LA TARDE DE LOS PATOS BUENOS (Poesía)


Recordaré la tarde que me llevaste a ver

Los patos buenos

La cabaña de cristal con su ojo sangrante

Auscultaba todos nuestros pasos

….

Recordaré unas botas, un perfume a plástico

Las reverencias a la naturaleza misteriosa y desconocida

En la prisión de las horas volveré a repasar

El olor del humus, el sonido de las ramas

Que quebrábamos a nuestro paso

….

Todo pudo ser verdad o mentira:

El dios de la incertidumbre es benévolo y

Siempre cede la última palabra

Al visitante que acaba de llegar

….

Todo pudo ser un simple paseo terrestre

La huella que deja un caracol humano

En el espacio que recorre al pasar de la

Nada a su morada sobre la Tierra

….

Mas elegiste la cabaña

El ojo ensangrentado a través del cristal

La persecución de los pasos ajenos

A buen resguardo

….

Recordaré la tarde que me llevaste a ver

Los patos buenos

La cabaña de cristal con su ojo sangrante

….

….

HjorgeV 18-04-2009

(Empezar a leer arriba a los 2 minutos con 28 segundos del video de abajo, cuando acaba de empezar el piano de Michel Camilo después del solo de guitarra de Tomatito.)

M. CAMILO & TOMATITO: EL DÍA QUE ME QUIERAS (Gardel-Le Pera)

Anuncios

ESTÁS A SU LADO, ES CIERTO (Poesía)

….

Le temes

Desde el fondo de tu erial

A lengua mordida

Le temes

….

Hay dos o tres pasos tuyos que conocen su

Morada

Los desvíos

Las terminaciones

Los embarcos

….

Sabes la ruta

Conoces las puertas

Las salidas

Los atajos

El nacimiento de las miradas

….

Estás ahí, es cierto

Como los países

Están en los mapas de los libros

Escolares

Sin poder escapar

….

Tu vida

Transcurrirá a su ribera

Como saluda un río a sus

Aldeas desiertas

Antes de llegar al mar

….

Estás a su lado, es cierto

Pero no mucho más

….

HjorgeV 16-04-2009

EL FUEGO PERDIDO (Relato)

Corre el año 2093 de nuestra era.

Deseo hacer mi visita de costumbre al siglo XX. Me interesa la historia del siglo pasado, el auge y el inicio de la caída del capitalismo, la función de la televisión en esa historia y en la historia de la humanidad. Pero me equivoco al dar la orden mental y llego a parar como visitante al año 2009.

Sé que el Sistema lo va a registrar como un error neuronal, salvo que yo haga algo a tiempo para evitarlo. Pero sucede que a mí me ha empezado a gustar la idea.

Lo malo es que si el Consejo de Filósofos se entera de que este tipo de errores no me importan, sino al contrario, podría resultar fatal para mí y ser obligado a restituir gran parte de mi conjunto neuronal, con toda la pérdida real de memoria que eso podría significar.

Los Filósofos condenan los saltos al pasado más o menos inmediato –a los Matemáticos les importa un comino-, pero a mí Recordar me resulta más interesante que preocuparme por el futuro y la vida verdaderamente longeva, si se puede llamar así a la miseria de doce siglos que ahora llegamos a vivir.

Entiendo que el problema es claro: saltos en el tiempo inferiores a cien años, atentan contra la ética del Sistema. Un suicidio puede echar a perder décadas de exhaustiva planificación.

Se ha visto a gente acabar con su vida por el solo hecho de no poder soportar haber cometido tantos errores en ella.

Es decir, sin haber podido alcanzar la distancia temporal y emocional necesaria. El tiempo puede curar, sí. Pero hasta el tiempo necesita tiempo para operar, para surtir efecto.

Me decido a afrontar las consecuencias de mi equivocación y me apresuro a tocar la puerta de mi casa.

Es el 14 de abril del 2009.

