¿DE QUÉ MUEREN LAS ESTRELLAS?

Este podría ser el título de todo un libro.

En estos días sazonados con la pésima noticia del golpe de estado en Honduras (que El País llamó “expulsión del presidente” y la CNN “sucesión forzada”), me he hecho la siguiente pregunta:

¿De qué murieron realmente Elvis Presley, Marilyn Monroe y Michael Jackson?

La muerte por drogas sigue siendo uno de los más grandes tabús de nuestras sociedades actuales.

La adicción a las llamadas drogas ‘duras’ como la cocaína o la heroína suele solaparse incluyéndolas bajo el título genérico de ‘drogas’.

Curiosamente, cuando alguien muere por una sobredosis de alcohol, a nadie se le ocurre decir que murió por una ingestión de drogas, así genéricamente.

El eufemismo estándar y oficial para explicar la muerte prematura de muchos artistas se refiere a un “uso abusivo de calmantes”, somníferos o barbitúricos en general.

“Sobredosis de pastillas”, “exceso de fármacos” son otras expresiones muy caras.

La primera pregunta que se tendría que hacer alguien debería ser, ¿para calmar qué?

Pongamos un ejemplo obtuso.

Si resultara que muchos artistas empezaran a morir por resbalarse debido a su uso de mantequilla en la planta de los pies, ¿no sería lo más sensato preguntarse qué diablos hacía ese derivado de la leche allí?

Es decir: ¿sedantes, calmantes y barbitúricos para qué?

Para calmar algo, obviamente.

Pero, ¿qué?

¿O necesitan las estrellas sedantes y somníferos por su tipo de trabajo?

¿Cantar, bailar, actuar o tocar un instrumento no deja dormir?

Obviamente, no es eso. ¿Qué es, entonces?

¿Tienen prisa para dejar este mundo?

La lista es larga y apenas se conoce la de los famosos.

Judy Garland en 1969 (“sobredosis de pastillas”) muerta a los 47 años, Presley a los 42, Monroe a los 36.

En 1970, Janis Joplin y Jimi Hendrix (muerto presuntamente ahogado en su propio vómito de somníferos y alcohol) a los 27 años los dos.

Los siguió Jim Morrison a la misma edad al año siguiente en París. Y no hace mucho el músico de Nirvana, Kurt Cobain, también a los 27 años.

Estos son algunos ejemplos de esa larga lista de famosos, extendida hace unos días por Jackson, ansiosos por dejar este mundo a pesar del éxito, la fama, el dinero y el cariño de sus fanáticos y admiradores.

Para mucha gente, el mundo del espectáculo –la farándula- es tan interesante y vivaz, que a los propios artistas apenas les queda tiempo para experimentar, gozar y conocer todo lo que quisieran.

¿Podría ser esa una razón para su consumo de somníferos, calmantes y sedantes?

El que apenas duerme, cae tarde o temprano rendido sin necesidad de ayuda de ningún tipo.

No necesita adormecedores.

Obviamente, algo más los ha puesto en órbita, los ha subido, para que después necesiten bajar artificialmente.

¿El alcohol?

Su efecto euforizante es corto, después de muchos tragos no es raro quedarse dormido sin poder controlarlo.

De lo que se trata -es mi tesis- es de ocultar de cualquier manera y a la fuerza el consumo de la droga más atractiva para el mundo del espectáculo y la más versátil en sus efectos: euforizante y relajante a la vez, sueltalengua, potenciadora de la líbido y de la capacidad orgásmica, desinhibidora y –tal vez su uso más extendido- supresora de la sensación de cansancio y aburrimiento.

Me estoy refiriendo a la droga predilecta -después del alcohol- de la gente de la farándula, de prostitutas, políticos (aquí en Alemania, una investigación descubrió que en todos los retretes del parlamento había restos de ella) y actores y actrices porno: la cocaína.

Casi siempre acompañada de alcohol, complementándose excelentemente.

(El por qué de ese deseo de ocultarlo es otra tema aparte y bastante complejo y amplio.)

Janis Joplin, se dopaba –además- con heroína para soportar mejor los bajones de sus dos drogas principales: la blanca y el alcohol.

Dejó una frase célebre, a propósito del mundo en el que se movía:

“Hago el amor con veinticinco mil personas sobre el escenario y luego me voy sola a casa”.

Dejemos por ahora las razones que llevan a una persona a no detener el proceso de autodestrucción iniciado con su múltiple consumo de drogas y tratemos de concentrarnos en lo fisiológico, en lo corporal.

Para poder dormir y, sobre todo, para poder estabilizar las funciones principales del cuerpo (pulso, presión arterial, respiración) después de una juerga de estimulantes, entran en juego los sedantes, calmantes, somníferos y barbitúricos.

Pero solo recién entonces.

(Alguien que siente el cansancio natural de haber trabajado durante horas, no necesita ninguna ayuda para dormirse. Cae rendido.)

Entonces se produce la Ilusión Mayor en la cabeza del adicto:

Creer que los placeres de la cocaína y otras drogas estimulantes como las anfetaminas pueden consumirse a voluntad, puesto que para “bajarlas” están el alcohol y los somníferos, sedantes y barbitúricos en general.

(Algunos, como Michael Jackson, llegan a contratar a un médico personal para correr menos riesgos con esa ilusión.)

Cuando los involucrados se dan cuenta de que el círculo se ha cerrado y que es casi imposible escapar de él (la drogas por definición son adictivas), suele ser demasiado tarde.

La tendencia a desear y obtener más placer los lleva a subir las dosis, hasta que llega la sobredosis. (Letal en el caso de los barbitúricos como veremos más adelante.)

Y no resisten el bombardeo continuo con sustancias para subirlo a diario al cielo y otras tan o más fuertes y peligrosas para bajarlo a su vulgar cama.

Veamos primero el caso de la rubia falsa más famosa de la historia y –acaso- el mayor de los iconos sexuales humanos.

MARILYN MONROE

A las 04:25 de la madrugada del 5 de agosto de 1962 los servicios de emergencia de Los Ángeles reciben una llamada del número 12305 de la Fifth Helena Drive.

Es el doctor Ralf Greenson, psiquiatra, informando del deceso de la dueña de la casa y su paciente.

Cuando Jack Clemmons, sargento de la policía de Los Ángeles, llega a la vivienda, se encuentra con que la mujer lleva ya más de dos horas muerta.

Se trata de Norma Jeane Mortenson, bautizada como Norma Jeane Baker alias Marilyn Monroe.

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Continúa…

HjorgeV 30-06-2009

GOLPE DE ESTADO EN HONDURAS

Cuando un diario como El País presenta el golpe de estado en Honduras como una expulsión es que las cosas van muy mal.

“El ejército expulsa al presidente Zelaya” fue el titular al respecto durante varias horas en la versión digital del diario español.

Es decir, cuando el lenguaje periodístico trata de ocultar la gravedad de una situación es que hay otros intereses en juego.

Salvo que entre las potestades (legales) de algún ejército esté la de poder expulsar al presidente de su país a voluntad.

Algo que no es cierto.

Un golpe de estado es un golpe de estado.

Sea el derrocado amigo de Chávez o no.

Defender la democracia solo cuando conviene fue uno de los grandes errores que no hicieron sino aumentar el desprestigio de EEUU en su propio continente.

(Europa, como en su actitud ante los desmanes y abusos de Israel contra los palestinos, ha preferido pagar su deuda con el país del norte por su ayuda en la Segunda Guerra Mundial cerrando muchas veces simplemente los ojos ante sus tropelías, o haciéndose su directo cómplice como en el caso de las invasiones de Irak y Afganistán).

