LA ESPADA EN EL CORAZÓN

Uno de mis pasatiempos favoritos actuales lo constituye la reconstrucción de mi particular memoria histórica musical.

La Red es, no solo en este sentido, claro, un verdadero portento de trabajo (el de la gente que se toma la molestia de subir o cargar información), de desprendimiento (¿por qué habrá, a la vez, tanta y tan poca gente dispuesta a compartir lo que sabe?) y de erudición gratuita, literalmente al alcance de la mano, o de ratón, si se prefiere.

Personalmente, me sucede, como seguramente a muchos, que puedo asociar perfectamente determinadas canciones a cierto momento específico y concreto de mi vida.

Sé cuáles fueron las canciones que estuvieron de moda, por ejemplo, cuando conocí a mi primera pareja (la propiamente dicha: la de salir de la mano o abrazados) y, antes aún, a eso que llamamos el primer amor.

Lo fabuloso es que escuchando una determinada canción, puedo transportarme mentalmente al momento correspondiente de mi pasado en una suerte de túnel del tiempo.

(Quise poner virtual, es decir, que solo tiene existencia aparente y no real, pero mis recuerdos son tan reales como los momentos que vivo.)

De modo que uno de mis pasatiempos consiste en tratar de armar documentalmente mi propia arqueología musical, por así decirlo.

Alguna vez referiré en este cuaderno la rarísima e impresionante experiencia que tuve a propósito de este tema memorístico.

Me sucedió que a partir de una charla con un amigo de la infancia y de una apuesta sobre un recuerdo concreto común en el que porfiadamente no coincidíamos (mi amigo había estado en lo cierto), logré sumergirme tan profundamente en mis propios recuerdos a lo largo de un par de meses, que, al cabo, era/fui capaz de navegar como invitado en el mundo virtual de mi pasado.

Así como lo leen.

Podía recorrer como en un paseo virtual cibernético, los salones de mi colegio, pasear por uno de los patios, siéndome posible, incluso, ver detalles concretos de la fisonomía y de la ropa de mis compañeros que creía desconocer o simplemente había olvidado.

Alguna vez estudiaré más a fondo el fenómeno, pero me imagino que mis esfuerzos memorísticos (iba apuntando y cotejando lo que iba recordando) fueron tan intensos que me llevaron a experimentar una especie de estado de autohipnosis.

Llegué a ser capaz de introducirme en mi pasado (concreto, el de mi último año escolar) más o menos a voluntad, como quien se coloca un casco cibernético y es capaz de ver en tres dimensiones y desplazarse por ese espacio mental.

Todo eso ocurrió poco antes de una reunión de ex alumnos de mi colegio limeño. Pasado ese acontecimiento, y el consiguiente ejercicio diario, empecé a perder esa facultad adquirida.

(No olvidaré el sonrojo de una de mis ex compañeras cuando le pregunté un par de décadas después por el lunar de su pierna derecha, lunar que estaba/está a una altura que las casi minifaldas de entonces no deberían haber dejado ver.)

Lo contaré con más detalle alguna vez en este cuaderno de contar.

A propósito de cuadernos, acabo de enterarme de que Saramago cierra su bitácora, El Cuaderno de Saramago, inaugurado hace casi exactamente un año, en septiembre del 2008, con la entrada Palabras para una ciudad.

Es una lástima.

Otro escritor que se cansó de alimentar las páginas de su cuaderno de bitácora fue/es el parcialmente inefable escritor limeño Enrique Prochazka.

Personalmente, me había vuelto adicto a su sitio Cartas del archipiélago.

Este servidor, que está a punto de publicar su entrada número 600 (este es la quingentésima nonagésima octava, es decir, la número 598) de este cuaderno que empezó a babear en enero del 2007, tiene la suerte de escribir por escribir.

Si me preguntara por qué lo hago, tal vez otro sería mi sino.

Arguye Saramago:

Es conveniente que las despedidas siempre sean breves. No es esto un aria de ópera para poner ahora un interminable adio, adio. Adiós, por tanto. ¿Hasta otro día? Sinceramente, no creo. Comencé otro libro y quiero dedicarle todo mi tiempo.

Curiosamente, a mí me sucede que he aprendido a encontrar en el amamantamiento de este cuaderno la gravitación necesaria para mantener mi equilibrio mental mientras avanzo con mis otros escritos.

Aunque, debo reconocer, pasé una incómoda época en la que estuve a punto de tirar la toalla. Casi tuve que admitir, como dijo alguna vez ya no sé quién, que la bitácora es la tumba del novelista, o algo así.

Puede ser.

Desde que decidí concentrarme en escribir, fecha coincidente con el parto de este cuaderno de apuntes, voy ahora ya por la quinta novela.

¿Que cuando las pienso publicar?, podría preguntar algún lector improbable. Respondo: ¿He dicho que me dedico a vender o editar libros?

¿Cuál es mi truco, por otra parte?

No lo voy a destapar.

La Red es un tejido abierto, pero también una red de caída para todo tipo de satélites, peces y almas perdidas en el espacio sideral humano, razón por la que prefiero concentrarme en la escritura.

La libertad de tonos, temas, recursos, voces y cambios de curso y frente, es algo, por otra parte, que no dejaré de alabarle ni reconocerle a este joven medio de expresión llamado cuaderno de bitácora.

En fin.

Noto, sin mucho pesar, que me he desviado del tema.

Discúlpenme, por favor.

Algún clavo -que no espada- me debo haber quitado de alguna forma mencionando todo lo anterior.

Es la libertad de la que hablaba líneas arriba.

Pero para la próxima prometo detalles de la canción que lleva el título de esta entrada y que es una de Mis Favoritas de Todos los Tiempos.

Que estén bien.

$…..

HjorgeV 03-09-2009

One thought on “LA ESPADA EN EL CORAZÓN

  1. Hay tanta información, tantos blogs interesantes y otros solo curiosos; pero lo que vale es el escribir sin importar quien lo lea.. porque siempre habrá alguien de ocioso para darle un vistazo.

    Yo apoyo el compartir el conocimiento, es como los software de OpenSource.

    Los recuerdos siempre van asociados ya sea a la música, aromas o imagenes… recordar es volver a vivir!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s