Sé dónde he estado todo el día y mi memoria interactiva me permite recordar una serie de detalles. Lo que no puedo saber es mi estado emocional concreto de este momento del día. A tanto no ha llegado el desarrollo tecnológico humano en el año 2093.

Toco la puerta de mi casa.

He seguido todas las directrices éticas necesarias para el caso: llevo el cabello de forma diferente, una prótesis en la nariz y mi vestimenta la he escogido de tal manera que para mi Ser Pasado sea imposible reconocerme por ciertos detalles o manías. Además, presento un estado atlético envidiable aún para un treintañero antiguo, tal como están obligados todos y cada uno de los integrantes de nuestro Sistema.

Mi Ser Pasado -yo 84 años atrás- me abre la puerta.

Lo primero que me hace sentir con su mirada es que lo estoy importunando y que no piensa soportarlo. Sé que espera un buen pretexto, una buena jugada de mi parte para no tirarme la puerta en pleno rostro.

Le muestro mi cara de asustado.

Estoy asustado, es verdad.

Es decir, hay sinceridad en mi gesto. Y lo estoy, porque no sé qué decir. Todo ha ocurrido demasiado rápido como para poder pensar en los detalles. De paso que cuento con que en cualquier momento saltarán las alarmas y el Consejo de Filósofos me ordenará el regreso. Desde ahora sé que pasaré un buen par de meses sin poder leer y que me obligarán a eliminar más grasa de mi región abdominal como castigo.

-¿En qué lo puedo servir? –me pregunta mi Ser Pasado, obviamente intrigado por el miedo que ha leído en mi rostro.

-No sé –le digo, procurando ser lo más sincero posible, sabiendo que eso es algo que siempre ha funcionado en mi vida, en los dos sentidos-. Quería conversar con usted.

-Lo siento. ¿No lo ve? No nos conocemos. No sé de qué podamos conversar. Y aunque así fuera así. Si me disculpa…

-¿Qué está haciendo? –le pregunto, porque la curiosidad me ha atacado como un puñal aparecido repentinamente de la nada.

Se hace un silencio entre nosotros.

Por un momento, pienso que mi Ser Pasado me va a lanzar una bofetada.

Por otro lado, sé que sería incapaz de atacar a una persona por el simple hecho de dirigirle la palabra y decirle que desea conversar con él. Puedo percibir su tensión. Calculo que debe estar por los 9,2 grados de la escala Honra de tensión emocional. También puedo percibir que se trata de una tensión superpuesta. Lo he interrumpido en medio de un trabajo absorbente y desea reemprenderlo lo más pronto posible.

Sin decir nada más, veo que se apresta a cerrar la puerta.

-Espere, espere –le digo, atreviéndome a poner un pie para detener la puerta.

-¿Qué…? ¿Qué se ha creído usted…? –empieza a preguntar él, y yo puedo leer en sus ojos ese fuego, esa llama del que está convencido de lo que hace, del que sabe que no declinará en su misión hasta verla cumplida.

-¿Qué está haciendo? –le pregunto, clavando mi mirada en la suya, con la vana esperanza de que pueda reconocer mi verdadero interés en lo que hace-. Solo me gustaría saber qué está haciendo.

No me atrevo a decirle que no puedo recordar del todo cómo me he sentido exactamente en esta fecha, martes 14 de abril del 2009, sentado en mi escritorio. Emocionalmente, quiero decir. Él no podría entenderme. Y, de poder hacerlo, no podría entender cómo, teniendo toda la tecnología a mi favor, no puedo ser capaz de recordar ciertos detalles de mi propia vida.

-Mire, señor –me dice él, bajando los brazos-. No sé quién es usted. Discúlpeme, no me interesa tampoco saberlo. Solo es que, mire… Me encontraba trabajando y ahora quiero continuar. No sé qué lo trae por aquí. Si solo es una pregunta, la que ha hecho, lo siento mucho, no se la voy a responder. Le ruego que saque el pie de mi puerta. ¿Sí? ¿Le parece?