José Manuel Mel Zelaya es/era, obviamente, un presidente incómodo para los intereses de EEUU y Europa, entre otras cosas, por su cercanía a Chávez y la posibilidad de que este siguiera fortaleciendo su influencia a través de alianzas en la región.

Ocurrió con Allende (por más que la comparación sea apenas adecuada) y la entrada de Pinochet.

Y el sátrapa se quedó en el poder desde el 11 de septiembre de 1973 hasta el 11 de marzo de 1990.

Burlándose además de sus miles de víctimas, entre asesinados, torturados, ‘desaparecidos’ y familiares de todos ellos.

Y hay que volver a temer que el asunto se ponga entre la dentadura y las mejillas como un bolo alimenticio, y se hable con la boca llena a la opinión pública hasta que esta se convenza de que casos así forman parte irremediable de la historia latinoamericana.

Estos eran los titulares a las 22:00 horas (de hoy domingo) en la Red.

EL MUNDO (España): “El Congreso de Honduras nombra otro presidente tras el golpe de estado”.

LA VANGUARDIA (España): “El presidente de Honduras derrocado por un golpe militar”.

CLARÍN (Argentina): “Golpe de estado en Honduras: militares secuestraron a presidente”.

SPIEGEL (Alemania): “El presidente derrocado habla de secuestro”.

STERN (Alemania): “Militares derrocan al presidente Zelaya”.

FOCUS (Alemania): “Golpe al amanecer”.

NEW YORK TIMES: “Honduran president is ousted in coup” (‘Presidente hondureño es derrocado en golpe’)

Salvo El País, que ha preferido referirse en su portada a una expulsión (como también lo ha hecho el presidente de su país, Rodríguez Zapatero, quejándose por la “expulsión ilegal” de Zelaya, ¿mera coincidencia?), el resto del mundo es unánime en la calificación de la ilegal acción militar hondureña.

El Focus alemán añade que los embajadores de Venezuela, Nicaragua y Cuba también habrían sido detenidos o secuestrados por “militares enmascarados”.

Como a la política le van bien las palabras, Europa, a través de Jan Kohout, ministro checo de Exteriores, de turno en la presidencia de la Unión, ha calificado la acción como “golpe de Estado”, pidiendo la restitución en el cargo del presidente hondureño.

En la última entrevista concedida justamente a El País español, Manuel Zelaya creía que EEUU se había puesto de su lado.

P. ¿Qué papel ha jugado EE UU en la intentona de golpe?

R. Pues mire, hay que ser justos. Aquí estaba todo listo para dar un golpe y si la Embajada de EE UU lo hubiera aprobado, hubieran dado el golpe. Pero la Embajada de EE UU no aprobó el golpe. Y fíjese lo que le voy a decir: si ahora mismo estoy aquí sentado, en la Casa Presidencial, hablando con usted, es gracias a Estados Unidos.

En otra parte de la entrevista responde lo siguiente:

P. ¿Y controla al Ejército?

R. En este momento sí… Lo tengo… mientras no dé órdenes que afecten a los ricos.

Esto tiene relevancia, porque Zelaya no proviene de la izquierda, como él mismo lo menciona poco antes de su secuestro y del golpe de estado.

P. Pero usted no es un hombre que procedía de la izquierda…

R. Así es, yo vengo más bien de sectores muy conservadores.

P. Y en qué momento se cae del caballo…

R. Ja, ja… No, más bien, en qué momento me subo al caballo… Mire, yo pensé hacer los cambios desde dentro del esquema neoliberal. Pero los ricos no ceden un penique. Los ricos no ceden nada de su plata. Todo lo quieren para ellos. Entonces, lógicamente, para hacer cambios hay que incorporar al pueblo.

¿Cómo reaccionará EEUU, tan presto a invadir un país (Irak) porque lo regía un dictador?

¿Cómo Europa, sabiendo que Zelaya se había acercado para su gusto demasiado a Chávez?

¿Volverán a cerrar los ojos como otras veces en el pasado?

¿O harán algo concretamente?

De no hacerlo, ¿cómo quejarse cuando Chávez (o quien fuera) se le ocurra hacer algo parecido en la región?

Con todo, lo más probable es que todo no quede en nada más que una condena internacional.

La operación quirúrgica ha sido incruenta, casi perfecta. Muy bien planeada.

El congreso hondureño cómplice nombrará a un nuevo presidente. El resto del mundo a mirar para otro lado, por favor.

Y punto.

¿Por qué tendría que andar la política del planeta Tierra mejor que su desastrosa economía?

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HjorgeV 29-06-2009

Fuentes:

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/06/28/internacional/1246193963.html

http://www.elpais.com/articulo/internacional/jefe/Ejercito/desobedecio/comandante/soy/elppgl/20090628elpepiint_3/Tes

http://www.focus.de/politik/ausland/tid-14705/honduras-putsch-im-morgengrauen_aid_412207.html

http://www.spiegel.de/politik/ausland/0,1518,633077,00.html

http://www.clarin.com/diario/2009/06/28/um/m-01948160.htm

http://www.stern.de/politik/ausland/:Honduras-Milit%E4r-Pr%E4sident-Zelaya/704804.html

http://www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20090628/53734300568/el-ejercito-detiene-al-presidente-de-honduras-el-dia-de-su-polemico-referendum.html


FARRAH FAWCETT & MICHAEL JACKSON

Acababa de dejarnos el rostro que mejor representó, acaso, la frivolidad de toda una generación, de más de una generación.

Y uno de los más difundidos del planeta.

La mujer que había sido pareja de Ryan O’Neal, otro icono de la Década Prodigiosa, acababa de cumplir 62 años.

O’Neal se hizo famoso por la película Love story (1970), en la que interpretaba el papel de Oliver Barret, un deportista y estudiante universitario cuya vida cambia cuando conoce a Jennifer Cavilleri.

Alice McGraw, otro rostro del siglo, hacía el papel de Jennifer, una estudiante de música que le hace conocer la felicidad.

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En la ficción del filme, basado en la novela de Eric Sagal del mismo nombre, Jennifer, aquejada de leucemia, muere en los brazos de Oliver.

En la realidad, O’Neal acababa de anunciar que Farrah Fawcett, ya grave y con la que había tenido un hijo (Redmond O’Neal, actualmente en la cárcel), había aceptado casarse con él y es perfectamente probable que haya muerto en sus brazos.

(En otro ejemplo más de que la ficción no puede superar a la realidad, por lo menos no en lo que más nos duele.)

Jackson, por su parte, a punto de cumplir los 51 años en agosto, había vendido más de 75o millones de discos a lo largo de su carrera, convirtiéndose así en el artista con más éxito comercial de la historia.

Su excéntrico y misterioso estilo de vida, sus manías hipocóndricas y sus finanzas oscuras le habían pasado la factura en los últimos años, obligándole a vender parte de sus propiedades y derechos de autor, y a firmar un contrato por el cual se comprometía a dar 50 conciertos en el O2 Arena de Londres en los próximos meses.

(1 millón de entradas habrían sido vendidas en apenas 5 horas.)

Casado alguna vez durante 19 meses con Lisa Marie Presley, hija de otro rey (del rock: Elvis), el Rey del Pop llevaba varios años sin actuar y su último álbum databa del 2001.

Tras las acusaciones de abuso sexual de menores y su encarcelamiento en el 2003, se había movido con mucho más misterio aún en los últimos años, especulándose continuamente sobre la verdadera gravedad de su estado de salud y su vida sexual.

Nadie sabe cómo consiguió aclararse la piel.

Diversas cirugías estéticas deformaron su rostro y alteraron su cabello hasta parecer una malograda y enferma copia de un hombre ‘blanco’.

