir ese número de páginas por día es una labor titánica: ¿Cuándo las concebía?

¿Cuándo las corregía?

Otros ejemplos de escritores prolíficos:

Agatha Christie (Inglaterra, 1890-1976) escribió más de 100 novelas y obras de teatro, y se dice que ha vendido más de 2.000 millones de ejemplares de las primeras.

Isaac Asimov (Bielorrusia, 1920-Nueva York, 1992) llegó a escribir 500 libros y más de 1.600 ensayos. Además de más de 9.000 cartas y postales.

Georges Simenon (Bélgica, 1903-Suiza, 1989) escribió unas 400 novelas de las que vendió 500 millones de ejemplares y fueron traducidas a 60 idiomas.

Barbara Cartland (Inglaterra, 1901-2000) vivió hasta los 98 años, llegó a tener un ritmo de 23 libros por año y publicó 723 novelas de amor (casto), de las cuales vendió más de 1.000 millones de ejemplares en todo el mundo.

A Lope de Vega (Madrid, 1562-1635) se le atribuyen 3.000 sonetos, varias novelas y unas 2.000 obras de teatro.

El brasileño Ryoki Inoue (São Paulo, 1946) publica 6 trabajos al mes y ya lleva escritas más de 1.072 novelas.

MAÑANA, TARDE Y NOCHE

Acababa de leer hacía un par de días dos frases de Philip Roth que ahora se me han venido a la memoria a propósito de la partida de Socorrín Tellado.

La primera es su respuesta a la pregunta indagando por su horario de trabajo. El autor de La mancha humana dijo lo siguiente:

«Ya sea en la ciudad o en el campo, me apego al horario de trabajo que siempre he observado, mañana, tarde y noche, 365 días al año.»

¿Trabajaría así la asturiana?

La segunda frase de Roth se refería al incremento de cierta frecuencia perfectamente humana:

«Tengo 75 años, un número extraño. Es un extraño descubrimiento, para mí, al menos. Cuando uno es joven no va a un entierro cada seis meses.»

La menciono porque no acababámos de tragar la noticia de la muerte de Mari Trini y nos llega ahora -hoy, 11 de abril- esta de otra María, también pasada por un colegio de monjas.

(No hay que ser Roth ni tener tantos años para sufrir ese descubrimiento, ya vemos.)

MENTIR PARA INVENTAR, INVENTAR PARA VIVIR

María del Socorro Tellado López (El Franco, Asturias, 1927-Gijón, 2009) había empezado a escribir a los 16 años.

Como muchos novelistas, adquirió la práctica mintiendo (o inventando, que no es lo mismo pero da igual).

Por detestar sentarse en la mezzanine del cine, cuando volvía a casa se quedaba con las cinco pesetas que le había dado su madre y le inventaba el argumento de la película que no había visto. (El dinero no alcanzaba para la platea.)

Su primera novela la escribió a la edad mencionada mientras cuidaba a su padre enfermo, un maquinista de la marina mercante.

Cuando este murió combinó su facilidad para inventarse historias con la capacidad de escribirlas (hasta el final) y convirtió la escritura en el soporte económico de la familia.

Hay que leer esto último teniendo en cuenta que era la única mujer de una familia de cinco hermanos.

La editorial Bruguera publicó su primera novela, en 1946, y después le hizo firmar un contrato que bien podía haber sido reemplazado por una pistola: recién en 1986, cuando Bruguera quiebra y desaparece, la Tellado pudo liberarse del secuestro editorial que había sufrido contractualmente.

En 1981, cuando ya vendía más que la Biblia, Mario Vargas la llamó «fenómeno sociocultural». Su frase completa:

“La vasta producción de Corín Tellado quedará como muestra de un fenómeno sociocultural”.

(Vargas ha publicado hoy un pequeño artículo sobre Corín que se puede leer aquí.)

Cabrera Infante se atrevió a más.

INOCENTE PORNÓGRAFA

En 1951, cuando Socorrín firma un contrato con la revista Vanidades para publicar una novela corta e inédita quincenalmente y se traslada a vivir a Gijón (ciudad que no abandonó hasta su muerte), Guillermo Cabrera Infante era el corrector de la revista.

El cubano la llamó ‘inocente pornógrafa’ y llegó a afirmar que la lectura de sus novelas fue determinante para su futuro de escritor.

1962 fue un año importante para su vida en tres sentidos.