Me veo gobernarme, controlarme 84 años atrás. Siento un orgullo infinito. Pero también una gran decepción, porque me había preparado para levantarme y sobarme el mentón del golpe que yo mismo me pensaba dar hace 84 años.

No es que me guste el dolor, claro, pero quería ver el fuego en mis ojos. Eso que ni los más grandes científicos de nuestro Sistema no han podido volver a recuperar.

¡La gran tragedia de nuestra civilización! ¡Hacemos todo sin mostrar verdaero interés por lo que hacemos!

Por eso quería ver la determinación absoluta en mi mirada.

Me gustaría explicárselo. Explicármelo.

Hemos avanzado tanto, hemos conseguido vivir siglos enteros con una salud perfecta y vamos camino de alargar aún más nuestras vidas, pero la humanidad, lo que queda de ella, ha perdido el fuego en la mirada, en la propia visión. Vivimos sin motivación verdadera.

¡Qué paradoja!

El control del fuego decidió probablemente el desarrollo del Homo Sapiens en su evolución, y la pérdida del fuego en su propia mirada es uno de los problemas por ahora irresolubles a los que se enfrenta miles de años después y que ha empezado a corroer el Sistema.

Mi fuga es un ejemplo de ello.

La tentación ha sido tan grande que no me importan demasiado los castigos, con tal de ver lo que ya no existe y nadie sabe cómo recuperar.

-Mire, buen hombre –me dice mi Ser Pasado-. Si puedo servirlo en algo, no sé, tal vez algo material, dígamelo. Quiero volver a mi escritorio y continuar.

-¿Y si se lo impido? –se me ocurre preguntarle.

Lo veo sonreír. Me veo sonreír, 84 años antes.

-¿Qué? ¿Volver a mi escritorio? ¿O continuar lo que estaba haciendo?

Como no digo nada, él insiste, con una sonrisa que ahora me parece diabólica:

-¿Quiere impedirme continuar lo que estaba haciendo? Discúlpeme, no creo que lo pueda conseguir -me dice, empezando a reír-. ¿Tengo que llamar a la policía? ¿Se encuentra usted armado? Son preguntas tontas, lo sé. Dígame qué es lo que quiere y luego váyase. Me acaba de hartar. Y quiero continuar con mi trabajo.

Sonrío. Acabo de volver a ver la determinación, el fuego en su mirada.

Me propongo volver otra vez, si es que el Consejo de Filósofos no me cierra todas las puertas. Estoy contento porque sé que existe. Que existió en mis ojos el brillo verdadero. ¡La sangre corrió por mis venas y hubo tiempos en los que podía quemar con mi mirada de pura determinación!

Sin decirle nada más y esperando que me crea un loco cualquiera, me doy media vuelta y empiezo a alejarme.

Como sé que me ha quedado observando, a los pocos metros giro y le guiño un ojo.

-¡No permita que le quiten esa determinación que brilla en sus ojos! –le grito, sin esperar que me pueda comprender-. ¡Todo lo demás es adjetivo, secundario!

Al llegar a la esquina me lanzo a correr y sigo mi camino por los campos vecinos. Al pasar por unos arbustos doy la orden mental correspondiente y desaparezco.

Sé que al llegar la Guardia Filosofal me estará esperando. Sé que cumplirán los guardias su labor con la frialdad de siempre. Perfectamente, pero sin determinación. Sé que soportaré el castigo.

Allá ‘abajo’ en el Tiempo, también sé que mi Ser Pasado ahora ha vuelto a su escritorio.

Sé que continuará escribiendo el relato futurista que acababa de empezar y que había situado en el año 2093 de nuestra era.

El relato que había empezado cuando a mí se me ocurrió interrumpirlo hace una hora desde este anodino futuro, 84 años después.

….