Según la versión -más o menos- oficial de sus huestes, sufría de vitiligo, enfermedad degenerativa de la piel por la cual esta pierde melanina, la sustancia encargada de darle color.

Su álbum Thriller (1982) es el disco más vendido de la historia de la música.

Jackson había sufrido la tarde del jueves un infarto en su domicilio cuando los paramédicos alertados por una llamada de los allegados del cantante lo encontraron sin pulso ni respiración.

Sin responder a los intentos de reanimación, habría llegado en estado de coma profundo al centro médico Ronald Reagan UCLA de Los Ángeles.

Habían pasado 46 años desde que a la edad de 4 había formado parte por primera vez del grupo de música de sus hermanos, entonces los Ripples & Waves Plus Michael luego The Jackson Five.

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Se ha ido para siempre un verdadero genio musical y artístico. Bailarín lunar, eximio y creativo, que revolucionó el mundo del video no solo con sus magníficas coreografías.

(La autopsia arrojará seguramente como resultado un “abuso de medicamentos” o barbitúricos. Es decir, una mezcla de las drogas más exclusivas del planeta. Drogas que, añadidas a sus cirugías, continuos tratamientos médicos, su degenerada salud y su estrambótico estilo de vida, ningún cuerpo humano podía soportar. Su médico personal, Conrad Robert Murray, quien vivía en la casa del cantante y le habría administrado su dosis diaria de Demerol -un sucedáneo de la morfina y nombre comercial de la meperidina– antes de morir, sigue sin ser ubicado. El uso de Demerol en combinación con alcohol puede ser fatal.)

Acaso la música popular no vuelva a conocer jamás a ninguno como él.

El cantante de las medias blancas y la voz de niño.

Un niño prodigio él mismo incapaz de abandonar la niñez y antepenúltimo hijo de una familia de diez hermanos, que había llegado a acusar a su padre de maltratos.

Un pedófilo y pederasta (de ser ciertas las acusaciones en su contra) incapaz de administrar su fabulosa fortuna, con la tendencia a vivir en un mundo irreal y aislado, obsesionado por la permanente escenificación de su persona.

Y afectado también de una enfermedad muy humana que le impedía aceptarse tal como era.

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Hjorge 25-06-2009

UN CONTINUO EJERCICIO DE SUBESTIMACIÓN

ESPAÑA 0:2 EEUU

Hay varias formas de afrontar un encuentro.

Con la rutina acostumbrada.

A la desesperada, tratando de romper puertas y rogando que se produzca un milagro, por ejemplo.

O siguiendo una estrategia concreta y recetada de acuerdo al diagnóstico hecho tras analizar al rival de turno.

España se lanzó al campo a elaborar su rutina jugando a lo Barcelona:

Mucho tejido de punto más o menos sin aparente sentido entre el círculo central y la media luna rival.

Pases cómodos a los laterales pero sin atacar al estilo guerrero alemán.

Control máximo de la herramienta de trabajo. Y mucha paciencia.

EEUU, por su parte, saltó al campo de juego con la receta en la mano.

La idea era más o menos plantar un bosque humano delante de su portería y esperar con infinita paciencia un contraataque de la mano de las ideas de su número 10, Landon Donovan.

Seguramente le habría ido bien a España si no encajaba el primer y tempranero gol.

Porque este, más que ser el reflejo de lo que se veía en el campo de juego, fue una jugada inesperada de suerte que le cayó como un baldazo de agua fría del que ya no pudo recuperarse jamás.

Suele suceder.

Cuando, partiendo de claro favorito, los sentidos se concentran más en buscar a la pareja más bonita (Villa queriendo establecer una nueva marca en goles, Torres queriendo lucirse y perforar la red lo más pronto posible) que en el baile en sí.

Hasta el minuto 26 se venía desarrollando un claro ejercicio de tanteo: EEUU venía haciendo lo suyo muy bien y España trataba de acomodarse al nuevo rival.

Entonces, en un pase aparentemente inocuo a la media luna española, Piqué (¿Capdevila?) se confía.

El delantero usamericano Altidore se esconde la pelota debajo de la camiseta, gira sin dejársela ver al defensa del Barcelona y cuando este se da cuenta de que al jugador prestado al Deportivo Xerez le ha salido un truco fortuito de magia, es muy tarde.

La pelota salta del sombrero de Altidore (perdón, de su camiseta) y va a parar justo delante de sus pies y frente a las puertas del Cielo.

Son esos momentos en los que el delantero ve la portería contraria del tamaño de la puerta de la caseta de un perro de jardín (y encogiéndose además) y el portero se siente como desnudo y debajo del Arco del Triunfo.

Si este consigue amedrentar psicológicamente al delantero y sale a achicarle el ángulo o a cubrir el disparo, puede que no sea gol.

Casillas se quedó casi paralizado, esperando tal vez un milagro; que tan lejos no estuvo de suceder.

Gol de EEUU.

La chica que habías escogido para ser tu futura pareja, se niega a bailar contigo.

Señores, a despertar. El mundo no se ha acabado. Una simple anécdota en la racha de triunfos y partidos sin perder. ¡Vamos!

Todos lo entendieron, no parecía haber problema.

Quedaba más de una hora de juego. Una eternidad.

Entonces, especialmente a los delanteros, a los españoles se les mete en la cabeza que tienen que marcar el gol de empate más o menos a la fuerza y lo más pronto posible. ¡Qué va a pensar el público de nosotros!

Pero las cosas no les salen y empiezan los reproches.

Minuto 31.

Villa se encuentra un balón bastante cómodo en plena área rival, se siente seguro y quiere romper las redes.

(No se puede saber si vio a su compañero Torres, quien se encontraba más o menos a la misma altura y completamente libre por la izquierda, haciéndole señas, también muy cerca del arco de Howard.)

El delantero del Valencia yerra.

Reproche de Torres a Villa.

Vicente del Bosque, el señor sin músculos faciales, empieza a impacientarse y se levanta para ver qué está sucediendo.

Mala señal.

No están haciendo las cosas bien, muchachos, hay que enmendar rumbos. Tiene que venir un gol pronto.

¿Acaso no lo sabían sus jugadores?

Ahí empezaron a aglutinarse los esfuerzos por torcerle el cuello al resultado, pero ahí también empezó la desesperación.

El único que permaneció impasible hasta el minuto 93 fue Xavi, para bien y para mal: como el capitán que se niega a abandonar el barco hasta que este se hunde.

¿Por qué no?

España ha llegado hasta donde ha llegado -marcas incluidas- por su respeto a su propio estilo de juego.

Enterarse de que hay formulitas más o menos simples para contrarrestar su estilo de juego (curiosamente, ninguna incluía un marcaje exclusivo a Xavi, quien no dejó de repartir el balón todo el partido) y que había que buscar el contraveneno, tenía que formar parte del aprendizaje. Y nada más.

En cambio, cundió la ofuscación mental y España terminó el primer tiempo pidiendo la hora.

Llegado el segundo, todos pensaron: nuevos dados, nueva suerte.

Sin embargo, en el diccionario del partido empezó a crecer otro vocablo en tamaño, superando incluso a ‘desesperación’:

Infructuosidad.

Los jugadores españoles se empeñaron en continuar su ejercicio de subestimación del rival:

Nos tiene que salir porque sí, porque somos nosotros, porque yo soy yo.

Como si el rival no existiera y el partido solamente lo estuvieran perdiendo ellos por voluntad propia.

Para agravar el asunto, los de rojo continuaron cometiendo errores más o menos infantiles.

EEUU, por su parte, seguía moviéndose sin desviar la vista del guión que tenía en las manos, tratando de no apartarse ni una línea de lo escrito.

