UNA COSA LLEVA A LA OTRA

Tenemos la siguiente situación.

Alguien se siente amenazado por otra persona o quiere simplemente asustarla y hace como que va a sacar un arma.

La otra persona se lo toma en serio, saca su propia arma antes y mata al primero.

¿Cuánta gente ha muerto así?

No estoy hablando de barrios comunes y corrientes de cualquier parte del mundo. Me estoy refiriendo a los llamados barrios conflicitivos, en aquellos en los que, a veces, por una fea mirada o una palabra mal dicha, puede morir alguien.

Siguiente situación.

Ese alguien solo quiere darle un susto a otra persona y sabe que haciendo como que va a sacar un arma, lo va a conseguir.

La otra persona saca antes la suya que sí existe y termina matándolo.

En todo esto me puse a pensar después del incidente con los dos borrachos en las calles del casco viejo de Begur.

Cuando el tipo empieza a hacer como que va a sacar un arma de su bolsillo, mi primer impulso es levantar la botella que llevaba en la mano y rompérsela en la cabeza.

Logré contenerme hasta el último momento, pensando en la que se podía armar si se iniciaba una gresca y en la cercanía de mis dos hijos menores, sin levantar siquiera la mano pero dispuesto a actuar inmediatamente en caso necesario.

Se trataba de una situación absurda.

Una placita pintoresca, una tibia noche de verano, una orquesta juvenil del pueblo a pocos metros, turistas y lugareños disfrutando del fresco de la noche, niños jugando antes de irse a la cama.

Entonces llegan dos tipos borrachos a romper el idilio.

Y me toca a mí.

Ahora sé que hice bien en no atacar primero al tipo.

Pero también pudo tratarse de un error y él pudo haber sacado un cuchillo o una pistola. Por eso hablé de que había cometido varios errores.

Había dejado que el amigo del tipo se me acercara demasiado, los había tomado a los dos demasiado en serio, cuando lo mejor habría sido largarse a la primera. También había provocado al borracho con mis intenciones de defenderme.

El tipo, después de hacer el ademán de sacar un arma y de ver que así había conseguido ponerme en estado de máxima alerta, empezó a sonreír diabólicamente y a decirme: “Te parto la cabeza, a ti te parto la cabeza”.

Me preparé para lo peor.

Me imaginé lanzándole una patada a los testículos o un derechazo al mentón. Me imaginé que entonces el otro tipo también intentaría atacarme o defender a su amigo y que primero tendría que librarme de él, porque se encontraba más cerca de mí.

Pensé en darle un certero cabezazo antes de atacar al amenazante.

Pensé en mis hijos que debían seguir el concierto de la orquesta a pocos metros y en la situación que encontrarían mi esposa y mis dos hijas mayores.

Curiosamente, me pude relajar esperando el ataque para defenderme sin que cupiera la menor duda de que lo había hecho en absoluta defensa propia.

Haciendo un esfuerzo que me costó aceptar durante días y del que ahora me felicito, di unos cinco pasos largos y rápidos en dirección de la orquesta y me paré como un turista más a observarla y escuchar.

Si el tipo se acercaba no me iba a quedar otra cosa que defenderme.

Con el rabillo del ojo me puse a calcular el ataque y las distancias convenientes.

Pero el ataque no llegó.

Y la siguiente escena es como sigue.

El borracho pasa delante de la orquesta e intenta tocar el trombón de uno de los músicos.

Los espectadores empiezan a reír.

Unos dos minutos más tarde, vuelve a pasar delante de la orquesta con los ojos casi cerrados y tambaleándose.

Más adelante, vuelve a importunar a alguien pidiéndole un cigarrillo.

Seguro le ofreció su mano a otro turista y este la aceptó.

No fue lo mejor de Begur, por supuesto.

$ …..


HjorgeV 02-08-2009

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Un comentario sobre “UNA COSA LLEVA A LA OTRA

  1. Bueno, parece mucha adrenalina para un anacoreta como tú.
    Leído el peligroso episodio parece bastante cómico.
    Es curioso cuando uno pasea por primera vez en una ciudad.
    Uno se siente vulnerable. Lo que quiero decir es que quizá su impresión y/o reacción hubiese sido otra si el desaguisado hubiese tenido lugar en Pulham, ese pueblito rural en las afueras de Colonia. Seguro que en casa hubiese manejado de otra manera la situación.
    A mí me ha pasado, y seguro que también a usted. Un borracho que te aborda en las irregulares calles de Tegucigalpa, es un episodio mas facil de manejar que si se presentara en otro lado del mundo por muchisimas razones que van desde la idiosincracia del borrachin, hasta sus verdaderas intenciones que no se pueden prever si uno es extranjero primeriso.
    Bueno de cualquier forma, que gusto tenerte de vuelta.
    Espero que de España, con esa gastronomia tan variada, nos hayas traido otras anecdotas que incluyan platillos españoles y no borrachines impertinentes.

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