HjorgeV 14-04-2009

EL «FENÓMENO SOCIOCULTURAL» CORÍN TELLADO

UNA NOVELA CADA SEIS DÍAS DESDE 1946

Debo confesar que admiraba en secreto a esta mujer.

La escritora más leída después de Cervantes y la Biblia en nuestra lengua. Acaso la más prolífica de toda la historia.

En vida, a la pregunta sobre cuántas novelas había escrito, respondía -casi con rubor- que habían sido miles.

Más de 4.000 para ser exactos, de las cuales llegó a vender más de 400 millones de ejemplares, nada menos.

Sí, admiraba en silencio a esta escritora por su capacidad de trabajo: una verdadera escribidora de historias.

Se trataba de novelas rosas (historias de amor con final feliz garantizado) y cortas en su absoluta mayoría, es cierto, de menos de cien páginas, pero aún dividiendo por cuatro la cifra sigue dando la increíble suma de 1.000 novelas largas escritas en 63 años de oficio.

Curiosamente, 63 es casi la raíz cuadrada de 4.000, de tal manera que dividiendo el número de novelas por los años de escritura, da casi exactamente el mismo guarismo, un promedio de 63 novelas por año.

Más o menos una cada seis días desde 1946, cuando le publicaron la primera sin haber cumplido los veinte años.

Si tomamos 75 páginas como promedio por novela, obtendremos un total de 300.000 páginas escritas en 63 años, es decir: 13 páginas por día contando sábados y domingos. (18 páginas por día sin contarlos.)

¿Cuándo respiraba doña María del Socorro, Socorrín, Corín?

Si ya el mismo hecho de escribir ese número de páginas por día es una labor titánica: ¿Cuándo las concebía?

¿Cuándo las corregía?

Otros ejemplos de escritores prolíficos:

Agatha Christie (Inglaterra, 1890-1976) escribió más de 100 novelas y obras de teatro, y se dice que ha vendido más de 2.000 millones de ejemplares de las primeras.

Isaac Asimov (Bielorrusia, 1920-Nueva York, 1992) llegó a escribir 500 libros y más de 1.600 ensayos. Además de más de 9.000 cartas y postales.

Georges Simenon (Bélgica, 1903-Suiza, 1989) escribió unas 400 novelas de las que vendió 500 millones de ejemplares y fueron traducidas a 60 idiomas.

Barbara Cartland (Inglaterra, 1901-2000) vivió hasta los 98 años, llegó a tener un ritmo de 23 libros por año y publicó 723 novelas de amor (casto), de las cuales vendió más de 1.000 millones de ejemplares en todo el mundo.

A Lope de Vega (Madrid, 1562-1635) se le atribuyen 3.000 sonetos, varias novelas y unas 2.000 obras de teatro.

El brasileño Ryoki Inoue (São Paulo, 1946) publica 6 trabajos al mes y ya lleva escritas más de 1.072 novelas.

MAÑANA, TARDE Y NOCHE

Acababa de leer hacía un par de días dos frases de Philip Roth que ahora se me han venido a la memoria a propósito de la partida de Socorrín Tellado.

La primera es su respuesta a la pregunta indagando por su horario de trabajo. El autor de La mancha humana dijo lo siguiente:

«Ya sea en la ciudad o en el campo, me apego al horario de trabajo que siempre he observado, mañana, tarde y noche, 365 días al año.»

¿Trabajaría así la asturiana?

La segunda frase de Roth se refería al incremento de cierta frecuencia perfectamente humana:

«Tengo 75 años, un número extraño. Es un extraño descubrimiento, para mí, al menos. Cuando uno es joven no va a un entierro cada seis meses.»

La menciono porque no acababámos de tragar la noticia de la muerte de Mari Trini y nos llega ahora -hoy, 11 de abril- esta de otra María, también pasada por un colegio de monjas.

(No hay que ser Roth ni tener tantos años para sufrir ese descubrimiento, ya vemos.)