Cuando Xavi quiso retomar el comando del equipo y quitarle la desesperación a punta del fútbol que sabe, algunos de sus compañeros (convencidos de que ellos sí tenían la fórmula secreta) empezaron a ignorarlo.

Errores continuos, pases que no llegaban.

¿No se habrían equivocado de película o de cine?

(Encomiosa la insistencia de Xavi en dirigir el partido a su aire a pesar del poco convencimiento y del nerviosismo de sus compañeros.)

¿Debe un delantero ser egoísta o pensar más en el equipo?, esta es una pregunta con tanto sentido como la del huevo y la gallina.

¿La respuesta?

Depende de la circunstancia concreta.

El cómo y por qué decidir es lo que diferencia a los mejores del montón.

Torres quería hacer el gol, de ser posible en el siguiente minuto y solo. Quería soltarse de una vez por todas la camisa de fuerza y lanzar un grito de guerra.

Lo malo era que su actitud solo servía para aumentar la ansiedad de un equipo que no contaba con ir perdiendo contra EEUU, una escuadra modesta, pero altamente disciplinada.

Cuando pasados unos pocos minutos del segundo tiempo los españoles se pusieron a reclamar cada decisión del árbitro uruguayo y Del Bosque empezó a dar indicaciones desde el borde del campo, muchos presentimos lo peor.

Xavi, por su parte, seguía su juego impasible, como corresponde a un profesional.

Los jugadores de EEUU, mientras tanto, continuaban desplegando su alta cuota de sacrificio.

¡Esta Copa no era con ellos!

¡Habían perdido sus dos primeros partidos, y por goleada, además!

Con empatarle a los españoles e ir a los penales, ya habrían escrito historia en este deporte que tanto se les niega (¿negaba?).

Esto lo sabían Torres y Villa y cada uno proseguía su particular búsqueda del candado del arco rival con un gigantesco martillo sobre sus espaldas.

Cuando al jugador del Liverpool le lanzan en el minuto 69 un balón alto y largo, de esos que se bajan con botines recubiertos de terciopelo y se siembran sobre la propia línea de carrera para rematarlo al vuelo, Torres, obviamente, falla.

Como se había decidido por el levantamiento de pesas, cuando le llega un ejercicio de alta cirugía, reacciona con los músculos preparados para la halterofilia.

Que un jugador como Donovan, el número 10 de EEUU (que pasó por la Bundesliga y tuvo suerte de que no se rieran en su cara por su fútbol tan ingenuo y transparente), fuera el principal artífice del equipo que dirige Bob Bradley, lo dice todo.

En el fútbol no hay trucos. Gana el que mete más goles.

Y no importan el gran historial ni las veinte mil marcas que puedas tener grabadas sobre la frente, eso no te hace necesariamente mejor como grupo.

Entonces llega el desenlace faltando unos 20 minutos de juego.

Un balón que no era nada (ni centro ni remate de ¡Donovan!) se le escurre por entre las piernas a Piqué, Ramos la deja pasar como si la cosa no fuera con él y cuando se la encuentra y quiere gritar es mía, se la roban de la billetera delante de 60.000 espectadores.

(Observen que la jugada se inicia en un grave error del mismo Sergio Ramos, seguido de dos más del mismo jugador. Tuve que recordar a ese misterio del fútbol español llamado Iván Campo.)

Como veinte minutos pueden ser una eternidad sobre todo cuando se pierde por dos goles de diferencia y se ha venido a batir varias marcas y a aparecer en todos los diarios al día siguiente, España pasó a ocupar todas las trincheras posibles delante del arco rival.

EEUU lo agradeció: cuando todos suben, el área se puebla de obstáculos y es más difícil que entre la pelota al arco.

España tendría que haber jugado al ollazo o al contragolpe, dos cosas que no están en su manual de instrucciones.

El resto fue esperar un milagro que no llegó.

Lo había advertido apenas un par de días atrás un lector (Román Pineda de Honduras) de esta bitácora: España siempre se desmorona en el tramo final.

Así es el fútbol.

Por suerte.

Porque también hay que saber agradecer y aprender del factor sorpresa de este ajedrez que se juega con los pies.

España no tiene de qué avergonzarse.

Al contrario.

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HjorgeV 24-06-2009

LA VOZ DE UNA POSIBLE NUEVA REVOLUCIÓN

Uno de los primeros amigos que tuve al llegar a Colonia allá a finales de los ochenta se llamaba M. y era iraní.

Se le veía poco interesado en su carrera y más bien dado a los placeres y las comodidades de un estudiante universitario en Alemania.

Su familia había emigrado de Irán, sin que nunca llegara a enterarme si se trataba de exilados políticos, como gran parte de los iraníes que llegaron y ahora viven en este país.

Lo recordaba como un tipo muy seguro de sí mismo, alguien que sin ser especialmente guapo se sabía atractivo y muy consciente y orgulloso de su milenaria y rica cultura persa.

(La amiga íntima de una de mis primeras novias se burlaba de él como amante, diciendo que era de los que se creían poseedores de la espada del Islam durante el coito.)

Cuando se le preguntaba a M. por su procedencia, prefería usar el adjetivo ‘persa’ antes que ‘iraní’.

Apenas unos pocos años atrás se había producido la revolución iraní de 1979 y poco después habían empezado a salir familias enteras de Irán escapando del nuevo régimen religioso.

Hoy los iraníes –unos 100.000 repartidos por toda Alemania- conforman uno de los grupos más y mejor integrados.

Entre todos los migrantes, son los que cuentan con más académicos en sus filas, con una de las menores tasas de criminalidad y los que mejor hablan el idioma.

Con todo y a pesar de haberles ido relativamente bien como grupo migrante en este país, siguen sintiéndose iraníes en el exilio y son de los que añoran un destino que nunca existió salvo en sus mentes.

Es curioso, porque de haberse quedado en su país, probablemente no habrían alcanzado lo que muchos ahora tienen: libertad para moverse y pensar, posibilidades de educarse y formarse, y una forma de vida con la que muchos otros migrantes solo podrían soñar.

Otro iraní me cuenta que acaba de heredar casi medio millón de euros y que ya renunció a su trabajo como cocinero en un restaurante de mediana categoría.

Tiene el billete de avión en la mano y aún no sabe si se atreverá a abordarlo el día que le toque viajar (dentro de una semana, si mal no recuerdo).

Es un tipo que bien podía haberse convertido en médico o ingeniero.

No es que no estuviera contento con su trabajo bien remunerado en el restaurante, pero nunca había podido quitarse de la cabeza que estaba predestinado para algo ‘más trascendente’ en la vida que satisfacer el paladar de clientes alemanes de clase media alta.

No me lo dijo de esa manera, por supuesto.

Me cuenta que la revolución iraní de 1979 que derrocó al sha Mohammad Reza Pahlevi y que instaló la república islámica aún vigente, se inició con una serie de movilizaciones y protestas que tuvieron su origen en el pueblo de Qom, a unos 150 kilómetros al sur de Teherán.

Al parecer, un artículo periodístico en el que se tildaba al ayatollah Jomeini (a la sazón en Francia, convertido en el portavoz de la oposición iraní) de ‘extranjero’ por tener ascendientes hindúes, exacerbó los ánimos del pueblo por lo que consideraban una ofensa a su líder en el exilio.

El gobierno intentó reprimir la protesta violentamente y la ola iniciada en vez de remitir fue creciendo hasta llegar a Teherán obligando finalmente a dimitir al sha y a exiliarse en Egipto.

Hoy que las protestas no cesan en Irán, es interesante recordar que la monarquía derrocada en 1979 había derrocado a su vez al gobierno democrático de Mohammad Mossadeq en 1953 por medio de un golpe de estado.

La monarquía entrante disolvió los partido políticos y creó una policía política casi omnipotente.

