«EXTERMINAD A TODAS LAS BESTIAS»

EN “HONOR” A LA VERDAD

Los que conocen esta bitácora inútil e inservible saben que me esfuerzo por fundamentar lo que digo y mostrar la fuente de la cual he obtenido la información.

Recorriendo la prensa diaria (de varios países), no es muy difícil llegar a la conclusión de que muchas veces se olvida el código deontológico del periodismo.

De lo poco que he podido observar sobre la insondable conducta humana creo distinguir tres puntos claros.

  1. Nuestro incansable empeño por acomodar y maquillar la historia (el pasado mediato e inmediato), y lo que nos va sucediendo, a nuestra forma actual de ver las cosas;
  2. nuestra tendencia permanente a apoyar por otros medios (que no son los de la razón) nuestros puntos de vista: desacreditando al oponente o burlándonos de él y aplaudiendo al que piensa como nosotros o atribuyéndole más cualidades de las que tiene; y
  3. nuestra irrefrenable tendencia humana a tomar partido por algo y actuar en concordancia.

IMÁGENES DEL BOICOT A LA CONFERENCIA DE LA ONU

A lo primero, de paso, habría que añadirle nuestra manía por justificar nuestra conducta y nuestros hechos de tal manera que aparezcan como parte de un sistema coherente.

Así, el que atropella a alguien suele convencerse (y tratar de convencer a los demás) de que ha sido toda la culpa del atropellado.

El maestro o la profesora parte de que la culpa de no haber entendido la lección es de los discípulos.

El infiel llega a la conclusión de que lo ha sido porque no le quedaba otro camino o se vio obligado a ello.

¿Estoy afirmando, en otras palabras, que el ser humano muestra a todas luces una fuerte tendencia a la mentira?

Sí, es mi opinión.

Ojo, hablo de una tendencia.

Y eso independientemente de su nacionalidad (origen geográfico), raza y entorno familiar.

(La familia en la que nacemos decide así al azar –por lo menos hasta la primera juventud- nuestro estrato social y nuestras posibilidades económicas, de manera prácticamente irreversible e independiente del nivel de desarrollo del país al que pertenecemos.)

A maquillar y acomodar el relato de los hechos de acuerdo a nuestra conveniencia o a nuestra forma (actual) de ver las cosas.

Creo que a esta manía y tendencia conductual escapan muy pocos.

¿Somos todos unos mentirosos?

Afirmo que sí.

Y que la medida en la que lo somos, y su relativa elegancia, dependen de ciertos aspectos culturales y educativos, y de la existencia o no de principios.

No quiero decir que reconozco la relación directa entre estos elementos. Y me imagino que la veracidad es tanto una actitud como una costumbre.

Por otra parte, explayarse sobre la relación que existe entre el grado de cultura y la existencia de principios conductuales sería un tema interesantísimo de tratar y en el que alguna vez me gustaría incurrir.

(¿Ser pobre, es decir tener por lo general menos acceso a la cultura, implica irreversiblemente tener menos principios?, podría ser una pregunta interesante en una discusión así. Una para la que se me ocurre inmediatamente un par de nombres: Madoff, el mayor estafador de la historia; Fujimori, el recientemente condenado ex presidente de mi país. Etcétera.)

Bien.

Digo todo esto a propósito de varios temas que han atraído mi atención en estos días, dos de ellos de absoluta actualidad.

ANTIDOPAJE: EN HONOR A LA VERDAD

Creo que no hay tema en el que más se mienta, se tergiverse y se engañe en todas las direcciones cardinales que en el asunto del dopaje en el deporte.

Todos saben que existe.

Que se practica, incluso, con ayuda y sostenimiento estatal.

Entre otras razones -aparte de los continuos destapes y las imposibles marcas- porque no habría otra forma de explicar el negocio multimillonario de ciertas drogas que permiten incrementar el rendimiento físico.

Sin embargo, muy pocos de los involucrados quieren reconocer que el rey está desnudo.

Dice un artículo de El País de hoy:

España zanja así un debate envenenado, en el que algunos países, algunos deportes al completo, como el fútbol, y algunos deportistas, como los tenistas Rafa Nadal y Andy Murray, criticaron el excesivo rigor del organismo mundial antidopaje.

Como soy un apasionado del balompié (la versión original y no comercial del fútbol: es decir, no me interesa quién gane, sino la calidad del juego como arte, deporte y ajedrez pedestre), también sigo las incidencias de su hermano pecuniario en los medios.

