EL DIARIO DE AGUSTÍN

La CIA llevaba varios años –desde 1963- intentando torpedear la elección democrática de un gobierno de izquierda cuando Salvador Allende fue elegido presidente de Chile en 1970.

Allende, por su parte, había sido elegido senador por Valparaíso en 1945, y en 1952 se había presentado por primera vez como candidato presidencial ocupando el cuarto lugar.

En 1958 había perdido con el Frente de Acción Popular por muy poco margen las elecciones presidenciales frente al candidato de la derecha, José Alessandri Rodríguez.

Habiéndose presentado nuevamente a las elecciones de 1964, había perdido claramente frente a Eduardo Frei.

En 1966 había sido elegido presidente del Senado.

Hasta entonces había participado en tres elecciones presidenciales y había hecho un relativo buen papel.

EEUU sabía que tarde o temprano, Allende podría conseguir eregirse como el primer presidente marxista del mundo elegido democráticamente.

Eran los tiempos de la Guerra Fría y la CIA se permitía todo, más o menos como ahora en los tiempos del tan mentado Terrorismo.

Allende terminó siendo elegido por el Congreso chileno, después de no haber conseguido obtener una mayoría absoluta en las elecciones.

Curiosamente, habría sido la misma CIA la que habría provocado el apoyo de la Democracia Cristiana a Allende, al tramar con un grupo de militares chilenos el secuestro del general René Schneider, jefe de las Fuerzas Armadas y defensor del orden constitucional, y provocar así su muerte.

Al parecer, el general al verse acorralado habría intentado hacer uso de su arma de fuego y había sido baleado por quienes intentaban secuestrarlo.

La Democracia Cristiana, indignada por este hecho de sangre, le había dado su apoyo a Allende.

Paralelamente a las nerviosas acciones de Nixon por impedir que Allende fuera elegido presidente, se llevaba a cabo una campaña periodística que involucraba a varios diarios chilenos y por cuya colaboración recibían dinero de EEUU.

La CIA reconocería después en un memorándum que sin el apoyo de los medios de comunicación no se habría podido derrocar a Allende.

La agencia que en estos días está siendo cuestionada (no sucederá nada, como siempre), había gastado tres millones de dólares para influir en las elecciones de 1964 y, solo en el periodo comprendido entre 1970 y el derrocamiento de Allende en 1973, la suma de ocho millones de dólares de ese tiempo, según el Reporte Church.

Uno de esos diarios financiados por la CIA era El Mercurio, el periódico en circulación más antiguo de Chile y del mundo en nuestra lengua publicado de forma ininterrumpida.

Lo había fundado Pedro Félix Acuña como El Mercurio de Valparaíso y había pasado a manos del banquero Agustín Edwards Ossandón en 1875 como parte de pago por unas deudas pendientes.

Su hijo, Agustín Edwards Ross, se encargaría de impulsarlo dos años después, hasta que otro Agustín, Edwards Mac-Clure, funda en Santiago El Mercurio en el año 1900.

El hijo de este último, Agustín Edwardas Budge, fue el padre del actual propietario, Agustín Edwards Eastman (París, 1928).

Esto no es un enredo de nombres.

Y de todo esto trata, precisamente, El diario de Agustín (2008) un documental de Ignacio Agüero y Fernando Villarán.

Una película que muestra cómo en la guerra sucia mediática que necesitaba la dictadura de Pinochet para mantener cierta credibilidad, el diario de Agustín –de los Agustines- jugó un papel más que principal y absolutamente comprometedor.

Baste el ejemplo de Marta Lidia Ugarte Román.

El Mercurio del 12 de septiembre de 1976 informaba así sobre su muerte:

“Asesinada hermosa joven”

Presentando el caso como un crimen pasional.

Sin embargo, el Informe Rettig sacó a la luz posteriormente que Ugarte Román había sido detenida un mes atrás por agentes de la DINA por ser miembro del Comité Central del Partido Comunista chileno.

Que había muerto a manos de sus torturadores y que su cadáver había sido arrojado al mar.

Y que el océano había devuelto el cuerpo a la playa La Ballena el 9 de septiembre, dentro de un saco amarrado con un alambre a su cuello.

Otro caso que refresca el documental es la Operación Colombo, llamado también el Caso de los 119.

100 hombres y 19 mujeres desaparecidos por la DINA, el servicio de inteligencia del gobierno militar, en una operación luego encubierta con la complicidad de diarios como El Mercurio, La Segunda y La Tercera.

El New York Times pidió perdón por la invasión de Irak.

Y en el 2008 el Colegio de Periodistas de Chile hizo lo mismo con los familiares de la víctimas de la dictadura de Pinochet.

¿Cuál fue la responsabilidad de la prensa en las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet?

El diario de Agustín, El Mercurio, sigue callando sobre su pasado.

Cabe decir, sin aceptar su responsabilidad.

$…..

HjorgeV 25-08-2009

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