Poco menos de treinta años después, había llegado a su final.

Curiosamente, hoy, otros treinta años más adelante, el gobierno de la revolución que derrocó a la monarquía puede empezar a tambalearse de la misma manera como se impuso.

O, de superar las protestas actuales, bien puede terminar cimentando aún más su poder.

A mi amigo M. lo volví a ver hace poco.

Había puesto un negocio y no le había ido muy bien. Por la rojez de sus ojos, comprendí que seguía sin poder abandonar los dictados de María.

De la María que se fuma, hay que entender.

No pudimos hablar mucho porque me dijo que tenía prisa. Poco después de saludarnos después de muchos años sin haber ahondado en ningún tema, apareció su taxi.

El chofer también era iraní, como probablemente uno de cada tres en Colonia.

R., por su parte, el cocinero iraní que ya no quiere serlo porque con su herencia se imagina otra vida, está muy nervioso en estos días.

El tema que más ocupa sus conversaciones gira alrededor de Neda Agha-Soltan, una estudiante de filosofía islámica, amante del pop de su país y acérrima viajera, muerta el sábado pasado por el disparo de un desconocido en el curso de una manifestación de protesta contra el gobierno en las calles de Teherán.

Neda significa ‘voz’ y también ‘llamada’. Un nombre tan popular como María en el ámbito hispanoamericano.

R. está convencido de que nos encontramos en las vísperas de otro gran momento en la historia de Irán.

La muerte de Neda ha terminado de convencerlo de que es posible un movimiento popular que derroque al régimen islámico que derrocó al sha en 1979, quien a su vez había llegado al poder por un golpe de estado a un gobierno democrático en 1953.

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HjorgeV 23-06-2009

EL LEÓN EN EL ARCO CONTRARIO

Empezó siendo lo que se denomina un partido de trámite.

Se sabía quién iba a ganar, de lo que se trataba era de hacerlo lo más pulcra y discretamente posible, por deferencia al anfitrión por lo menos.

Inicialmente, Sudáfrica pareció (parecía) estar de acuerdo con lo que se había propuesto España: batir la marca de 15 victorias consecutivas como selección nacional.

El equipo de Xavi, Casillas y Torres no solo alcanzó su meta, también igualó la marca de 35 partidos sin derrota alguna que Brasil consiguió entre diciembre de 1993 y enero de 1996.

Sudáfrica es un país con poca tradición futbolística y eso es algo que se nota tanto en la ingenuidad de algunos jugadores y sus jugadas, como en su falta de brújula, de orientación sobre el campo de juego.

En la Copa Mundial de Italia de 1990 Roger Milla y los Leones Indomables cameruneses asombraron al mundo con su paso a los cuartos de final.

Camerún se convirtió así en la primera selección africana en conseguirlo.

Desde entonces, se espera que alguna vez un equipo africano rompa esa marca.

En la actualidad, tal vez solo Egipto sea uno de los pocos capaces de lograrlo.

Hay que sospechar que se trata más de un escollo mental que uno físico o técnico.

Muchas veces es como si los jugadores africanos vieran un león en el arco rival y no se atrevieran a acercarse o, al hacerlo, perdieran sus cualidades físicas por el miedo al animal inexistente.

Como si llegaran agarrotados a la meta.

Cuando África pierda ese miedo, confíe más en sus fuerzas y aptitudes físicas, y las nuevas generaciones aprendan qué es lo que les falta, entonces el panorama futbolístico mundial cambiará por completo y veremos a un equipo africano disputando la final. Aunque lo más probable es que les tome por lo menos una o dos décadas más conseguirlo.

Puede sonar exagerado, pero ese miedo al león en el arco contrario se le vio ayer al equipo de Sudáfrica.

Por otra parte, en el fútbol existe un factor que tiene mucha importancia, aunque apenas se hable de él.

La Presencia.

(Tal vez uno de los factores que explican cómo es que Alemania con su fútbol de cañones y portaviones haya llegado tan lejos sin saber apenas controlar la herramienta básica de trabajo.)

No es lo mismo presentarse a un partido con un grupo de aspecto infantil (de exploradores) que con uno de Boinas Verdes.

Lo bueno es que en el fútbol la presencia no solo la define el aspecto físico (Maradona habría quedado descalificado desde el comienzo y Xavi también).

Más importante es cómo se mueve el balón, cómo se entiende el juego y cómo se desplazan los jugadores por el campo, sean altos o bajos, musculosos o más bien esmirriados.

Sudáfrica, a pesar de sus claras limitaciones futbolísticas (tal vez con la excepeción del número 10, Steven Pieenar, actualmente en el Everton de la primera liga inglesa), había mostrado presencia en más de un sentido y estaba haciendo las cosas bien, por lo menos de acuerdo a sus aspiraciones.

Entonces, cuando parecía estar claro que el partido bien podía terminar en un empate magro para España porque esta ya había probado sin resultados positivos casi todas las llaves y ganzúas que llevaba en el bolsillo, se suscita el –acaso hasta ese momento-  único pase en profundidad dentro del área y al pie del compañero atacante.

Villa le sirve dibujado un balón a Fabregas.

Como más le gusta a un delantero: dentro del área y más o menos en la dirección correcta, a la exacta velocidad, al ras del suelo, a una –relativamente- cómoda distancia del más próximo defensa rival y justo delante de los pies.

El jugador del Barcelona hace lo justo y continúa la incursión definida por la trayectoria de la pelota.

Su marcador duda un momento, lo cree todo controlado.

Cuando se da cuenta de que Cesc está a punto de dejarlo atrás y entrar a su playa privada para llevarse a su novia, pone el pie y lo hace en el lugar equivocado.

El juez chileno Pablo Pozo sanciona el penal indiscutible.

(Curiosamente, El País menciona  equivocadamente a un inglés como árbitro.)

Las vuvuzelas, las tradicionales y estridentes trompetas sudafricanas que la FIFA pretende prohibir, enmudecen repentinamente.

Los jugadores locales reclaman y protestan. Intuyen que abierta la playa proseguirá la invasión de sus predios.

Villa se prepara para abrirle la gran puerta de la fiesta a sus demás compañeros.

Pero dispara y falla. La pelota despejada por el portero sudafricano queda a los pies de un jugador español (¿Puyol?) y su remate convierte en héroe nacional momentáneo al portero Khune.

Los Bafana Bafana respiran aliviados.

Quieren volver a la relativa comodidad de la relación sentimental anterior, a las fronteras conversadas y los ejercicios y escaramuzas conocidos. Ahí cometen su primer gran error.

Es decir, se confían. Piensan –o quieren creer- que ha pasado lo peor.

Ignoran que España parece haber aprendido del pasado. Entre otras cosas que desesperarse y querer romper los candados a la fuerza puede ser contraproducente.

El balón, magnífico desentendido de todo esto, mientras tanto, sigue su rumbo.

Han pasado unos pocos segundos desde el fallido penal. Riera lanza un centro bombeado desde la izquierda en dirección al punto de penal del área sudafricana.

Parece una jugada anodina, nada peligrosa. Y así lo entiende Matthew Booth, quien se limita a colocarse detrás de Villa y observar cómo el balón se dirige hacia el rostro del atacante europeo.

Sabe que el jugador del Valencia no puede cabecear en dirección al arco y que no hay más jugadores rivales cerca. Booth es una pared de casi dos metros de altura. Todo bajo control, jefe.

¿Había mencionado la ingenuidad de los jugadores africanos y la ausencia de tradición en su balompié?

Bueno, pues.

Villa se eleva en torniquete, la amortigua con el pecho y sigue girando en el aire cuando la pelota empieza a caer.