MENTIR PARA INVENTAR, INVENTAR PARA VIVIR

María del Socorro Tellado López (El Franco, Asturias, 1927-Gijón, 2009) había empezado a escribir a los 16 años.

Como muchos novelistas, adquirió la práctica mintiendo (o inventando, que no es lo mismo pero da igual).

Por detestar sentarse en la mezzanine del cine, cuando volvía a casa se quedaba con las cinco pesetas que le había dado su madre y le inventaba el argumento de la película que no había visto. (El dinero no alcanzaba para la platea.)

Su primera novela la escribió a la edad mencionada mientras cuidaba a su padre enfermo, un maquinista de la marina mercante.

Cuando este murió combinó su facilidad para inventarse historias con la capacidad de escribirlas (hasta el final) y convirtió la escritura en el soporte económico de la familia.

Hay que leer esto último teniendo en cuenta que era la única mujer de una familia de cinco hermanos.

La editorial Bruguera publicó su primera novela, en 1946, y después le hizo firmar un contrato que bien podía haber sido reemplazado por una pistola: recién en 1986, cuando Bruguera quiebra y desaparece, la Tellado pudo liberarse del secuestro editorial que había sufrido contractualmente.

En 1981, cuando ya vendía más que la Biblia, Mario Vargas la llamó «fenómeno sociocultural». Su frase completa:

“La vasta producción de Corín Tellado quedará como muestra de un fenómeno sociocultural”.

(Vargas ha publicado hoy un pequeño artículo sobre Corín que se puede leer aquí.)

Cabrera Infante se atrevió a más.

INOCENTE PORNÓGRAFA

En 1951, cuando Socorrín firma un contrato con la revista Vanidades para publicar una novela corta e inédita quincenalmente y se traslada a vivir a Gijón (ciudad que no abandonó hasta su muerte), Guillermo Cabrera Infante era el corrector de la revista.

El cubano la llamó ‘inocente pornógrafa’ y llegó a afirmar que la lectura de sus novelas fue determinante para su futuro de escritor.

1962 fue un año importante para su vida en tres sentidos.

1. Se separa de su esposo -Domingo Egusquizaga, con el que tuvo dos hijos- después de apenas tres años de matrimonio.

2. La Unesco la declara la autora más leída en castellano después de Cervantes y la Biblia. Y:

3. Firma un contrato en exclusiva con Bruguera por 150.000 pesetillas de la época.

Es decir, sale de una reclusión (¿su matrimonio?), la coronan y entra en una cárcel (Bruguera).

En 1964 decide apartarse de la editorial carcelera y dos años más tarde empieza a publicar sus fotonovelas en Corín Ilustrada.

Nada menos que 750.000 ejemplares de la primera –Eres una aventurera– se vendieron en apenas una semana.

(Los títulos de sus obras eran un desastre: un compendio de lugares comunes y trillado. Lo cual tiene que llevar a pensar en la calidad de sus relatos: seguían vendiéndose sin ningún problema.)

La televisión en esos años aún no era la caja omnipotente que en poco tiempo llegaría a ser: estaba en pañales. La anestesia cardíaca y los leones (el circo) los ponían la radio, los diarios y Corín Tellado.

En 1973 Bruguera gana un juicio contencioso y la obliga a pagarle 365 millones de pesetas además de trabajar en exclusiva para la editorial hasta 1990.

Cuatro novelas por mes, 52 por año.

Pero Corín no se amilana y continúa. Lo suyo era escribir. Con y sin grilletes.

La quiebra de la empresa en 1986 la libra del contrato que había firmado 24 años atrás en 1962.

El siguiente es el comienzo de Milagro en el camino, una novela que transcurre en Kosovo y la primera obra que publicó en la Red en el 2000 (se habría adelantado a Stephan King en esta modalidad, quien además solo publicó un relato corto):

El cielo sin estrellas parecía romperse en mil pedazos. El ruido era tan ensordecedor, que las cuatro personas que caminaban agazapadas en la noche arrastrándose por los matorrales, se obligaban a taparse los oídos con las manos. Entre tanto, Curry, la mascota, un perro-lobo negro con una pinta blanca en el lomo, aullaba como si presagiara la muerte, la muerte que para aquellas cuatro personas era tan obvia, tan real y auténtica como su vida misma por la cual nadie daría dos centavos.