Y hasta ahora no he leído ninguna queja de ningún futbolista sobre el supuesto excesivo rigor de las nuevas reglas antidopaje.

Sé que se han quejado algunos tenistas de la élite. Y algunos ciclistas. Muy discretamente, se entiende.

Y que otros, como Roger Federer, apoyan las nuevas reglas.

Pero, ¿afirmar “deportes al completo” como hace El País?

Salvo, claro, en el caso del fútbol, que la opinión de Blatter pueda considerarse como un deporte al completo.

¿Se ha quejado el emperador de la asociación de estructura mafiosa y aparentemente no delictiva llamada FIFA?

(¿Qué harán los directivos con los cientos de millones que recauda esa entidad cada año? ¿Negocios?)

Lo curioso es el argumento más común para quejarse contra el control antidopaje.

La intimidad.

Las mismas estrellas que viajan por todo el mundo, dan entrevistas, son fotografiados y filmados, hacen publicidad comercial y se presentan en la televisión, exigen ahora intimidad.

Bueno, alguien podría decir: “Justamente por eso”.

Y otro ha dicho intentando argumentar: “En el tenis no sabes dónde vas a estar mañana.”

¿Quién sabe con toda certeza dónde estará mañana o en una hora?

¿Tiene alguien un pañuelo para secar mis lágrimas de compasión?

MOZART Y SALIERI

Y ya que estamos en el tema de la mentira, y antes de pasar a otros de más enjundia, debo decir que me he quedado muy impresionado con las largas líneas que me ha escrito un lector de esta bitácora refiriéndose a las imprecisiones de la película Amadeus de Milos Forman.

“Muy interesantes tus apreciaciones”, le había escrito, respondiéndole. “Ahora tendrías que demostrarlo fehacientemente”.

Y el lector -Alexander- lo ha hecho.

De forma fascinante.

Lo pueden apreciar aquí, de paso que se lo agradezco.

EDUARDO GALEANO, CHÁVEZ, OBAMA

Nuestra tendencia a tomar partido (lo cual no significa necesariamente que nuestra conducta sea consecuente y coherente al hacerlo) nos lleva irremisiblemente a una misma trampa.

A la de no querer ver o reconocer -o negarnos a hacerlo tan fácilmente- las virtudes del oponente.

Cuando el antipático Chávez hace algo bueno (y parece que ha hecho y hace muchas cosas buenas por su país, como otras malas también) no puede ser verdad.

Personalmente, desconozco o solo conozco superficialmente el caso venezolano (no he estado nunca en Venezuela y he leído muy poco sobre ese país).

Como sí leo los diarios más importantes de España, Alemania y de mi país –el Perú-, suelo ser testigo de la constante campaña de desprestigio de la que es víctima (y azuzador él mismo) el que suele ser llamado ‘dictador’.

Sin saber u olvidando que se mantiene en el cargo de presidente tras ganar más de media docena de elecciones que ningún organismo internacional ha descalificado hasta ahora. Es decir, no es un dictador.

O lo es tanto como lo fueron Bush o Putin.

Hay quien ha llegado a atacar a Obama por haber aceptado públicamente un regalo del impresentable Chávez.

¡Qué error! ¡Qué vergüenza!, habrán exclamado otros.

Si creo haber aprendido algo de la historia mundial, es lo siguiente.

La simpatía o antipatía de los dirigentes sociales de este planeta tiene poca o nula relación con sus logros y metas propuestas.

Hitler era considerado un tipo simpático y tranquilo por sus vecinos.

Y me imagino que lo mismo se puede decir de más o menos la gran mayoría de los dirigentes de masas de todas las épocas y latitudes.

Personalmente, con Chávez me voy con cuidado, pero no porque sea antipático, impresentable y provocador, sino porque he notado que gran parte de los grandes medios de comunicación muestran un gran interés en presentarlo así.

Lo cual significa que hay intereses muy fuertes que desean desprestigiarlo.

¿Por qué?, sería la primera pregunta.

ALEMANIA BICOTEA CONFERENCIA ANTIRACISMO DE LA ONU

Mientras un ex director de la CIA defiende las torturas (su aplicación, obviamente, y no su recibo), Alemania anunció ayer y luego cumplió su anuncio de boicoteo a la Conferencia Antirracismo de la ONU.

Sí, nada menos que de las Naciones Unidas.

¿A realizarse en dónde?

¿En Irak, Egipto, Libia o Turquía?

No, en Suiza.