Tal vez es en este momento que el jugador de piel más clara entre los Bafana Bafana recién comprende que le van a regalar una de las figuritas o cromos que le faltan a su Álbum de Jugadas Maestras.

Demasiado tarde para evitar el lindo golpe de volea con la izquierda de Villa sin que la pelota toque el suelo.

Curiosamente, tras encajar el primer gol, los jugadores dirigidos por el carioca Joel Santana se soltaron las amarras y salieron a atacar furiosamente.

De pronto, dio la impresión de que habían sido guerreros zulúes disfrazados con uniformes deportivos los que habían estado esperando su momento para lanzarse a descuartizar a sus rivales y mostrar su verdadero poderío.

Parecía que en una cuestión de minutos, los zulúes llegarían rápidamente al arco de Reina, dejarían a varios españoles regados por el campo de juego y destrozarían repetidas veces las redes con sus disparos.

¿Cómo reaccionar ante este súbito embate?

Los jugadores españoles no se desesperaron.

Soportaron la embestida en silencio y con estoicismo.

Siguieron con lo suyo: más vaya-y-toque-la-puerta-hasta-que-se-la-abran que Tiqui Taca o toque-toque.

En un tiro libre a lanzar desde la derecha, Xavi envía inesperadamente el balón al ras del suelo hacia atrás y a la media luna del área en dirección de Pablo, quien no alcanza a reaccionar y lo deja pasar.

Fabregas, sorprendido por su propio compañero, pifia el remate y la pelota se la encuentra regalada el reemplazante de Torres, Llorente, del Bilbao.

El otro Fernando remata a cinco metros del arco y marca el segundo tanto.

En una jugada más bien confusa e inesperada los españoles se encontraron con la puerta abierta del arco contrario.

El resto fue un cursillo de administración de empresas.

Suerte para los sudafricanos porque Irak solo pudo empatar contra los neozelandeses (quienes festejaron el empate, que no les servía para nada, como un triunfo final), permitiéndoles su pase a la semifinal de la Copa de Confederaciones.

En suma, un juego y una prueba de alta paciencia para el equipo español.

LO QUE SE VIENE

Soy de los que desde hace un par de mundiales apuestan por España como favorita segura para el título.

Esta vez se le ve mucha más madurez y confianza en su juego.

Sin embargo, justamente porque se ha iniciado una nueva era en el fútbol español (no solo a nivel de selecciones porque espero que el ejemplo magistral del Barcelona cunda), me quedo tensamente pendiente de cómo actuará este equipo cuando se enfrente a rivales de su peso específico.

Es decir, cuando jueguen contra los italianos, por ejemplo, que sin conocer muchas más figuritas del Álbum de las Jugadas Maestras del fútbol son los actuales campeones del mundo.

O cuando lo haga contra el dueño del álbum, Brasil.

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HjorgeV 21-06-2009

EL MONO AUTODESTRUCTIVO

EL SÍNDROME DE LA ENSALADA REDENTORA

Una noticia de los últimos días me ha hecho reír con ganas.

Sobre todo porque nos retrata de cuerpo entero. Y alma desnuda.

Resulta que ahora está demostrado que somos mucho más vulnerables de lo que aceptaríamos –incluso- con una pistola al cuello.

Al parecer no solo nos autoengañamos con alto espíritu deportivo.

Nos creemos tan fuertes, sanos, astutos, sabios y resistentes que seguimos fumando con la tensión y la actitud del fumador de pasta básica de cocaína.

(Un fumador de pasta -o basuco– puede llegar a fumarse al hilo hasta cien cigarrillos por sesión. El crack es un producto muy parecido.)

Nos creemos dueños de tan rápidas y perfectas reacciones, que vamos por las autopistas y calles como por las vías virtuales de un juego infantil, en el que no existe ninguna responsabilidad ni consecuencia en caso de choque o accidente.

Es decir no solo nos autoengañamos para obtener una supuesta ventaja.

También lo hacemos en nuestro propio perjuicio.

El caso de la ensalada es el siguiente.

Muchas cadenas de comida cartón (rápida o basura) han empezado de un tiempo a esta parte a incluir hortalizas y frutas en sus menús.

Sin embargo, lo que empezó como una solución contra la disminución de las ventas y una forma de hacerles creer a sus clientes que se preocupaban por su salud, ahora, con la crisis económica mundial añadida, se ha convertido en uno de los factores de repunte y auge del negocio en mención.

Se ha descubierto que a los clientes les basta observar las fotografías de los productos saludables para creer que han hecho suficiente por su salud.

Y, al momento de pedir, se inclinan simplemente por las bombas calóricas.

La ciencia tendría que ponerse a investigar qué hacer para revertir este fenómeno.

Es decir, cómo hacer para que nuestra inclinación a la autodestrucción termine siendo favorable para nosotros mismos.

Me imagino que la respuesta más sencilla ya está dada.

Al paso que vamos, se solucionarán todos nuestros problemas.

Simplemente porque lo que hacemos conlleva a la desaparición de la especie.

(¡Salud!, añadiría yo.)

Todo esto me lleva a pensar en los automóviles híbridos que han empezado a ponerse de moda, entre otras cosas porque los precios de la gasolina pueden dispararse a niveles marcianos en cualquier momento.

¿Terminarán cumpliendo estos vehículos el mismo rol de las ensaladas en los negocios de comida cartón?

Pienso también en los cigarrillos ligeros o de (supuesto) bajo contenido de nicotina y alquitrán.

Aparecieron en los años setenta como una forma de calmar los miedos y la mala conciencia de los fumadores. Fumando un cigarrillo ligero, se les hacía creer, se “fumaba más sano”.

Y, claro, si nos autoengañamos con facilidad, ¿cómo asombrarnos de que otros nos quieran engañar tan descaradamente?

Hoy en día los llamados cigarrillos ligeros representan el 50% de las ventas tabacaleras en muchos países.

Sin embargo, han pasado casi cuarenta años desde aquel golpe de mercadotecnia y sigue sin demostrarse que su consumo signifique una disminución de los riesgos para la salud del fumador.

Al contrario, a este le basta dar caladas más profundas para poder adquirir su dosis nicotínica y ponerse al nivel del fumador ‘normal’.

(La imagen del fumador desesperado, de ese que parece que en cada calada se le fuera la vida que mencionaba al comienzo, es por eso cada vez más común.)

Existe entonces un fenómeno que no llego a entender del todo (en verdad no lo entiendo para nada):

Sabemos que el tabaco es una droga peligrosísima y que el 50% de los fumadores mueren a la larga por las secuelas de su drogadicción.

Sin embargo, no atinamos a reaccionar.

Se sabe que los fumadores pasivos aspiran sustancias tóxicas y cancerígenas, y, sin embargo, aún en los países europeos en los que ya existen normas para impedir la ‘fumación’ pasiva, la mayoría de esas normas son burladas en diversos ámbitos de la vida social.

En los negocios gastronómicos, por ejemplo.

(Algo nada deleznable si se tiene en cuenta que una gran parte de españoles y alemanes -los casos que conozco- no se va a la cama sin haber pasado por un bar o restaurante.)

Hay más.

Se sabe que parte de los más graves accidentes de tránsito son precedidos por un accidente menor (dentro del automóvil) del conductor fumador al querer encender o apagar un cigarrillo o cáersele este.

Sin embargo, hasta ahora no existe una prohibición al respecto.

Algo que sí ha ocurrido con los teléfonos celulares, por ejemplo.

(Seguramente, me imagino, porque se trata de un fenómeno muy nuevo, de tal manera que quienes han propuesto y aprobado las leyes son personas que no han “nacido” con un celular a la oreja como sí es el caso de las nuevas generaciones.)

Todo esto nos debería llevar a una conclusión clara.