Siempre me fascinó su capacidad de trabajo, por más que la asturiana haya hecho seguramente tanto por la lectura en general como por la vanidad y la frivolidad humanas.

(¿Vanidad exclusivamente femenina? ¿Cuántos hombres no habrán leído sus historias a escondidas o no? De niño, lector voraz infantil como muchos, tengo que haberme soplado sin embargo en varios veranos en la playa, algunas de sus novelas entre el cúmulo de material rosa que solían mantener mis tías en la casa de mis abuelos.)

No vivió para acumular riquezas.

Vivió para acumular trabajo.

Hasta su deceso, Socorrín vivió en un departamento con parte de su familia y trabajando hasta sus últimos días.

Al escritor venezolano Boris Izaguirre, quien exige la palabra respeto para la escritora, le dijo una vez:

“No es que lo cursi sea malo, es que la gente le tiene miedo”.

En una de las últimas entrevistas que dio antes de morir (para la revista peruana Etiqueta Negra), le advirtió dos días antes a la periodista, Gabriela Wiener, que tenía cinco de presión y que con seis la gente solía morirse.

Pero escribió hasta sus últimos días.

Desde 1995 tenía que someterse a sesiones de diálisis peritoneal tres veces por semana y últimamente ya solo escribía a mano lo que ella denominaba sus esquemas y luego le dictaba a su nuera María José la trama completa mientras iba dibujando florcitas sobre las hojas que había pergeñado.

Las historias rosa de La Gran Dama de la Novela Sentimental –la denominación que sus editores escogieron para las contratapas de sus libros- tenían casi por definición un final feliz.

¿Sentiría Socorrín alguna vez la tentación de escribirse una para sí misma?

¿O toda su obra no fue sino un incansable revoloteo alrededor del tema del amor eterno -ergo imposible-, algo que a ella también le había sido negado y conocía por tanto por propia experiencia?

….

HjorgeV 11-04-2009

http://www.corintellado.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Cor%C3%ADn_Tellado

http://www.elcomercio.com.pe/noticia/271827/murio-corin-tellado-escritora-novelas-rosa

http://etiquetanegra.com.pe/?p=333

http://www.elpais.com/articulo/cultura/fenomeno/elpepucul/20090411elpepucul_6/Tes

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Palabras/despedida/Corin/Tellado/elpepucul/20090411elpepucul_5/Tes

MICHAEL CLAYTON

Al comienzo solo se escucha la voz algo maltrecha y claramente alterada de un tipo que habla cosas que parecen incoherencias, pero que tienen mucho ritmo y cierto sentido interno.

¿Se trata de un sueño, de la descripción de un sueño?

Es demasiado convincente la voz del que habla para ser una simple descripción. Es penetrante, como queriendo hacerle notar a su interlocutor que lo que dice es verdad.

¿Un demente?

No. Le falta el toque verdaderamente confundido, perdido, irreal, del que ha perdido contacto con la realidad.


La cámara ha empezado en un fundido total y está ocupándose de planos triviales de un gran edificio de oficinas.

Estamos en Nueva York, en un gran bufete de abogados.

-¿Puedes poner los subtítulos? –le pregunto a mi esposa, porque temo no estar entendiendo demasiado.

-¿En alemán o inglés? -me pregunta ella-. No hay en castellano.

-De ser posible en el original en inglés con subtítulos en alemán –le respondo, por si aparecen demasiadas palabras anglosajonas que no conozco o cuyo significado he olvidado y me pueda perder parte del argumento.

De hecho, he tenido dificultad para entender el comienzo por lo que me ha parecido falta de incoherencia en su discurso: ¿de qué diablos está hablando el hombre?