1. Se separa de su esposo -Domingo Egusquizaga, con el que tuvo dos hijos- después de apenas tres años de matrimonio.

2. La Unesco la declara la autora más leída en castellano después de Cervantes y la Biblia. Y:

3. Firma un contrato en exclusiva con Bruguera por 150.000 pesetillas de la época.

Es decir, sale de una reclusión (¿su matrimonio?), la coronan y entra en una cárcel (Bruguera).

En 1964 decide apartarse de la editorial carcelera y dos años más tarde empieza a publicar sus fotonovelas en Corín Ilustrada.

Nada menos que 750.000 ejemplares de la primera –Eres una aventurera– se vendieron en apenas una semana.

(Los títulos de sus obras eran un desastre: un compendio de lugares comunes y trillado. Lo cual tiene que llevar a pensar en la calidad de sus relatos: seguían vendiéndose sin ningún problema.)

La televisión en esos años aún no era la caja omnipotente que en poco tiempo llegaría a ser: estaba en pañales. La anestesia cardíaca y los leones (el circo) los ponían la radio, los diarios y Corín Tellado.

En 1973 Bruguera gana un juicio contencioso y la obliga a pagarle 365 millones de pesetas además de trabajar en exclusiva para la editorial hasta 1990.

Cuatro novelas por mes, 52 por año.

Pero Corín no se amilana y continúa. Lo suyo era escribir. Con y sin grilletes.

La quiebra de la empresa en 1986 la libra del contrato que había firmado 24 años atrás en 1962.

El siguiente es el comienzo de Milagro en el camino, una novela que transcurre en Kosovo y la primera obra que publicó en la Red en el 2000 (se habría adelantado a Stephan King en esta modalidad, quien además solo publicó un relato corto):

El cielo sin estrellas parecía romperse en mil pedazos. El ruido era tan ensordecedor, que las cuatro personas que caminaban agazapadas en la noche arrastrándose por los matorrales, se obligaban a taparse los oídos con las manos. Entre tanto, Curry, la mascota, un perro-lobo negro con una pinta blanca en el lomo, aullaba como si presagiara la muerte, la muerte que para aquellas cuatro personas era tan obvia, tan real y auténtica como su vida misma por la cual nadie daría dos centavos.

Siempre me fascinó su capacidad de trabajo, por más que la asturiana haya hecho seguramente tanto por la lectura en general como por la vanidad y la frivolidad humanas.

(¿Vanidad exclusivamente femenina? ¿Cuántos hombres no habrán leído sus historias a escondidas o no? De niño, lector voraz infantil como muchos, tengo que haberme soplado sin embargo en varios veranos en la playa, algunas de sus novelas entre el cúmulo de material rosa que solían mantener mis tías en la casa de mis abuelos.)

No vivió para acumular riquezas.

Vivió para acumular trabajo.

Hasta su deceso, Socorrín vivió en un departamento con parte de su familia y trabajando hasta sus últimos días.

Al escritor venezolano Boris Izaguirre, quien exige la palabra respeto para la escritora, le dijo una vez:

“No es que lo cursi sea malo, es que la gente le tiene miedo”.

En una de las últimas entrevistas que dio antes de morir (para la revista peruana Etiqueta Negra), le advirtió dos días antes a la periodista, Gabriela Wiener, que tenía cinco de presión y que con seis la gente solía morirse.

Pero escribió hasta sus últimos días.

Desde 1995 tenía que someterse a sesiones de diálisis peritoneal tres veces por semana y últimamente ya solo escribía a mano lo que ella denominaba sus esquemas y luego le dictaba a su nuera María José la trama completa mientras iba dibujando florcitas sobre las hojas que había pergeñado.

Las historias rosa de La Gran Dama de la Novela Sentimental –la denominación que sus editores escogieron para las contratapas de sus libros- tenían casi por definición un final feliz.

¿Sentiría Socorrín alguna vez la tentación de escribirse una para sí misma?

¿O toda su obra no fue sino un incansable revoloteo alrededor del tema del amor eterno -ergo imposible-, algo que a ella también le había sido negado y conocía por tanto por propia experiencia?

….

HjorgeV 11-04-2009

http://www.corintellado.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Cor%C3%ADn_Tellado

http://www.elcomercio.com.pe/noticia/271827/murio-corin-tellado-escritora-novelas-rosa

http://etiquetanegra.com.pe/?p=333

http://www.elpais.com/articulo/cultura/fenomeno/elpepucul/20090411elpepucul_6/Tes

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Palabras/despedida/Corin/Tellado/elpepucul/20090411elpepucul_5/Tes

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