En el corazón de Europa, por así decirlo. En el país que tiene las manos bastante sucias de (contar, por lo menos) billetes del narcotráfico, de la evasión de impuestos, la prostitución y el tráfico de personas, así como de las ganancias por criminales especulaciones financieras por todo el mundo. (Las que ya saben.)

Es decir, el planeta al revés.

El temor era que algunos países islámicos usaran la conferencia para atacar (verbalmente, se entiende, no al estilo Gaza) a Israel.

En el 2001 en Durban, Israel y EEUU abandonaron la conferencia por el mismo motivo.

Esta vez se les ha unido -profilácticamente además- Alemania, Holanda, Canadá e Italia.

LA COARTADA TIENE UN NOMBRE: AHMADINEYAD

Una conferencia sirve para exponer los propios puntos de vista.

Es decir, se trata de una herramienta democrática, donde no existe el derecho a veto de las opiniones.

Cuando leí ayer que Alemania estaba a punto de boicotear con su ausencia la Conferencia Contra el Racismo de las Naciones Unidas me asombré sobremanera.

¿Alemania, este país de los individuos que asesinaron a unos 6 millones de judíos entre otras razones por simple racismo, negándose a acudir a un foro internacional contra el racismo?

Pero sí. Era cierto.

Luego salió el presidente de Irán a la palestra y su discurso –se dice- le dio la razón a la actitud de los boicoteadores.

¿Bien o mal?

No lo sé.

Lo que sí creo poder afirmar es que si ese mismo espíritu boicoteador lo hubieran mostrado Alemania y los demás países nombrados en más de un momento de nuestra historia mundial reciente, ahora no tendríamos dos países desvastados y a punto de caer en la anarquía o bajo el control de traficantes de drogas (Irak y Afganistán).

Aparte de que tampoco tendríamos la Vergüenza de Gaza, por ejemplo.

La matanza de más de 1.315 palestinos, entre ellos 410 niños, 108 mujeres y 118 ancianos en un asedio criminal de varias semanas a un millón y medio de personas.

(Por el lado israelí murieron 13 personas, tampoco hay que olvidarlo a pesar de la abismal desproporción numérica.)

¿Cómo justificarían (maquillarían) los alemanes su flagrante y nueva metida de pata?, fue lo primero que me pregunté.

(De allí el inicio de esta entrada.)

Pero entonces, vino Ahmadineyad y les salvó el pastel.

Sí, esta es la explicación que dan los medios de comunicación aquí en Alemania.

Como si la palabra de una sola persona en un foro no se pudiera rebatir y demostrar que para eso sirven ese tipo de reuniones internacionales: para discutir y avanzar, refutar y argumentar.

Pero, no.

Alemania –sus dirigentes políticos actuales- ha tomado partido por Israel y entonces, ya lo decía al comienzo, más o menos todo vale.

(Ahora leo que más países se han sumado al boicot y que el vicepresidente de Israel ha comparado a Irán con la Alemania de Adolfo Hitler, armándose un bolondrón tremendo.)

Para terminar, me permito incluir un extracto del artículo que el filósofo, lingüista y analista político Noam Chomsky (de origen judío) escribió sobre la invasión de Gaza:

Un año antes, el ex rabino jefe sefardí escribió al primer ministro Olmert, informando que todos los civiles en Gaza son culpables colectivamente por los ataques con cohetes, de modo que “no existe absolutamente ninguna prohibición moral contra la matanza indiscriminada de civiles durante una masiva ofensiva militar potencial contra Gaza orientada a detener los lanzamientos de cohetes,” según la información del Jerusalem Post sobre su veredicto. Su hijo, rabino jefe de Safed, entró en más detalle: “Si no se detienen después que matemos a 100, tenemos que matar mil, y si no se detienen después de 1.000, debemos matar a 10.000. Y si no se detienen debemos matar a 100.000, incluso a un millón. Todo lo que sea necesario para hacer que se detengan.”

Esto último es como piensan muchos israelíes, pero también más o menos lo mismo de lo que se le acusa de pensar y decir al presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad respecto de Israel.

El título del artículo era “Exterminate all the Brutes”.

La traducción –“Exterminad a todas las bestias”– de Germán Leyens léyensela aquí.

Perdón por la errata, pero es que, o sea, al momento de escribir, no, no, sí, sí, yo lo sé, pero es que, quiero decir que justo al momento, o sea, vamos, ¿no?

…..

HjorgeV 21-04-2009

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