La descripción de las opciones del menú no es clara y al volver a la película resulta que todo está en alemán.

-Déjalo así –le digo y me concentro en el actor principal.

La voz que le han puesto a George Clooney en el doblaje al alemán es pasable. Como no conozco la suya original, no me molesta. (Sino, podría resultar insoportable. Ya me ha sucedido varias veces: con De Niro, Allen, Gere, por ejemplo.)

El protagonista recibe una llamada mientras se encuentra en lo que debe ser un garito clandestino de juego. Es un ludópata.

Sale a la calle con el teléfono pegado a una oreja, sube a su automóvil y se dirige a la dirección que le acaban de dar al otro lado de la línea.

Escenas más adelante (se trataba de un caso de atropello y fuga), está conduciendo por carreteras rurales a no poca velocidad a juzgar por la forma como su automóvil salta debido a las sinuosidades del terreno.

De pronto, se detiene, inexplicablemente. En medio de un paisaje rural, se detiene.

¿La prisa que tenía se ha disuelto en el aire?

Sale a los campos. Desea pasear.

Ah, dice uno. Al fondo hay tres caballos, recortados contra el horizonte. Se ha sentido atraído por los animales y el paisaje.

Mientras los contempla, su automóvil explota.

Su paseo inesperado lo ha salvado.

Son dos errores crasos.

Primero. El director de la película no ha estado jamás en una timba nocturna y clandestina: el ambiente es otro, como más pesado y sucio. La mayoría de los presentes en una reunión así son trasnochadores profesionales, pero también hay gente con horarios de los llamados normales. Aparte de que debe existir la tensión por tratarse de algo clandestino. No se trata de gente que realiza un paseo en ómnibus o autobús y juega a las cartas para matar el tiempo.

(Lo sé porque lo he vivido, lo he visto de cerca en mis correrías juveniles en Lima.)

Segundo. La escena en la que de tener prisa pasa a detenerse para contemplar unos caballos es demasiado forzada.

Está amaneciendo, y un tipo como él tiene que estar tan cansado que lo único que puede tener en la cabeza debería ser su cama. Sin embargo, Clooney está fresco, sereno. No tiene apuro.

Yendo más al fondo, vemos que la construcción narrativa es mucho más porosa de lo que parece.

El protagonista es un abogado que ha recibido una llamada en la madrugada. Pronto queda claro que es el ‘bombero’ del bufete. El que se encarga de apagar el fuego (desagradable) por otros.

¿Quién se quiere levantar a las tres o cuatro de la mañana a atender un caso de atropello y fuga del lugar del accidente?

Pero el tipo lo cumple como si fuera cualquier hora corriente del día.

No está especialmente cansado. Ni siquiera está molesto por que le han interrumpido su vicio.

Cuando amanece está conduciendo a través de unos campos, tiene la paciencia, el tiempo y las ganas de ver las siluetas de tres caballos que se recortan sobre el horizonte.

Tiene la paciencia, el tiempo y las ganas de detenerse, además, para dejar su vehículo y acercarse a contemplarlos.

Y eso lo salva.

¿Un abogado y jugador compulsivo no tiene que dormir también?

Si ya ha amanecido (seguramente todavía es invierno en la película), entonces tienen que ser por lo menos las seis o siete de la mañana. (Nueva York tiene la misma latitud que Madrid.)

Este tipo no va a dormir ya, está claro. Se irá directamente a su oficina.

Sin embargo, está como si recién hubiera empezado la jornada. (Pero ni siquiera se ha lavado los dientes, diría uno de mis hijos pequeños.)

Cuando su automóvil explota dos veces (la primera vez por la bomba que le han puesto dentro, la segunda al incendiarse el tanque de gasolina), en vez de tratar de esconderse y ver qué es lo que sucede y si no hay peligro de que le puedan disparar desde lejos –por ejemplo-, el tipo se acerca corriendo al coche en llamas sin ningún cuidado.

