LA PATITA SUSAN BOYLE

Y EL CISNE SHAHEEN JAFARGHOLI

Para caer en el sueño coma (llamo así a ese saludable estado en el que se abandona de manera profunda y casi total el presente, el escenario circundante, la máscara y la actuación diarias, las coordenadas usuales del tiempo y la larga lista de responsabilidades personales) me agrada hacerlo leyendo.

Pocos momentos del día para mí como aquel en el que, con un libro todavía en mis manos, los diversos planos de la realidad convergen casi psicodélicamente en uno solo (el de la ficción de la lectura) y se dejan inundar por el torrente silencioso y apacible de la modorra y el cansancio dando paso a la realidad virtual de nuestra otra vida terrenal, la onírica, la de los sueños sueños son.

O cuando una idea acosa incesantemente nuestra mente, obsesionándola, y el cansancio del día se mezcla con el embotamiento y el tráfago mental, y nos dejamos deslizar suavemente al otro lado de nuestro particular espejo.

Ah, pero despertar es otro ejercicio.

Que también tiene sus particulares crueldades.

ENTREVISTA A SHAHEEN JAFARGHOLI

Menciono esto -de sueños y despertares- a propósito de un caso musical.

El de la escocesa Susan Boyle y su participación en el certamen canoro Britain’s got talent.

El mundo debe estar lleno –es una obvia exageración- de seres talentosos como ella.

Personas con talento comprobable en diversas artes, oficios y profesiones y que, sin embargo, muchas veces no consiguen abandonar la incubadora para conseguir desarrollarse como las excepcionalidades que son.

Y no me estoy refiriendo solo al ámbito del arte, en este mundo en el que la alta especialización académica se disocia cada vez más de las posibilidades del mercado del trabajo y de las necesidades reales de la población.

¿Qué siente un talento escondido y desconocido?

(¿Qué sentía Potts? ¿Qué siente ahora cuando piensa en esos días?)

¿Amargura, resignación?

Indiferencia seguramente no.

Aunque tampoco deben faltar aquellos con la suficiente madurez como para aceptar que lo que divide el éxito (se suele considerar el comercial como el único válido con una naturalidad que no tiene nada de natural) de su ausencia, no es nada que se pueda definir con clara nitidez.

Ni siquiera con aproximación, muchas veces.

Ejemplos hay a montones en este mundo.

¿Cuántos magníficos pintores, bailarines, dibujantes, cantantes y otros maestros en su propio arte viven el día a día viendo cómo otros sí se llevan los laureles de la popularidad y, a veces, del éxito comercial sin que se lo merezcan realmente?

El caso de Susan Boyle es también un producto de los medios de comunicación, un producto comercial más.

De unos medios en los que cada vez más prima el sensacionalismo y la persecución del dios Dinero a más o menos cualquier precio.

Para que nos entendamos mejor: la señorita Boyl no canta nada mal.

Al contrario: canta divinamente.

Pero el suyo –arguyo- es el típico y trillado caso del Patito Feo.

(Después de las vacas locas, la fiebre del pollo y esta influenza o gripe porcina, se me ocurre un chiste negro, o sea, perverso: deberíamos alegrarnos porque muchos animales más no faltan en la lista de aquellos que llegan a parar al circuito de nuestra digestión.

Sin contar al caballo, ni al perro ni al gato, se entiende; puesto que no estamos en China.

Oh, error: no he contado a los peces ni a los moluscos.)

El 11 de noviembre de 1843, el escritor danés Hans Christian Andersen publicó uno de sus más famosos cuentos. Una metáfora de varias características de nuestro limitado ser.

Este es el inicio de El patito feo:

¡Qué lindos eran los días de verano! ¡Qué agradable resultaba pasear y ver el trigo amarillo, la verde avena y las parvas de heno apilado en las llanuras!

Es el eterno relato del perdedor que termina triunfando cuando nadie (ya) lo espera.

