EL LEÓN EN EL ARCO CONTRARIO

Empezó siendo lo que se denomina un partido de trámite.

Se sabía quién iba a ganar, de lo que se trataba era de hacerlo lo más pulcra y discretamente posible, por deferencia al anfitrión por lo menos.

Inicialmente, Sudáfrica pareció (parecía) estar de acuerdo con lo que se había propuesto España: batir la marca de 15 victorias consecutivas como selección nacional.

El equipo de Xavi, Casillas y Torres no solo alcanzó su meta, también igualó la marca de 35 partidos sin derrota alguna que Brasil consiguió entre diciembre de 1993 y enero de 1996.

Sudáfrica es un país con poca tradición futbolística y eso es algo que se nota tanto en la ingenuidad de algunos jugadores y sus jugadas, como en su falta de brújula, de orientación sobre el campo de juego.

En la Copa Mundial de Italia de 1990 Roger Milla y los Leones Indomables cameruneses asombraron al mundo con su paso a los cuartos de final.

Camerún se convirtió así en la primera selección africana en conseguirlo.

Desde entonces, se espera que alguna vez un equipo africano rompa esa marca.

En la actualidad, tal vez solo Egipto sea uno de los pocos capaces de lograrlo.

Hay que sospechar que se trata más de un escollo mental que uno físico o técnico.

Muchas veces es como si los jugadores africanos vieran un león en el arco rival y no se atrevieran a acercarse o, al hacerlo, perdieran sus cualidades físicas por el miedo al animal inexistente.

Como si llegaran agarrotados a la meta.

Cuando África pierda ese miedo, confíe más en sus fuerzas y aptitudes físicas, y las nuevas generaciones aprendan qué es lo que les falta, entonces el panorama futbolístico mundial cambiará por completo y veremos a un equipo africano disputando la final. Aunque lo más probable es que les tome por lo menos una o dos décadas más conseguirlo.

Puede sonar exagerado, pero ese miedo al león en el arco contrario se le vio ayer al equipo de Sudáfrica.

Por otra parte, en el fútbol existe un factor que tiene mucha importancia, aunque apenas se hable de él.

La Presencia.

(Tal vez uno de los factores que explican cómo es que Alemania con su fútbol de cañones y portaviones haya llegado tan lejos sin saber apenas controlar la herramienta básica de trabajo.)

No es lo mismo presentarse a un partido con un grupo de aspecto infantil (de exploradores) que con uno de Boinas Verdes.

Lo bueno es que en el fútbol la presencia no solo la define el aspecto físico (Maradona habría quedado descalificado desde el comienzo y Xavi también).

Más importante es cómo se mueve el balón, cómo se entiende el juego y cómo se desplazan los jugadores por el campo, sean altos o bajos, musculosos o más bien esmirriados.

Sudáfrica, a pesar de sus claras limitaciones futbolísticas (tal vez con la excepeción del número 10, Steven Pieenar, actualmente en el Everton de la primera liga inglesa), había mostrado presencia en más de un sentido y estaba haciendo las cosas bien, por lo menos de acuerdo a sus aspiraciones.

Entonces, cuando parecía estar claro que el partido bien podía terminar en un empate magro para España porque esta ya había probado sin resultados positivos casi todas las llaves y ganzúas que llevaba en el bolsillo, se suscita el –acaso hasta ese momento-  único pase en profundidad dentro del área y al pie del compañero atacante.

Villa le sirve dibujado un balón a Fabregas.

Como más le gusta a un delantero: dentro del área y más o menos en la dirección correcta, a la exacta velocidad, al ras del suelo, a una –relativamente- cómoda distancia del más próximo defensa rival y justo delante de los pies.

El jugador del Barcelona hace lo justo y continúa la incursión definida por la trayectoria de la pelota.

Su marcador duda un momento, lo cree todo controlado.

Cuando se da cuenta de que Cesc está a punto de dejarlo atrás y entrar a su playa privada para llevarse a su novia, pone el pie y lo hace en el lugar equivocado.

El juez chileno Pablo Pozo sanciona el penal indiscutible.

(Curiosamente, El País menciona  equivocadamente a un inglés como árbitro.)

Las vuvuzelas, las tradicionales y estridentes trompetas sudafricanas que la FIFA pretende prohibir, enmudecen repentinamente.

Los jugadores locales reclaman y protestan. Intuyen que abierta la playa proseguirá la invasión de sus predios.

Villa se prepara para abrirle la gran puerta de la fiesta a sus demás compañeros.

Pero dispara y falla. La pelota despejada por el portero sudafricano queda a los pies de un jugador español (¿Puyol?) y su remate convierte en héroe nacional momentáneo al portero Khune.

Los Bafana Bafana respiran aliviados.

Quieren volver a la relativa comodidad de la relación sentimental anterior, a las fronteras conversadas y los ejercicios y escaramuzas conocidos. Ahí cometen su primer gran error.

Es decir, se confían. Piensan –o quieren creer- que ha pasado lo peor.

Ignoran que España parece haber aprendido del pasado. Entre otras cosas que desesperarse y querer romper los candados a la fuerza puede ser contraproducente.

El balón, magnífico desentendido de todo esto, mientras tanto, sigue su rumbo.