Al repetirse la escena (gran recurso de la película esta repetición de los hechos, vistos desde otra perspectiva), esta acción va a tener sentido, porque él la va a utilizar para arrojar todo lo que lleva (documentos, reloj: menos sus ropas) en dirección al fuego.

Quiere que lo tomen por muerto.

¿Y sus huesos?, podría preguntarse alguno. En todo caso, ¿para qué lanzar su billetera con dinero y sus documentos (de papel y plástico) al fuego si será lo que se consumirá primero casi sin dejar huellas en el incendio?

Termino de ver la película porque estoy acompañando a mi esposa, estoy en casa y debo reconocer que George Clooney es muy buen actor en un film que tiene sus méritos. Pero estas no son las únicas inconsistencias del guión.

Toda narración vista como una construcción puede tener sus licencias: sus comodines.

A veces es necesario aceptar una o más premisas tontas o absurdas porque sí, porque así lo exige el juego narrativo. Para poder embarcarte en el cuento, debes aceptar sus reglas. (Como en las religiones.)

El problema surge cuando la narración está usando continuamente comodines para salir del paso y seguir avanzando. Y tienes que cerrar los ojos ante los errores del mago, como si se tratara del payaso del circo que está usurpando el puesto del primero.

Entonces, no hay Clooney que pueda salvar ningún relato.

Película: Michael Clayton.

Año: 2007.

Dirección y guión: Tony Gilroy.

Producción: Sidney Pollack.

Consistencia del relato: Desaprobado.

…..

HjorgeV 09-04-2009

MARI TRINI

Cantautora de timbre vocal y vibrato inconfundibles, era también una artista que sabía cautivar -literalmente- a su público cuando actuaba.

A pesar de haber sido alumna de un colegio religioso –o tal vez precisamente por eso- a los quince años conoció en Madrid a Nicholas Ray, el director de Rebelde sin causa (la película que inmortalizó a James Dean), quien entonces ya había pasado de los cincuenta.

María Trinidad Pérez de Miravete Mille (Murcia, 1947-2009) acababa de aprender a tocar guitarra y componer sus propias canciones en la convalecencia de una enfermedad por la que había tenido que permanecer en cama hasta los catorce años.

Con Ray se fue a Londres (oficialmente como su representante para actuar en una película que nunca se filmó) y se quedó un año en Inglaterra.

MARI TRINI: AMORES (1970)

Emprendida la ruta extranjera (hoy se le llamaría inmigrante), pasó a París. Allí consiguió su primer contrato profesional, grabó sus primeras canciones en francés, admiró a Jacques Brel y Édith Piaf y se quedó a vivir 5 años en el país galo.

Yo no soy esa (“que tú te imaginas / una señorita tranquila y sencilla / que un día abandonas / y siempre perdona”) de su álbum Escúchame de 1971 y Te amaré, te amo y te querré son dos de sus temas más conocidos en mi país.

Amante de la música mexicana, grabó un disco con Los Panchos en el 2001. En el 2005 fue honorada por haber vendido más de 10 millones de discos a lo largo de toda su carrera.

Se encontraba componiendo, escribiendo y preparando un concierto de despedida cuando se le adelantó esta mañana en Murcia la Señora Que No Se Olvida de Nadie.

HjorgeV 07-04-2009

MARI TRINI: YO NO SOY ESA (1971) (actuación de 1980)

ENDIABLO EL DIENTE (Poesía)

….

Endiablo el diente

Pinto el labio

Distal de tu boca

Somero el guiño

….

Vives para la provocación de mi

Alma

Para el desvío del ser humano

Lo tuyo es la desmoralización del

Deseo que se hace piedra

sin tu mirada

….

Diosa frontal

Resquicio franco

De la orfandad

rescátame

….

Déjame salir

De la prisión que proyectan tus

Puros

Labios puros

….

HjorgeV 06-04-2009