El Mono Consumista es más un Mono Autodestructivo, pues no es capaz de controlar su consumo y tiende a autodestruirse con este, además.

Sabe autoengañarse tanto a su favor como en su perjucio.

En lo referente a su salud, muchas veces aprueba leyes que no quiere cumplir y sabe que no va a cumplir, solo para después burlarse con trampas de ellas.

(Por lo menos, en la mayoría de lugares públicos de este país, Alemania, ya no está permitido fumar. Quien encuentre un bar alemán en el que esté prohibido fumar que me lo comunique, por favor.)

Cínicamente, hay quienes sustentan que el tabaco es una de las mejores soluciones para países “ancianos” como Alemania.

Como los fumadores se mueren antes, su muerte prematura alivia los sistemas de jubilaciones.

A lo que iba.

Parte de la propaganda consumista consiste en considerarnos libres. (Discurso que va paralelo al de los gobernantes de los países del llamado Primer Mundo.)

Pero no somos libres.

Somos seres perfectamente manipulables.

Y nos manipulamos, además, nosotros mismos en nuestro propio perjuicio.

El ejemplo de la ensalada es paradigmático.

Pero también en asuntos más graves nos dejamos engañar con una facilidad espantosa.

EEUU acaba de admitir, por ejemplo, la muerte de civiles en sus bombardeos en Afganistán.

El Pentágono ha declarado que los ataques “fueron el medio apropiado de destruir una amenaza enemiga”.

Es decir, con el pretexto de destruir una amenaza enemiga debe aceptarse todo, incluso la muerte de 140 civiles (cifras del gobierno afgano).

Otro engaño más sobre el gran engaño inicial del 2001: la invasión de Afganistán.

¿Y la Ciencia?

Que los grandes señores comerciantes (más políticos y militares) tengan interés en que el mundo se siga poblando de seres que se creen racionales pero que actúan irracionalmente gran parte del día, para beneficio de sus ventas (movidas y acciones militares), es algo más o menos lógico en el sentido que es lo de esperar.

(Los comerciantes interesados en vender cosas verdaderamente útiles y sensatas son la absoluta minoría sobre el planeta. Los políticos que piensan más en sus conciudadanos que en su reelección, una rareza. Militares pacifistas, un imposible.)

Pero que los científicos sigan sin traducir todos sus actuales conocimientos en normas y soluciones prácticas capaces de corregir este peligroso sinsentido humano, es algo que debe formar parte de ese mismo tipo de conducta inexplicable.

Esa que consiste en hacer algo a pesar de saber que estamos haciendo daño.

Incluso a nosotros mismos.

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HjorgeV 19-06-2009

ESE VAGABUNDO AZUL (Poema)

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Modula la sed en tu sangre.

Asómate, sí, pero

Desdeña los ejercicios de conciencia en el aire

y macera tus pasos al calor de sus razones.

…..

Hay afuera un viejo que asusta y raspa

las calles,

que te espera y redunda.

…..

Tu esperanza es una almoneda de flores,

la absolución de los muertos,

la confianza en el ojo del vientre ajeno.

(Tú quisieras que venga él, ya.)

Sales a las calles y escuchas su sombrero azul.

Oyes a aquel anciano que te decía que las cosas por venir

son el vínculo indestructible con tu pasado.

…..

(No dejes de darle un cigarrillo o el resto de tu chaqueta.

Ampáralo, fuma con él o dile que el invierno viene

retrasado esta temporada.

Dile que las cosas han empezado a cambiar

desde que te atreviste a asomarte a su mundo.)

…..

Es el viejo de las razones escondidas y las diatribas

incandescentes de antaño.

…..

Él sabe que por tu escalera no han de pasar tus

obligaciones con los tuyos.

Sabe que puede ser tu padre,

aunque tú desconozcas el argumento final.

…..

Ampáralo, retuércele el cuello si acaso se negara

a leerte el futuro.

Enséñale quién lleva el estandarte

en esta dura lid de los muertos en vida.

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HjorgeV 17-06-2009

PARANOIA Y EL TIQUI TACA ESPAÑOL

ESPAÑA 5:0 NUEVA ZELANDA

Los comentaristas alemanes han descubierto una expresión española para referirse al juego de pases cortos, directos, rápidos y con los jugadores en continuo movimiento de la selección de España.

Me estoy refiriendo al Tiqui-Taca (y así es como lo escribe la prensa de este país, Alemania).

Parece ser que el término ha sido tomado de un comentarista deportivo español.

Se trata de una onomatopeya y es el nombre de un antiguo juego que consiste en golpear entre sí dos bolas de unos cinco centímetros que pendían cada una de un palmo de cuerda, y que se hacían oscilar hasta conseguir que se golpearan entre sí, en sus dos direcciones de movimiento, para producir el característico sonido de tiqui-taca.

A los alemanes les debe haber gustado su sonido onomatopéyico y su sencilla pronunciación.

Quien ha jugado competitivamente al balompié, sabe que todos los partidos no se perciben de igual manera y, esto, muchas veces independientemente del grado o rigor de los entrenamientos previos.

Hay partidos en los que se puede llegar a tener la impresión de que “todo se cierra” y que siempre hay un jugador rival detrás para robarnos la pelota.

Entonces nada resulta, nada funciona. Hasta los movimientos corporales y los golpes al balón más elementales pueden parecer y resultar dificilísimos.

Y el juego se convierte en una tortura más bien propia de un estado paranoico en el que el jugador se siente perseguido y copado a cada movimiento y metro del campo de juego.

Algo así deben haber experimentado los jugadores neozelandeses ayer en su partido contra España.

(Nueva Zelanda acababa de perder a su capitán y defensa central Ryan Nelsen debido a un desgarro muscular en la pantorrilla durante un partido de la Primera Liga inglesa.)

Así como hay días en los que nada parece funcionar, hay otros en los que todo parece salir bien.

Y dentro de un partido mismo, hay buenos y peores momentos.

Por lo general, en un partido, a un equipo le suelen resultar mejor las cosas que al rival y esa diferencia suele definir el resultado. Aunque no siempre quien más tiene la pelota termina ganando.

Lo llamativo del partido de ayer fue que a España le empezó a resultar de todo: los pases cortos y rápidos, las incursiones sorpresa de sus delanteros especialmente por el hemiplano izquierdo y, en general, las combinaciones y pases por todo el campo de juego.

Los goles fueron más regalos de la defensa de Nueva Zelanda que otra cosa.

Un balón que recibe Torres fuera del área, una mirada discreta al arco neozelandés y el defensa que se voltea y hace el ademán de levantar el pie para bloquear el magnífico disparo del delantero español al ángulo superior derecho.

Los otros tres tantos españoles del primer tiempo fueron goles de un entrenamiento.

Todo esto debe hacernos recordar que el fútbol es un juego mucho más mental de lo que se piensa. Y no solo por lo de ajedrez que tiene.

Cuando el rival es débil, es fácil mostrar todo lo que se sabe.

Cuando el rival se siente mentalmente derrotado, además, es muy fácil convertirse en una superestrella en el campo de juego.

Y así se deben haber sentido los jugadores españoles ayer.

Con todo, España ha demostrado poder jugar tan bien como el Barcelona:

Una sólida y bien plantada defensa de cuatro; un mediocampo acostumbrado a arar, tocar, moverse, desmarcarse, presionar y seguir tocando incesantemente; y una delantera que es más la prolongación y la punta lacerante del mediocampo que un ataque tradicional.

Es decir, estos últimos son jugadores que deben saber participar de ese juego de toque continuo y –aparentemente poco fructuoso- del mediocampo, pero que, a la que te descuidas, te encuentras con la daga clavada en la espalda.