Es una de las historias preferidas de la especie humana.

(¿No es acaso la resurrección de Jesucristo, según el relato del cristianismo, un ejemplo extremo de la misma estructura narrativa?

Ejemplo absolutamente extremo, digo, porque el Nazareno se convierte en cisne recién después de la muerte. Algo obviamente vetado a los humanos que tenemos que contentarnos con el buen puñado de décadas que nos regala la vida para tratar de conseguirlo.)

Por otro lado, llegar a la fama mundial en menos de una semana es algo que sucede rara vez.

Le puede suceder a una película impactante, a un deportista especialmente exitoso o a un político por alguna razón especial.

Ni siquiera en el mundo de la música y a pesar de la densa urdimbre social intercomunicada que ha creado la Red (perdonen la redundancia), abundan los casos en los que un grupo o un artista en solitario alcanza la fama de la noche a la mañana.

Vamos, en una semana, como Susan Boyle.

(Tal vez los Beatles lograron hazaña parecida en una época en la que la Red todavía era ciencia ficción real, la televisión solo existía en blanco y negro, y sus mejores medios de difusión lo constituían la radio y esas piezas redondas y planas de vinilo que muy pocos de los jóvenes de hoy han tomado entre sus manos.)

¿Quién es Susan Boyle?, tal vez se esté preguntando alguno.

Una cantante aficionada que ha conseguido que la grabación de su actuación en el concurso arriba mencionado haya sido visitada más de 100 millones de veces en el portal YouTube.

100 millones, linda cifra.

Para los que no hayan oído hablar de ella (y también para los que ya lo hayan hecho, pues puede darles una mejor idea de la continua trampa que nos suelen tender nuestros propios sentidos) propongo un experimento.

Es sencillo, pero se necesita la ayuda de otra persona.

Se trata de escuchar con atención y con los ojos cerrados la siguiente canción.

(La ayuda es para evitar ver el rostro de Susan Boyle al momento de activar la canción. El oyente debe cerrar los ojos y la persona que ayuda debe hacerlo por ella.)

http://www.dailyrecord.co.uk/news/scottish-news/2009/04/16/exclusive-susan-boyle-s-first-ever-song-release-revealed-listen-to-it-here-86908-21283564/

El tema lleva el jugoso título de Cry me a river y fue incluido en 1999 en un disco con fines benéficos del cual solo se imprimieron 1.000 copias.

¡Hace diez años nada menos!

Mientras alguno de los lectores se apresta a hacer el experimento (la pregunta es: ¿qué rostro o tipo de mujer se imaginan cuando escuchan la canción?), termino este intermedio musical haciendo una salvedad.

En el mismo concurso británico ha surgido un serio rival de Susan Boyle.

Se trata de Shaheen Jafargholi.

No es feo, pero sí un patito de apenas 12 años.

Mi abuela que era creyente y que ahora allá arriba lo debe saber mejor, lo habría dicho con una sencilla expresión:

Canta como los ángeles.

Pueden quedarse con la boca abierta aquí.

A Susan Boyle, por otra parte, le auguran ya cierto gran futuro comercial:

Se presentaría en el programa de (una tal) Oprah Winfrey y esta le daría la oportunidad de grabar un álbum con el cual llegaría muy fácilmente a los primeros lugares de las listas de EEUU y Gran Bretaña. Por lo menos.

Ignoro si en el fragor de la fama y el ajetreo de las monedas a cambio de su voz, Boyle recuerde sus años de ayudante de cocina, desempleada y sin haber sido nunca besada.

No sé si alguien -alguna vez- la besará de forma sincera y honesta.

Y desinteresada.

Pero no puedo dejar de pensar en el fin del cuento de Andersen, cuando el patito ya es un cisne aclamado y admirado, y piensa en los tiempos pasados:

-Jamás soñé que podría haber tanta felicidad allá en los tiempos en que era solo un patito feo.

HjorgeV 28-04-2009

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