UNA TIBIA NOCHE EN LA PLAZA PRINCIPAL DE BEGUR

Un accidente puede alterar la vida y el futuro de una persona y de todo un grupo humano relacionado con ella.

No tiene que tratarse de un accidente de tránsito, de los miles que ocurren al año en las carreteras europeas, para que así sea.

Estuve a punto de sufrir uno, bastante absurdo y tonto, en la placita principal de un pintoresco pueblo catalán al que habíamos llegado de visita.

Un accidente, un incidente que bien pudo haber echado a perder nuestras vacaciones en la Costa Brava de España. Con mala suerte, mucho más que eso.

Me costó un par de días pasar el trago amargo.

UNA TIBIA NOCHE EN LA PLAZA PRINCIPAL DE BEGUR

Había tomado asiento en una banca de la plaza principal de Begur, una localidad pintoresca de la provincia catalana de Gerona.

Tenía una cerveza en la mano y esperaba el regreso del resto de mi familia.

La arquitectura de Bagur –el nombre en catalán- es el mudo testigo de la importancia que debió tener en la época feudal este municipio que llega a decuplicar su población de cuatro mil habitantes.

En las noches de verano, los visitantes recorren las calles del centro de la localidad y admiran su rico pasado histórico y sus reliquias arquitectónicas.

La botella que consumía, la había adquirido en uno de los concurridísimos bares que rodean la plaza en cuestión. En uno de los costados de esta, una orquesta local de jóvenes músicos interpretaba piezas de su repertorio.

Caricaturistas y especialistas en trenzas africanas y tatuajes delebles, completaban el cuadro nocturno veraniego.

Debían ser la once de la noche.

La gente, los turistas iban y venían, esperaban un lugar en las mesas de las terrazas, compraban chucherías o ropa de moda en las tiendas contiguas, o simplemente dejaban correr el aire fresco de la noche como yo.

Me encontraba esperando  -repito- que mi esposa y mis hijas regresaran de su propio periplo. No lejos de mí, mis dos hijos menores jugaban a uno de sus juegos inventados bajo la advertencia de no alejarse demasiado.

A mi lado, vi que un señor de unos sesenta años encendió su cigarrillo.

Como me molesta terriblemente el humo no solicitado y ajeno, presté atención con la intención de cambiarme de lugar si es que ocurría que el viento hacía de enemigo y me obligaba a respirar el placer de otro.

Por estar atento a la dirección del humo, me di cuenta de que un hombre mucho más joven, acaso a finales de la veintena, se sentó a su lado, casi encima de él, obligándolo a arrimarse para evitarlo.

La escena me llamó la atención, porque el señor reaccionó de muy buena forma, como quien está sufriendo la broma de un familiar muy cercano.

Qué confianzas, me dije.

Pero entonces me di cuenta de que se trataba de un borracho desconocido que intentaba apoderarse de los cigarrillos del italiano.

Instintivamente, me preparé para ayudarlo por si era necesario.

Como si hubiera leído mis pensamientos, el borracho se voltea, me empieza a escrutar y como no reconoce ninguna reacción especial en mi rostro, me ofrece su mano.

Conozco la situación.

El borracho que quiere ser tu amigo, te tiende su mano y quiere mostrarte su afecto.

Yo, por supuesto, me negué a tocarlo.

Al tipo no le gustó mi reacción.

Se levanta e intenta sujetarme para obligarme a darle la mano. (Perdonen los cambios de tiempo.)

También conozco esa situación. El borracho humillado que pretende conseguir su objetivo y hacerte entrar en razón.

Me levanto de un salto y le ruego que me deje en paz.

El tipo hace el ademán de agredirme.

Instintivamente, sujeto la botella que llevo en la mano con más fuerza de lo normal y el borracho lo nota.

Entonces ocurre una cadena de hechos que bien pudieron haber terminado de una forma muy fea, porque entonces apareció su compañero (menos borracho que el otro) afirmando que lo tenía todo bajo control y que su amigo solo se había pasado de tragos.

Para enfatizar sus palabras, buscaba mi contacto, que yo rehuía, obviamente.

En ese momento, el borracho se lleva las manos a los bolsillos en el típico gesto de quien busca un arma.

Pensando en que iba a sacar un cuchillo, cometí varios errores.

$ …..

Continúa…

HjorgeV 01-08-2009

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s