Nueva Zelanda ofreció parcialmente su espalda limpia y descubierta al conjunto español.

Especialmente en el primer tiempo y en el infantil regalo del quinto gol al comenzar el segundo (el defensa que pifia al tratar de despejar el balón y se lo deja servido en bandeja y cubiertos de plata a David Villa), para después recuperarse notablemente y demostrar que podrían ganarle a la selección del Vaticano.

Pasearse como ayer, podrá hacerlo España quizás Sudáfrica e Irak, pero todo cambiará radicalmente cuando sea Brasil, Egipto o Italia el rival.

Entonces se conocerá la verdadera valía del tiqui taca español.

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HjorgeV 15-06-2009

COMPORTAMIENTOS MODERNOS Y OTROS MISTERIOS

Para cualquier extraterrestre, descubrirnos, podría ser un choque tremendo.

¿Quiénes son estos tipos?, se preguntarían, observándonos desde lejos.

Al acercarse con sus naves, una de las primeras cosas que notarían sería que las zonas más iluminadas (eléctricamente) del planeta no son aquellas en las que se pasa hambre.

(Exceptuando, acaso, al gran país del hemisferio norte y el más poderoso de todos, militarmente hablando.)

Pero no hay que ser un extraterrestre para darnos cuenta de que existe un obvio descuadre entre lo que pudimos ser y lo que somos como civilización.

Hace unos 45.000 años dimos un gran salto como especie y nuestro comportamiento se hizo más complejo.

Los científicos hablan del comportamiento moderno.

Cultural y tecnológicamente dimos un gran salto que se manifestó en expresiones artísticas y en el dominio de la construcción y el perfeccionamiento de nuestras herramientas.

¿Qué propició este gran avance que nos hizo no solo mejores cazadores y tramperos, sino también incipientes artistas y seres religiosos?

Al parecer, la explicación está en nuestro desarrollo demográfico.

Quiero imaginarme que lo más probable es que haya sido el hambre el principal motor de este último gran salto en la evolución cultural humana.

Es decir, el hecho de que los grandes animales que nos servían de alimento empezaran a escasear.

Hasta ese momento de nuestra historia habíamos desarrollado potentes y efectivos mecanismos de coordinación y entendimiento grupal que nos había permitido mejorar continuamente nuestras técnicas de caza y trampeo.

Pero entonces debió empezar el pánico. Muy sutilmente.

La convicción de que al paso que íbamos alguna vez no alcanzaría la comida para todos.

Y entonces “llega” para salvarnos la agricultura.

Para alterar, de paso, nuestra concepción del mundo: garantizado el alimento ya no teníamos que preguntarnos si comeríamos al día siguiente o no.

(¿Se cimenta en este momento nuestra actitud religiosa, el convencimiento de que debía existir un poder sobrenatural que venía en nuestra ayuda?)

Pero la agricultura –con su capacidad para permitirnos acumular alimentos- volvió a potenciar también nuestro desarrollo demográfico:

Aparecieron, así, las ciudades y poco después las grandes culturas antiguas.

Íbamos por buen camino, por así decirlo.

Sin embargo, a partir de ese momento el desarrollo humano se vuelve totalmente irregular.

Ciertos grupos humanos consiguen prodigios que hasta ahora contemplamos alelados y otros no.

Ese desarrollo irregular ha continuado hasta nuestros días en que conviven sobre la faz de la Tierra habitantes de países industrializados (y fuertemente tecnologizados) con tribus nómadas que siguen viviendo como sus antepasados de hace siglos, por ejemplo.

Es decir, la aparición de la agricultura produce el gran paso a culturas superiores, pero abre el camino de regreso a la barbarie (guerras, explotación del hombre por el hombre, injusticias, torturas, abusos) también.

Quiero creer que la clave está en la capacidad de control de las grandes masas.

¿Cómo controlar ingentes masas humanas?

Unos lo consiguieron (pienso en los Incas y los Aztecas), llegando a desarrollar grandes culturas.

Otros no.

Otros más se perdieron en la amplia gama de posibilidades de desarrollo que la ciencia sigue sin poder explicar del todo.

¿Por qué ciertos grupos humanos ‘progresan’ (¿qué es progresar?) y otros no?

¿Por qué muchos de los que alguna vez conocieron el gran progreso luego se “olvidaron” de cómo conseguirlo?

¿Cómo es que un grupo de países cuyos habitantes se mataban entre sí por millones, apenas un par de décadas después conseguía una Unión social de las más exitosas de la historia?

¿Cómo es posbile que esa misma Unión (Europea) empiece a tambalearse y sus habitantes deseen de pronto tener varios Berlusconis?

Quiero suponer que las sociedades deben su desarrollo y progreso sobre todo a su capacidad para actuar como un conjunto organizado y pensante.

La destrucción y expoliación europea de los grandes imperios como el azteca y el inca es parte de la explicación del atraso de nuestros países.

Pero, ¿qué explica su lenta reconstrucción como sociedades capaces?

Es probable que la cohesión social haya sido una de nuestras mejores armas en nuestra evolución cultural.

Aparecidas las masas de los grandes centros urbanos gracias a la agricultura, supimos utilizar la inteligencia social (obtenida gracias a la caza y a nuestros movimientos migratorios) para enfrentar el nuevo reto de vivir inmersos en grandes grupos sociales.

Hoy que nos acucia una tremenda crisis mundial, es probable que ese ser extraterrestre del que hablábamos al comienzo, se asombre de nuestra incapacidad para reaccionar ante esa crisis como el ser humano globalizado que somos.

Una gran paradoja es la siguiente.

Así como las grandes cadenas de comida basura han empezado a incluir hortalizas y frutas en sus menús para amenguar las críticas y hacerse más presentables (esa estrategia ha incrementado –paradójicamente- sus ventas de productos no saludables).

Es probable que de la misma manera estemos aplaudiendo mecanismos y acciones que lo más probable es que terminen agudizando más la crisis económica que contribuyendo a su resolución.

Pienso en los disturbios sociales en mi país.

(El gobierno de Alan García está convencido de que vender la selva peruana al mejor postor petrolero es ‘progreso’. Y de que las comunidades indígenas que la pueblan deberían agradecer su ‘labor social’.

Un experto en temas amazónicos ha dicho sobre esas comunidades: “”Tienen una concepción mesiánica y milenarista. Cuando se sienten afectados, humillados, cuando sienten que su mundo se está destruyendo, irán a una guerra del fin del mundo porque con la extinción de la naturaleza se extingue también su cultura.”)

Pienso también en el caso de Cristiano Ronaldo.

El jugador de fútbol por quien un club español está dispuesto a pagar casi 100 millones de euros (por su traspaso).

Lo que pretenden los del Real Madrid es un golpe de suerte con la transacción.

Creen que comprando un número más o menos fijo de la lotería, las cosas marcharán automáticamente mejor.

Como si el Barcelona y los demás equipos fueran a desaparecer o empeorar su propio juego de la noche a la mañana.

(Si alguien cree que exagero, allí está el caso de Ronaldinho que hoy tendría que estar rindiendo como el portugués y no lo hace. Así de impredecible es la lotería del fútbol.)

Pero la gente lo aplaude.

Los medios se solazan con la noticia.

¡Qué increíble!, claman, con gozo y sorpresa.

¿Tanto hemos avanzado –a pesar de todo, Guerras Mundiales y Regionales habidas y por haber incluidas-  para darnos en la nariz con que todo nuestro tinglado cultural humano era tan frágil como una promesa de gol?

¿Qué pensarían esos extraterrestres -que mencionaba al comienzo- de nosotros?

Es uno de los misterios de nuestra llamada evolución cultural.

Perdón, comportamiento moderno.

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HjorgeV 13-06-2009