Han pasado unos pocos segundos desde el fallido penal. Riera lanza un centro bombeado desde la izquierda en dirección al punto de penal del área sudafricana.

Parece una jugada anodina, nada peligrosa. Y así lo entiende Matthew Booth, quien se limita a colocarse detrás de Villa y observar cómo el balón se dirige hacia el rostro del atacante europeo.

Sabe que el jugador del Valencia no puede cabecear en dirección al arco y que no hay más jugadores rivales cerca. Booth es una pared de casi dos metros de altura. Todo bajo control, jefe.

¿Había mencionado la ingenuidad de los jugadores africanos y la ausencia de tradición en su balompié?

Bueno, pues.

Villa se eleva en torniquete, la amortigua con el pecho y sigue girando en el aire cuando la pelota empieza a caer.

Tal vez es en este momento que el jugador de piel más clara entre los Bafana Bafana recién comprende que le van a regalar una de las figuritas o cromos que le faltan a su Álbum de Jugadas Maestras.

Demasiado tarde para evitar el lindo golpe de volea con la izquierda de Villa sin que la pelota toque el suelo.

Curiosamente, tras encajar el primer gol, los jugadores dirigidos por el carioca Joel Santana se soltaron las amarras y salieron a atacar furiosamente.

De pronto, dio la impresión de que habían sido guerreros zulúes disfrazados con uniformes deportivos los que habían estado esperando su momento para lanzarse a descuartizar a sus rivales y mostrar su verdadero poderío.

Parecía que en una cuestión de minutos, los zulúes llegarían rápidamente al arco de Reina, dejarían a varios españoles regados por el campo de juego y destrozarían repetidas veces las redes con sus disparos.

¿Cómo reaccionar ante este súbito embate?

Los jugadores españoles no se desesperaron.

Soportaron la embestida en silencio y con estoicismo.

Siguieron con lo suyo: más vaya-y-toque-la-puerta-hasta-que-se-la-abran que Tiqui Taca o toque-toque.

En un tiro libre a lanzar desde la derecha, Xavi envía inesperadamente el balón al ras del suelo hacia atrás y a la media luna del área en dirección de Pablo, quien no alcanza a reaccionar y lo deja pasar.

Fabregas, sorprendido por su propio compañero, pifia el remate y la pelota se la encuentra regalada el reemplazante de Torres, Llorente, del Bilbao.

El otro Fernando remata a cinco metros del arco y marca el segundo tanto.

En una jugada más bien confusa e inesperada los españoles se encontraron con la puerta abierta del arco contrario.

El resto fue un cursillo de administración de empresas.

Suerte para los sudafricanos porque Irak solo pudo empatar contra los neozelandeses (quienes festejaron el empate, que no les servía para nada, como un triunfo final), permitiéndoles su pase a la semifinal de la Copa de Confederaciones.

En suma, un juego y una prueba de alta paciencia para el equipo español.

LO QUE SE VIENE

Soy de los que desde hace un par de mundiales apuestan por España como favorita segura para el título.

Esta vez se le ve mucha más madurez y confianza en su juego.

Sin embargo, justamente porque se ha iniciado una nueva era en el fútbol español (no solo a nivel de selecciones porque espero que el ejemplo magistral del Barcelona cunda), me quedo tensamente pendiente de cómo actuará este equipo cuando se enfrente a rivales de su peso específico.

Es decir, cuando jueguen contra los italianos, por ejemplo, que sin conocer muchas más figuritas del Álbum de las Jugadas Maestras del fútbol son los actuales campeones del mundo.

O cuando lo haga contra el dueño del álbum, Brasil.

…..

HjorgeV 21-06-2009

One thought on “EL LEÓN EN EL ARCO CONTRARIO

  1. Dese Camerun en el Mundial de Italia 90, han sido varios los equipos Africanos que han llamado desde entonces la atencion con su participacion no solo en campeonatos Mundiales a nivel mayor, sino tambien juveniles y claro, Juegos Olimpicos.
    En este sentido recuerdo por ejemplo la Nigeria de los Juegos Oimpicos de Atlanta 96, con jugadores como Nwanko Kanu, Agustin Babayaro y como no recordar al habilidosisimo JJ Okocha, el Pele Africano. Ese equipo nunca vio a ningun León en la puerta contraria y a contrario sensu, derribo a los favoritos Brasil y Argentina.
    Recuerdo el debut de Ghana en Corea-Japon, el de Costa de Marfil.
    Soy del criterio que ademas de la presencia, a estos equipos les sienta bien la escuela holandesa, que quiza les falta un numero 10 que sea mas cerebral que fisico, solo uno nada mas, y por supuesto hay que darle tiempo al tiempo.
    Usted no puede negar que ESPAÑA a pesar de ser, desde hace varios años atras, una de las mejores ligas del mundo de futbol, desde ESPAÑA 82, con excepcion de mexico 86, la seleccion Española llega con grandes letreros y siempre se va de los Mundiales por la puerta de Atras. Hasta el momento parece que los chicos de Del Bosque han pasado esa barrera y el MUNDIAL del proximo año parece ser un reto para que confirmen lo que ya lograron en la Euro 2008.

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